martes, 15 de diciembre de 2015

El poder, efectos secundarios

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La sección del diario El País denominada "Materia", y en su categoría "Medicina", en el día del debate electoral que conmovería al mundo, trae un provocador titular: "Ganar las elecciones acorta la vida"*. Como si fuera una advertencia a ambos contendientes en su lucha cara a cara y que muchos calificaban ayer como "lucha en el barro", el titular habrá causado preocupación. En estos momentos en los que más gente lucha por ganar, es bueno advertir de las peligrosas consecuencias que puede tener para la salud.
De lo que se trata es de la reinterpretación sensacionalista del artículo que ha aparecido ayer en The BMJThe British Medical Journal— con el título "Do heads of government age more quickly? Observational study comparing mortality between elected leaders and runners-up in national elections of 17 countries"**. El paso de una revista científica a un periódico generalista se traduce en el acortamiento del título y en su concentración impactante.
No se trata del hecho de "ganar las elecciones" evidentemente, sino de lo que ocurre después, del desgaste físico y psíquico —el estudio está hecho por investigadores médicos— que supone el ritmo de vida en las jefaturas de los gobiernos. El estudio se podría haber hecho, como es obvio, sobre cualquier otro campo que conlleve una tensión constante, como la que se presupone a los jefes de estado y de gobierno.
The BMJ señala:

Without adjustment for life expectancy at time of last election, elected leaders lived 4.4 (95% confidence interval 2.0 to 6.6) fewer years than runners-up. However, elected leaders were also on average 3.8 years older in the year of their last election compared with runners-up (59.2 v 55.4). After adjustment for life expectancy, elected leaders lived 2.7 (0.6 to 4.8) fewer years than runners-up.**


Aunque se haya hecho con datos de 17 países y dirigiéndose hacia el pasado, evidentemente, los resultados obtenidos dependen de muchas otras cosas. Si metemos datos, los que sean, siempre saldrá información por el otro lado. La cuestión es la validez que se le confiere respecto a la realidad misma y lo que pueda deparar el futuro.
Desde el otro lado, se plantearán algunos si se puede compensar ese desgaste con la vigilancia constante de la salud. Como los resultados se refieren al conjunto, pero siempre se muere uno individualmente, vaya usted a saber cuándo le toca despedirse de este mundo. Esto relajará a unos más que a otros pensando que bien vale vender unos pocos años al diablo por tener el timón del Estado.
Para España, por ejemplo, los datos aportados al estudio provienen de "14 presidentes" y "33 candidatos" que no llegaron a la presidencia, para un periodo comprendido entre 1876 y 2015. La verdad es que con esto no es fácil concluir mucho. Y, visto así, supongo que no es lo mismo el desgaste de ser presidente de los Estados Unidos que serlo de Nueva Zelanda; que no da igual que te toque gobernar durante una guerra mundial o que te toque en un periodo de paz y prosperidad, aunque haya pocos.


Lo mismo es cuestión anímica y los aspirantes que no llegan al poder tienen más enganche a la vida, a ver si suena la flauta, mientras que los que han llegado ya al poder sufren una especie de desengaño stendhaliano y se repiten ¿solo era esto? O quizá entren en el síndrome de la tristeza del segundo mandato, es decir, los que ya no se pueden presentar y pierden ilusión por la vida fuera del poder. ¿Quién sabe?


No contentos con los datos aportados por el estudio de The BMJ, el diario El País sigue tentando al diablo en esta época electoral y añade una segunda información con el título "En el Parlamento se vive más". Allí se recoge:

Otro trabajo publicado en la misma revista explora si los miembros electos de las cámaras viven más que los ciudadanos que los eligen. En este caso se ha analizado a casi 5.000 miembros del parlamento y la Cámara de los Lores de Reino Unido entre 1945 y 2011. Las conclusiones muestran que la tasa de mortalidad entre los parlamentarios es un 28% menor que la del resto de la población y la de los lores, un 37% menor. “La brecha aumentó especialmente entre 1945 y 1999, lo que sugiere que los miembros del Parlamento fueron menos representativos de la población a la que servían”, dicen los dos autores del trabajo. Los conservadores suelen vivir más, posiblemente por ser de extracto social más alto y con mejor educación, añaden. Su conclusión es que “las desigualdades sociales están vivas y coleando entre los parlamentarios británicos y, al menos en términos de mortalidad, estos nunca han estado mejor”.*


¡Caramba! La conclusión que sacamos aquí es realmente... Si ser parlamentario implica vivir un 28% más que los que votan, la cosa se pone seria. Sumando ambos datos, se concluye que lo mejor es ser "parlamentario" y no "presidente", que se vive menos; por otro lado, que trae más cuenta ser elegido que elector. Es una forma de explicar el éxito del parlamentarismo británico realmente curiosa.
La expresión en el texto de que los miembros del parlamento, es decir, los que representan a los electores, son en cambio "menos representativos" en términos de expectativas de vida, establece una extraña lectura del asunto. Una diferencia del 28% por ciento de los representantes en los Comunes con sus electores, más una diferencia de un 9% entre los Comunes y los Lores, explican que Inglaterra tenga reinas tan longevas como la reina Victoria o la actual, Isabel.
No sé si es prudente, a cinco días de las elecciones, hacer uso de esta literatura científica. Con un 40% de indecisos, es casi una provocación.



* "Ganar las elecciones acorta la vida" El País 14/12/2015

** "Do heads of government age more quickly? Observational study comparing mortality between elected leaders and runners-up in national elections of 17 countries" The BML 19/11/2015 http://www.bmj.com/content/351/bmj.h6424



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