sábado, 12 de septiembre de 2015

Nada, poco o demasiado o el problema norteamericano

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El artículo principal en la edición online de The Washington Post nos muestra un rotundo en su titular:  "Frustrated migrants blame U.S. for their predicament". Si se hiciera una gigantesca encuesta por todo el mundo sobre los grandes problemas que vivimos, una aplastante mayoría daría como responsable a los Estados Unidos. En estos años de escritura lo hemos señalado en repetidas ocasiones: sea cierto o no, la gente cree que los Estados Unidos son los responsables de los problemas de Oriente Medio y de los que se derivan desde allí. Y esto va más allá de la enquistada cuestión israelí.
El comienzo del artículo nos va mostrando casos:

BICSKE, Hungary — If he ever got the chance, he’d settle in the United States, Rzgar Abdul said. But for now, he lives in this spare, barracks-style refugee camp, placing much of the blame for his squalid existence on the United States.
After all, the Islamic State proliferated when U.S. forces pulled out of an unstable country. And that proliferation forced him to leave his home, said Abdul, 28, who is from the Iraqi city of Kirkuk.
“Iraq’s problem is America’s problem,” said Abdul, who said he was a translator for the United States during the Iraq war, making him a target. “This crisis is America’s problem. In Iraq, Syria, all over, the U.S. did not do enough.”
From the squalid migrant campgrounds in Hungary to the offices of Europe’s elected officials, many others also saw the swell of migrants crossing borders as evidence of a failed U.S. foreign policy. Even as President Obama declared that the country would extend asylum to 10,000 Syrians, many blamed the United States for the migration crisis that has walloped Europe.
In Germany, it is rare that the distant reaches of the political left and right agree on anything. But they do now: The United States is at fault.*


Una veces porque "hacen", otras porque "no hacen" y en ocasiones porque "hacen poco", el hecho es que el dedo acusador apunta siempre a los Estados Unidos. Quizá el hecho de los propios gobiernos norteamericanos se consideren como la única potencia mundial que puede ser llamada como tal hace que se la responsabilice de todo lo que ocurre. El hecho de que los Estados Unidos den a entender que todo lo que ocurre les compete hace que de todo se les responsabilice.
Las responsabilidades y acusaciones van desde los que consideran que los yihadistas del Estado Islámico son agentes encubiertos de la CIA hasta los que consideran que tienen un plan para la destrucción del mundo musulmán. Da igual que esto sea cierto o falso. De lo que hablamos es de lo que la gente piensa. A nadie le importa la verdad. Importa la opinión, como los propios norteamericanos se encargaron de teorizar. Y la opinión es esa y la escuchas por doquier.


Por algún extraño motivo, el país con la maquinaria propagandística más poderosa de la Historia, el que controla la producción cultural y la exporta a todo el planeta, el que ha fabricado la infraestructura de la Sociedad de la Información, no logra convencer a nadie y sí poner en su contra a una mayoría de gente repartida por todo el mundo. Es una paradoja, pero está ahí.
Podemos pensar que siempre ha sido así con los más poderosos, pero sería una solución fácil, superficial y, desde luego, poco acertada. Tampoco resuelve nada. Los propios intelectuales estadounidenses —algunos de ellos, al menos— se preguntan de vez en cuando qué hacemos mal. Las respuestas pueden variar mucho, pero al menos se formula esa pregunta necesaria. ¿Han logrado algo? La verdad es que muy poco.

Incluso los beneficiarios de las políticas y ayudas de los Estados Unidos pueden desarrollar un antiamericanismo galopante, como en Egipto. Insisten tanto en sus intereses y seguridad nacional que ya nadie cree que hagan algo que no pase por esas dos consideraciones.
La precampaña electoral norteamericana se está convirtiendo en un despropósito. Las discusiones de los candidatos republicanos ponen los pelos de punta sobre su idea del "orden mundial". Incluso, la intervención de la principal aspirante demócrata ha sido hace unos días sobre la posibilidad de bombardear Irán si no cumplen el acuerdo que está todavía en discusión. Hillary Clinton, como Secretaria de Estado de Obama, tiene mucho de responsabilidad en el desastre de Oriente Medio.


Los cientos de miles de huidos de la guerra hacen su camino de sufrimiento con la idea de que lo que les ha ocurrido ha sido responsabilidad norteamericana, como los entrevistados por The Washington Post. Y esos pensamientos acabarán aflorando en acciones, aunque sea de una pequeña minoría que les acusará de haberlo perdido todo. La mente humana necesita culpables hacia los que dirigir la ira. Y la astucia de algunos les brinda un candidato poderoso.


Las consecuencias de la política seguida desde los años 80 con respecto a la zona la han convertido en un explosivo escenario bélico con efectos mundiales y ha puesto en marcha la mayor oleada de radicalismo islámico jamás vista desde las cruzadas. Las políticas seguidas entonces les llevaron el 11-S directamente a casa y el "remedio" puesto entonces tiene en guardia hoy a medio mundo. La doctrina de la "seguridad" no ha traído más seguridad, sino pingües beneficios en el negocio de la seguridad y la guerra, dentro y fuera de los Estados Unidos.

Evidentemente, responsabilizar a los Estados Unidos de todo lo que ocurre es muy cómodo y muchas veces incierto o injusto. Pero eso no le importa a nadie. La guerra es la guerra y la mentira es un arma barata. Crece sola y avanza a gran velocidad por las Superautopistas de la Información que Al Gore bautizó y consideró el cierre triunfal del "imperio americano". Hoy son las mejores aliadas de sus enemigos, que las usan para captar radicales y suicidas.
Los Estados Unidos han cometido muchos errores en Oriente Medio e Irak; de eso no hay duda. Pero es evidente que, más allá de los errores, algo falla en la estrategia norteamericana. Algo falla en lo que piensan, en lo que hacen y en cómo lo comunican. No lo ve nadie como ellos lo ven y los principales beneficiarios son sus adversarios y enemigos, que apenas tienen que hacer nada, sino dejarles hacer.


Quizá el problema esté precisamente en que no les importe ya otra forma de ver las cosas, una perspectiva diferente a la suya. Conforme el mundo se globalizaba, da la impresión de que las interpretaciones norteamericanas se han hecho más cerradas, más pueblerinas, por decirlo así.
Quizá el retrato que Graham Green hizo en The Quiet American ya anticipaba que el mundo se llenaría de americanos impasibles que actúan en él pero no acaban de entenderlo más allá de sus fronteras. 



* "Frustrated migrants blame U.S. for their predicament" The Washington Post 11/09/2015 https://www.washingtonpost.com/world/austria-shuts-down-parts-of-highway-near-hungary-to-stem-crush-of-migrants/2015/09/11/065d5b50-57f8-11e5-9f54-1ea23f6e02f3_story.html







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