lunes, 14 de diciembre de 2015

No manchéis su memoria

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario ABC, a través de EFE, reproduce la carta del hermano de uno de los policías muerto en el ataque a la embajada española en Afganistán o en sus "inmediaciones", según las agencias afganas, que han señalado inicialmente que el objetivo era la casa de huéspedes próxima. La cuestión se ha vuelto polémica dentro de la campaña electoral y la participación mediática. Tras la discusión sobre cuál era el objetivo, se ha pasado a otra sobre las condiciones de la embajada.
La carta es una muy dura advertencia hacia la instrumentalización de la muerte del agente en acto de servicio por parte de los políticos en sus campañas electorales y debería hacer reflexionar a más de uno sobre los límites éticos y fronteras que no se deben sobrepasar.


Desde que se produjeron los recientes atentados en Mali, cierta prensa ha estado presionando al gobierno con cuestiones sobre la presencia militar allí. El argumento era que el gobierno ("Rajoy") se había echado para atrás después los atentados y había retirado su petición de hacerse cargo de la dirección de la fuerza militar destacada allí. Desconozco si esto es cierto o no en estos términos, pero rechazo la forma en que se ha utilizado y expuesto.
Es evidente que cada elección en España está marcada por aquellas otras en la que los atentados de los trenes en Chamartín y otros puntos de la red ferroviaria dejaron casi doscientos muertos y cientos de heridos. El temor a que —a falta de días u horas para las elecciones se pueda producir un atentado que dé un vuelco a los resultados sigue sobrevolando la política española y más en estos tiempos convulsos en los que los atentados suceden por todas partes.


Es, además, estrategia del terrorismo actuar allí donde se produzca el mayor efecto y más si este es el de parálisis de las acciones por el mero temor a que se produzca el atentado. La prensa se ha recreado en el análisis de este temor al atentado preelectoral, en el límite mismo que haga que el miedo o la indignación se reflejen en las urnas.
En su momento, los más cínicos sostenían que los atentados no habían tenido efectos electorales. Recuerdo a dos catedráticos de Sociología pontificando sobre ello en la barra de una cafetería universitaria. Hoy otros sociólogos con más base científica han establecido ya el efecto que aquellos tuvo, como era obvio, sobre el electorado que reprochaba a Aznar y al Partido Popular aquellos muertos por la Guerra de Irak y la famosa "foto de las Azores". Pero los tiempos y las circunstancias son otros.


La carta del hermano del policía reprocha que se le quiera usar en las batallas electorales. Pide respeto para su memoria, para su trabajo y para los ideales que le llevaron hasta allí. Pide que todo ello no se "manche" con las luchas partidistas, que no se dediquen a pasear su memoria por mítines y saraos electorales o por las páginas de la prensa. Tiene derecho a hacerlo.
Recoge el diario ABC:

Rafael García Tudela explica que «mi hermano no murió por las balas o por las explosiones, Jorge murió por defender los valores en los que creía: su familia, su trabajo y una patria en libertad y justicia».
«Como Jorge, hay miles de personas que arriesgan su vida por estos mismos valores y que quizá nunca sean debidamente reconocidos. Hoy todos los medios se hacen eco de la noticia y los políticos hacen mención en sus mítines. Algunos ya apuntan a sucumbir a la tentación de utilizar este hecho como un arma arrojadiza con la que obtener una ventaja en el proceso electoral», advierte.
Agrega en su carta que «a éstos les ruego que, por favor, no manchen la memoria de un hombre de honor con su deshonor, que lo aparten de sus luchas cainitas impropias del pueblo que pretenden liderar. Siento envidia de la unidad del pueblo Francés frente a la indignidad que aquí mostramos».
«Mi hermano murió asesinado por una barbarie contraria a todo en lo que él creía. Si hay que mejorar las condiciones de todos los que nos defienden, que se haga por una vez mostrando la unidad de un pueblo, todos juntos en una decisión única de combatir la sinrazón, y asegurar nuestras libertades y derechos frente a quienes nos las quieren arrebatar, pero ahora por favor dejen esto fuera de sus debates oportunistas», manifiesta.
El hermano del subinspector señala que «nadie obligó a Jorge a abordar esa misión, y nunca nadie le habrá oído quejarse de su equipamiento, ni por las condiciones de la embajada, etc».
«Él tenía una misión, y no dudaba en ejercerla hasta el final, porque el amor a su trabajo y su profesión no le permitiría hacerlo. Estoy seguro que solo se habrá ido con un reproche, y es el de no poder haber donado todos sus órganos para salvar más vidas, ya que esa era su voluntad, y las circunstancias de su muerte no lo han hecho posible», revela.*


