jueves, 10 de septiembre de 2015

Problemas e intereses

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cuando se lee el artículo de Joseph S. Nye Jr., profesor de la Universidad de Harvard, que publica hoy el diario El País con el título "Cómo luchar contra el Estado islámico" no puede uno dejar de darle la razón en algunas cosas obvias, pero deja un poso de profunda perplejidad y bastante desazón. Como ha ocurrido en otros momentos de la Historia, las grandes potencias piensan los problemas del mundo en sus propios términos.
Joseph S. Nye Jr. es una personalidad muy influyente en las relaciones internacionales tanto en el mundo académico como en el político, autor de la idea de "poder blando" y un asesor político que ha ocupado cargos importantes en las administraciones de los demócratas, entre ellos la presidencia del Consejo Nacional de Inteligencia, que asesora al presidente de los Estados Unidos, en su caso a Bill Clinton. Es autor también de un libro reciente que tiene por título "Is the American Century Over?" (¿Se ha acabado el siglo americano?). Importante e influyente.


Lo frustrante del artículo no es tanto el contenido en sí como el enfoque de los problemas. La pregunta es: "¿es el mundo un problema norteamericano?". Es decir: ¿todo lo que ocurre en el mundo debe ser resuelto desde la óptica de los Estados Unidos? El final del artículo de hoy sobre cómo combatir al Estado Islámico, tras decidir sobre si debe haber o no "botas americanas" en la zona, nos muestra la imposibilidad de pensar más allá de esta óptica:

Pensando en el futuro de una región en la que Estados Unidos tiene intereses tan diversos como la energía, la seguridad de Israel, la no proliferación nuclear y los derechos humanos, las autoridades norteamericanas deberán seguir una estrategia flexible de “contención, junto con avances lentos”. Tanto si la política iraní se vuelve más moderada como si no, a veces Irán compartirá los intereses norteamericanos y a veces se opondrá a ellos. En realidad, el reciente acuerdo nuclear puede brindar oportunidades de una mayor flexibilidad. Sin embargo, para aprovecharlas, la política exterior de Estados Unidos tendrá que desarrollar un nivel mayor de complejidad de lo que revela el debate actual.*


Mediante la lectura de este y otros textos se habitúa uno a dos expresiones, los "intereses norteamericanos" y "los Estados Unidos y sus aliados", que son de uso constante. Mediante la primera se expresa relativamente la definición de un "problema" (un problema es lo que afecta a los "intereses" norteamericanos", sean cuales sean) y mediante la segunda se define también relativamente quiénes están involucrados en él, como apoyos o resistencias.

En ningún momento se plantea que sean los "intereses" norteamericanos los que puedan crear el problema o que los aliados tengan otra opción que serlo, aunque la visión norteamericana del "problema" les cause sus propios y graves problemas. La imposición de soluciones desde la perspectiva de los intereses norteamericanos ha producido fracturas importantes entre esos aliados que se ven muchas veces arrastrados a malas soluciones para ellos, aunque puedan ser medianamente buenas para los Estados Unidos. Y así nunca lo son a medio plazo.
Se entiende que la mayor preocupación de Nye Jr., dentro de su concepción sistémica de la política internacional, sea la posibilidad del final del "siglo americano", cuestión que no deja de ser una cuestión de ombligos que debería sustituirse por la cuestión real de la solución de los problemas no solo desde una perspectiva  estadounidense sino desde la de los que padecen esos problemas.
El artículo de Nye Jr., publicado en marzo por El País con el título "El poder real de los Estados Unidos", se cierra así:

Sobre ese telón de fondo, la de primacía parece una descripción más precisa de la desproporcionada (y mensurable) parte de poder correspondiente a un país en las tres clases de recursos: el militar, el económico y el blando. Ahora la cuestión es la de si la era de la supremacía de Estados Unidos está tocando a su fin.
Dada la imprevisibilidad de la evolución de los acontecimientos mundiales, resulta imposible, naturalmente, responder a esa cuestión de forma rotunda. El ascenso de fuerzas transnacionales y actores no estatales, por no hablar de potencias en ascenso como China, indica que se perfilan grandes cambios en el horizonte, pero sigue habiendo razones para creer que, al menos en la primera mitad de este siglo, Estados Unidos conservará su primacía en materia de recursos de poder y sigue desempeñando un papel fundamental en el equilibrio mundial de poder.
En una palabra, si bien la era de la primacía de EE UU no ha concluido, va a experimentar cambios importantes. Lo que está por ver es si esos cambios aumentarán la seguridad y la prosperidad mundiales o no.**


La cuestión no es estar de acuerdo o no con lo dicho (cuestiones vagas e incontestables), sino con el propio planteamiento. Pensar en términos de si soy o no la superpotencia hegemónica o si otros son mis rivales en la "hegemonía", si "ascienden" o "descienden", es una forma perversa de pensar porque acaba en que los problemas del mundo son los problemas de los Estados Unidos y en que los problemas de los Estados Unidos son los problemas del mundo.

