viernes, 14 de agosto de 2015

Ve y cuéntalo o Egipto y los corresponsales extranjeros

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La prensa egipcia recoge un episodio más de la distorsión con la que se entiende el papel de la prensa y en particular el de la prensa extranjera en el país. El periodista Emir Nader contesta en Daily News Egypt al artículo publicado en Al-Masry Al-Youm por Ahmed Derini. De artículo ofrece las perspectivas enfrentadas de lo que es el papel de corresponsales extranjeros, sus condiciones de acceso a la información y su percepción en los países en donde trabajan.
El artículo se titula, con claridad sobre su objetivo, "On foreign journalists and criticism – a response to Ahmed Derini in Al-Masry Al-Youm". Emir Nader comienza señalando:

In an article published this week in Egyptian newspaper Al-Masry Al-Youm, journalist Ahmed Derini takes personal and professional aim at the often critical foreign journalists working in Egypt, calling on Egyptians to ignore what they write.
Derini implies that Western correspondents, often young, are as good as political scouts and their criticism is a manifestation of the political positions of their home countries. It is an article that is at times silly, but at other times reflects an understandable and popular view of supporters of the Egyptian government, which should be responded to.
According to Derini, the writings of foreign journalists in Egypt, which are often translated from foreign languages to Arabic, enjoy too much respect among Egyptians.
Derini thinks that critical and foreign journalists want to see Egypt fail before it has had chance to succeed; that they are trying to criticise it into collapse. He does not consider that there could be other motivations behind the work we do.*


El texto contiene, obviamente, dos "voces" personalizadas, la de lo dicho por Derini en su artículo de Al-Masri Al-Youm y la contestación de Nader en Daily News Egypt. Pero también contiene otras "voces" generales que ellos interpretan, la de un "Occidente" y la de un "Egipto" enfrentados en su propio diálogo, además de otra división de "voces" egipcias, las de los partidarios del gobierno y la de aquellos que son críticos. Todo el artículo tiene un valor dialógico entre esas voces, las propias y las interpretadas a través de esas respuestas.
Lo primero que resalta, ya en el primer párrafo, es la llamada a los egipcios a "ignorar" a los corresponsales extranjeros. Es cierto que se han abierto campañas específicas desde los diarios oficiales o sus comparsas contra medios (la realizada contra The New York Times) o personas (incluida la salida del corresponsal de El País), pero en este caso la extensión es a la totalidad.
Los países recurren a la prensa extranjera cuando la suya no les merece credibilidad. Lo hacen en mayor medida allí donde no se fían de lo que les cuentan cada día. En la mayor parte de los países hay una larga tradición de escuchar emisoras o leer prensa extranjera. Ha sido así durante mucho tiempo precisamente por la falta de credibilidad en muchos aspectos debido al control y la sumisión de los medios locales, que se dedicaban a ofrecer las versiones oficiales en la mayor parte de los casos. Por supuesto que ha habido medios y periodistas que se han jugado la vida y el trabajo tratando de informar a sus ciudadanos, pero no siempre es fácil.


Muchos de los corresponsales para medios extranjeros son nativos de los propios países. Muchas veces son periodistas que escriben para medios exteriores y que tienen la libertad de decir hacia afuera lo que no pueden decir hacia sus audiencias o lectores.
Recordarán los ocasionales lectores de este blog que no hace muchos días traíamos aquí ("El hombre de los medios" 5 de agosto 2015) la entrevista con el responsable de los medios oficiales e información en Egipto, Salah El-Din Abdel-Sadek, que parece ser va a cumplir una doble función, como ya anticipábamos entonces por sus propias palabras: espantar a los corresponsales o informadores que hablen de Egipto en el exterior y controlar el aparato de propaganda (interior y exterior) que tampoco está funcionando demasiado bien. Recordamos la guerra abierta que mantiene el Sindicato de Periodistas con el Ministerio por la ley que controlará información e informadores, bastante arbitraria a la vista de los propios periodistas egipcios.


El artículo de Ahmed Derini en Al-Masry Al-Youm no es más que un capítulo más de esta guerra por la información. Sembrar el desprestigio generalizado contra los medios extranjeros y sus profesionales es un gran tontería, pero muy ilustrativa. Es señal de que la divergencia entre el mundo contado por los de fuera y el contado por los de dentro es ya incompatible. Y esto es grave.

Al margen de la confrontación con Al-Jaazira (Samir Kassir, en la obra que citábamos ayer, De la desgracia de ser árabe, escrita en 2004, ya señalaba —página 35— que Qatar había dejado en manos de los Hermanos Musulmanes el control de la emisora), el gobierno y otras fuerzas de apoyo han emprendido una mezcla de enfrentamiento y "plan de medios", como la compra de la portada de The Economist con las imágenes de la inauguración del Canal, también comentado aquí.
Pretender, como se hace, que existe una conspiración universal contra Egipto y que son los medios de comunicación los que están tratando de hundir al país para evitar su "renacimiento" es una de esas fantasías con las que se alimenta el ego egipcio y se satisface su victimismo. Es la forma, como llevan mucho tiempo, de justificar sus propios errores históricos, las derivas que sus gobernantes han ido tomado.


