jueves, 26 de noviembre de 2015

La risa lejana

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Por lo que he visto, en Egipto, solo Egyptian Streets y la revista Identity recogen un acontecimiento que debería ser importante en la vida cultural egipcia: la inclusión del humorista y presentador de televisión Bassem Youssef en la gala de los premios Emmy.  El primer árabe, el primer egipcio en ser presentador de los premios. Eso fastidiará a muchos y alegrará a sus fieles.  Youssef es el hombre invisible, el lapsus freudiano, el recordatorio incómodo para la conciencia egipcia.
Hace mucho tiempo que seguimos su historia. Bassem saltó a la fama durante el periodo de la revolución con sus sátiras políticas. Como persona honesta, Bassem entendió que su labor no se centra en personas sino en situaciones, que función era ser una piedra en el zapato de cualquiera que estuviera en el poder y lo ejerciera indebidamente o de forma ridícula. Así, con la llegada de los islamistas con Morsi al frente, Bassem se río de sus pretensiones. Y el pueblo, de nuevo le aclamó, convirtiéndolo en el ídolo de la sociedad. Bassem realizaba la caricatura de un poder pretencioso, como la había hecho anteriormente. Su show tenía millones de seguidores fieles. Las prohibiciones, las amenazas, las denuncias... Youssef lo aguantó todo.


Con la caída de Morsi y el ascenso de al-Sisi todo cambió. Los egipcios que le habían idolatrado en sus críticas al poder esperaban con ansía su regreso a la nueva situación. Y se levantó el telón televisivo. Siguiendo la tendencia habitual, se esperaba que Bassem incurriera en la misma babosería servil que los medios de comunicación y los políticos, que se rindiera ante el presidente enviado desde el otro mundo para salvar a Egipto de sí mismo, el presidente que no debía salir al extranjero porque las naciones le envidiaban, el hombre que fue reclutado en sueños por el presidente Sadat desde el otro mundo... Pero, ¿qué mejor para un humorista que todo esto? ¿Qué mejor que todo este ejercicio de autoengaño, de hipocresía servil?


Los millones de egipcios que le seguían se dividieron. Unos estaban a favor y le defendían; otros, en cambio, la acusaban de ser un agente extranjero, un traidor a la patria y pedían que se le retirara esa bendición divina que se llama pasaporte egipcio junto con la nacionalidad. Las presiones sobre los patrocinadores fueron brutales y tras un par de programas, Youssef salió del país, permaneciendo su rostro sonriente solo en los favoritos de Facebook de unos cuantos jóvenes que le siguen considerando una referencia crítica y de honestidad.
El pueblo, una vez más, eligió lo más fácil, esa imperdonable adoración al poderoso, al que poco después se va desgastando ante las promesas incumplidas, la represión constante y la grandilocuencia inmotivada que suele ejercer el gobierno de los egipcios. Pero —por los motivos que sean— eso les atrae a muchos. Frente a esta emotividad sin freno, Bassem representa la inteligencia crítica que muchos prefieren no entender cuando se ejerce sobre sus favoritos.
El reconocimiento internacional —otro elemento que permite a muchos egipcios confirmar que es un espía— de Bassem Youssef se produjo sobre todo en los Estados Unidos, que supieron valorar su show en la mejor tradición satírica norteamericana. Los profesionales se hicieron pronto eco de las sátiras que le convertían en peligroso, amplificando el ridículo de las autoridades hasta niveles planetarios.


Hoy, Egyptian Streets nos trae esa noticia, su participación en los Emmy:

Bassem Youssef, whose show was once the most watched television segment in Egypt, has become the first Arab and Egyptian to host the International Emmys.
During his opening speech, Bassem Youssef took a moment to acknowledge that the “world is still in a state of trauma” after the tragic events in Paris, Mali, Beirut, Nigeria, Kenya and the Sinai.
“It is brutal, it is horrible and it is unfair. But when people get together to celebrate art and creativity, and the best of what the human race can aspire to, we find our capacity to heal and to grow,” said Bassem Youssef.
“I like to think that me being here is a part of that healing. The Academy chose me, an Arab Muslim, to host this event months ago. When we laugh, they lose. When we laugh, and do what we do here tonight, those evil bastards lose.”
The host then went on to insult terrorists in Arabic, joking that censors would not beep out Arabic.*


A Bassem Youssef es al único egipcio al que le he escuchado decir públicamente que defendía los derechos de quienes le atacaban, porque los derechos son de todos. En una sociedad que constantemente está pidiendo que se prive de derechos a los demás, me ha parecido un ejercicio democrático real. Youssef es la demostración clara de la aplicación de la ley del embudo que él no quiso practicar.
La obligación del humorista es estar del otro lado del poder —por más simpatías que le tenga— para poder mantener la crítica correctiva de los excesos o la pérdida de realidad. Youssef era el contrapeso de la sisimanía.
En diciembre pasado, otro humorista, esta vez gráfico, Andeel hizo uno de los mejores chistes políticos que se han visto en muchos años:



Si la imagen convierte un discurso presidencial en un anuncio que se puede saltar uno, la leyenda de la viñeta es una vuelta de tuerca respecto al gráfico: "A cartoon that won't be understood by the main character in it".**
Creo que la sisimanía pasa por malos momentos. Ha quedado convertida en ese anuncio que se puede uno saltar, por repetitivo e irreal. Hoy los periódicos hablan de la caída de tráfico del canal y de otras realidades que demuestran que con palabras y mano dura solo no se gobierna. La elección de un parlamento cuya función es no crearle problemas al presidente y recortarse los poderes es algo insólito y convertirá la política egipcia —como muchos temen— en un soliloquio aburrido si no existen voces que no teman decir lo que piensan en la realidad.


La idea de Bassem Youssef de que "cuando nosotros nos reímos, ellos pierden" es una gran verdad, como ha padecido el presentador. También cuando dejamos de reírnos, ellos ganan. La intransigencia, el autoritarismo, la falta de deseo de convivencia..., todas estas formas, carecen de la risa capaz de servir de espejo. Se ríen de los otros, pero son incapaces de reírse de sí mismos, que es el ejercicio realmente sabio. Es la diferencia entre la risa del humor y la burla de la mala baba. El que es capaz de comprender la verdad tras la risa sabe que debe rectificar, que se ha vuelto "risible". Los que tratan de protegerse de la risa, en cambio, carecen de los mecanismos de aviso de su propia deriva.
Hay veces en que la risa es como un dedo en una herida. Pero duele porque la herida es real y se necesita de la cura. Prescindiendo de Bassem Youssef, condenándolo al exilio, el pueblo egipcio perdió la oportunidad de que alguien inteligente le realizara el diagnóstico de sus errores.


* "‘When We Laugh, Those Evil Bastards Lose’: Bassem Youssef Hosts International Emmys" Egyptian Streets 26/11/2015 http://egyptianstreets.com/2015/11/26/when-we-laugh-those-evil-bastards-lose-bassem-youssef-hosts-international-emmys/

** Andeel "A cartoon that won't be understood by the main character in it" Mada Masr 21/12/2014 http://www.madamasr.com/news/cartoon-wont-be-understood-main-character-it





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