sábado, 6 de febrero de 2016

Giulio Regeni en Egipto o muerte de un doctorando (II)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El caso que contábamos ayer, la desaparición y muerte "lenta", debida a torturas, del joven doctorando italiano Giulio Regeni, quien publicaba artículos con pseudónimo en Il Manifesto es un caso de lo peligroso que se está volviendo informar en Egipto, no solo para la prensa local —que desarrolla sus propias estrategias de apoyos, defensas y supervivencias—, sino para cualquiera que lo haga para otros países.
Con información de Reuters, Egypt Independent ofrece la visión "exterior" del caso de la muerte de Regeni:

An Italian student found dead by a roadside in Cairo with cigarette burns and other signs of torture on his body had written articles critical of the Egyptian government, according to the Italian newspaper that published them.
Il Manifesto, a left-wing newspaper based in Rome, published Giulio Regeni's final article on Friday, written by the 28-year-old graduate student before his Jan. 25 disappearance. His body was found on Wednesday.
The article describes the difficulties faced by independent unions in Egypt under President Abdel Fattah al-Sisi. The paper ran it on the front page under the headline "The Witness".
"President Abdel Fattah al-Sisi presides over the Egyptian parliament with the highest number of police and military personnel in the history of the country, and Egypt ranks among the worst offenders with respect to press freedom," Regeni wrote in the first paragraph of the story.
"He feared for his safety," the newspaper said, explaining that Regeni asked to use a pseudonym on this article and on his previous articles, which were also critical of Sisi's government. Regeni did not mention any specific threats.*


Cuando se produjo la denostada Revolución del 25 de enero, los egipcios protegían a los periodistas extranjeros para que pudieran informar de lo que estaba ocurriendo allí y romper el silencio impuesto en el país. Al decir "protegían" es literal. Sabían que podían desaparecer en cualquier momento. Hubo mujeres periodistas violadas como forma de intimidación para hacer que se fueran y dejaran de informar. Recuerdo con emoción el artículo que dediqué a cómo una mujer curó en plena plaza de Tahrir las heridas en la cabeza de el corresponsal de La Vanguardia.
La muerte de Giulio Regeni es una nueva vergüenza para el régimen egipcio. Mientras se libera a los corruptos que se embolsaron millones durante su etapa al frente del ministerio que dirigía la represión y las torturas en el régimen anterior, se están repitiendo los mismos métodos represivos e intimidatorios que durante el régimen de Hosni Mubarak. La enorme diferencia es que entonces la mayoría del pueblo egipcio no se sentía comprometido como lo está ahora por el apoyo dado a una presidencia que sigue sosteniendo que es un régimen democrático en el que viven. El pueblo egipcio es especialista en el autoengaño, en vivir dentro de burbujas en las que tiene que convivir con sus propias fantasías heroicas, que acaban convirtiéndose en delirios que dividen a la sociedad entre despiertos y sonámbulos.


Supone además una nueva prueba sobre las relaciones internacionales en varios sentidos. Hasta el momento el gobierno egipcio sigue diciendo que no sabe nada, lo que puede ser hasta creíble. No es lo mismo que no ser responsable, algo que lo es en grado sumo. Aquí no se puede excusar en los asuntos internos. Probablemente se le esté fabricando alguna historia sórdida al joven italiano que tuvo la mala suerte de elegir la economía egipcia como tema de su tesis doctoral. Los que le animaron en Cambridge y le tutelaban aquí ya han mostrado su consternación, como recogíamos ayer. La tutora egipcia manifestó su voluntad de no volver a aceptar alumnos extranjeros. Quizá Giulio Regeni pensó que por ser italiano quizá estaba a salvo; se equivocó.
Hay otro aspecto en el que su muerte es importante. The Guardian publica un artículo (aparecido en The Conversation y reproducido en múltiples medios) de un compañero de Giulio Regeni. Se resalta lo que supone el crimen desde el punto de vista de las universidades y su responsabilidad al mandar a los jóvenes investigadores a zonas en las que se presuponen que se puede hacer porque así lo establece la comunidad internacional al mirar para otro lado en el caso egipcio (o de cualquier otro país). Señala en el artículo Neil Pyper:

British universities have long fostered an outward-looking and international perspective. This has been evident in the consistent strength of area studies since the middle of the 20th century. The fact that academics from British universities have produced cutting-edge research on so many areas of the world is an important factor in the impact and esteem that the higher education system there enjoys.
In order to carry out this research, generations of scholars have carried out fieldwork in other countries, often with authoritarian political systems or social unrest that made them dangerous places in which to study. I carried out such research in Peru in the 1990s, working there while the country was ruled by the authoritarian government of Alberto Fujimori.
Alongside this research tradition, universities are becoming increasingly international in their outlook and make up. Large numbers of international students attend the classes, and their presence is crucial for making campuses more vibrant and diverse.
Giulio’s murder is a clear and direct challenge to this culture, and it demands a response. If our scholars – especially our social scientists – are to continue producing research with an international perspective, they will need to carry out international fieldwork. By its nature, this will sometimes involve work on challenging issues in volatile and unstable countries.
Universities clearly have a duty of care to their students and staff. This is generally exercised through ethics committees, whose work means that much greater care is taken than in the past to ensure that risks are managed appropriately. However, there is the danger that overly zealous risk management could affect researchers’ ability to carry out their work, making some important and high-impact research simply impossible.**


El problema no es exclusivo de las universidades británicas sino un requisito para todos aquellos que estén investigando sobre casos más allá de sus fronteras y realizan trabajo de campo, entrevistas o encuestas. Regeni estaba haciendo lo que como investigador debía hacer. Además ejerció otro derecho: expresar lo que veía por la vía periodística y contarlo en su país, Italia. Pero eso no le gustó a alguien del sistema. El control y la vigilancia sobre los periodistas es conocido; el corresponsal de El País tuvo que regresar a España hace tiempo. No ha sido el único.
Las universidades, en efecto, tienen una responsabilidad de cuidar de sus estudiantes, pero ¿cómo hacerlo? ¿Habrá que establecer —como en el caso del turismo— una "advertencia" de que no se investigue en Egipto, que es peligroso?


El artículo se cierra con el deseo de que el caso no se pierda en los laberintos egipcios, haciendo que se pudra, como ocurre con cualquier investigación que cuestiones los métodos o fallos de los servicios de seguridad.

The Italian and Egyptian authorities have announced a joint investigation into what happened to Giulio, but the British government also has a responsibility to make representations to this effect. That would send the message that any abuse by authorities of students and researchers from British universities will not be tolerated. A petition will be circulated to this effect, and Giulio’s friends and colleagues will be campaigning on the issue in the days and weeks ahead.
Giulio Regeni’s murder is a direct challenge to the academic freedom that is a pillar of our higher education system. He is only one of many scholars who have been arbitrarily detained, and often abused, in Egypt. As a scholarly community and as a society, we have a duty to strike to protect them and their colleagues who study in dangerous places the world over.**


El joven Regeni quiso informar sobre aquello de lo que los egipcios lo tienen más difícil cada día, de la represión del régimen. Trató de describir la situación de un literalmente régimen policial en sus artículos de Il Manifesto. Los egipcios de buena voluntad le deben eso al menos, el reconocimiento de que trató de dar voz a los que están silenciados. Los habrá, en cambio, que empiecen a decir que nadie debe decirle a los egipcios nada, que ellos se bastan solos, que los extranjeros están mejor en sus países. Es lo que habitualmente se hace. Al egipcio que denuncia se le considera traidor; al extranjero que lo hace, un entrometido.
Il manifesto publica el artículo pendiente de Giulio Regeni. Lo hace en un lugar destacado. Los que han querido callarlo han conseguido que su palabra se escuche más fuerte y más lejos. Pero han sido las últimas.


El mundo ha asistido asombrado al empecinamiento egipcio sobre las causas de la caída del avión ruso de pasajeros, que sigue sin admitir que fue un atentado con bomba. ¿Deberá ahora esperar el mismo empecinamiento con que Giulio Regeni murió en un accidente de tráfico, pese a las quemaduras de cigarrillos y demás signos de tortura? Es posible.
La desaparición, tortura y asesinato de Giulio Regeni pone en muy mal lugar internacionalmente al régimen de El-Sisi, deja ver la cara de la represión descendiendo hasta la paranoia.


* "Italian student killed in Egypt criticised Cairo govt in articles" Egypt Independent
6/22/2016 http://www.egyptindependent.com//news/italian-student-killed-egypt-criticised-cairo-govt-articles
* Neil Pyper  "The murder of my friend Giulio Regeni in Egypt was an attack on academic freedom Neil Pyper" The Guardian 6/02/2016 http://www.theguardian.com/commentisfree/2016/feb/06/murder-giulio-regeni-egypt-academic-freedom-students


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