martes, 23 de febrero de 2016

El estrellato conspirativo o ¿de verdad le interesa la verdad?

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ahram Online incluye en la edición de hoy un interesante artículo sobre un tema que se está poniendo "de moda" más allá de la situación egipcia. La cuestión la hemos tratado aquí en varias ocasiones pero mucho me temo que el alcance  vaya aumentando y que se quede con nosotros para siempre. Me refiero, evidentemente, a lo que se ha dado en llamar las "teorías de las conspiraciones".
El artículo, cuyo título es "The story of the revolution: How fringe conspiracy theories took centre stage" y está firmado por Hanaa Hebeid, redactora jefe de la publicación Democracy Review Quarterly, perteneciente a la Al-Ahram Foundation.
Es indudable que, dada la importancia que están adquiriendo este tipo de planteamientos, acabarán convirtiéndose en una especialidad con distintas aplicaciones, tanto en su vertiente productiva como interpretativa.
Hebeid realiza su planteamiento teórico de qué son las Teorías de la Conspiración en estos términos:

Conspiracy is an intellectual construct that gives an abridged version of events relying on purposefulness, intention to do harm, and secrecy. Using conspiracy theories to explain events is based on a specific view of oneself and the world, and involves a certain way of thinking, logic, and rhetoric.
Conspiracies adopt a teleological interpretation justifying an outcome caused by an intentional action by a beneficiary of this event, whether this is a speculative interpretation or based on evidence. In reality, conspiracy theories are a natural and omnipresent social phenomenon with a variety of elements that may not even agree on the same goal.
Assuming perfect planning and absolute control of events is illogical and unrealistic, at least in light of diverging goals and behaviours of various actors who may not even agree on the same goal. It is more likely there are many disconnected conspiracies that can run parallel, cross or diverge, and controlling all elements in order for a conspiracy to unfold exactly as planned is an unreasonable assumption.*


Vemos que no se distingue demasiado las "conspiraciones" de las "teorías de las conspiraciones". Evidentemente las "conspiraciones" existen y siempre han existido. Pero es la "teoría" la que explica, frente a unos hechos determinados. Las teorías explican los hechos en términos conspiratorios que, en efecto, van contra la lógica, pero son aceptados pese a ello. Giulio Regeni ha muerto: eso es un hecho. Es la(s) teoría(s) de la conspiración las que tratan de explicar el hecho. Y unas son más probables que otras. La cuestión está en cuál se favorece, cuál se hace circular dándola por buena o más probable. Los que le convierten en "espía", por ejemplo, están expresando una teoría frente a otras posible; los que dicen que han sido los islamistas para desprestigiar al gobierno, sostienen otra "teoría", etc. Lo importante es que esas "teorías" tienen como fin precisamente impedir la aparición de la teoría final aceptable y concordante con los hechos conocidos y el mayor número de pruebas. Que el avión ruso estalla es un hecho corroborado por pruebas en las investigaciones. Se puede negar, pero hay que proponer una teoría alternativa cuyo fundamente será endeble si va en dirección contraria a lo que las pruebas marcan.


Ocurre con la "teorías de la conspiración" lo mismo que señalaba el poeta Baudelaire en su "Las ventanas", en donde señalaba que era más interesantes las ventanas cerradas que las abiertas ya que la visión de las primeras despertaba todo tipo de pensamientos sobre lo que pudiera haber al otro lado, mientras que tras la ventana abierta hay lo que se ve, sin más ni más.
La política parece haberse convertido realmente en el arte de la insinuación, de la sugerencia, no ya el arte de lo posible, como algunos querían, sino en el de lo improbable. Cualquier fantasía es más recomendable que la realidad misma, sosa y aburrida. Es como si ya no fuera suficiente con sacar un conejo de la chistera y hubiera la obligación de sacar cualquier cosa —cuanto más improbable mejor— menos un clásico conejo de toda la vida.
Tras hacer un repaso sobre cómo lo que los egipcios vivieron en primera persona en sus calles y plazas, siendo ellos los que gritaban y se manifestaban, tras cinco años de teorías conspiratorias dudan de si esos recuerdos que tienen de haber gritado consignas contra Hosni Mubarak, aquel agitar de banderas y retumbar de cánticos, no es más que una ilusión, efecto de alguna abducción, de algún bebedizo, etc.


