lunes, 9 de noviembre de 2015

El sentido del grito o pan, dignidad y libertad, y justicia social

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En medio de la controversia planteada en Egipto por el caso del avión ruso víctima de un atentado, según todos, los indicios e informaciones, Ahram Online publica un extenso artículo de análisis del proceso político bajo las distintas circunstancias políticas pasadas por el país. El artículo lo firma el profesor Ibrahim Awad, de la Universidad Americana de El Cairo, y su título es "The future of democracy in Egypt". Awad es un experto sobre todo en derecho laboral, miembros de diferentes agencias de la ONU, y cabeza de programas internacionales de migración en la ILO (International Labour Organization). No es de extrañar pues que, desde esa perspectiva, el artículo se pregunte desde su entradilla "How else to make pluralism popular in a country where one quarter lives in abject poverty?"*
El comienzo de su artículo comienza con una afirmación rotunda:

“Democracy” was never a slogan of the January 2011 Revolution.
The priority, for the masses, was rather, improving living conditions and demanding a fair share of the country’s income and wealth.
The slogans of public demands were “freedom, dignity, social justice” and at other times “bread, dignity, social justice.”
In the second slogan, which was the more prevalent during the first few months of the revolution, both “democracy” and “freedom” were absent. Food specifically was added to social justice which — if achieved — would make living conditions more tolerable.
Another view believed that the demand of “dignity” can be defined as a demand that the people manage their own affairs and rule themselves, which is at the heart of democracy.
In fact, public protests in Egypt since 2004 evolved around resisting authoritarian arbitrary rule, the push for succession and monopolising wealth and power. Resisting authoritarian arbitrary rule itself is a victory for democracy.
Democracy became a demand not only to resist despotism on principle, but also because this form of rule completely failed decade after decade to lift people from poverty and illiteracy and to achieve desired progress and development.*


Después, Awad hará un análisis de los tres periodos que se han ido sucediendo en la historia de Egipto estos años: del levantamiento a las elecciones, el gobierno de los islamistas y finalmente del periodo actual, tras el golpe de estado después del 30 de junio, a raíz de las protestas contra el gobierno de Morsi.
Choca la afirmación de que la "democracia" estaba excluida de los cantos de la gente por varias razones. Es indudable que el deterioro económico fue un factor clave, por ejemplo, la gran subida del precio del pan, que afectó mucho a las capas más humildes y creó un fondo de profundo malestar. Pero también que los detonantes fueron políticos, así como las aspiraciones. Unos llevaban un pan, otros el retrato de Khaled Said, muchos miraban a Túnez.

El sistema de Hosni Mubarak presumía de ser democrático en el sentido de que existían partidos, parlamento y elecciones. Sin embargo, en la realidad era una dictadura regida por un partido oficial y corrupto, elecciones fraudulentas, una policía brutal y un Ejército que se había apoderado de gran parte de la actividad económica del país a través de empresas controladas por ellos. 
Lo existente en Egipto no era una democracia sino su perversión, una caricatura en la que los electos no tenían otra función que respaldar al poder y vender su influencia. La Ley de excepción acompañó el reinado de Mubarak, treinta años, y permitía la restricción de muchos derechos que eran pisoteados ante la apatía política de la mayoría y las protestas de unos pocos. Para esto se mantuvo una casta privilegiada ocupando los resortes del poder en los distintos ámbitos, de los jueces a las cátedras. El que aceptaba el sistema y miraba para otro lado prosperaba. Era el "sistema". Mientras, Egipto se deterioraba, hundiéndose todos sus parámetros y cundiendo la apatía de unos y la desesperación de otros.
La revolución del 25 de enero fue un movimiento doble, tanto de las masas empobrecidas como de aquellos que quedaban fuera del futuro y eran conscientes de ello. En las calles se juntaron jóvenes universitarios con personas que no habían tenido más que su hambre a lo largo de la vida.


