domingo, 18 de octubre de 2015

El voto islamista en las elecciones egipcias

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hoy están votando en Egipto. Al menos una parte del país lo está haciendo. No se esperan muchas sorpresas, desde luego, pero el máximo interés —visto desde fuera— es el comportamiento del voto islamista. La expulsión de la vida política de la Hermandad Musulmana ha dejado en manos del Partido Al-Nour, los salafistas, la posibilidad de un voto radical islamista.
Ha habido polémicas sobre si, con la ley en la mano, el partido salafista debía concurrir a las elecciones ya que la constitución lo prohíbe expresamente, pero dar salida al voto islamista, a corto plazo, evita problemas. No estoy tan seguro de si lo hará a medio y largo plazo, ya que la situación de Egipto no tiene un arreglo inmediato y menos en un marco democrático. El problema con los islamistas no es sencillo. La democracia para ellos es simplemente un camino para la islamización de la sociedad. ¿Qué se quiere decir con esto? Fundamentalmente el reconocimiento de que no existe distinción entre lo político y lo religioso, que todo se rige por los mandatos coránicos y, en el caso del radicalismo salafista, por la aspiración de repetir la época dorada de los primeros momentos del islam. El Estado Islámico es de orientación salafista.
El apoyo salafista al golpe de estado es una jugada de astucia. No solo no los mandó al exilio sino que fortaleció su posición social al servir de coartada para el gobierno, que se pudo focalizar en la Hermandad Musulmana, considerándolo como un grupo terrorista, extranjero y que formaba parte de un complot para destruir Egipto. Esto sonaría a broma en cualquier otro lugar, pero no en Egipto.
En septiembre, Mada Masr se hacía eco de las declaraciones de un funcionario de seguridad y señalaba lo siguiente:

A National Security official who took part in the investigation of former President Mohamed Morsi’s espionage case has claimed that the Muslim Brotherhood is a masonic group that aims to bring a new religion into Egypt, state-owned Al-Ahram reported.
In his testimony on Monday, Adel Azab, head of the National Security’s extremist activity investigations department, supported his allegations by saying that Hassan al-Banna is not the group founder’s real name, and that no one in Banna's family has that surname. He added that Banna's father is a Moroccan Jew who relocated to Egypt.
Morsi, along with 10 other members of the Muslim Brotherhood, is facing charges of leaking sensitive intelligence reports and military information to Qatari authorities.
Azab added that Morsi had pledged to hand over a part of Sinai to Palestine's Hamas, in return for the group attacking the Egyptian military. He also claimed that Morsi had given orders not to search certain cars coming in from Gaza through the Rafah crossing.
In addition, Morsi released and pardoned several terrorist and criminal groups in order to use them as militias to protect the Brotherhood while they were in power, Azab said. He added that the ousted Islamist president granted Hamas members Egyptian citizenship.
To add to Morsi's laundry list of alleged crimes, Azab claimed that the former president removed certain names from no-fly lists and pressured security forces not to disperse the Muslim Brotherhood sit-ins in front of the Constitutional Court and the Egyptian Media Production City. Morsi also purposely broadcasted the secret meeting held on the Grand Ethiopian Renaissiance Dam “to weaken Egypt’s position when it comes to negotiations in this matter,” Azab said.
The National Security official’s testimony also covered the contentious events of the Rabea al-Adaweya sit-in, with Azab claiming that Morsi called on his supporters to hold the sit-in in order to instigate a civil war.*


