sábado, 16 de enero de 2016

El apagón o cuando a la libertad le saltan los plomos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cuando le preguntas a un egipcio si realmente ha mejorado algo en este tiempo, la contestación que varios me han dado suele ser la misma: hay menos apagones. Los apagones en Egipto forman parte de su historia. Nunca son por la deficiencia del sistema eléctrico, absolutamente obsoleto y descuidado—como confirman las muertes por electrocución en las inundaciones recientes de Alejandría—, sino que siempre obedecen a alguna presunta estrategia de alguien, ya sea que los que están en el poder te intimidan con la oscuridad para que no salgas a protestar o cuando los que están en el poder se quejan justificándolos como parte acciones de sabotaje.
Hubo una época en que mantener una conversación por Skype o un simple chat eran una tarea si no imposible sí interminable por la cantidad de interrupciones. "Se ha ido la luz", decían una y otra vez. Parece que  al régimen de Al-Sisi, en cambio, sí le interesa que hay luz, al menos en el sentido eléctrico del término.


Del apagón del que no parece haber ninguna duda sobre su intencionalidad es del que nos habla Ahram Weekly padecido el que fuera alternativa presidencial, el nasserista Hamdin Sabahi, durante una entrevista televisiva en el canal Dream-TV.

President Abdel-Fattah Al-Sisi is “leading the country down the wrong path,” according to former presidential candidate Hamdeen Sabahi. He made the comment during a three-hour interview aired live on a popular television talk show last week.
The broadcast provoked a storm of criticism, not only from Al-Sisi’s hardline supporters who think any disagreement with the president is tantamount to treason, but from figures opposed to Al-Sisi’s policies. The latter accused Sabahi of turning in yet another performance as part of his attempts to keep himself in the public eye and his stalling political career afloat.
At a time when state-owned and private television channels issue joint statements declaring that to back the regime in its “war against terrorism” is a national duty, and the space given to opposition figures — whom many dub enemies of the state, foreign agents or Muslim-Brotherhood sympathisers — has shrunk to the point of invisibility, it was inevitable that Dream TV’s decision to host Sabahi for a lengthy interview would raise eyebrows.
They were raised even further when, 15 minutes into the interview, just as Sabahi was launching into an attack on Al-Sisi’s policies, the studio went dark. For a few seconds viewers could still hear Sabahi speaking, but then even the audio was cut.
Twenty-three minutes later, Sabahi reappeared on screen and Wael Al-Ibrashi, host of Dream TV’s “Al-Ashera Masaan”, apologised to viewers, saying he was “astonished and puzzled by the sudden interruption of electricity to the studio.”


Es probable que el tiempo que tardó en producirse el apagón selectivo en el estudio alguien estuviera discutiendo cuál era forma más eficaz de pararle. Detenerle por incitar al odio, difundir mentiras o simplemente por protestar sin permiso de la autoridad, algunas de las causas de detención más frecuentes. El apagón les debió parecer lo más natural, algo que siempre podría quedar en el terreno de la duda para los más fervientes seguidores del presidente.
Es impensable que cualquier régimen que pretenda un mínimo de reconocimiento internacional, algo de respeto democrático pueda seguir haciendo este tipo de acciones en las que la posibilidad de hablar de una forma mínimamente crítica se corta de manera tan burda.
El control mediático de la vida política se incrementa en la medida en que crece el caos. La tendencia a evitar las críticas o simplemente a que la información fluya es casi obsesiva. La prohibición de que se retransmitan las sesiones del recién activado parlamento egipcio es otra cara más —importante— de este bloqueo informativo en donde los poseedores de medios se arriendan al poder en competición por ser más presidenciales que los demás. Ya no se trata de la política —inexistente— sino de evitar la erosión del presidente, manifestación del caudillismo innato egipcio, una de las principales causas de su desastre político. Creo que en ningún otro país de la zona se da este fenómeno con tanta intensidad como en Egipto, esa forma de adhesión a la persona que llega a la manía.