La afirmación de Awad sobre la exclusión de la democracia como reivindicación en la revolución —aunque después se matiza— tiene un gran peligro. Desde el principio de la revolución, surgieron voces que hablaban de que primero había que poner el país en marcha "económicamente" y solo después "democráticamente". En su momento escribimos aquí —y creo que el tiempo ha dado la razón— que era imposible desarrollarse si no se libraban antes democráticamente de la corrupción y el autoritarismo. 
Las consecuencias las tenemos delante: el gobierno actual busca desesperadamente "éxitos económicos", pero como no los consigue, aumenta la propaganda y la represión, es decir, va reduciendo las posibilidades democráticas. No es otra la cuestión de elegir —como en la época de Mubarak— un parlamento amigable que no fiscalice a la presidencia.
La compatibilidad del "pan", la "libertad/dignidad" y la "justicia social" es compleja, pero posible. Y solo es posible en un entorno democrático, que respete los derechos de todos. Egipto perdió la posibilidad de la renovación democrática porque el poder real siguió en las mismas manos y no ha habido voluntad de deshacerse del viejo sistema nunca.


El 28 de noviembre de 2011, la columna de David Weinberger en The World Post - The Huffington Post reproducía íntegramente un texto de Nagla Rizk, también profesora de la Universidad Americana de El Cairo, cuyo título era "Bread, Freedom, Social Justice: A Report From Egypt". Han sido unos meses muy duros en Egipto desde que el 25 de enero se levantara parte de la población contra el gobierno de Mubarak. Escribía la profesora Rizk el 26 de noviembre:

When we stormed the streets last January, we chanted "Aish, Horreya, Adala Egtema'eya" ("Bread, Freedom, Social Justice"). We knew exactly what we wanted: a better livelihood for all. At the time, Egypt was experiencing high rates of economic "growth", a superficial sign of positive economic performance that did not trickle down to the masses. Part corruption part inaction, a 4-5% (or even the earlier 7%) growth rate was by itself meaningless as it did nothing to alleviate poverty or ease the merciless income inequality.
Equally serious was the iron grip on freedom of expression. In a typical Arab regime manner, Egypt focused on encouraging economic freedoms in the strictest neoclassical sense, while simultaneously continuing to harshly stifle political freedoms. Not surprisingly, Egypt fared relatively well on indices of doing business, while performed dismally on democracy and freedom indices.
The January chant, therefore, was a fierce cry against this asymmetry. More deeply, it was a cry for real development, one encompassing freedom of expression coupled with poverty alleviation and better income distribution. The cry of the masses reflected a street awareness of the complexity of development as human dignity and active citizenry -- an enlightenment that the ruling elite lacked.
Ten months down the road, yesterday we chanted in Tahrir, "Aish, Horreya, Adala Egtema'eya" ("Bread, Freedom, Social Justice"). Why?**


La creencia en que el éxito económico rebaja las demandas democráticas es un gran error. Hay países que lo quieren practicar controlando el desarrollo. Sin embargo, cuando el desarrollo aumenta, también lo hacen las exigencias de libertades y derechos. La gente es más consciente y reclama. Mantener a la gente en la ignorancia y pobreza no es solo una cuestión de ineptitud; es una buena inversión de futuro para los que no quieren que el sistema cambie. El Egipto las cifras han ido en regresión, como ha ocurrido con la alfabetización.
Se ha asistido además a una campaña sin paragón: convencer a la gente de que era la democracia la que traía su desgracia. La propaganda constante ha atacado a la revolución como productora de la inestabilidad económica y social. No contenta con ello, el objetivo de estas últimas elecciones es reducir la carga democrática de la constitución, que se había enmendado para ampliar los poderes parlamentarios y derechos frente a la constitución redactada por los islamistas, muy restrictiva. Los partidos políticos han sido presentados como una especie de jaula de grillos para asegurar el control de la presidencia. Para tal fin se ha diseñado un parlamento fragmentado, cuya constitución, en pleno proceso, solo ha interesado a un 26% de la población y al que la juventud ha dado la espalda de forma rotunda. Las reivindicaciones del antiguo régimen son constantes.


