viernes, 18 de marzo de 2016

Agnotología o la ignorancia es poder

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Solemos decir que la información es poder y suele ser así. Desde que se comenzó a atesorar, primero en la memoria y después materializándola a través de la escritura, una parte de esa información se ha retenido como parte del poder. Tener información y no compartirla es parte de las estrategias para mantener el control. 
Siempre se ha estudiado la información como poder. Se ha considerado y estudiado la ventaja que supone, incluso la ventaja de que otros no lo tenga, pero no se ha estudiado tanto la carencia de información, es decir, la ignorancia. Por supuesto que los poderosos han tratado de mantener en la ignorancia a los que querían dominar. La información y el acceso a ella estaban restringidos; era una forma de mantener el poder.
La BBC nos ofreció en enero un artículo en el que se nos hablaba de los estudios del profesor Robert Proctor, historiador de la Ciencia de la Universidad de Stanford, sobre las maniobras de la industria tabaquera durante décadas para mantener la ignorancia social respecto a los efectos del consumo de tabaco sobre la salud. La cuestión va más allá del silencio o de no comunicar los resultados de las investigaciones. Supuso una auténtica campaña activa de desinformación de la opinión pública para contrarrestar las informaciones que salía a la luz sobre los peligros para la salud.
La aparición de un detallado memorándum sobre las prácticas y la estrategia desarrollada para sembrar la confusión sobre los efectos, nos dice la BBC, llamó la atención de Proctor, quien comenzó a realizar investigaciones en este campo. Señala la BBC:

Proctor had found that the cigarette industry did not want consumers to know the harms of its product, and it spent billions obscuring the facts of the health effects of smoking. This search led him to create a word for the study of deliberate propagation of ignorance: agnotology.
It comes from agnosis, the neoclassical Greek word for ignorance or ‘not knowing’, and ontology, the branch of metaphysics which deals with the nature of being. Agnotology is the study of wilful acts to spread confusion and deceit, usually to sell a product or win favour.
“I was exploring how powerful industries could promote ignorance to sell their wares. Ignorance is power… and agnotology is about the deliberate creation of ignorance.*


Puede que la palabra y la voluntad de estudiar sistemáticamente sean nuevos, pero desde luego, no la práctica, que se puede rastrear desde que se escribió la segunda palabra, dando por supuesto que la primera tuviera la intención de transmitir alguna verdad. Como Historiador de la Ciencia, Proctor puede sorprenderse de que en el campo científico haya gente que se preste a este tipo de manipulaciones e intoxicaciones informativas. Desgraciadamente es una práctica mucho más habitual de lo que pudiera pensarse. La Ciencia es el resultado de la actividad científica y los científicos son humanos, es decir, sujetos a las misma tentaciones y servidumbres que otros grupos humanos. Quizá el profesor Proctor piense que los científicos están inmunizados frente a lo que el resto de los humanos, pero nada más lejos de la realidad.
La "propagación deliberada de la ignorancia", como define su nuevo campo de trabajo, es una de las estrategias de control social más antiguas. No hablamos de otra cosa que de la "mentira" al servicio de los intereses de la industria, los gobiernos, las iglesias o cualquier otra institución que esté interesada en mantener su poder. Los trabajos de Michel Foucault sobre el orden de los discursos se ocupaban ya plenamente del papel controlador de la Ciencia y de los "saberes", tal como su maestro, Friedrich Nietzsche, ya había señalado.


El escándalo de la industria tabaquera no es por lo que hizo —mentir, manipular, etc.— sino porque lo hizo manejando los resortes de la comunidad académica y científica. Hicieron circular todo tipo de informes financiados en los que se desmentían los efectos del tabaco sobre la salud. Lo mismo podría decirse de todos aquellos que sostienen los intereses de políticos e industria en torno al cambio climático o muchos otros campos. La industria farmacéutica está siempre bajo sospecha. El dinero que mueve hace que las tentaciones de muchos por encontrar lo que otros quieren que se cuente sean muy frecuentes.
Invalidada metafísicamente la "verdad" y relativizada desde otros campos, la mentira se ha hecho muy productiva. La proliferación de los medios hace que se canalice y se amplifique para una mayor eficacia. Desde que nos convertimos en sociedades de "opinión" (no todas lo son), somos carne de cañón de mentiras, rumores, intoxicaciones, etc. de todo tipo
Recogen en la BBC:

Proctor found that ignorance spreads when firstly, many people do not understand a concept or fact and secondly, when special interest groups – like a commercial firm or a political group – then work hard to create confusion about an issue.*

Igualmente, el descubrimiento tampoco tiene ninguna novedad. Para señalar que la ignorancia se expande allí donde hay ignorantes no hace falta crear una ciencia nueva, aunque sí revisar nuestros objetivos educativos. Nada hay más fácil de engañar  que al especialista; se le puede engañar en todo lo que caiga fuera de su especialidad. Podríamos ir más allá y retomar la teoría expuesta por Orson Welles en su fantástico falso documental, F for Fake!, y señalar que es al experto al que más fácilmente se puede engañar.
Parte de la estrategia del fraccionamiento del conocimiento implica convertirnos en ignorantes encerrados en nuestros pequeños islotes de conocimiento. Orgullosos, bajo nuestro cocotero, observamos el mundo desde un campo tan reducido que caemos en los tópicos, estereotipos, etc. que son fruto del desconocimiento del resto. No comprendemos muchas de las cosas más elementales del mundo que nos rodea, algo que permite —como señala Proctor— aceptar grandes disparates. No tenemos defensas.


