viernes, 31 de julio de 2015

¿Qué ocurrió con la Primavera árabe? o la fatalidad no lo explica todo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario Ahram Online publica un interesante artículo titulado "Why the Arab Spring revolutions stumbled", firmado por el profesor Mohamed Shuman, decano de la Faculty of Communication and Mass Media at the British University in Egypt (BUE). Todavía es problemática la comprensión de un fenómeno cuyos resultados están condicionando el presente, es decir, cuyo resultado ha dado forma a las situaciones actuales, ya de por sí confusas. Lo que se llamó la "Primavera árabe", nombre metafórico y casi poético, es un fenómeno histórico que revela la complejidad de una zona del mundo en la que se dan conflictos en órdenes horizontales y verticales, sincrónicos y diacrónicos. 
Esta gran complejidad la dan los problemas no resueltos, acumulados, que determinan las transiciones incompletas que impiden la satisfacción social por la diversidad de sus propias expectativas. Las sociedades que tienen más posibilidades de estabilidad son aquellas que logran reducir las divergencias extremas y centrarse en la convergencia de intereses comunes. No es algo que se haya podido alcanzar en el mundo árabe islámico. El estallido de las distintas "Primaveras" es una muestra si no de comunidad de objetivos, si de convergencia de insatisfacciones acumuladas.


Mohamed Shuman trata de explicar este fenómeno histórico a través de las distintas "teorías" que explican el "tropiezo", la frustración de las expectativas desde perspectivas distintas. Son las siguientes:

1) "The conspiracy theory which is the most famous and the most circulated within popular quarters. It springs from a postulate that the last five years' events were an outside conspiracy launched, as usual, by America, Western countries and Israel and in another narrative was sparked by Iran and Hezbollah and in a third narrative it was led by the Muslim Brotherhood backed by Turkey and Qatar."*


Es la teoría de mayor circulación. Teniendo en cuenta que la mayor parte de las teorías sobre lo que ocurre en el mundo árabe se acaban explicando mediante conspiraciones, más parece una respuesta recurrente, cómoda y fácilmente aceptable, que elimina las responsabilidades sobre lo que ocurre y las descarga sobre otros. Aquí hemos recogido hasta su aceptación por el Papa Copto Tawadros, que daba por hecho una conspiración occidental, Europa incluida, en su controvertida entrevista concedida al diario El Mundo. Con esta teoría es fácil desviar los males e incompetencia propios hacia los demás, con lo que es la preferida de dirigentes y pueblo. Cuando se tienen varios enemigos, se da por supuesto que están aliados para buscar la perdición y eso permite tomar medidas contra ellos justificándose en la defensa.

2) "The inability of the five countries' institutions and elites to reach a consensus concerning the steps of political and social reformation whether before the popular uprisings or after them. Reformation constituted one of the most important concepts of the Arab political and media discourse before the Arab spring, although it was not accommodated in any executive steps and the ruling elite did not respond to it albeit its formal talk about it and pretending to be doing it. This has opened the door in front of the revolutionary mobility."*


La insatisfacción ante la falta de respuestas de los gobiernos habría provocado los levantamientos. No puede decirse, desde luego, que ninguno de los gobiernos de los diferentes países implicados en las revueltas fueran modélicos. Cada uno por sus propias circunstancias eran ejemplos de ineficacia, represión y corrupción. Cada uno de estos gobernantes eran expertos en mantenerse en el poder usando todos los medios a su alcance para su supervivencia interna y exterior. La famosa foto con el "club de los dictadores" de la que se iban tachando rostros según iban cayendo no era una anécdota, sino una realidad de cómo se había ido generando una sensación de permanencia en el poder, transformando algunas repúblicas en monarquías de facto al transmitir a los hijos el mando por entrar en edades avanzadas. Es el caso de Mubarak a su hijo Gamal o de Gadafi a su hijo Saif al-Islam, ahora condenado a muerte en Libia, designados como sucesores, o el de Al-Assad, consumada la sucesión de su padre.
En estas condiciones, las elites generadas desde sus largos gobiernos no eran precisamente las más sensibles para atender las demandas ciudadanas, sino más bien lo contrario, personas favorables al régimen y beneficiadas por la corrupción existente. Los que pudieran sentir alguna responsabilidad por sus pueblos no estaban en los gobiernos o no habían durado mucho. La longevidad de estos gobiernos es una prueba de su supervivencia y adaptación. Los verdaderos críticos acababan en las cárceles, en el exilio o desaparecían si eran muy molestos.

