martes, 27 de octubre de 2015

Trump sigue

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Como en una película de suspense, Donald Trump sigue avanzando contra pronóstico y potenciando su mala imagen, su mejor valor. Todos esperan verle caer en algún momento de la carrera por la nominación, pero lo cierto es que ocurre todo lo contrario. Es una "caída ascendente", por decirlo así. Desafía las leyes de la gravedad política y está imponiendo sus propias y peculiares leyes a los demás.
Me imagino que no soy el único en sentir desesperación al pensar que realmente Trump pueda llegar primero a conseguir la nominación republica y después sentar sus posaderas en la Casa Blanca.
Desde The Washington Post, Mark S. Thiesen se pregunta "Why Trump isn’t fading like the GOP establishment expected" y señala:

The conventional wisdom among Donald Trump’s detractors is that his current surge in the polls won’t last because as we get closer to actual voting, Republicans excited by his political incorrectness will start factoring in “electability.” When GOP voters realize that he can’t beat Hillary Clinton, the theory goes, they will switch their support to other more electable candidates.
One problem with that theory: Right now, GOP voters believe Trump is the most electable candidate.
A new Post/ABC News poll asked GOP-leaning voters which candidate “has the best chance of getting elected president in November 2016?” The winner was Trump by a landslide. An incredible 43 percent of GOP voters say that Trump is the most electable GOP candidate. In a distant second place, Ben Carson trails Trump on electability by 27 points, while Jeb Bush — whose entire rationale for his campaign is electability — trails Trump on electability by 30 points. Since the same poll found Trump with 32 percent support, that means even GOP voters who do not support Trump still believe he is most likely to beat the Democrats in 2016. A new Associated Press-GfK poll confirms this, finding that “Seven in 10 Republicans and Republican-leaning registered voters say they think Trump could win in November 2016 if he were nominated; that’s the most of any Republican candidate.”*


Puede que a muchos les incomode que Trump resulte el candidato elegido, pero incapaz de batir a Hillary Clinton; pero estoy seguro de que a muchos republicanos les preocupa más que pudiera hacerlo. El mundo con Trump no es una perspectiva demasiado segura para nadie.
Algo ocurre en el mundo de la política cuando se ha llegado a que en muchos lugares se esté produciendo el fenómeno del rechazo del político profesional y la gente se abalance sobre los recién llegados, seres periféricos, que no traen la "renovación" sino la "distorsión" del sistema.
La profesionalización de la política tiene ventajas e inconvenientes. Como en cualquier otra profesión, habrá buenos y malos practicantes. El problema es si se convierte en un grupo cerrado que deja de defender los intereses generales para perseguir los propios. Pero, por sí misma, la política profesional no debe ser condenada. Sí las prácticas que van en detrimento de los intereses generales. Lo mismo ocurre en otras profesiones en lo que se llamó —ya nadie habla de ello— la "crisis de la confianza.


Parece que las nuevas reglas del juego han hecho desaparecer una de las virtudes que deberían ser valoradas por todos en cualquier parte del espectro político: la sensatez. Como virtud, parece pasada de moda. La sensatez apenas tiene fotogenia y muchas veces es omisión, es decir, supone callarse. Y nada más lejos de los vociferantes y parlanchines, políticos del bebop, que nos encontramos con mucha frecuencia.
Se ha calificado a Trump como showman, como político mediático. Es cierto, pero queda mucho por definir lo que esto supone. Frente a él, en este campo los demás son amateurs. Allí donde otros se educan en el uso de los medios, donde aprenden a ser objeto de los medios, Trump es un medio dentro de otro medio. Es la diferencia entre el ser y el estar; entre aprender a nadar y ser un pez.
Por eso Trump se alimenta y crece con las críticas, como lo hacen los personajes nacidos para ser carne de focos.
La cuestión que plantean los teóricos y la preocupación que manifiestan los analistas republicanos es si existe un comportamiento diferente entre las nominaciones y las elecciones a la presidencia. Es decir, si se elige un candidato escandaloso que deberá actuar de forma moderada para llegar a la Casa Blanca. Es lo que supondría ganar a Clinton, a quien todos dan por supuesto que ganará las elecciones demócratas. Si Trump se comportara en la campaña electoral de la misma forma que lo hace ahora, no obtendría el voto norteamericano. Es lo que vino a decir hace unos días el republicano alcalde de Miami cuando estuvo de visita en España: no me gusta Trump, no  lo quiero en la presidencia.


La teoría es que hay que ser muy republicano para conseguir la nominación y mucho más centrista cuando se enfrenta uno al demócrata. ¿Funcionaría en el caso de Trump? ¿Sería capaz de cambiar su propia naturaleza?
Ahora Trump es un "yo" disfrazado de "ello" freudiano, aparentemente sin restricciones. Después debería ser un "ello" disfrazado de "yo". Está sacando lo peor en la campaña y le funciona: machismo, insolidaridad social, belicismo, xenofobia y racismo. ¿Podrá cambiar esto? O, según la teoría entes expuesta: ¿podrá cambiar su propia naturaleza o espantará a los votantes?

The Washington Post en otro de sus artículos señala que quien abrió la puerta a Donadl Trump fue la antigua candidata  Sarah Panlin, también mediática aunque mucho menos evidente que Trump. Desde The New York Times, en cambio, analizan como el siguiente en la lista de preferencias tras Trump es el "tranquilo" Ben Carsons, otro periférico que ha descolocado a los centrales republicanos y también con sus propias formas de reclamar la atención. Es un "refugio" frente a Trump que ocupa el espacio que deja este.


Hasta el momento, muchos países mostraban una deriva hacia el centro. Los candidatos se moderaban para conseguir el acceso a los gobiernos. Eso daba estabilidad. Pero el carácter cada vez más mediático de la política hace explorar los territorios de la radicalidad. Eso lleva también a una polarización de los electorados. Sostengo que la política debería ser un arte convergente y no polarizador o divergente. Pero para las modernas técnicas de mercadotecnia que se aplican en la política, la segmentación de los grupos es esencial y está se produce desde los propios discursos.
Es necesario recuperar los discursos políticos de la firmeza sensata, de los diálogos y la inclusión. El riesgo de que los demagogos vociferantes se vayan haciendo con el poder en países clave aumenta el riesgo de los conflictos. Y ya hay bastantes peligros sueltos por el mundo.
Se nos dirá que no es cosa nuestra, pero dado que los Estados Unidos son ellos más lo que llaman "los intereses norteamericanos", entre los que nos podemos encontrar, para bien o para mal, al menos debemos expresar nuestra opinión y hacer nuestros cálculos sobre cómo nos va a afectar el nuevo inquilino de la Casa Blanca.



* "Why Trump isn’t fading like the GOP establishment expected" The Washington Post 26/10/2015 https://www.washingtonpost.com/opinions/why-trump-isnt-fading-like-the-gop-establishment-expected/2015/10/26/4700d652-7be1-11e5-afce-2afd1d3eb896_story.html




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