Eso hace desaparecer cualquier atisbo de política real, la que no pase por las manos del presidente o líder de turno. La figura presidencial, la del líder, reúne en el caso egipcio todos los atributos que se necesitan para saciar una voluntad casi de mitomanía, por no decir adoración de la persona. Como se señala en el artículo, en este contexto, la crítica es siempre traición. Eso sitúa a Egipto siempre en la dificultad de traspasar el umbral de la democracia porque no existe una voluntad de diálogo y crítica, las bases de la democracia, sino de seguimiento del líder carismático, que ha de estar revestido de todos los poderes, en este caso el militar, el político y el divino, ya que la historia del sueño profético que le marcó el camino a la presidencia no es una broma, sino algo que el egipcio medio acepta como real. Por ello la (quizá) ironía de uno de los diputados que montaron el escándalo en el parlamento el día de la toma de juramento al señalar que había tenido un sueño en el que Dios le había dicho que se retirara de la carrera presidencial.
Ya lo dijera en serio o de forma irónica, lo cierto es que en Egipto trae más cuenta sacarle provecho a una retirada a tiempo que a estar en una oposición que solo te trae problemas porque no es vista como parte del necesario juego político de la democracia sino como alta traición, como algo que te granjea el odio, la difamación, el ostracismo y hasta los ataques de muchos de los que antes estaban contigo pero que ya no te respetan porque no les has llevado a las antesalas del poder con tu fracaso. Sabahi no solo se enfrenta al poder, sino que tiene en contra a los que aspiran a lograr un liderazgo que él no logró consolidar. El que pierde no merece demasiado respeto cuando lo hace con las cifras de Sabahi en su momento; difícilmente puede haber un  líder consolidado en este marco o incluso en este planteamiento. Concibiendo así el poder, el que no gana pasa a ser siempre el traidor, al igual que el que le abandona, como les pasó a El-Baradei y a otros.
Cuando había empezado a dar explicaciones sobre las carencias y fallos del sistema, nos cuenta Ahram Weekly, llegó el apagón:

Just minutes before the unexplained interruption, Ibrashi had asked Sabahi why he believes Al-Sisi no longer represents the aspirations of the majority of Egyptians, and whether or not he believes the president continues to enjoy widespread popularity.
Sabahi, a candidate in both the 2012 and 2014 presidential elections, did not deny that Al-Sisi still commands popular support. He added, however, “This popularity is receding quickly.”
Sabahi then began a series of rhetorical questions addressed to the president.
“If the people truly support and love you why don’t you give them what they want, the demands of the 25 January Revolution — bread, freedom and social justice?” he asked.
“Why don’t you give them democracy, a civilian state and a dignified life in which they can provide for their children and access proper education and health care? Isn’t this what the people paid heavily for, with young men dying as martyrs and others losing their eyes?”
“And what have you given them in return? Widespread injustices. Young men imprisoned for long periods for protesting peacefully. Poor people becoming poorer.”
It was at this point that television screens tuned into the programme went blank. Sabahi could then be heard saying, “This is not acceptable.”
When the lights returned to the Dream TV studio, Sabahi did not tone down his criticism, though he insisted he was speaking out against current policies because he wanted President Al-Sisi to succeed, and was fully aware of the challenges facing Egypt in its war against terror and given the spread of regional instability.


El apagón hizo que de las críticas al presidente por no dar a los egipcios lo que quieren se pasase a desearle el éxito en sus acciones, es decir, ya no se cuestionaba como antes la democracia ausente, sino que se deseaba una dictadura exitosa, que es algo ligeramente distinto.
Egipto sigue avanzando con pie firme hacia una dictadura cada vez más nítidas.  Las detenciones de los críticos, las leyes que se quieren aprobar sobre los símbolos, etc. difícilmente se pueden considerar como armas de una democracia contra el terrorismo sin las herramientas de un régimen mediocre y simplista ante la incapacidad de solucionar los problemas reales. Solo la habilidad adquirida durante décadas en la manipulación por los militares y las diferentes instancias religiosas y administrativas del estado, conocedoras profundas de la idiosincrasia nacional hace que se mantenga esta parodia de democracia.
El apagón a Sabahi es realmente un síntoma de la preocupación del régimen porque en algún momento se pueda volcar la situación y no se pueda encubrir más las carencias en todos los sectores. El hecho de que se acerque el quinto aniversario de la revolución del 25 de enero no puede ser un justificante de este tipo constante de prácticas de silenciamiento.
La celebración parece obsesionar a todos. El gobierno está tratando de crear su propia celebración. La estrategia es clara: los que estén allí serán patriotas; los que busquen otra celebración será metidos en el mismo saco de la disidencia terrorista. Los islamistas, por su parte, intentarán reivindicarse como los verdaderos defensores de la revolución y auténticos demócratas, lo que dejará a los verdaderos demócratas que apoyaron la revolución fuera por los dos lados. Si el van con las celebraciones del gobierno, asumen sus políticas regresivas y en contra del espíritu del 25 de enero; si van con los islamistas, que también trataron de enterrarla, serán considerados terroristas y enemigos de la propia revolución, desde la perspectiva del gobierno.