Es realmente divertida la apelación a que los corresponsales son "jóvenes". Surge aquí la crítica a la "juventud", implícitamente a la misma a la que realizó la denostada revolución. Ser joven, como en la época anterior a Mubarak, ha pasado a ser otro valor negativo, una categoría que sirve para explicar aquello de lo que hay que huir. Muchos de los jóvenes que hicieron la revolución han dado la espalda al nuevo régimen, que consideran como una vuelta al viejo sistema. La categoría "joven" pasa a ser de nuevo algo que implica una carencia (una "adolescencia") de experiencia y conocimiento, algo reservado a los pragmáticos, que son los que entienden que los idealismos no llevan más que a la destrucción.
Más divertida es la explicación de que al ser los periodistas jóvenes, solo se hablan con los "jóvenes" y así tienen una visión distorsionada de la "realidad política":

Derini continues that not only are correspondents biased and political, but because so many are young, that means they only interact with young Egyptians and so have a skewed, narrow impression of Egyptian politics. He somehow believes that this has led them to believe that “Islamists are the true representatives of the Egyptian identity… so that when they report about Islamist politics against the government it is a victory for the will of the people”. Really, they don’t believe this – and if you think reporting on opposition to the regime is writing about the Brotherhood, then I think you are the one who has a skewed impression of Egypt.*

La explicación de Nader es más sencilla: el periodismo no está bien pagado y los corresponsales suelen ser jóvenes con poco gasto y pocas pretensiones. Habrá muchos casos en los que sea cierto, desgraciadamente para la profesión.
No creo que los corresponsales en su conjunto crean que los islamistas son "el pueblo egipcio", como se señala. Sí creo, en cambio, que se ha explicado de forma bastante defectuosa —me refiero a los medios españoles en especial— el año de Morsi en el poder. Esa coletilla del "primer presidente elegido democráticamente es bastante engañosa y esconde un año bastante antidemocrático en acciones y actitudes, tal como se le recordó entonces por la Unión Europea por boca de Merkel. La prensa trató a Morsi como lo que era, un gobernante autoritario que había llegado al poder diciendo que no iba a hacer cosas que luego hizo, algo que no era nuevo, pues la Hermandad señaló que no tenía intención de presentar candidatos.


Una cosa es la calidad de la información, la profundidad de los conocimientos o de los análisis que se expongan en cada momento, y otra cosa la conspiración universal. Con todo, no es extraño que pueda haber corresponsales o periodistas que están más interesados en ofrecer otros puntos de vista a los oficiales. Tampoco implica una conspiración. ¿Son todos los periodistas imparciales? No, por supuesto. ¿Los habrá próximos a la Hermandad? ¡Claro!
Derini considera, sin más vueltas, que la función de los corresponsales extranjeros es hundir a Egipto. Si son nacionales los que transmiten esa imagen del país, son considerados "traidores". La acusación es entonces "desprestigiar" al país, difamar, etc. Sobre esto, desde el incidente en la rueda de prensa en Alemania, se han multiplicado las advertencias, recordándoles que "son egipcios" y, por ello, no van a salir tan bien librados como los que tengan pasaporte extranjero.
Todo esto se produce, esencialmente, por una visión absolutamente distorsionada de cuál es el papel de la prensa y la profesión periodística. Emir Nader señala refiriéndose al artículo de Derini:

He identifies what he sees as a contradiction too, that at a time when Western countries call for supporting Egypt in its fight against terrorism, its journalists are criticising rather than supporting its work to secure the country and region.*

Estos reproches revelan la falta de comprensión del papel de la prensa, Cuando Al-Sisi ha ido a Alemania o a Francia y ocurrirá igual cuando vaya a Inglaterra, la prensa ha mostrado los problemas de Egipto con los derechos humanos y la represión violenta, las muertes en las cárceles, etc. (que por otro lado también recoge parte de la prensa egipcia).


Ahmed Derini da por descontado que el hecho de que por la situación internacional se haya "suavizado" el trato a Egipto y se le vendan armas, significa que se apoya lo que el gobierno está haciendo. ¡Qué gran error! La retórica de los gobiernos occidentales, incluido el norteamericano, no es más que una forma de "cortesía" ("hipocresía" dirán algunos) mediante la cual se evita ser directos en beneficio de un "bien mayor" la "seguridad". Eso lo sabe El-Sisi como lo sabían Mubarak o Sadat. Si a Occidente le interesa que se luche contra el Estado islámico en la zona, debe mirar para otro lado en la injustificada seguridad que está eliminando a personas que nada tienen que ver con el Estado Islámico o los Hermanos Musulmanes. Lo que el gobierno egipcio quiere es volver a casa con unas fotos de abrazos y con un líder reforzado ante su opinión pública, diciendo así que todos los países apoyan lo que se hace y que Egipto está dando "otro regalo" a la Humanidad combatiendo el terrorismo. Y eso no lo va a conseguir.
Lo que los gobiernos digan dentro del campo de la diplomacia no es lo que la prensa va a decir, mostrando las críticas que los gobiernos no hacen ante la situación internacional. ¡Si se le acaban de dar bendiciones oficiales a Erdogan para que bombardee a los kurdos con tal de que les deje usar la base turca contra el IS!