3) " The extent of the ruling regime's authoritianism, its alliances and the nature of the state's formation, especially the army, in the five countries. These factors have defined the behaviour of the popular uprisings in every country and its expectations; peacefulness was predominant in the movement of the masses in Tunisia, Egypt and Yemen against the ruling regime where the army sided with the people in Tunisia and Egypt."*


Aunque este es un factor importante históricamente, los resultados desde la perspectiva del "fracaso" de las "primaveras" es el mismo. El papel de los Ejércitos ha sido decisivo, desde luego, pero desde el punto de vista de la posibilidad de que triunfara una revolución ha dado igual. Esta no ha sido posible ni donde se desembocó en guerra civil como en Libia o Siria, ni donde "intervinieron" y se facilitó la salida de los dictadores, como Túnez, Egipto o Yemen, tras procesos de distinta naturaleza. Aunque no desembocaran en guerras civiles haciendo salir a los dictadores, fue ese precisamente el método en Egipto para que el Ejército siguiera controlando el país. La evolución posterior ha mostrado la necesidad de crear un nuevo símbolo —"la revolución de junio de 2013"— para justificar la presencia de un militar al frente del país. Las guerras civiles, como en Siria, se han internacionalizado con la intervención del yihadismo concentrándose primero en un espacio para expandirse después en forma de "terrorismo" en Egipto y Túnez, y en forma de guerra civil primero y guerra internacional después en Yemen.
Es importante el papel de los ejércitos en cada caso, pues son los que han marcado la dirección con su apoyo o rechazo. No creo que hablar de "apoyo" sea correcto; sería más ajustado decir "no intervención" hasta ver qué ocurría. Los pilares de los regímenes autoritarios han sido Ejército, Policía y Judicatura. Las relaciones entre ellos, muchas veces de rivalidad más que de otra cosa pudieron resolverse dentro de la retórica de apoyo al pueblo, pero eso no es lo que realmente ocurrió, por mucho que les abrazaran o besaran después. Basta con recordar el nefasto periodo de gobierno de la SCAF en Egipto para comprenderlo. Las sospechas sobre sus actuaciones desestabilizadoras posteriormente tampoco pueden ignorarse.

4) "The cultural approach. The popular uprisings in the five countries revealed the extent of cultural and political divisions in every society and the historical failure of the state to absorb this division and its treatment where the state always resorted to repressing political Islam with its different versions, chasing its members and siding with the civil powers, which were not civil in the true sense, except perhaps in Tunisia's case."*


Es evidente que una sociedad con unas diferencias tan abismales como las de los países señalados, con sus matices, tiene que albergar una disparidad de visiones del mundo. La tensión cultural existente entre unas elites formadas en un mundo nuevo, hipercomunicado, son distintas a las de las viejas elites que se formaron durante la formación de los regímenes. El avance del islam político —los islamistas— es la respuesta desde los años 70 al fallo de las revoluciones poscoloniales en modernizar sus respectivos países, convirtiéndolos en cárceles y cortijos de dictadores. Sus alianzas y apoyos internacionales son fruto de las complejas políticas de algunos países árabes, especialmente de Arabia Saudí, Qatar y otros países del Golfo que han hecho una diplomacia de petrodólares para extender su influencia.
Es interesante que se excluya del análisis de las revueltas la de Bahréin, que sin embargo es muy ilustrativa de la actitud de Arabia Saudí y de lo que ocurre hoy en Yemen. Se recordará que la "insensibilidad" llegó a tal extremo que casi estuvo a punto de celebrarse el Gran Premio de Fórmula 1 ante la indiferencia por las muertes y represión que se estaba produciendo. La Plaza de la Perla se convirtió en escenario silenciado de muertes y represión. Los saudíes y los amigos de los saudíes y de la Fórmula 1 silenciaron al pequeño emirato.