El gobierno egipcio se ha convertido en muy diestro en decir unas cosas y hacer otras. Puede decirse revolucionario mientras encarcela o dispara a los revolucionarios sin ningún pudor, de la misma forma que es retrógrado en lo religioso, aumentando el control de Al-Azhar y dando salida a las denuncias contra los reformistas, mientras pide reformas de la religión.
Al final, Sabahi acabó recomendando a los jóvenes que se quedaran en su casa:

Sabahi went on to advise young supporters of the 25 January Revolution not to protest in the streets to mark the fifth anniversary of the uprising. “I do not feel the public mood is ready to accept protests in the streets, out of fear of violence and clashes with the police,” he said.

Difícilmente se podrá lograr un clima favorable a las protestas si se siguen considerando a los que reclaman la democratización perdida como los enemigos del pueblo. La opción del silencio, que muchos han tomado, es también la negación de la democracia ante el temor que tienen de ser atacados por las menores críticas.
Muchos han criticado a Sabahi después de su intervención:

Supporters of Al-Sisi immediately took to social media to attack Sabahi, charging that he was making false claims in order to position himself as an opposition leader. Others rehashed allegations that first appeared when Sabahi ran against Al-Sisi in the 2014 presidential elections: he has no regular job or source of income; he happily accepted money from dictators such as Iraq’s Saddam Hussein and Libya’s Muammar Gaddafi, and that his only goal is to secure a leading position in the state.
Sabahi also came under attack from radical activists and leftists who felt betrayed when he chose to stand against Al-Sisi a year and a half ago, a move, they said, that lent credibility to an election that had already been stitched up. Once more, they charged, Sabahi was being used by the regime to give the impression that dissenting voices are allowed to air their views freely under Al-Sisi.
“I never had much confidence in Sabahi,” said Hisham Abdel-Ghaffar, a columnist with Tahrir. “What little I did have evaporated when he agreed to take part in the theatrics of the 2014 presidential elections, and continued to do so even when the voting was extended for a third day. He should stop trying to play the hero while all the time changing his positions to suit his own interests and ambitions.”


Todas las críticas contra Hamdeen Sabahi forman parte de esa corriente en la que como no ganes nadie te respeta o respalda. Desde todos los lugares se ha llevado ataques. No se lee en el artículo, en cambio, alguien que critique el apagón, auténtica vergüenza para cualquiera que tenga un mínimo sentido de lo que debe ser un régimen que se ofende cuando le hablan del respeto a las libertades y los derechos humanos.
Una vez visto el hecho, sorprende el tratamiento dado por Ahram Weekly al artículo en su presentación. La interrogación en el título es un ejercicio realmente sorprendente de ambigüedad política. "A voice of dissent?" deja a Hamdeen Sabahi en el limbo político de la duda. Quizá el título inicial no lo llevaba y alguien decidió que era demasiado afirmativo y era mejor dejar a la gente con la duda sobre si lo dicho antes y después del apagón se podía considerar "disidencia". Más extraña es la entradilla realizada: "Khaled Dawoud watched former presidential candidate Hamdeen Sabahi’s controversial, and interrupted, TV interview", que da la impresión de que el periodista no encontró el mando a distancia y no pudo cambiar de canal. Es otro monumento a la ambigüedad hasta en la colocación de las comas. Quizá Egipto ha llegado al punto en el que no se puede decir nada sin ponerle una interrogación o limitarse al hecho de expresar las cosas como en una novela de Alain Robbe-Grillet y la escuela de la mirada.



Una vez más, muchos egipcios siguen confundiendo el patriotismo con la intolerancia y el dogmatismo, que parece que está muy introducido entre las virtudes nacionales. La confusión entre ambos estados del espíritu tiene tremendas consecuencias y especialmente una capacidad infinita de ser manipulados por unos y otros, que basta que les adulen un poco el ego nacional para conseguir de ellos lo que deseen, que viene a ser siempre lo mismo: sumisión gozosa al poder.
La realidad es que el apagón no le ha pasado a Hamdeen Sabahi sino a todos. En cuanto que sube un poco el tono de lo dicho, al país se le saltan los plomos, como se decía antes.


* "A voice of dissent?" Ahram Weekly 14/01/2016 http://weekly.ahram.org.eg/News/15229/17/A-voice-of-dissent-.aspx

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