Ni a Ian Fleming y John Le Carré juntos se les habría ocurrido un argumento similar, pero como decimos de vez en cuando, nada es sencillo en Egipto. Puesto a construir un archienemigo, ¿por qué no hacer que el fundador fuera hijo de un judío marroquí y, por supuesto, masón, empeñado en la destrucción de Egipto y la implantación de una nueva religión? Recordemos que en el peculiar imaginario egipcio, Marruecos es la tierra de la brujería, de la magia negra, como salió a la luz con el contencioso de los medios de egipcios insultando a Marruecos (dimos cuenta de ello aquí hace algún tiempo). Esto en cuanto al fundador, pero con los seguidores no mejora la cosa, como se ve en las acusaciones contra Morsi y los suyos. Las conspiraciones con Hamás contra el Ejército egipcio, el grupo palestino equivalente a los Hermanos Musulmanes, se ponen también sobre la mesa. Pero el remate final es interesante: la concesión de la nacionalidad egipcia. ¿Es posible mayor traición? Se apela así a ese peculiar sentido de la nacionalidad egipcia.
Lo que pueda ser verdad o mera excusa para el enterramiento político de la Hermandad, lo dirán los investigadores en el futuro si es que es posible poner en orden histórico todo este galimatías en el que se entremezclan todo tipo de datos. Morsi cometió suficientes errores y bellaquerías autoritarias como para no necesitar mucho más para pedir su dimisión y convocar nuevas elecciones, pero su soberbia y falta de inteligencia no le permitió ver la que se le venía encima. Puso al Ejército en bandeja la intervención ante el temor de una guerra civil. Todavía se sigue esgrimiendo este miedo desde los medios de comunicación afectos al régimen cuando apuntan hacia Libia y Siria para hacer ver cuál sería el destino de Egipto si la mano del general Abdel Fatah al-Sisi no hubiera intervenido en la Historia.


Los salafistas se han beneficiado de todo esto. Los islamistas son astutos y no tienen prisa. Cuando se tiene el convencimiento de la victoria final sobre los infieles porque así te lo han revelado, se trata de buscar los caminos más fáciles para hacerlo.
El 15 de octubre Ahram Online publicó un muy interesante artículo sobre los movimientos salafistas, su origen y diferencias, firmado por el especialista en movimientos islámicos Ali Bakr, con el título "Egypt's Salafists: A closer look"**. En él, Bakr señala los orígenes modernos del salafismo, en el periodo de principios del siglo XX, época en la que también surgió la Hermandad Musulmana. Todos estos movimientos surgieron dentro del llamado "renacimiento musulmán", que afectó a diferentes países, entonces colonias, para recuperar unas raíces que veían desviadas por la influencia occidental. Bakr repasa las dos corrientes principales, la "escolar" y la "política", con sus diferencias dentro de cada una de ellas. Todas tienen como objetivo la creación de una sociedad exclusivamente islámica, regida por las leyes divinas. Para ello deben eliminar el "desviacionismo" y las influencias exteriores. Hay grupos "yihadistas" que han adoptado la ideología salafistas, sostiene Bakr, y no tanto al contrario. El Estado islámico, por ejemplo, mantiene una ideología salafista. No se puede considerar, desde luego, que sea un grupo pacífico en su forma de actuar. También la constitución de partidos políticos es una diferencia entre los grupos. Algunos rechazan la "política" como tal, ya que no hay más que una: la que marca el Corán como forma de vida. Los partidos, la democracia, etc. son formas "occidentales" y solo traen división, mientras que su objetivo es la unificación de todos bajo la ley y el seguimiento del que mejor la haga cumplir; es e será el líder respetado contra el que está prohibido levantarse. No hay más opciones.


Desde esta perspectiva última, se entiende por qué no todos los grupos salafistas existentes han participado en las elecciones y han acusado a los que sí lo han hecho. El Daily Independent Egypt ha establecido las diferencias entre las llamadas al boicot y las llamadas a la participación:

A number of parties and individuals affiliated with the outlawed Muslim Brotherhood called for boycotting the parliamentary elections, claiming it is only a sham. Brotherhood figures have been issuing fatwas that participation is religiously forbidden and campaigning against Al-Nour Party for its decision to participate. On the other hand, the Salafist Call, which is the religious arm of Al-Nour Party, believes that participation is the right of citizens.
[...] Fugitive Islamic scholar, Wagdy Ghoneim, also described participation in parliamentary elections as religiously forbidden. Ghoniem said that a fatwa issued by the so-called “Association of Muslim Scholars” affirmed his position. On a TV show broadcasted in Turkey, he attacked the Salafist Al-Nour Party, considering them traitors.
Leader of Ghad Al-Thawra Party, Ayman Nour,  as well as Tarek Al-Zumar, called on Muslim Brotherhood members to boycott parliamentary elections.
In a statement, a number of figures affiliated to the Brotherhood called on Egyptians to boycott parliamentary elections saying: “The people must know that freedom isn’t granted, but rather seized, and free people do not get suppressed but they revolt. Rights will not be lost as long as we demand them.”
[...] An association affiliated to the Brotherhood abroad, called “The Muslim Clerics Association Abroad”, also issued a fatwa that participating in elections is religiously forbidden.
A statement also claimed that those who take part in elections are sinners, and that Al-Nour Party candidature is false, describing Al-Nour Party as ‘not related to religion’.***


Se apela a los elementos religiosos para el boicot. Tanto la Hermandad como los salafistas extremos tratan de restar legitimidad a las elecciones fomentando la baja participación. Teniendo en cuenta que los datos existentes hablan de baja motivación hacia el voto, lo más fácil es apuntarse a la abstención como "partido" propio. El desengaño de la gente, la desgana de la que hemos hablado estos días se puede volver contra el gobierno, que hace una llamada constante al voto. Si la participación es muy baja, se recrudecerán los ataques porque el gobierno habrá dado muestras de poco poder de convocatoria. Especialmente beligerantes con el voto, como es lógico, la Hermandad Musulmana y sus próximos, los más interesados en el fracaso. El final de la hoja de ruta establece una nueva legitimidad que a la Hermandad no le interesa. Si la participación es baja, Morsi y la Hermandad seguirán reivindicándose.


Llamar "pecadores" a los votantes es una forma clara de entremezclar las cosas, que es su principal baza islamista. Pero no todos han jugado esa baza. Los salafistas que van a las urnas sacaron anteriormente un 25% de los votos depositados. Se han concentrado en sus bastiones, principalmente Alejandría. Si obtienen un buen resultado —y su electorado debería ser medianamente fiel— habrán ganado mucho terreno y tener un pie en el poder, que es lo que les interesa. Saben que tienen posibilidades de distanciarse de la Hermandad, ahora proscrita, y lo intentarán.


Por ello, también ha habido llamadas "religiosas" al voto, no solo políticas, por los salafistas:

On the other hand, Sheikh Sameh Abdel Hamid, a leader in the Salafist movement, said that taking part in the elections is a religious obligation, stressing that participating in elections is a religious political matter that is based on bringing benefits and warding off corruption.
“We must take part in the Egyptian elections and not boycott them. We must choose those are best able to reform the country; because Egypt is in a crossroad and many movements are fighting to have control over it. The upcoming people’s assembly has many challenges ahead of it. We must actively participate for the sake of the public interest. Boycotting is giving up on supporting what is right,” he added.***

Para bien o para mal, a nadie le interesa separar lo político de lo religioso, como hemos dicho, porque eso es su principio mismo, la identidad de ambos concepto o, si se prefiere, lo absurdo de la separación. Pero una cosa es la teoría y otra la práctica. El salafismo es político, por más que se presente de otra forma para no perder la fuerza de la religión en la sociedad. El sentido que ellos le dan a "político" es secular, pero eso no hace que deje de serlo.


El artículo que citamos antes sobre el salafismo, de Alí Bakr, terminaba con una reflexión sobre el auge de los islamistas después de la revolución:

There are two key factors that helped Salafists succeed in the first round of the last parliamentary elections, especially after the Nour Party’s list of candidates won 24 per cent of votes. First, the overthrow of the Mubarak regime and its repercussions, which triggered several transformations, including a new freedom for political activism and forming parties without obstruction.
This allowed Salafist groups to establish their own political parties and participate in electoral politics. Also, the fact that there were no real liberal, national or leftist forces with grassroots support that could compete against religious currents in general and Salafists in particular, religious groups gained the upper hand.
Secondly, we must consider the influence of Salafists on the ground because of good organisation and strength, as well as massive numbers of cadres and youth, not to mention strong financial backing that was out in the open during the electoral process.
What's more, the group boasted a strong capacity to mobilise the street after long years of proselytisation that enabled it to penetrate society and use religion in its campaigning to good effect. This included the use of mosques, where the group’s clerics and preachers urged congregants to vote for Islamist candidates in general, and Salafist ones in particular.
Salafists had always been very active in providing social work and services to the public, which greatly influenced ordinary folk to follow the Salafist lead and support the movement by all means – most notably by voting for the current’s candidates in national elections.**


