miércoles, 2 de diciembre de 2015

No hemos sido nosotros o porqué nadie cree las razones americanas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El titular que abre en estos momentos la edición digital de The Washington Post podría sorprender a muchos: "Iraqis think the U.S. is in cahoots with the Islamic State, and it is hurting the war"*. Sin embargo, el titular se queda corto. Aquí lo hemos tratado en varias ocasiones: es una creencia asentada en todo Oriente Medio que Estados Unidos es el que está detrás del Estado Islámico, empeñados en destruirles. Y no se trata de algo de gente desinformada. Aquí dimos cuenta de la opinión del Papa copto en el mismo sentido. Para millones de personas, esto es una "verdad" incuestionable. 
A la pregunta de "¿por qué nos odian?", que se formuló tras el 11-S, habría que plantearse "¿por qué no nos creen nunca?", cuestión que es necesario plantearse urgentemente.
Comienzan así su análisis de esta situación en el diario:

BAIJI, Iraq — On the front lines of the battle against the Islamic State, suspicion of the United States runs deep. Iraqi fighters say they have all seen the videos purportedly showing U.S. helicopters airdropping weapons to the militants, and many claim they have friends and relatives who have witnessed similar instances of collusion.
Ordinary people also have seen the videos, heard the stories and reached the same conclusion — one that might seem absurd to Americans but is widely believed among Iraqis — that the United States is supporting the Islamic State for a variety of pernicious reasons that have to do with asserting U.S. control over Iraq, the wider Middle East and, perhaps, its oil.
“It is not in doubt,” said Mustafa Saadi, who says his friend saw U.S. helicopters delivering bottled water to Islamic State positions. He is a commander in one of the Shiite militias that last month helped push the militants out of the oil refinery near Baiji in northern Iraq alongside the Iraqi army.
The Islamic State is “almost finished,” he said. “They are weak. If only America would stop supporting them, we could defeat them in days.”*


Es la batalla que los Estados Unidos siempre pierde: la de la información. Puede resultar paradójico que en un mundo diseñado a imagen de los Estados Unidos, poblado de redes de información creadas por ellos, desarrolladas desde su mentalidad y exportadas al mundo como forma de expansión de la forma de vida americana, estén perdiendo esta batalla. Es paradójico, sí, que lo que Al Gore llamó pomposamente y con orgullo las "superautopistas de la Información", la consagración de la "era americana" a través de la revolución tecnológica, se hayan convertido en sus mayores enemigas generando una contra propaganda capaz de hacer creer las ficciones más sorprendentes a aquellos que quieren verlas.
Si esta distorsión se produjera solo en el territorio iraquí sería grave, pero su alcance es mucho mayor y afecta a la falta de credibilidad americana en su conjunto. Si la gente cree ver a los helicópteros norteamericanos apoyando al enemigo, es porque esa posibilidad les parece plausible. Por los mismos motivos, asumirán cualquier otra circunstancia que les parezca que forma parte de esa forma de actuar conforme a lo que creen y no a lo que ven. Contrariamente a lo que el dicho afirma —ver para creer—, lo cierto es que el mecanismo es precisamente el contrario: creer para ver. Si consigues que la gente crea algo, podrás hacerles ver lo que te interesa, que interpreten desde el marco que les has creado. De otra forma, es muy difícil hacerlo.


La poderosa maquinaria propagandística norteamericana ha perdido la gran batalla, la definitiva batalla por la creencia. Eso hace que todo aquello que se percibe sea reinterpretado en las claves que marcan las creencias. ¿Cómo ha comenzado esto, por qué se da esta situación que lleva a la gente a afirmar haber visto o haber recibido informaciones en las que se afirma lo contrario de lo que es?
Sin duda, las mentiras de la guerra de Irak a cargo de la administración de George Bush han tenido mucho que ver. El daño que hizo Bush a la credibilidad norteamericana no es fácil de evaluar. Consiguió que la gente acepte que cualquier tipo de acción de los Estados Unidos solo depende de sus propios intereses. Pero no es solo eso. Las décadas de política exterior apoyando dictadores en la zona también tiene mucho que ver en la percepción de los valores americanos.


