domingo, 27 de marzo de 2016

Ni estable ni fiable o el editorial de The New York Times sobre Egipto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Egipto está tirando demasiado de la cuerda. El día 25 se publicó en The New York Times un durísimo editorial sobre la situación egipcia. Egipto puede seguir negando todo y su gobierno insistir en que se trata de una conspiración mundial contra ellos. Ya sea en Washington, Tel-Aviv, Qatar, Roma o la Alcarria, en algún punto del globo están reunidos unos sabios que, tras encomendarse al diablo, están dispuestos a tomar decisiones para hacer que se seque el Nilo o la gente se suba a las pirámides a hacerse selfies.
El editorial de The New York Times se limita a repetir lo que le están diciendo al gobierno egipcio en todas partes pero con un aspecto importante: Estados Unidos ha financiado y financia al Ejército egipcio. Es el segundo país, después de Israel, en recibir financiación militar. Egipto, tan pudoroso para clausurar ONG si reciben dinero de fuera, no tiene reparo en que su orgulloso Ejército haya estado financiado desde los Estados Unidos.


El editorial es una seria advertencia —o quizá ya ni eso— sobre las condiciones del régimen actual y su deriva constante. Decimos que puede no ser una advertencia porque no llama tanto a El Cairo para que cambie su actitud o modere sus actos de represión, sino que da por hecho que esto no va a ocurrir y plantea directamente a la administración Obama (y a sus sucesores) la necesidad de "repensar" las relaciones entre los dos países.
Desde el comienzo del editorial —titulado "Time to Rethink U.S. Relationship With Egypt" — se insiste en la idea de que al régimen egipcio se le han dado todas las oportunidades posibles y las ha desaprovechado:

Since the Egyptian military took power in a coup in the summer of 2013, the Obama administration’s policy toward Egypt has been moored in a series of faulty assumptions. The time has come to challenge them and to reassess whether an alliance that has long been considered a cornerstone of American national security policy is doing more harm than good.
When President Mohamed Morsi was overthrown, senior American officials dithered on whether there was any point in calling a coup a coup and expressed hope that this would be merely a bump on Cairo’s road toward becoming a democracy.
Later that year when Egypt’s human rights abuses became even harder to overlook, the White House suspended delivery of military hardware, signaling that it was willing to attach conditions to the $1.3 billion military aid package Egypt has treated as an entitlement for decades.*


Las esperanzas en mejoras hacia un sistema democrático se han esfumado. Lo que hemos llamado aquí la "post-hoja de ruta" necesariamente lleva a la represión una vez que la propia hoja terminó su proceso y se ha constatado que la situación actual es incluso peor que en la época de Mubarak para muchos expertos. La dictadura volvió a la casilla de salida con un golpe vergonzante, es decir, un golpe que renegaba de su nombre pero no de las acciones necesarias para llevarlo a cabo. Uno tras otros todos los agentes sociales que se sumaron inicialmente y creyeron que los militares —como prometieron— no tomarían el poder más que circunstancialmente, con un ministro de defensa que decía no tener aspiraciones políticas ni deseos de ser presidente si quedaron en palabras. El-Sisi recibió su "llamada" divina en sueños y todos creyeron (quisieron creerlo) que el salvador había llegado.


El nuevo Nasser había llegado. Lo malo es que era también un Sadat y un Mubarak, una fórmula explosiva en la que no se renunciaba a nada para mantener un régimen militar que lleva desde los años cincuenta con una absurda visión de sí mismo.
El editorial de The New York Times deja claro que la decisión de considerar un intento de restituir una democracia que los islamistas de Morsi, en su estupidez política, habían manipulado volviéndola sectaria y discriminadora, es ya solo una ilusión gratificante, una justificación que ya es imposible mantener. Por más que el gobierno egipcio niegue las acciones más obvias, denunciadas por los propios egipcios, que se ven encarcelados por "difamar al país", los hechos están ahí. La paciencia ante las explicaciones absurdas y los rasgados de vestiduras han llegado al límite con la muerte del italiano Giulio Regeni.