Shuman señala que las diferencias culturales se han resuelto como "terrorismo" allí donde no consiguieron sacar adelante su visión del mundo. Es cierto, pero no toda la verdad, pues se excluye las historias de los coquetos del poder con los grupos islamistas, como en Egipto, dejándoles quedarse con parte de la sociedad que las autoridades no tenían interés en mejorar. De hecho, la expansión islamista se debió a la conjunción de apoyos económicos exteriores, pero sobre todo el desastre de los estados para cubrir las necesidades de los ciudadanos. Los islamistas entraron como "ONG" y se dedicaron a la labor de captación a través de acciones organizadas de caridad allí donde el Estado era incapaz de dar los mínimos. Eso les permitió ganar terreno y ser las únicas organizaciones poderosas frente a unos raquíticos partidos políticos mantenidos testimonialmente por las dictaduras para satisfacer los mínimos democráticos que los gobiernos occidentales les exigían para satisfacer a sus opiniones públicas sin caer en el escándalo. Hasta a Gadafi se le permitió lavarse la cara con tal de hacer negocios con él.

5) "The failed revolutions approach. This approach hypothesises that the five countries have witnessed an unprecedented revolutionary mobility due to the accumulation of despotism, discrimination and the state's failure. However, this mobility lacked in each country the conditions of successful revolutions and the most significant is the revolutionary organisation and the ideology or the vision for change and the absence of clear programmes for change."*


Señala Shuman algo que se vio desde el principio: la fuerza de las masas en la calle no tenía cabeza ni programa. Era un estallido de indignación en donde lo único que estaba claro era que aquellos dictadores debían caer. Lo que ocurriera después no se planteaba en esos primeros momentos pasionales.
Es cierto que eso ocurrió, que fueron revoluciones de símbolos globales más que de caras concretas, de héroes cotidianos, sin liderazgo. No había ideología unificadora, solo indignación como grupo y la imaginación de cada uno sobre lo que ocurriría al día siguiente. Esa fue su fuerza momentánea y su debilidad a largo plazo. Se realimentaban no con ideas sino con la sangre de los caídos, convertidos en símbolos en las paredes.
La ira se canalizó, pero no sirvió para unificar porque no había nada que unificar. Los agentes que entraron en juego eran los mismos que habían fracasado durante décadas en oponerse al poder. Llegaron a ponerse al frente de las manifestaciones porque los verdaderos revolucionarios no querían ser cabeza de nada. Como hemos señalado anteriormente, los únicos con un programa, un electorado ganado en los años anteriores y una organización fuerte eran los grupos islamistas curtidos en la persecución y encarcelamiento. Aprovecharon bien el que otros movieran el árbol para conseguir las nueces.


Tras señalar estos cinco enfoques diferentes para explicar el fracaso de las revoluciones, Mohamed Shuman hace balance de su capacidad explicativa:

With the exception of the first interpretation, I have a persuasion of the significance of the last four interpretations which are indispensible in analysing the path of the Arab uprisings and its stumble making them incomplete for several reasons. I have pointed out some of them and I may add the weakness of the political forces, the fragility of the civil society and the absence of the culture of democracy.
In spite of all this, the parliamentary and presidential elections were on the top of the agenda of the uprisings in Tunisia and Egypt. Consequently, it brought undemocratic forces employing religion in politics and understands democracy as a one way course – and only once – in order to reach power. These forces also refuse the participation of other political forces and marginalise women and religious minorities.*

Dejar fuera la primera explicación —la conspiración universal— ya es algo. La gran mayoría la sigue sosteniendo porque es gratificante y libera de responsabilidades. Asumir por el contrario que el fracaso se debe a los propios errores y carencias, a las debilidades y vicios históricos es el camino hacia la comprensión que permita escapar de esas condiciones en algún momento.