La gente percibe como un "doble lenguaje" el hecho de que mientras los políticos se llenan la boca de palabras como "democracia" eso se traduzca en el mantenimiento de dictaduras en sus terrenos. Eso ha servido para fomentar el antiamericanismo en todos los niveles. Los demócratas de la zona han sido ignorados en beneficio de grupos cuyo atractivo era prometer (no siempre cumplir) a los Estados Unidos ser sus aliados y asegurar —la odiosa frase— "los intereses norteamericanos en la zona". La frase está destinada a justificar internamente sus propias decisiones, pero externamente se ve como una ausencia de generosidad: Estados Unidos solo interviene en función de lo que le pueda beneficiar.


La cultura popular tampoco les ayuda mucho. La industria cultural norteamericana se ha dedicado a ser su mejor propagandista negativa, de tal manera que cualquier teoría de la conspiración ha tenido una alta probabilidad de haber nacido entre sus fronteras. Eso incluye desde la llegada a la Luna hasta los motivos para la intervención en las guerras. Ya nadie cree nada. En el artículo de The Washington Post se sorprenden de las creencias en Iraq, pero se sorprenderían mucho más si realizaran encuestas en los propios Estados Unidos al ver la cantidad de gente que también ha acabado creyendo en las propias conspiraciones de sus gobiernos.
Sin embargo, los responsables norteamericanos no se lo acaban de creer:

U.S. military officials say the charges are too far-fetched to merit a response. “It’s beyond ridiculous,” said Col. Steve Warren, the military’s Baghdad-based spokesman. “There’s clearly no one in the West who buys it, but unfortunately, this is something that a segment of the Iraqi population believes.”
The perception among Iraqis that the United States is somehow in cahoots with the militants it claims to be fighting appears, however, to be widespread across the country’s Sunni-Shiite sectarian divide, and it speaks to more than just the troubling legacy of mistrust that has clouded the United States’ relationship with Iraq since the 2003 invasion and the subsequent withdrawal eight years later.
At a time when attacks by the Islamic State in Paris and elsewhere have intensified calls for tougher action on the ground, such is the level of suspicion with which the United States is viewed in Iraq that it is unclear whether the Obama administration would be able to significantly escalate its involvement even if it wanted to.
“What influence can we have if they think we are supporting the terrorists?” asked Kirk Sowell, an analyst based in neighboring Jordan who publishes the newsletter Inside Iraqi Politics.*


Preguntarse por los comienzos de estos recelos, de esta falta de credibilidad nos llevaría  probablemente a las décadas de los sesenta y setenta, tiempo esencial en la configuración de la mentalidad norteamericana y en su visión exterior; un tiempo marcado por el asesinato de Kennedy, la crisis de Cuba, los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy camino de la Casa Blanca, la guerra de Vietnam, Chile y la traca final del caso Watergate (con el "Trick" E. Dixon, de Philiph Roth, en La pandilla de fondo). Muchos de esos acontecimientos minaron la confianza en los Estados Unidos y también la confianza de muchos norteamericanos en sus propias instituciones.
La pregunta que se hacen los analistas al final del texto citado —“What influence can we have if they think we are supporting the terrorists?”— tiene, pues, su lógica. La palabra "influencia" que se utiliza tiene además una profundidad que nos lleva más allá de las cuestiones económicas. "Influencia" implica "credibilidad" y "prestigio", algo que las autoridades norteamericanas se han encargado de ir minando con su doctrina proclamada de los "intereses norteamericanos", con lo que se justifica una guerra en Oriente Medio o el espionaje del móvil de Angela Merkel.