Esta duda se produce obviamente porque Estados Unidos no logra cerrar lo que define como problema, de Ucrania a Siria, de Irán a Cuba. Y si intenta hacerlo, como hace ahora el presidente Obama con Cuba e Irán, los recelos surgen. Algunos le acaban cogiendo cariño a los problemas y solucionarlos lo perciben como debilidad.
Muchas veces las soluciones norteamericanas no son las mejores, ni siquiera para los Estados Unidos. Otras veces se deja robar las soluciones por Rusia, algo que irrita mucho a un sector de la política norteamericana. Putin recoge el descontento ante la falta de soluciones reales. Es pragmático y descarado allí donde Obama pretende ser transcendental y mesiánico. Obama llega cargado de buenas intenciones; Putin ofrece soluciones inmediatas aunque no sean las mejores. No se va a dejar robar una posible solución en Siria, por ejemplo. Mientras responsabilizan a los Estados Unidos y Arabia Saudí de lo que allí ocurre, la solución les llegará desde Rusia e Irán.


Mientras Estados Unidos habla de poner o no "las botas" militares en suelo sirio, Rusia manda las "botas rusas" a Ucrania y se queda con Crimea diciendo que la conquistaron los turistas armados que estaban por allí de vacaciones. Y se queda tan tranquilo. Nye Jr. aboga por soluciones "árabes" de los ejércitos que pongan las botas, aunque señala que necesitarán preparación norteamericana, que se reserva el papel de atender a los refugiados. Escribe Nye Jr.:

La tarea diplomática de Estados Unidos es la de persuadir a Rusia e Irán, partidarios de Asad, para que lo destituyan sin desmantelar los restos de la estructura estatal siria. Un espacio de prohibición de vuelos y una zona segura en el norte de Siria para millones de desplazados podría reforzar la diplomacia norteamericana y la prestación de asistencia humanitaria a los refugiados (para lo que el Ejército americano es muy eficaz) aumentaría enormemente el poder blando de Estados Unidos.*


El párrafo es asombroso y demuestra lo lejos que se puede estar de la realidad. Es como vivir en un cuento de la lechera  en el que los demás van cumpliendo nuestros deseos. ¿Cree Nye Jr. realmente que Rusia va a dejar que Estados Unidos se apunte el final de la crisis siria, algo que está por ver? Más bien, como ya hace, le responsabiliza de su inicio y se apuntará el final, aunque sea responsable de ella en gran medida.
El análisis de Nye Jr. y muchos intelectuales estadounidenses plantea siempre el problema de la "centralidad americana", de la perspectiva propia que hace que las soluciones no sean muchas veces las que requieren los problemas. Eso plantea muchos más problemas a los demás, que podrían buscar otras soluciones. La cuestión es que cuando esto se intenta, también se ve como una pérdida de hegemonía, pues se entiende que solo los Estados Unidos pueden ofrecen la solución, que debe ser acorde con sus intereses. Se plantea un evidente círculo vicioso: las soluciones americanas no son soluciones para los afectados, por lo que nunca serán soluciones.


La idea de "intereses norteamericanos" como principio rector de la búsqueda de soluciones a los problemas se vuelve cada vez más complicada por la propia complejidad del mundo y porque las cosas nunca salen como queremos o pensamos que van a salir, sobre todo si nuestras ideas van contra los intereses de todos los demás y contra la realidad misma.
La cuestión de "Cómo acabar con el Estado Islámico", que es la que da título al artículo de Nye Jr., evidentemente, queda sin resolver más que sobre el papel. Si la solución del problema del Estado Islámico debe ser acorde con los intereses norteamericanos es difícil que se resuelva algún día. La solución necesita algo más que resolver lo que afecta a los Estados Unidos y a sus aliados, sean quienes sean en este caso. El problema va más allá de esos intereses y afecta a millones de personas directamente y a muchos más indirectamente. 
En un mundo pequeño, una sola perspectiva puede ser insuficiente.



* "Cómo luchar contra el Estado islámico" El País 10/09/2015 http://elpais.com/elpais/2015/09/09/opinion/1441790892_483961.html
** "El poder real de Estados Unidos" El País 13/03/2015 http://elpais.com/elpais/2015/03/12/opinion/1426179135_134644.html




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