lunes, 17 de agosto de 2015

Basura brillante o a un click de la trivialidad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Una de las tareas más importantes de la profesión periodística es determinar la relevancia de los acontecimientos. Las cosas ocurren, pero no todas merecen ser contadas. Cada día, el que escribe necesita seleccionar sobre qué lo hace entre un mar inmenso de hechos que tratan de llamar su atención. Ese momento es importante. Es el momento en el que se pone en la piel del lector y piensa en qué le resultaría más interesante para sus intereses, sea consciente de ellos o no. El qué sean esos intereses es algo confuso, que antes requería la intuición del informador y que hoy nos viene determinado por múltiples estudios y estadísticas. Se han creado unas categorías en las que se encuadran los acontecimientos a sabiendas de que tienen capacidad de atracción de la atención lectora.

El problema está en que se crean una serie de rutinas de presentación —¡es increíble la falta de originalidad de los que quieren ser originales!— y una serie de temas que acaban siendo buscados porque no "fallan". Se busca la emocionalidad antes que el conocimiento. Las cuestiones se enfocan desde el ángulo que pueda ser más impactante, eliminando las diferencias de tono que las noticias puedan requerir, se trivializan aspectos relevantes centrándolos en cuestiones atractivas y se elevan a la categoría de noticias hechos sin relevancia alguna.
The New York Times publicaba ayer un artículo sobre las tensiones que esto está generando en el interior de los medios y la profesión así. Lo titulaba "Where Clicks Reign, Audience Is King", centrando la cuestión en la introducción de la web y los mecanismos de atracción que desencadena a través de las redes sociales.

Poco se podían imaginar los que empezaron usando la red en los años 80 como una alternativa a la trivialidad de la Televisión, el medio que representaba la alienación más notoria (¿cuánto tiempo hace que no lee el término "alienación"?). La red permitiría salir de la vertical televisión creando una especie de ilustrada república de las letras tecnológica, con una biblioteca universal que permitiera el acceso al conocimiento verdadero y valioso frente a las francachelas que ofrecía la televisión.
The New York Times señala en su artículo:

Since the days when most major cities supported multiple newspapers, the news media has long been subject to groupthink, and prone to search for sensation. But as more readers move toward online social networks, and as publishers desperately seek scale to bring in revenue, many have deplored a race toward repetitive, trivial journalism, so noisy that it drowns out more considered work.
Reading disposable web journalism is “like eating a whole bag of Doritos,” Joshua Topolsky, a founder of the technology website The Verge, said in an interview. “You look up and think, ‘What am I doing?’ ” Mr. Topolsky recently left his job overseeing Bloomberg’s web properties, and afterward posted an essay that in part expressed frustration with what is published online.
He is not alone. In recent weeks, there have been complaints from various corners of the media world that online news has deteriorated, and that it is now focused on the viral at the expense of the substantive.
Others are not nearly as troubled.*


Como se insinúa en la última línea, a muchos no les parece mal. Pero esto ha supuesto un cambio radical en la forma de percibir la profesión periodística, la función de los medios e incluso la forma de percibir al público.
En el siglo XIX se hablaba de la "tiranía del gusto", es decir, la imposición por parte del público de cómo y de qué había que escribir, pintar, etc. Lo contrapuesto era la denominada "torre de marfil", el aislamiento del autor para poder centrarse en su arte sin interferencias. El efecto de las redes sociales como forma de ordenarse la demanda ha sido lo que podríamos rebautizar como la "tiranía del mal gusto".
Lo que plantea el artículo de The New York Times no es más que eso, el "deterioro" de las noticias online en su afán por conseguir el mayor número posible de "visitas", un objetivo prioritario para muchos, les guste o no. El artículo comienza con el número de artículos recogidos sobre la muerte de "Cecil the Lion":

Early last month, a lion known as Cecil was killed by a hunter near Hwange National Park in Zimbabwe.
The first international news articles on his death appeared in mid-July. By the end of the month, once it had emerged that the man who killed Cecil was an American dentist, the global news media had claimed its own trophy.
The phrase “Cecil the lion” now returns about 3.2 million Google News results. Among those are celebrity takes (“Jean-Claude Van Damme Responds to Cecil the Lion Outrage”), emotional takes (“Like All Lions, Cecil Had a Huge Capacity to Love”) and contrarian takes (“Eating Chicken Is Morally Worse Than Killing Cecil the Lion”). There were local takes, millennial takes, arguments that other global concerns were more pressing, roundups of previous stories and condemnations of the amount of coverage. (Not to mention articles like this one.)
More than 2,100 articles had been posted to Facebook by mid-August, according to data from the social media tracking firm CrowdTangle, where they were shared about 3.6 million times, and liked 1.3 million times. According to Twitter, mentions of Cecil peaked at nearly 900 tweets a minute, for a total of more than three million.*



La historia de Cecil —como señalamos irónicamente en el post "¡Salvemos a los dentistas!"— tenía todos los requisitos para convertirse en ese tipo de noticia que se convierte —¡la palabra mágica!— en "viral". Y es esa misma viralidad —que ya hay profesionales especializados en crear— es la que arrastra o hace arrastrarse, dirán algunos, a los medios poniendo a sus profesionales a la caza de este tipo de reacciones. Desde editoriales advirtiendo de la histeria colectiva contra el cazador hasta "precuelas" como las del diario El Mundo ofreciéndonos las cacerías del dentista mataleones por España.