La condena del Parlamento Europeo a la represión en Egipto y la exigencia de que se aclaren los hechos solo ha tenido como respuesta la acusación de conspiraciones y la elaboración de un guión absurdo para tratar de responsabilizar a una banda de criminales a los que se ha ejecutado de forma sumaria en un tiroteo callejero para intentar cerrar el caso. Pero el gobierno egipcio es incompetente hasta para eso. Las carcajadas de los egipcios ante el "invento" se escuchan desde aquí y la repuesta de Italia no se ha hecho esperar: no nos lo creemos. El agravante es que una vez que han aparecido los documentos de identidad de Giulio Regeni y algunas de sus posesiones personales, ya no se puede decir que no se ha tenido parte. En cierta forma, el intento de colar esta historia es ya una confesión.
Escriben en The New York Times:

Administration officials who have cautioned against a break with Egypt say its military and intelligence cooperation is indispensable. It’s time to challenge that premise. Egypt’s scorched-earth approach to fighting militants in the Sinai and its stifling repression may be creating more radicals than the government is neutralizing.
“We are long overdue for a strategic rethink on who are strong American partners and anchors of stability in the Middle East,” Tamara Cofman Wittes, a fellow at the Brookings Institution and a former senior State Department official, said in an interview. “Egypt is neither an anchor of stability nor a reliable partner.”
Mr. Obama and his advisers may conclude that there is little the United States can do to ease Egypt’s despotism during the remaining months of his presidency. That’s not the case. Mr. Obama should personally express to Mr. Sisi his concern about Egypt’s abuses and the country’s counterproductive approach to counterterrorism.
Mr. Obama has been willing to challenge longstanding assumptions and conventions about Washington’s relations with Middle East nations like Iran and Saudi Arabia. But he has been insufficiently critical of Egypt. Over the next few months, the president should start planning for the possibility of a break in the alliance with Egypt. That scenario appears increasingly necessary, barring a dramatic change of course by Mr. Sisi.*

El editorial es un duro aviso a la responsabilidad del "traidor" Barack Obama en el caso de Egipto. La idea del "mal menor" ha dejado de funcionar y lo que se afirma ahora es que Egipto no es ni "an anchor estability nor a reliable partner", en las palabras citadas de Tamara Cofman Wittes. Ambas afirmaciones son duras en términos de las relaciones que desde Sadat se establecieron y se continuaron con Mubarak, la alianza con los Estados Unidos y la estabilidad en la zona para proteger a Israel de otra guerra. Hoy, se nos dice, ninguno de los dos elementos que se valoraban y hacían mirar hacia otro lado se dan.


Lo que el editorial le está diciendo a Obama es que hay que ser firme ante lo que está ocurriendo en Egipto porque ha pasado a ser contraproducente: ni estabilidad ni fiabilidad. "Estabilidad" no hay porque en ninguno de los apartados, incluida la seguridad, se ha conseguido avanzar. Más bien se ha retrocedido y el Egipto de hoy es mucho más inestable que lo era el de Mubarak. "Fiabilidad" porque la ocurrencia del régimen de El-Sisi para intentar presionar a los Estados Unidos cuando este se pone serio es arrojarse a los brazos de Vladimir Putin, un error estratégico de alto calibre, uno más del régimen egipcio. Que las manifestaciones en El Cairo muestren los rostros de un "Obama-Osama", barbudo y terrorista, mientras que se engalanaban las avenidas con banderas rusas y retratos de un Putin sonriente es más de lo que los amigos pueden aceptar. Y es, sin duda, una muestra de la falta de cálculo y de sentido común del régimen actual que se cree sus propias fantasías.
En estos momentos Egipto acaba de cambiar sus ministros. Las voces que surgen desde la prensa advierten al Presidente que el crédito se está acabando y que debe elegir entre las personas que pueden sacar al país adelante y no entre los fieles y aduladores. En este sentido se manifiesta en un artículo de opinión titulado "Cabinet reshuffle: What's next?", del conocido periodista Abdel Latif al-Menawy, nada sospechoso de animadversión al régimen:

Success in resolving those problems depends upon many things, most importantly the ability to face up to them by making use of the available talent, rather than excluding people on the basis of their position on a different part of the political spectrum. I hope that political considerations can be set aside when it comes to selecting people of the right caliber, and that help is sought from experts in different fields who are able to deal with Egypt’s problems.
There are two keys to success for this government. The first is to urgently determine the priorities for the Egyptian people, and that must be done using a proper scientific approach, rather than relying on the personal assessments of officials and observers. Second is to use the right rhetoric in communicating with the masses.
At this point, a question needs to be asked: Does the government, at all levels, apply scientific, study-based methods to determine its priorities? Does the government learn from the experiences of those who have faced similar problems? Also, does the government apply well-researched methods in setting its strategy for communication with the public?
I can independently answer these questions by saying that it does not happen in this way, and if it does, it procedes in a disorganized, unsustainable manner.
So, creating a state of harmony among various ministries, and following a proper scientific approach in setting priorities are, indeed, the right paths to success.**


Independientemente de lo que pueda parecernos el texto, es más importante por lo que dice implícitamente que por lo que expresa. Interesa más la queja por el sectarismo y la ineficiencia actual que la petición de un gobierno que actúe científicamente, según solicita el periodista.
Es un síntoma de impotencia el encerrarse en el interior de un grupo de fieles antes que abrirse hacia la sociedad, que es lo que se le demanda en el artículo: que elija a los mejores, que atienda las primeras necesidades del pueblo egipcio y que cambie la retórica comunicativa. Las tres peticiones, lógicamente, implican que no se están cubriendo estos objetivos: que no se elige a los mejores, sino a los más próximos, con posteriores sorpresas desagradables; que se están priorizando cosas que no son importantes para el pueblo egipcio; y, finalmente, que la comunicación no es la correcta. Desconocemos cuáles serían las propuestas, pero la petición desesperada de cambio está ahí. No es la única, como hemos recogido en varias ocasiones de fuentes y sectores muy distintos. La conclusión general es que la situación es mala y no satisface a nadie, ni al pueblo ni a los políticos. Tampoco a la comunidad internacional, algo que también se le ha recriminado.


Con esas perspectivas, el aislamiento de Egipto irá creciendo. Los rusos le han pedido poner su propio personal de seguridad en los aeropuertos, lo que el gobierno ha visto como una ofensa a su capacidad. Se quedará también sin el turismo ruso, que era una promesa de Putin, que no se la va a jugar por un socio en horas bajas, que le había prometido comprarle armas y trigo.
La crítica fuerte de The New York Times sigue a otras realizadas en los Estados Unidos desde otros medios. The Washington Post lo hizo en un editorial también muy duro en diciembre de 2015. En el mismo sentido, se le pide a Obama que deje de amparar la represión en Egipto con el silencio y las ayudas a los militares.

Se puede seguir pensando en una conspiración internacional o en que efectivamente el régimen reprime brutalmente y muchos están hartos de tener que callarlo. Podemos pensar que los ministros egipcios no saben realmente lo que ocurre en sus ministerios o que son capaces de mantener la cara ante las acusaciones generales.
La pregunta siempre es ¿qué alternativa hay?, algo que se ha preguntado también la prensa egipcia. Esa es la labor que corresponde al pueblo egipcio. Se ha pasado de temer que los países envidiosos quisieran quedarse con El-Sisi en sus viajes al extranjero (sí, sin pudor) a preguntarse qué puede haber tras una figura que no ha cumplido ninguna de las expectativas. Las alternativas que siempre se barajan son: el caos o más represión. Curiosamente no se baraja una salida democrática, dejando a Egipto en esos movimientos pendulares entre caos y represión.