Después de analizar los efectos de las teorías sobre la sociedad, se cierra el artículo con el papel que han jugado los medios en todo esto:
The role of the media in fuelling fear and embedding conspiracy outlooks. The media played a fundamental role in promoting and highlighting the conspiracy theory. Since the January revolution, the media, especially private satellite channels, have aired a heavy dose of politics through images, sounds, analyses and public opinion which is mostly new to politics. And thus, it was one of the main sources of influence on opinions. These direct and indirect media messages enhanced the sense of fear, gloom and conspiracy on one hand, and attributed it to the revolution on the other.
For example, one programme hosted people making confessions of an alleged conspiracy and training and incitement by foreign parties. Other content contributes to a sense of suspicion and fear in general, such as broadcasting an infomercial warning against speaking freely in public places and cafes because they are teeming with spies. There is also an entire programme dedicated to airing recorded conversations and communications between figures from the January revolution in order to sabotage them.
Those watching Egyptian talk shows will find a keen focus on conspiracy, and after so much repetition there is an assumption that it is a given truth. A most extreme form of conspiracy theorising was on a programme where a “strategic expert” said there is a Supreme World Council that manages conspiracies and controls natural disasters and comets, aiming them at specific countries, as well as masterminding universal conspiracies that move nature and people.
Since 30 June 2013, the media has promoted the conspiracy theory and abridged the revolution into single snapshots of opening prisons and foreign funding, while blurring or ignoring millions taking to the streets chanting the three demands of the revolution. Specific programmes specialised in airing telephone conversations by key figures in the revolution aim to slander them. The term fifth column also emerged to taint anyone who dissents and becomes brandished a traitor or tool in the hands of a foreign conspiracy.
Several factors played a role in promoting conspiracy rhetoric, combining context and the choices of actors to promote and disseminate the conspiracy theory in general, and linking it to the 25 January revolution especially. Domestic and foreign security crises and threats added more layers to interpretations of the conspiracy complex that already exists, as an easily convincing recipe and abridged vision of domestic and foreign polices to a public that is not accustomed to politics. Therefore, it was natural that it gained popularity, especially in an environment fraught with rapid change and much ambiguity, as well as real danger.*

Es cierto que las maniobras de "intoxicación" a través de los medios no son una novedad y que su uso político ha sido siempre una realidad constante, pero lo que no era pensable es que las versiones centradas en los aspectos comprobables o más probables se retirarán ante la carga de la brigada conspiratoria. Por decirlo así, la "realidad" (concepto que pierde sentido en un contexto marcadamente constructivista y relativo) se bate en caótica retirada ante la llegada de la ruidosa parafernalia de las ideas más descabelladas.
Antes podía uno pensar que la verdad estaba bien y que había que luchar contra la intoxicación; hoy, por el contrario, parece quererse retozar en el fango imaginativo que construye las historias más enrevesadas. Es la negación de la navaja de Ockham en beneficio de la imaginación calenturienta.
Lo que cuenta Hanaa Hebeid supone un cambio en muchos órdenes. El primero evidentemente es el del Periodismo, que incumple su función pública y se lanza a unas especulaciones que saben que mantendrán a sus audiencias conmocionadas, heladas ante las revelaciones con las que salen al aire en cada programa. Parece haberse perdido el pudor informativo, el respeto al público y el sentido de lo que es un medio.


Las constituciones —al menos la mayoría de ellas— dan un tratamiento privilegiado a la prensa y a sus profesionales precisamente para asegurarse que los lectores recibirán lo más próximo a la verdad que sea posible en cada momento. Dan por descontado que los diferentes medios aspiran a la verdad por distintos caminos. ¿Pero es esto todavía así? Es muy dudoso en un planteamiento en que los medios se consideran como formas de atraer a las audiencias con los inventos que hagan falta. No consideran que tengan otra obligación que la de mantener pegados a sus monitores y páginas las caras asombradas de sus lectores y espectadores.
Esto es terrible para el Periodismo como profesión y para la sociedad en su conjunto, por muy entretenida que esté. ¿Quién se beneficia de esto? Indudablemente tienen que ser útil en algún sentido cuando hay tanta teoría suelta.
Simplemente en los últimos artículos de The Washington Post —los que destaparon Watergate— encontramos estos títulos que hacen referencia a las teorías de la conspiración:

a) The psychology behind why people believe conspiracy theories about Scalia’s death
b) Donald Trump’s campaign of conspiracy theories
c) People who believe in conspiracy theories are more likely to endorse violence
d) Why the Internet’s biggest conspiracy theories don’t make mathematical sense
e) An hour-by-hour look at how a conspiracy theory becomes ‘truth’ on Facebook


