lunes, 30 de noviembre de 2015

Las palabras políticas o cómo llamar al Estado Islámico

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario francés Le Figaro planteaba hace unos días una cuestión repetida: "L'acronyme «Daech» peut-il encore désigner la réalité de l'Etat islamique?". El artículo lo firman dos especialistas, Pierre-Jean Luizard —director de investigación en el CNRS, autor del ensayo Le piège Daech (La Découverte, 2015)— y Olivier Roy, politólogo, especialista en el Islam y autor de La peur de l'Islam (L'Aube, 2015)—. Cómo llamar a las cosas no suele ser una cuestión baladí, pero que esto se plantee ahora no deja de ser significativo. Más vale tarde y no está mal que esto se ponga sobre la mesa en estos momentos.
La tesis del diario, en cualquier caso, debe ser debatida porque se plantean dos líneas que provienen precisamente de esa "réalité" a la que se hace referencia en el titular de Le Figaro, por un lado, pero también a los intereses de Francia en cuanto al reconocimiento y designación de lo que tiene delante en su respuesta militar.
Partimos del principio de que todo nombre es convencional. Con ello queremos señalar que el hecho de que algo "sea" es independiente del "nombre" que podamos asignarle, que puede ser más o menos adecuado según diversas consideraciones. En muchas ocasiones el nombre que le asignamos a algo proviene de nuestros intereses más que de su adecuación. También se lucha a través de los nombres, pues implican un reconocimiento de factores que no siempre son neutros. El hecho —por ejemplo— de que se llame "conflicto armado" a una situación y no "guerra", implica un punto de vista específico sobre lo que ocurre, un reconocimiento de una parte respecto a las otras. de la misma forma "grupo terrorista" tiene unas implicaciones que no tiene "estado".
Comienza el artículo de Le Figaro reconociendo el cambio producido:

Plusieurs hommes politiques ont volontairement abandonné le mot «Daech» pour désigner l'Etat islamique, estimant que l'organisation djihadiste était désormais un proto-Etat. Explications.
Le débat, déjà ancien, a ressurgi ces derniers jours à la suite des attaques de Paris: comment désigner l'organisation radicale qui prospère entre Raqqa et Mossoul? Si l'appellation «Daech» a fait consensus dans un premier temps, plusieurs hommes politiques utilisent désormais le terme «État islamique», considérant que la donne a changé. Parler de Daech, «c'est encore une manière de ne pas nommer notre adversaire», estime aujourd'hui François Fillon, à la suite de Nicolas Sarkozy. Même revirement sémantique à gauche: «Ces deux appellations, je les assume, parce que c'est une guerre, et qu'il faut bien comprendre qui nous combattons», explique le premier ministre Manuel Valls sur le plateau du Petit Journal. «Nous sommes en guerre contre un État», abonde Patrick Kanner, ministre de la Ville, de la Jeunesse et des Sports. Mais peut-on vraiment parler d'Etat, où même de proto-État pour désigner le califat d'Abou Bakr al-Baghdadi? Pas si simple.*


Nos interesa aquí resaltar la idea del "voluntariamente" y después el cambio de situación que lo ha provocado.
Ante fenómenos nuevos —en este caso, un grupo armado— los medios no saben muy bien qué términos usar. Existe el nombre propio con el que se presentan, pero pueden presentarse dudas sobre fórmulas más genéricas de encuadramiento: "grupo armado", "terroristas", "ejército"... Lo que nos dice el periódico es que la cuestión ha cambiado después de modificarse la relación con Francia tras los atentados de París y la consiguiente reacción militar.
En un primero momento se ha evitado deliberadamente referirse a "él" como "estado islámico" porque la palabra "estado" implicaba un reconocimiento excesivo del estatus que se le quería conceder. Esto es evidentemente una cuestión política, pero la política tiene mucho que ver con la semántica y viceversa, en ocasiones. Una vez que el desafío ha superado los límites aceptables por Francia, se modifica el estatus mediante el cambio de nombre: de "Daech" a "Estado Islámico". 