Ni la democracia es el caos ni la represión en la estabilidad. Egipto tiene a sus mejores mentes silenciadas porque se deben ir fuera para poder tener un poco de libertad. Tiene a lo mejor de su juventud, la que se levantó contra Mubarak y estaba dispuesta a trabajar a fondo por el país modernizándolo, en la cárcel o en el extranjero. Pervirtió su deseo de cambio llamando "revolución" a un golpe de Estado, manchando de sangre y culpa a  los que tuvieron que defender las masacres como forma de patriotismo y llamando traidores a los que las denunciaron o simplemente se fueron.
Egypt Independient trae un artículo, firmado por Mohamed El-Sayed Saleh, con el título "A presidential apology to Mohamed ElBaradei" en el que se hace referencia al (pen)último incidente con la retirada de la mención de Mohamed El Baradei de los libros de texto:

Mohamed ElBaradei is no traitor, because a traitor, according to my perception and limited legal knowledge, is a spy at war with his homeland and people.
ElBaradei is none of that. Rather, he endured a lot to secure the victory of the 30 June revolution. I suspect that ElBaradei’s criticisms of the Muslim Brotherhood and Mohamed Morsi's government led the way for the vast majority of liberals.
Later, the man shifted his position, due to the bloodshed in Rabaa al-Adaweya and al-Nahda squares, just like many Egyptians. I am one of many people who felt that what happened in Rabaa was a crime, one that President Sisi should not have ignored, but rather tackled transparently, holding accountable those who shed the blood of Egyptians.***


La exigencia de una disculpa presidencial a El Baradei por su supresión vergonzosa de los libros de texto es algo más que un acto de justicia. Supone que ha dejado de ser "el traidor" del régimen, tal como se canalizó hacia él todo el odio de la sociedad egipcia. El Baradei era la apuesta preferida de muchos para hacerse con la presidencia del país y romper con la tradición militar, después del intento fallido de los islamistas de Morsi. El Baradei representaba el prestigio internacional de un Premio Nobel de la Paz y un cierto consenso social. Pero El Baradei no estaba dispuesto a ser comparsa de un régimen militar y ser considerado cómplice de las muertes y la represión. Si podía ayudar a su país, como tantos otros, lo haría, pero no sería un traidor a su propia conciencia y, a la larga, a su propio país dándole lo mismo de lo que pretendía salir.
Su reaparición, aunque haya sido de una forma circunstancial por su desaparición de los libros escolares, hará que muchos piensen de nuevo en él como "salvador". Se iniciará así de nuevo la campaña para promoverle y la campaña para hundirle, característica de la forma egipcia de abordar los problemas.


Los síntomas de que el régimen se encuentra en serios aprietos son muchos. La sisimanía se desmorona conforme aparecen todos los fantasmas económicos y políticos, que son más estridentes que los cantos de júbilo de los seguidores, que cada vez tienen menos argumentos para sostener este régimen. Siguiendo su tradición, los egipcios no se preguntan qué podemos hacer, sino quien puede salvarnos e iniciar otra "manía" hasta la siguiente desilusión.
Lo malo es que nunca se parte de cero en la Historia. No existe el borrón y cuenta nueva, sino que los errores de El-Sisi y su régimen los pagarán los egipcios, como están pagando los errores de Morsi. Las réplicas de los terremotos históricos tardan mucho en desaparecer.



* "Time to Rethink U.S. Relationship With Egypt" The New York Times 25/03/2016 http://www.nytimes.com/2016/03/26/opinion/time-to-rethink-us-relationship-with-egypt.html?mabReward=A1&moduleDetail=recommendations-0&action=click&contentCollection=Theater&region=Footer&module=WhatsNext&version=WhatsNext&contentID=WhatsNext&src=recg&pgtype=article
** "Cabinet reshuffle: What's next?" Egypt Independent 24/03/2016 http://www.egyptindependent.com//opinion/cabinet-reshuffle-what-s-next

*** "Cabinet reshuffle: What's next?" Egypt Independent 24/03/2016 http://www.egyptindependent.com//opinion/cabinet-reshuffle-what-s-next 


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