Cuando la Plaza de Tahrir estaba en plena ebullición y el gobierno hacía ofertas y promesas para que se disolvieran, la gente no se movió hasta que se anunció la renuncia de Hosni Mubarak, que era la principal reivindicación. Cuando se vio que su dimisión no era bastante, fue cuando la sociedad se fracturó y se les dividió. Para algunos, la cabeza de Mubarak era suficiente; para otros Mubarak solo era la cabeza visible del sistema, que seguía agazapado.
Señalaba en 2011 Nagla Rizk en lo referente a la demanda de "pan" de los cánticos:

No one expected bread and social justice right away. People wanted a roadmap, a plan, a timeline. They got none. Naturally, what emerged was a series of demonstrations and strikes by employees and workers whose demands were never acknowledged, let alone addressed. Rather than tackling the root of the problem or starting a dialogue with the protesters, SCAF chose to order them to go home. To add insult to injury, SCAF and its government portrayed them as the cause of instability, turning the rest of Egypt against them. Dividing Egyptians has been a repeated tactic by SCAF, supported by state media.*



El análisis no difiere mucho del que se podría realizar en la actualidad. La táctica de responsabilizar a los que protestan por las causas de sus protestas no se ha perdido porque son los mismos los que la emplean. Es fácil dirigir la mirada de los que padecen la angustia de la precariedad de la economía hacia los que se quiere responsabilizar. Es fácil hacerles añorar un tiempo en el que bajo un dictador nadie discrepaba porque daba con sus huesos en la cárcel. A eso lo llaman "estabilidad".
Todavía hoy son posibles escándalos como el de la reciente dimisión del gabinete por la trama de corrupción encabezada por el ministro de Agricultura. Muchas veces estas tramas salen a la luz interesadamente como parte del pasado oculto de muchos personajes que hicieron negocios durante las décadas de Mubarak.
En lo referente a la "libertad", Rizk explicaba:

Freedom?
The political atmosphere under SCAF is no different from Mubarak's. Indeed, we are still under Mubarak's emergency law of 30 years. So far, 12,000 civilians have been subjected to military trials. Currently our good friend Alaa Abdel Fattah, the prominent activist and blogger, is detained by SCAF for refusing to answer as a civilian to a military tribunal. SCAF and Egypt's police continue to torture detainees. Egyptian women detained by SCAF were subjected to virginity tests.
SCAF have also carried out unprecedented attacks on media, specifically attacking the premises of two television stations, both documented on video. SCAF have also exerted pressure on media content. Recently a prominent TV person withdrew his popular show in protest against SCAF's pressure. And of course state media has continued to deliver false messages in support of SCAF.**


Desde que Mubarak salió del poder, las fuerzas del sistema no han hecho sino tratar de reconducirlo de nuevo hasta la situación previa. De nuevo un militar está controlando el país y de nuevo el parlamento que se está eligiendo no es más que el resultado de dar la espalda al país en sus demandas; como consecuencia, el país ha dado la espalda al parlamento despreciando las urnas. 
Parece que se ha cumplido la "hoja de ruta", pero ¿en qué condiciones y con qué resultados? Al gobierno le han ido abandonando la mayoría de los que respaldaron la salida de Morsi del poder. De aquella foto quedan pocos. Los salafistas sí, curiosamente. Han perdido papel en el parlamento, pero ellos saben que no es allí donde va a estar el poder.
El final del artículo del profesor Ibrahim Awad se pregunta sobre la posibilidad de la democracia:

The creation of a true democracy will require the political system to accommodate all currents, including political Islam. Democracy has rules, and like any such rules, they aim for permanency. Therefore, political Islam must admit there are no absolutes in politics, in order for the political system to accommodate them.
In other words, political Islam must stop making politics synonymous with religious absolutes and claim they are inseparable, and that combined they are a symbol of moral superiority.
Democracy requires ending current extraordinary circumstances, including courts that mete out death penalties and life sentences to hundreds of defendants.
Meanwhile, democracy advocates must relentlessly continue their call, its principles and values.
Spreading the ideas, values and principles of democracy is the best way to clear a path for the infrastructure of democracy.
There is no certainty that the above will lead to democracy. But then again, is not uncertainty about the outcome of a political process a key precondition for democracy?*


Pero, ¿es eso lo que está haciendo el gobierno actual? Las soluciones que tiene a los problemas son las mismas que Mubarak; represión, cárcel, propaganda y silencio. No se crea una democracia así. Por eso hace bien en insistir en que los defensores de la democracia, de la verdadera o digna de ser llamada por ese nombre, deben seguir defendiéndola y reclamándola. Los islamistas, por su parte, ¿están dispuestos a evolucionar y dejar sus imposiciones fuera? Dejarían de ser islamistas, lo que complica la situación para un desarrollo democrático y condena a una democracia parcial, con una parte de los agentes fuera, y tutelada, es decir, controlada por el ejército. ¿Puede la sociedad egipcia librarse del autoritarismo islamista y del militar?

Es fácil decir que el sistema democrático debe incluir al islamismo político, como hace Awad, cuando el islamismo político usa la democracia para pervertirla y recortarla. Eso se vio suficientemente durante el periodo de Morsi. ¿Es posible que entiendan lo que es la democracia quienes no creen en ella y la ven solo como un útil y débil estado transitorio? 
Lo que está en el fondo de todo el problema democrático es una cuestión de mayor profundidad, que afecta a la visión de la propia sociedad y la cultura, una lucha por la superación de sus propios límites, que se han visto impuestos por estas fuerzas relativamente recientes, que son intransigentes por su propia naturaleza. 
Esta cuestión es difícil de resolver y, desde luego, no de forma rápida. Tiene que ver con el aumento del dogmatismo producido precisamente por la propia inoperancia y abandono del estado, su falta de respeto por sus propios ciudadanos y por las normas de la democracia y la convivencia, algo que ven en el fondo como una perversión occidental más. La cuestión va, pues, más allá de la economía o de la seguridad, que son las que se invocan como factores determinantes.
Ibrahim Awad plantea que la democracia es siempre un sistema incierto, con alternativas e incertidumbres. Es cierto, pero los participantes políticos aceptan unas reglas comunes, unos límites compatibles con sus propias demandas. Para eso están las constituciones y los tribunales constitucionales. La constitución egipcia, en cambio, ha sido enmendada una y otra vez para ajustarla a los deseos de quien estaba en el poder, lo que la hace inservible como marco común, aceptado por todos. La democracia ha sido constantemente zancadilleada desde dentro y desde fuera, por militares e islamistas. A ninguno le gusta realmente.
Veamos el final del texto de la profesora Rizk en 2011:

Today...
As I write, Egyptians are divided yet again, thanks to SCAF's insistence amidst this chaos to run elections on Monday and not two weeks later. Some want to boycott the elections. Among them are those who believe that voting will give SCAF legitimacy, which they refuse. Others believe their votes will be rigged in favor of SCAF's interests. A third group is simply worried about the lack of security at the voting stations.
Boycotting the elections would be a grave mistake in my opinion. For the first time in years, we have a chance to choose representatives who would take us one step towards building a democratic state. It is our chance on the road to freedom.
The atmosphere in Egypt is now grim. Elections are around the corner while our people continue to be subjected to police brutality. Yesterday SCAF appointed a new prime minister who is refused on the street. Tahrir is coming up with an alternative. As I write now, a statement is being read on TV: revolutionary forces met with El Baradei who is willing to head a national salvation government if asked to do so by SCAF. And he would give up the nomination for presidency. No one knows what will happen in the next hour.
In the meantime, we continue to defy, mourn and hope. One thing we know: we should not again be storming out calling for bread, freedom and social justice.
Nagla Rizk
Cairo
November 26th, 2011
11.42 pm**