Como plantea el ministro: «Nous sommes en guerre contre un État». Desde el momento en el que se usa la palabra "estado", se pueden encadenar los términos relacionados con la "guerra" o, si se prefiere, solo se puede usar el término "guerra" si se relaciona con un "estado". Mediante esta operación retórica queda en el lugar adecuado la intervención militar con sus bombardeos y demás acciones.
Los autores explican:

Tout d'abord, «Daech» est synonyme d'État islamique, le premier étant l'acronyme arabe du second. Daech signifie «al-Dawla al-Islamiya fi al-Iraq wa al-Sham», c'est-à-dire État islamique en Irak et au Levant. Le Levant désigne traditionnellement la zone géographique incluant le Liban, la Syrie, la Palestine, Israël, la Jordanie et le Sinaï égyptien. Mais utiliser l'acronyme «Daech» n'est pas neutre. «L'expression, considérée comme “péjorative” par l'organisation terroriste, n'existe pas en tant que telle dans la langue arabe», explique Wassim Nasr, journaliste à France 24 et spécialiste du mouvement djihadiste. «Mais d'autres mots, proches phonétiquement, existent. À l'instar de “Daes” - celui qui écrase avec son pied - ou de “Dahes” - celui qui sème la discorde ou la zizanie.» L'expression a d'abord été utilisée par les médias du monde arabe, suivis par les opposants à l'organisation djihadiste, au premier rang desquels les gouvernements syrien et irakien. En France, Laurent Fabius avait publiquement appelé à utiliser «Daech» plutôt qu'«Etat islamique». «Il voudrait l'être, il ne l'est pas. Et c'est lui faire un cadeau que de l'appeler “État”», disait le ministre des Affaires étrangères devant les députés.*


Si "Daech" no es "neutro", tampoco lo es "Estado Islámico". Pero las consideraciones señaladas son interesantes. La asociación con otras palabras que pudieran tener un carácter peyorativo puede tener interés en los medios árabes, pero no en Occidente, incluido Francia. Pero las declaraciones de Fabius negándose a concederle el estatus de "estado" son significativas al respecto.
Sin embargo, la expresión "Estado Islámico" tiene dos términos. Ahora interesa el de "estado", pero nos olvidamos del de "islámico", la otra —y decisiva— mitad del término, la que realmente importa a los grupos islamistas.
Aquí hemos utilizado siempre el término "Estado Islámico". Lo hemos hecho a sabiendas de que es el que el propio grupo quería que se le aplicara, lo que es revelador de sus intenciones. Lo de menos es si es un "estado" o no; lo importante es cómo se ven ellos, su intencionalidad, que es la reveladora de sus acciones. Lo que decía Le Figaro sobre su "réalité" es secundario, pues siempre es convencional.


El porqué muchos medios árabes han preferido "Daech" tiene en muchos casos un interés parecido al de Francia en no llamarle "estado", pero la prevención proviene del término "islámico" que querían evitar a toda costa. Aquí hemos comentado los "esfuerzos" del gobierno egipcio para imponer una terminología que evitara términos como "yihad" o "islámico" y se centrara en llamarlos "terroristas". Se pretende así evitar la interpretación "religiosa" de la violencia, algo a todas luces absurdo.
Hemos señalado en muchas ocasiones que los teólogos pueden decir lo que quieran, pero que lo que no se puede es desoír a las ideas de quien las practica. No se evita la islamofobia tratando de ocultar el fondo religioso que el fenómeno tiene. Hacerlo es ser cómplice de una ocultación del radicalismo posible que hay en todas las religiones cuando se llevan al extremo. Se puede decir que están equivocados o que el 99% de los creyentes no comparten su punto de vista, pero no se puede decir que el fenómeno no tiene una raíz religiosa porque es faltar a la verdad, al sentido común y, sobre todo, a las formas de combatirlo y de intentar erradicarlo.


La expresión "estado islámico" no se utilizaba en Occidente por "estado" y en los países árabes por "islámico". Son dos posturas políticas que trataban de evitar el reconocimiento que el término pudiera tener. Da igual que no sean realmente un "estado" y que su visión religiosa no sea compartida por la mayoría de los musulmanes. El nombre que ellos se pusieron revela sus intenciones y pretensiones; es una autodescripción.
Ahora toca ir hacia el "estado" porque es lo que permite una guerra "igualitaria", entre "estados", Francia y el "Estado Islámico". Para ello, finalmente, se asumen esa autodenominación y los hechos producidos hasta el momento en la concreción de un "estado". 
Señalan los especialistas en el periódico:

Le 29 juin 2014, l'organisation proclamait la fondation de «l'État islamique», et son chef Abou Bakr al-Baghdadi se proclamait calife. «L'État islamique a la volonté d'être un État de droit», explique Pierre-Jean Luizard, directeur de recherche au CNRS*. «Ils appliquent sur les territoires qu'ils administrent une conception salafiste de la Charia. Ils lèvent l'impôt sur les musulmans et imposent la jyziah pour les “gens du Livre”, c'est-à-dire les chrétiens.» Ils revendiquent la création d'un système monétaire propre, avec des pièces d'or, d'argent et de bronze. «Il répond au concept salafiste de l'argent selon lequel la valeur faciale d'une pièce doit correspondre à sa valeur intrinsèque. Les billets ne peuvent donc pas avoir cours.» Pour administrer les territoires sous son contrôle, l'État islamique s'est également doté d'un véritable pouvoir exécutif. «Chaque province dispose d'un conseil consultatif (Majlis Choura) composé d'autorités locales et de responsables de l'État islamique. Ils sont nommés car le principe d'élection est illicite: il remplace la légitimité de Dieu par la légitimité de l'homme», poursuit Pierre-Jean Luizard. Ainsi, le dernier mot revient au gouverneur ou à tout autre représentant du calife qui dispose de l'autorité religieuse. «L'autorité judiciaire est quant à elle exercée par les Qadis, qui disent et appliquent la justice», ajoute-t-il. En revanche, il n'y a pas de pouvoir législatif: «La Charia fait office de loi», explique Pierre-Jean Luizard.*


Esto es algo más que un "grupo terrorista". La importancia de no negarlo es lo que tiene de futuro entrevisto para algunos países que tienen entre sus filas políticas a los islamistas agazapados.
El Estado Islámico no es un invento salido de la mente de un loco. Es el cumplimiento cabal y extremo de la aplicación de unas leyes a las que muchos aspiran, aunque discrepen de los métodos. Los del Estado Islámico se limitan a hacer realidad los sueños de muchos salafistas repartidos por toda la comunidad musulmana. Si tuvieran el poder de hacerlo, lo harían.
Los miembros del Estado Islámico señalan que la violencia actual se debe más a la resistencia a su implantación que a su beatífica concepción del paraíso en la Tierra, que es como ellos se ven. Si todo el mundo se convirtiera, no pasarían estas cosas, parecen decir. Por eso los analistas se sorprenden de que la propaganda sea doble: terror para los impíos y beatífica para los creyentes. El buen creyente —el que se ajusta a su visión estricta del Islam—no tiene nada que temer; le están haciendo un mundo a su medida. Eso es, al menos, lo que piensan. La atracción de los yihadistas no es el nihilismo, como muchos parecen querer interpretar, sino la construcción de un "Estado", la materialización de las promesas, la "ciudad de Dios" en la Tierra.


Jugar con las palabras forma parte de la política. De esta forma se cuadran los discursos con las acciones. El "Estado islámico" no es más "estado" antes que ahora, pero sí sigue siendo un sueño islamista que lucha por hacerse realidad por encima del sufrimiento de aquellos a los que llega.
Hace mucho que escribí aquí que lo que me preocupaba de las imágenes de las conquistas del Estado Islámico era ver la gente que les aplaudía al entrar en las ciudades. Lo sigo diciendo. No se podrá realmente controlar si no se entiende el fenómeno doble: el del terror y el del mensaje del paraíso en la tierra. Nosotros somos sensibles al primero, pero otros lo son al segundo. Por eso es esencial que los países de mayoría musulmana se abran a una normalidad de convivencia y no que hagan sus propias cruzadas de pureza islámica. El futuro esta en la tolerancia y la convivencia y no en nuevas ortodoxias con la misma intransigencia.
Cualquier religión que usa de la fuerza para imponerse a los que no creen acaba siendo totalitaria. El problema no está en lo que yo pueda creer, sino en lo que hago con los que no creen en lo mismo. Por esos lo movimientos puristas que niegan la base religiosa del Estado Islámico están condenados a algo peor que a fracasar; acabarán alimentando la misma intransigencia que pretenden combatir.




* "L'acronyme «Daech» peut-il encore désigner la réalité de l'Etat islamique?" Le Figaro 26/11/2015 http://www.lefigaro.fr/international/2015/11/26/01003-20151126ARTFIG00342-l-acronyme-daech-peut-il-encore-designer-la-realite-de-l-etat-islamique.php





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