La prensa y los gobiernos en sus versiones diplomáticas no tienen porqué coincidir. Su lenguaje y función son muy distintos. Derini pretende que los gobiernos deben llamar la atención a los periodistas que digan cosas de Egipto que no gusten al gobierno egipcio. Eso es una deformación del control de la prensa por parte de los gobiernos. Afortunadamente no es así.
Por eso es preocupante la insinuación que "el hombre de los medios" hizo sobre los planes reservados para el trato con la prensa cuando se vayan a hacer visitas o en cualquier otra circunstancia. Había insinuaciones y un carácter de advertencia. Aquí se confunde la prensa con las acciones de relaciones públicas. Le va a faltar dinero para publicar artículos pagados que no sean detectados, como ha ocurrido con la portada pagada de The Economist, patrocinada por la compañía inmobiliaria DMG.
Pero los argumentos contra informativos del autor del artículo en Al-Masry Al-Youm no pueden ir más allá de lo evidente. Ante la imposibilidad de negar lo que ocurre, sencillamente lo que no quiere es escucharlo:

Interestingly, he says “we Egyptians don’t need an Economist article to know that the economic system is not doing enough for the poor and we don’t need a Guardian article to know that there is torture in Egyptian prisons.” Derini realises that there is still much residual-Mubarakism in the apparatus of the state.
At heart, Derini is an apologist for the failures of the Egyptian government as it attempts to restore the country; the kind of pro-Sisi attitude that says, yes the government is guilty of many wrongs, “but they are working on it, give them time” – and it is a view widely held by Egyptians of all social classes.*

He escuchado muchas veces a muchas personas esa frase final: "estamos en ello, hace falta tiempo". Muchas veces me lo han dicho personas de buena voluntad que son llevadas a un conflicto interno importante. Lo que se pueda decir desde fuera no es lo mismo que vivirlo como presión dentro. Sabes que es cierto, pero el sentimiento que te provoca es el del callejón sin salida. Necesitas creer que hay una salida o que la están construyendo, que algún día la habrá. ¿Qué hacer si no? ¿Qué hacer en un sistema para el que no hay mucha alternativa? ¿Qué hacer si fracasó la revolución?


Ese "no necesitamos leer en The Economist que la economía va mal" es, en el fondo, un canto de impotencia, de deseo de que solo se escuchen las celebraciones, aunque sepas que al día siguiente quedará muy poco de la fiesta. Precisamente fue The Economist el que a mediados de julio tituló "Editor Sisi" mostrándolo como una figura en la sombra tras un informador.
No, los corresponsales extranjeros no tienen la culpa más que de sus errores interpretativos. Pero es fácil acusarlos de ser los responsables de la huida del turismo y los inversores, de la subida de la bolsa y de la depreciación de la libra, del aumento de la inflación y de contentarse con mantenerla con un dígito, como señalaba el ministro recientemente.
El papel de los corresponsales pasa a ser doblemente importante si la prensa local se suma a la propaganda y deja de manifestar sus opiniones reales por temor o censura. Intentar que los egipcios solo lean a quienes les digan y que quienes escriban digan lo que el gobierno quiera, es de una ingenuidad pasmosa. Los tiempos en los que era posible decir a todos el mundo cómo debía pensar han pasado; los tiempos en los que se podía controlar todo lo que se escribía también.
Habrá buenos o malos corresponsales, pero eso lo deben decidir sus lectores. O los periodistas que, como Emir Nader, debaten públicamente sus críticas.


Los corresponsales no escriben para los periódicos locales, pero si los egipcios los leen y los creen, es cuestión de plantearse por qué lo hacen. Hay grandes periodistas en Egipto que trata de escribir con honestidad crítica. No tratan hundir al país, sino de señalar los problemas con el ánimo de resolverlos. Pero Egipto lleva cuatro años llamando traidores a los que discrepan, acusándolos de ser agentes extranjeros, enemigos de la amada patria. Y eso se paga con lago peor que la crítica: con el silencio indiferente. Emir Nader escribe: "My point is that criticism and investigation is not a threat to Egypt and its recovery, it is exactly what we need to rebuild it."* Completamente de acuerdo.





* "On foreign journalists and criticism – a response to Ahmed Derini in Al-Masry Al-Youm" Daily News Egypt 12/08/2015 http://www.dailynewsegypt.com/2015/08/12/on-foreign-journalists-and-criticism-a-response-to-ahmed-derini-in-al-masry-al-youm/


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