¿Ha cambiado algo? Gracias a la política del gobierno de Al-Sisi, sigue sin haber una alternativa fuerte al "islamismo" en su conjunto. No existe más que sospechosos movimientos de apoyo y apoyados por la presidencia a través de la lista "Por amor a Egipto", que es la presumiblemente ganará. Los intentos que contábamos el otro día de grupos de activistas por dar a conocer quiénes son los miembros del régimen de Mubarak y los Hermanos musulmanes colados como candidatos, pueden ser nada efectivos.
El hecho es que la estrategia de concentrar en la presidencia todo el poder y las esperanzas populares en la recuperación actúa ahora en su contra. Mientras el poder busca una cara y una mano fuerte para gobernar el país —algo que va bien con la mentalidad desde Nasser en adelante—, el islamismo se extiende a través de la sociedad como "idea" y como "práctica", como conversación en un pediatra o en una escuela, como charla en las calles.


El planteamiento de estas elecciones ha sido un error desde el principio, como lo ha sido el diseño de la hoja de ruta. Ha tratado de estar al servicio del presidente y de los militares, de quien es cabeza. Ese error ya se cometió en las elecciones presidenciales que le dieron a Morsi el poder. Ahora es el parlamento; pero lo preocupante es si nace muerto y la presidencia no tiene a su favor los vientos económicos que puedan hacer creer que Egipto puede avanzar sin haberse quitado el lastre de la corrupción, que ha regresado como financiación y nunca ha salido de la Administración.
Las críticas a la constitución enmendada para quitar poderes al parlamento y dejar sin cuestionar la presidencia no son buenos augurios para el futuro de Egipto. Tras estas elecciones y en función de lo que ocurra en ella, los exiliados islamistas empezarán a tomar de nuevo posiciones para seguir su estrategia de desestabilización. En su contra ha jugado el caos de Oriente Medio y el que nadie quiera financiar o apoyar una aventura en Egipto tal como está todo.


Todos los intentos de frenar al islamismo son justificativos del poder del Ejército, que no desea que exista realmente un pensamiento que pueda modernizar Egipto política y socialmente. Los partidos son raquíticos salvo cuando son maquinarias para apoyar al presidente de turno. No hay ideología entonces, solo intereses. De ahí la corrupción que beneficia a los ladrones y a los islamistas, que presumen de no serlo. El mundo es simple cuando se es pobre y en Egipto hay mucha pobreza porque la riqueza se ha ido por los agujeros del sistema a las cuentas corrientes de los ahora reivindicados miembros del régimen de Mubarak, incluidos en las listas o con sus hombres de paja.
Mientras los islamistas estén más cerca de la gente, como señalaba Bakr en su artículo, haciendo caridad y atendiendo a los que menos tienen, los ricos solo podrán comprar los votos y la sumisión, pero poco más.
Siempre que hay elecciones, le deseo suerte a Egipto. Se lo deseo de corazón una vez más.


* "Senior National Security official claims Muslim Brotherhood is a masonic group" Mada Masr 8/09/2015 http://www.madamasr.com/news/senior-national-security-official-claims-muslim-brotherhood-masonic-group
** "Egypt's Salafists: A closer look" Ahram Online 15/10/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/0/55636/Egypt/0/Egypts-Salafists-A-closer-look.aspx

*** "Parliamentary election boycott ignites conflict among Islamic movements" Daily News Egypt 17/10/2015 http://www.dailynewsegypt.com/2015/10/17/parliamentary-election-boycott-ignites-conflict-among-islamic-movements/






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