Cuando fui por primera vez a El Cairo, me enseñaron orgullosos el salón de la Universidad en el que Obama había hecho su discurso al mundo árabe. Poco más de un año después, la gente se manifestaba por la calles con la imagen barbuda de un "Obama-Osama" en la que se exigía a los Estados Unidos que dejara de "apoyar al terrorismo" en la zona. La credibilidad que se esperaba de Barack Obama se perdió tras la Primavera árabe. Es difícil ver tal cúmulo de errores estratégicos y diplomáticos, hasta de sentido común, en la política norteamericana en la zona. No tiene sentido preguntarse ya por su origen; el hecho es que está ahí, alimentada por errores y aprovechada por los que son maestros en el argumentación de base por décadas de entrenamiento en hacer ver lo que quieren ver. Si alguien es capaz de convencer a otro para que salte por los aires, convencer a otros que la bomba se la han entregado los Estados Unidos es pan comido. Poseen el conocimiento psicológico del que todos los expertos en comunicación estadounidenses juntos carecen.


The Washington Post ha encontrado el origen de esto. Esta, nos dicen, en la propaganda iraní:

The allegations of U.S. collusion with the Islamic State are aired regularly in parliament by Shiite politicians and promoted in postings on social media. They are persistent enough to suggest a deliberate campaign on the part of Iran’s allies in Iraq to erode American influence, U.S. officials say.
In one typical recent video that appeared on the Facebook page of a Shiite militia, a lawmaker with the country’s biggest militia group, the Badr Organization, waves apparently new U.S military MREs (meals ready to eat) — one of them chicken and dumplings — allegedly found at a recently captured Islamic State base in Baiji, offering proof, he said, of U.S. support.
“The Iranians and the Iranian-backed Shiite militias are really pushing this line of propaganda, that the United States is supporting ISIL,” Warren said. “It’s part of the Iranian propaganda machine.”
The perception plays into a widening rift within Iraq’s ruling Shiite elite over whether to pivot more toward Iran or the United States. Those pushing the allegations “want to create a narrative that Iran is our ally and the United States is our enemy, and this undermines Abadi, who is America’s ally,” Sowell said.*


¡Qué ingenuidad! Nos son más que pequeños ejemplos de propaganda, pero no son el origen ni el principio que proviene de los propios errores norteamericanos, en la falta de claridad que muchos perciben. Es desde la ambigüedad desde donde se puede crear esas manipulaciones que acaba creciendo de forma espontánea por la densidad de los rumores esparcidos. Los saltos retóricos entre "aliados" y "países" identifican a uno con los otros, cuando no se trata más que de políticos poco creíbles, incluso odiados por sus poblaciones pero respaldados por la administración norteamericana. ¿Qué prestigio o credibilidad conseguían los "Estados Unidos" estrechando la mano de personajes "aliados" odiados en países como Afganistán o Irak? Muchas de las manos estrechadas carecían del respaldo de sus propios pueblos que los veían como "colocados" por los Estados Unidos, como marionetas. De esta forma, cada atrocidad o arbitrariedad, cada injusticia cometida por aquellos cuyas manos se han estrechado pasaba a engrosar el antiamericanismo galopante. Pero no se aprende la lección de que a los dictadores hay que tratarlos como tales, te brinden su apoyo o no. El aliado, para los norteamericanos, es el "gobernante" no el "país". Eso es un error que tiene consecuencias duraderas y favorece la falta de credibilidad sobre las razones que mueven a actuar.
Está bien que se produzcan estas preguntas en los medios. Es señal de que se percibe claramente este doble proceso de descreimiento y creencia. No se creen los argumentos norteamericanos, mientras que se aceptan sin problema las teorías más peregrinas. Eso es lo que ocurre cuando se pierde la confianza y la credibilidad. 
Gracias a la democratización de las comunicaciones, favorecida por la tecnología estadounidense, el mundo se ha convertido en un pequeño pueblo en el que los rumores crecen rápidamente. Y la principal víctima son los propios Estados Unidos, cuya maquinaria propagandística no es capaz de convencer a sus propios aliados de que está de su lado.




* "Iraqis think the U.S. is in cahoots with the Islamic State, and it is hurting the war" The Washington Post 1/12/2015 https://www.washingtonpost.com/world/middle_east/iraqis-think-the-us-is-in-cahoots-with-isis-and-it-is-hurting-the-war/2015/12/01/d00968ec-9243-11e5-befa-99ceebcbb272_story.html



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