La diferencia entre los dos textos es grande. Uno trata de hacer el análisis de ese periodo ya pasado, mientras que el otro nos lo muestra por dentro, al momento. Lo que Awad analiza como parte del pasado, Rizk lo vive como esperanza desde el presente. Hoy sabemos lo que ocurrió y en qué quedaron las esperanzas democráticas de los que estaban en la revolución. 


Creo que la democracia sí estaba entre sus peticiones en 2011, entre sus exigencias de futuro. Pedían algo más que el derecho al pan, algo que también pueden pedir los esclavos. Pedían "libertad", "dignidad" y "justicia social" que es tanto el derecho a dejar de ser ciudadanos avergonzados por sus propios gobiernos, como pedir el fin de la corrupción existente entonces y ahora. Ambos pedidos son democráticos La democracia estaba implícita en la denuncia de una casta política, militar y empresarial que despreciaba al pueblo, al que consideraba servil y cobarde —como contó Alaa Al-Aswany en uno de sus artículos—, y a la que no le importaba esa abismal diferencia entre unos y otros, el enriquecimiento de unos y la pobreza extrema de otros.
La democracia siempre ha sido una aspiración de quienes tuvieron el valor de reclamarla. Pero una y otra vez se escamotea su posibilidad, ya sea porque las condiciones externas no lo permiten o porque las internas lo impiden.
¿Condena esto a Egipto a vivir siempre bajo dictaduras o sistemas represivos? Desde luego será difícil hacerlo si se considera un peligro los parlamentos o se responsabiliza a la petición de democracia de los males que son resultado de la dictadura. Egipto avanza sin regeneración, dejando de lado a aquellos que tenían la voluntad de transformar el país desde su deseo de libertades y patriotismo verdadero. Se ha apartado a los jóvenes de la política y se les encarcela si protestan.

Las palabras finales de Nagla Rizk y de Ibrahim Awad, con cuatro años de diferencia hablan de incertidumbre, de que no se sabe qué pasará. Ese parece ser el sino trágico de Egipto, un país que necesita encontrar un camino estable que surja de sí mismo y no una estabilidad ficticia impuesta por la fuerza. Hay muchos que mantienen sus sueños y que no van a dejar de intentar que se cumplan. No son sueños interesados, sino generosos. Egipto tiene una gran deuda con estos soñadores que se dejan la piel por los demás, mucho más acomodaticios y fáciles de contentar, los que se conforman con ir tirando.
Desde el año 1952 ha habido tiempo sobrado para asentar una democracia sólida, para sacar a la sociedad de esa pobreza, de esa corrupción que no se combate. Una y otra vez, el poder se renueva sin que cambien las condiciones en las que se vive. En Egipto, siempre se habla en futuro de la democracia.
Por eso la frase final de Nagla Rizk sirve para cualquier momento: "In the meantime, we continue to defy, mourn and hope. One thing we know: we should not again be storming out calling for bread, freedom and social justice." Juntas no son más que el deseo de un país mejor, más justo, en paz, del que sentirse orgullo por su presente, además de por su pasado. El grito continuará mientras las tres reivindicaciones tengan sentido. En eso coinciden los dos artículo, el de antes y el de ahora, en que la democracia no vendrá por su propio pie, sino por la demanda firma y constante de quienes la quieren.



* "The future of democracy in Egypt" Ahram Online 8/11/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/162869/Opinion/The-future-of-democracy-in-Egypt.aspx
** "Bread, Freedom, Social Justice: A Report From Egypt" The World Post / The Huffington Post 28/11/2011http://www.huffingtonpost.com/david-weinberger/bread-freedom-social-just_b_1114936.html



 


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