La carta no necesita demasiadas interpretaciones por su claridad expositiva. De los atentados de Mali hasta el de Kabul, cierta prensa ha parecido desear que la desgracia que ocurrió entonces se invocara ahora. Es una forma ruin de entender la disputa política. No tiene sentido hablar de "nueva" o "vieja" política si se usan formas tan rastreras de manipulación de la opinión pública. Y aquí hago más responsable al tono de los medios que a los propios partidos, que han debido retratarse juntos por los pactos antiterroristas.
Cuando el hermano del subinspector muerto en Kabul dice sentir envidia de la unidad demostrada por el pueblo francés ante los atentados, producidos también en la antesala de unas elecciones, expresa un sentimiento ante en lo que estamos convirtiendo la democracia española.
Por motivos que sería largo de explicar —y probablemente de entender—, estas décadas de desarrollo político han ido minando un sentido de ciudadanía común por encima del partidismo ocasional, una de cuyas consecuencias es esta falta de unidad ante los problemas que nos afectan a todos, que pueden ser manipulados por cualquiera en un ejercicio de mala inteligencia política.


Allí donde estas desgraciadas circunstancias sirven para unir a los pueblos, parece que nosotros disfrutamos dividiéndonos. Es el resultado de evitar deliberada y cuidadosamente cualquier metáfora o símbolo unificador por congraciarse con los que nunca tendrán suficiente. El pueblo francés ha salido a la calle a defender su república y sus valores. Nosotros reservamos eso para el fútbol. Nos falla lo básico a fuerza de ignorarlo.
Ante la "tentación" del uso electoralista de la muerte de su hermano

García Tudela señala que «dentro de una semana nadie se acordará de Jorge en los medios, ni los políticos en sus mítines (afortunadamente), pero su legado quedará en el ejemplo que nos dio a todos los que tuvimos la suerte de quererle y admirarle».*


Es duro perder a un miembro de la familia en estas circunstancias, pero debe ser mucho más escuchar o leer algunas cosas. Ese es el sentido de la carta.
Es preocupante que después de cuarenta años de democracia sigamos todavía usando los elementos que dividen en vez de los que unen para afrontar problemas. La única explicación que me viene a la mente es que es más fácil para los ineptos discutir que acordar, algo para lo que se requiere algo más que una voz potente y una buena planta.
Hay que reprochar esto a la totalidad de nuestra clase política y criticar la política partidista de los medios. Hay límites para ambos. No todo vale, pero sí todo tiene consecuencias.
La carta se cierra con el ruego de que, aunque deje de ser noticia en los medios cuando pasen las elecciones, el Estado se acuerde de su viuda e hijos. Eso esperamos, que no se olviden de las familias de ambos policías. Para ellos nuestras condolencias sinceras. Hay que agradecerles que, viendo la barbarie tan de cerca, valoraran más que nosotros lo mucho que tenemos.



* "El hermano de uno de los asesinados en Kabul pide no «manchar» su nombre" ABC 13/12/2015
http://www.abc.es/espana/abci-hermano-asesinados-kabul-pide-no-manchar-nombre-201512131636_noticia.html



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