Con estos cinco títulos nos damos cuenta de las líneas discursivas que las Teorías de la Conspiración permiten. (a) y (b) se refieren a casos concretos, a teorías en sí, las referidas a la muerte del juez Scalia y las usadas por Donald Trump, una auténtico ventilador contra las conspiraciones. Pero en (a) ya nos encontramos que más allá de la teoría en sí se analiza a aquellos que las creen, un auténtico filón interpretativo y sociológico. (c), (d) y (e) son artículos que, como en (a) no se contentan con analizar la teoría sino el par constituido por la teoría su creyente o la teoría y su diseminador. Tenemos así un campo constituido por la teoría, su productor, su diseminador (pueden ser los mismos), el creyente o receptor, el observador y la explicación del observador. Este artículo riza el rizo y observamos al observador (Hanaa Hebeid) que observa a los productores (¿el estado, los partidos, los servicios secretos nacionales o extranjeros...?), los diseminadores (los medios egipcios) y a los creyentes-receptores. Usted que nos está leyendo, nos observa a todos a través de este texto.


Discrepo con lo señalado por Hanaa Hebeid cuando relaciona las teorías conspirativas con la falta de costumbre política. No se debe de confundir la falta de democracia con la falta de política en este sentido conspiratorio. La prueba de ello es que países con tradición democrática —si es sinónimo de "política"—, como los Estados Unidos, acostumbrados al "check fact" incluso, están cayendo intensamente en la atracción de abismo conspiratorio. Creo, más bien, que hay algo de fascinación morbosa en la creación de un universo conspiratorio, algo que lleva al cretinismo epidémico si no se ponen en marcha los resortes de la inteligencia que deben estar presentes en todas las fases del proceso y del sistema político. La tontería tiene su atractivo en este mundo post ilustrado. Y sobre todo, para algunos, su rentabilidad. Si el fin del sistema político es solo el poder y no la mejora social (incluido el intelecto), todo vale.


Lo realmente preocupante no es que las dictaduras usen las teorías de la conspiración porque lo han hecho siempre, ¡que se lo cuenten a Adolf Hitler! Lo preocupante es que las democracias también están viviendo esta forma de perversión mental, de atracción de muchas personas a las que es difícil proteger de estas mareas globales favorecidas por la extensión de las comunicaciones. Lo sorprendente y preocupante es que Donald Trump vaya por delante y que sus rivales vayan cayendo uno tras otro incapaces de frenarle. Quizá deberían probar con alguna teoría conspiratoria que explicara la presencia de Trump en la carrera presidencial, algún complot retorcido, quizá hacer circular la idea de que pertenece a Boko Haram y es el "manchurian candidate", un infiltrado para destruir los Estados Unidos. Si se la han aplicado a Obama, ¿por qué no a él?



En lo que sí acierta plenamente Hanaa Hebeid es en aquello que señala desde el título: la conspiración se está situando en el centro de la escena. Llegará un momento en el que la realidad pase entre nosotros como en el test perceptivo del gorila, ese en el que se vuelve invisible para todos, ¡con lo grande que es!
Los millones invertidos por todo el mundo en fundamentar conocimientos sobre cómo manipularnos unos a otros con plenas garantías harían enrojecer de vergüenza a los frustrados amantes de la verdad que, desperdigados por la Historia, se han ido a la tumba con la esperanza de que los que llegaran después siguieran manteniendo el mismo interés en poner cerco a la esquiva "verdad", sea la que fuere. Otra vez será.
 "Having an argu­ment with your buddies at the office? You're in the right place", leemos en el blog destinado a recoger las "teorías de la conspiración" sobre Barack Obama.




* "The story of the revolution: How fringe conspiracy theories took centre stage" Ahram Online 21/02/2016 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/188152/Opinion/-The-story-of-the-revolution-How-fringe-conspiracy.aspx





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