martes, 8 de diciembre de 2015

El terrorista hecho en casa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Va costando entender la variedad de dimensiones que tienen la guerra contra el "Estado Islámico". Y se descubre con cada nuevo atentando. El atentado de San Bernardino, pasados los primeros efectos, está sirviendo para ver estas variedades. El atentado es algo más que un atentando; es una advertencia del giro que toman los acontecimientos para los Estados Unidos y probablemente para todos los demás. El hecho de que el propio Estado Islámico no considere "miembros", sino como "colaboradores" o "simpatizantes",  personas que han seguido la llamada a atentar contra Occidente, es ya un giro con importantes consecuencias. "Colaborar" implica estar desconectado, lo que hace casi imposible de rastrear. Los primeros sorprendidos al conocer que se trataba de un atentado islamista fueron los propios musulmanes de la zona que fueron a mostrar sus condolencias: "¡No hay donde radicalizarse en San Bernardino!", decían. Pero el mundo es ya global y virtual.  No hace falta ir a la mezquita a escuchar a un exaltado imam.


The Economist señalaba en un duro artículo criticando las posturas electoralistas de los políticos norteamericanos, especialmente de los republicanos:

[...] That Farook was an American citizen is really bad news. If it is difficult to track the movements of foreign nationals in and out of America, it is far harder to track native-born citizens, who need no visas or visa waiver forms to come and go.
It is depressing news, moreover, that Farook appeared to be well-assimilated in America, the land of his birth—and yet still turned to the path of extremist violence. In Europe, politicians alarmed by reports of radicalisation among Muslim populations often point to high unemployment, poverty and other social ills as drivers of alienation. If only young Muslims can be offered more opportunities, they say, then perhaps Islamic extremism will have less appeal. Yet in this case in California, early reports all talked of Farook’s well-paid job as a health inspector with his local county government. It later emerged that his brother had served honourably in the American navy. Outwardly, in short, Farook was a success story. That someone of his background still fell under the dark spell of fanaticism is really dismaying.
Finally, it is sobering news that the two killers had access to near-military levels of weaponry. It is almost impossible to pass federal laws to restrict access to the most powerful semi-automatic weapons. California, a left-of-centre state, has some of the strictest gun laws in America. Yet that did not stop the murderers from acquiring, apparently legally, variants of the AR-15 semi-automatic rifle, two pistols and thousands of rounds of ammunition. What that shows, unhappily, is that even the toughest gun laws in America are not much use when it comes to the only form of gun control that might actually stop or limit some massacres: blocking access to murderously powerful guns.
All in all, the California shooting is a nightmare, its every detail pointing to the extreme difficulty of preventing domestic acts of terror inspired by the blood-soaked fanaticism of the Islamic State. That being so, what explains the applause from the conservative audience in Washington?*


En el primer punto se señala la ineficacia de los controles exteriores porque los ciudadanos norteamericanos no los necesitan y Farook lo era de nacimiento. En el segundo se derriba el mito de la falta de integración, del personaje marginal: Farook era un profesional bien pagado y con trabajo estable, una "historia de éxito", como se señala. El tercer punto es que desarrollamos el otro día aquí: los "terroristas americanos" tienen tanto acceso a las armas como cualquier otro ciudadano, ese derecho constitucional defendido a cal y canto por los republicanos. Basta con sacar las armas de casa para ir a atentar después de haber practicado no en lejanos campos de entrenamientos, sino en selectos clubes de tiro donde te dan el cursillo gratis, como proponía el director de la Liberty University en nuestro comentario.
Como señala el articulista, "son malas noticias que Mr Farook sea norteamericano". Muy malas noticias, sí.


Cuando se da esta circunstancia, las medidas de detección tradicionales fallan estrepitosamente. No es nadie a quien hay que esperar en la frontera; es un ciudadano normal que un día se presenta en su trabajo o en su instituto con armas y mata a sus compañeros. Igual que otras veces, pero con otro móvil. Si no se pueden parar las matanzas "normales", ¿por qué se van a parar estas?

La victoria sobre Obama y Clinton que los republicanos pretenden obtener diciendo que los demócratas quieren desarmar al "pueblo americano" frente al terrorismo, ignora que los terroristas ahora pueden ser americanos como el señor Farook, nacido, criado y radicalizado silenciosamente en the land of the free and the home of the brave.
Ya no queda el recurso de saber si se ha viajado a Siria o cualquier otra pista exterior. La pareja de terroristas tenía todos sus papeles en regla y una vida sin sospechas para los que les rodeaban o incluso vivían en la misma casa, como era el caso de la madre de él.
Las investigaciones reconocen ahora —un poco tarde— que había "indicios" de su radicalización muy anteriores en el tiempo. La pareja trató de destruir todos sus dispositivos electrónicos para evitar rastreos. La recuperación de datos será lenta, dice. Desgraciadamente, ya no hay una gran urgencia.


La pareja de San Bernardino ha roto algunos esquemas en los planteamientos de la seguridad. Quizá haya que empezar a modificar las estrategias, no solo después de que ocurran los acontecimientos, sino —a ser posible— para tratar de evitarlos.
Las cifras que se dan de los yihadistas viajeros permite hacerse una composición mental del tamaño de su ejército. Las parejas como Syed Rizwan Farook y su esposa Tashfeen Malik, en cambio, crean una gran inquietud porque no es fácil determinar el número de terroristas hechos en casa existentes. Y eso es muy malo porque no hay monstruos más grandes que los que fabrica la imaginación.




* "Squeezing political capital from the attacks in California" The Economist 4/12/2015 http://www.economist.com/blogs/democracyinamerica/2015/12/san-bernardino-shootings

 

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