Lo preocupante es que el segundo factor, los grupos de interés, poseen estrategias y dinero para expandir sus mentiras y falsedades. No hace falta insistir mucho en el caso del escándalo de la Volkswagen y de cómo circularon los informes con datos falsos, eso sí, con todos los sellos de sus investigadores, lo supieran o no, algo difícil de sostener. 
La BBC consulta a otro profesor, esta vez de Cornell, David Dunnig, quien señala que Internet está contribuyendo a la extensión de estas informaciones dedicadas a la intoxicación social y la extensión de la ignorancia.  El cierre del artículo nos muestra la coincidencia de ambos interesados en la ignorancia:

Dunning and Proctor also warn that the wilful spread of ignorance is rampant throughout the US presidential primaries on both sides of the political spectrum.
“Donald Trump is the obvious current example in the US, suggesting easy solutions to followers that are either unworkable or unconstitutional,” says Dunning.
So while agnotology may have had its origins in the heyday of the tobacco industry, today the need for both a word and the study of human ignorance is as strong as ever. *


Que Donald Trump sea un ejemplo de la extensión de la ignorancia mediante la difusión de mentiras y soluciones demagógicas a los problemas reales o inventados, tampoco debería ser un motivo de sorpresa. Quizá los historiadores de la Ciencia llevan metidos demasiado tiempo entre sus documentos.

Lo único novedoso realmente es la adjudicación de un nombre nuevo, "agnotología", a algo que lleva con nosotros desde el principio de los tiempos. Quizá la novedad es que antes la gente apenas sabía y ahora, gracias a los medios de la Sociedad de la información, lo que está es permanentemente mal informada. Las diferencias pueden parecer sutiles, pero marcan la diferencia de los tiempos. Cuando vivíamos aislados, nuestros engaños nos duraban mucho y se llamaban tradiciones, creencias, etc. Ahora se llaman modas y nos duran mucho menos, pero tenemos más. No hemos acabado con unas y ya hay otras pululando alrededor. Vivimos en un medio tóxico para cualquier verdad o algo que se le parezca.

Me desespero cuando voy a algunas importantes librerías y veo secciones en las que se entremezclan los trabajos de investigadores serios con las paparruchas más increíbles. Es mezcla forma parte de la confusión en la que vivimos, la incapacidad de separar modestas y provisionales verdades de pomposas y grandilocuentes mentiras.
La pereza de los medios para adentrarse en la oscuridad para desenmascarar embustes está empezando a ser preocupante. Ya sea por falta de recursos económicos y personales o por el creciente sectarismo —es más rentable estar al lado de alguien—, lo cierto es que se han vuelto más agentes propagadores que denunciantes de los intereses detrás de las falsedades. Un buen rumor es mejor que una noticia y, sobre todo, mucho más barato.
El periodismo debería cumplir más que nunca su función aclaradora, despejar el panorama de mentiras, rumores y engaños sistemáticamente preparado en las focinas de campañas electorales, reuniones de ejecutivos, "think tanks", etc. y hacer el favor a la sociedad. Pero muchos parecen más interesados en subirse al carro carnavalesco de las falsedades y formar parte de la comparsa. Triste, pero es así.


Es novedad también la profesionalización de los mentirosos y que se enseñe cómo hacerlo con laureles académicos en centros de prestigio. Si antes la gente decía buscar la verdad, hoy —que apenas se cree en ella— es más rentable hacer creer a los demás que la tienen. Hoy la mentira no es solo una estrategia de poder sino un gigantesco negocio que involucra —ahí está el escándalo— a los propios centros de la ciencia, a las universidades mismas, que en ocasiones se prestan a las modas sin pudor y olvidan su función social de expandir el conocimiento y no la falsedad. Si fallan y se dedican a difundir mentiras o a enseñar cómo hacerlas más eficaces, nos habremos vendido por un planto de sustanciosas e inmorales lentejas.
Los ignorantes conscientes intentan saber más y salir de su ignorancia; los que creen tener la verdad, en cambio, se muestran muy ufanos y dejan de buscar. Esos son presa fácil y se les hace una verdad a la medida como se les hace un traje de temporada.


* "The man who studies the spread of ignorance" BBC 6/01/2016 http://www.bbc.com/future/story/20160105-the-man-who-studies-the-spread-of-ignorance


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