Quizá no hay mejor forma de entender este cambio en los medios —con todo lo que tiene de creación destilada— que la reciente película Nightcrawler (2014)—, la historia de un buscador de imágenes impactantes para venderlas a los canales de televisión. Este psicópata merodeador de la noche acabará entre accidentes y tiroteos aumentando los niveles de sangre para satisfacer a unos medios enfermos de audiencias que satisfacen a los insaciables públicos que quieren que los noticiarios se abran con noticias de crímenes, accidentes, desastres, etc., algo perfectamente calculado y que hacen todas las cadenas y medios en la actualidad. 


El crimen de de dos jóvenes en estos días ha servido para atizar los mismos principios. El diario El Mundo tuvo el mal gusto de publicar las fotos de pareja del asesino y la víctima. Gran foto en la edición impresa y galería fotográfica en la edición online pisoteando varios principios de la ética periodística y asestando un nuevo dolor a la familia. Pero eso no cuenta. Lo que importa es la rentabilidad que se le saca a estos acontecimientos.


The New York Times mencionaba al periodista de Bloomberg y su retiro después de un año de éxitos frustrantes. Joshua Topolsky lo explica así en su site personal:

The reality in media right now is that there is an enormous amount of noise. There are countless outlets (both old and new) vying for your attention, desperate not just to capture some audience, but all the audience. And in doing that, it feels like there’s a tremendous watering down of the quality and uniqueness of what is being made. Everything looks the same, reads the same, and seems to be competing for the same eyeballs. In both execution and content, I find myself increasingly frustrated with the rat race for maximum audience at any expense. It’s cynical and it’s cyclical — which makes for an exhausting and frankly boring experience.
I think people want something better, something more meaningful. Something a lot less noisy.**


Comparto lo dicho aunque dudo sobre lo expresado en la última línea. Los medios crean "hábitos" de consumo. Lo hemos experimentado en todos los demás campos en los que la trivialidad y el mal gusto, la emocionalidad truculenta y las amplificaciones: el público aprende negativamente cerrándose a las experiencias que pasa a considerar elitistas y distantes. Se han convertido en consumidores de experiencias intensas. Le cuesta recibir lo que no vaya empaquetado de esa forma.

La pedagogía de los medios pasa porque formen a sus propios lectores, que les exijan textos de más calidad, desear más y mejor información sobre lo que es interesante. Eso es lo estimulante para el profesional y para el medio. Lo beneficioso para el lector. Sin embargo, el camino emprendido por la prensa digital ha servido para distanciar a ese tipo de lector, que ahora quiere que le entretengan, algo que puede ser muy barato si, como hacen algunos sin tapujos, se limitan a recoger lo viral o a aplicar el barniz trivial a mucho de lo que publican.
La desgracia es que mucha gente acude a las facultades de Periodismo con esa deformación ya en mente. Han sido formados por los propios medios en unos conceptos triviales de información y en la preocupación por las audiencias y no por la realidad, que es el centro del que todo parte. Han dejado de mirar lo que ocurre y les preocupa simplemente el número de visitas o de "me gusta" que puedan acumular. Eso es para ellos el indicador de un buen trabajo de información. Han dejado de querer ser informadores y muchos han pasado a querer ser manipuladores sociales. Las redes son su "realidad", el mundo que estudiar para obtener las mejores cifras. Ya no se trata de estudiar Historia o Economía, sino neurociencias y psicología social; no se trata ya de saber cómo funciona el mundo para explicarlo, sino de saber cómo le funciona el cerebro a los lectores, ese cerebro emocional que acabará mandando una orden al dedo para que haga el gesto gratificante de marcar el "me gusta". ¡Misión cumplida! Como dice el lema del blog de cine "Nafeees Speaks": It is perfectly okay to write garbage—as long as you edit brilliantly.
No se trata, como dicen algunos, de la muerte del periodismo, sino de su suicidio

* "Where Clicks Reign, Audience Is King" The New York Times 16/08/2015 http://www.nytimes.com/2015/08/17/business/where-clicks-reign-audience-is-king.html

** "Hello again" Joshua Toplsky http://joshuatopolsky.com/post/123817628197/hello-again

 

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