Shuman que cree que la explicación está en combinar elementos de las cuatro restantes explicaciones. La "explicación" implica la creencia en una causa que puede ser primero "percibida" y después "entendida". Las cuestiones políticas o históricas no suelen estar sujetas a procesos de "falsación" y se aproximan más a su capacidad de convencernos, estos es, de hacernos salir de nuestras posturas previas hacia otras diferentes. No es fácil sacar a alguien de las teorías de la conspiración, por ejemplo. Si quiere creer en ellas, lo hará hasta el fin de sus días, simplemente cambiará de conspiradores según le interese.
Explicar es siempre simplificar, construir un discurso congruente, articulado en el que todo tenga explicación. Y no todo la tiene. Las diferencias entre los países señalados son grandes, aunque tengan sus similitudes y los participantes en cada proceso tuvieran el convencimiento de que estaban empeñados en un juego común, acabar con el club de los dictadores. Pero en la Historia —somos seres históricos— las explicaciones pasan a formar parte de los procesos, sean ciertas o no. Una verdad puede cambiar el mundo tanto como una mentira si es creída. Por eso es importante lo que pensemos de este proceso, porque determinará nuestra forma de percibir el futuro y, por ello, nuestra forma de actuar. Si se piensa que la democracia es incompatible con la mentalidad árabe, se actuará de forma distinta a si se piensa que luchan por la libertad contra poderosos dictadores.


No sé cuál es la proporción en la que en cada caso estos factores son responsables de la situación histórica actual. No creo que sea algo que se pueda medir con la precisión del análisis de un compuesto químico. Creo más, como he señalado, en el valor orientador de la explicación. Hay explicaciones con esperanza y otras fatalistas. La esperanza es la que puede poner en marcha la acción. El fatalismo frena a unos e impulsa a otros. La fuerza del yihadismo y la de los grupos islamistas es el convencimiento de que ellos son los que cierran la Historia.

Finally, there is a question that arises: Did the Arab uprisings or revolutions were a total failure, or it stumbled for different reasons? Thus, the indicators of the state collapse, falling of large numbers of those killed and wounded and destroying the economic pillars of three countries in addition to Iraq, then the emergence of Islamist terrorist groups and the stumble of the democratic transition in Egypt and Tunisia. All these indicators prove complete failure of those uprisings or show its stumble. Thus, it will be completed through a complicated and long historical path in which the Arabs must pay economic, human and moral cost.

La pregunta inicial de si había habido realmente "revoluciones" se ha desplazado a debatir el origen del fracaso y si este ha sido un colapso de todo el sistema o ha tenido causas parciales entremezcladas. Desde mi punto de vista, la clave está en encontrar las preguntas cuyas respuestas podamos manejar histórica y políticamente.


El artículo de Shuman debería servir de ejemplo de esa necesidad de reflexión constante que el mundo árabe necesita para poner en discurso antes que en escena las transformaciones pospuestas que acaban fallando por la falta de ese discurso precisamente. Las revoluciones anticoloniales tenían un discurso previo anticolonial. Los regímenes salidos de ellas crearon un doblepensar, en el sentido orwelliano, en donde se seguía manteniendo un discurso oficialista frente a la incapacidad general de articular un discurso social eficiente y con calado. De eso se han encargado los generadores de discurso que han acallado con la muerte y la persecución, con la intimidación a los que disentían y ofrecían un futuro diferente.
El islamismo no ha tenido reparo en acusar de blasfemos y pedir el asesinato de todos aquellos que intentaban acercarse al pueblo con idea de modernización. También los gobiernos les han perseguido.
El último párrafo del texto de Shuman es una alusión al artículo (y obra posterior) de Francis Fukuyama sobre el "fin de la Historia". Señala el autor:

This catastrophic path is similar to the situation of Europe in the nineteenth century, in the way presented by Fukuyama, where it spent several decades in order to achieve democratic transformation and the establishment of the state based on citizenship. It is a similarity, which I personally has reservations against, because history does not repeat itself. How much do we Arabs need to learn from history lessons to avoid its catastrophes and sacrifices which may sometimes seem to be meaningless!*


La Historia da lecciones cuando se cree en la Historia y que esta avanza, principio de la tesis hegeliana de Fukuyama. La lucha en la Historia para que triunfe la forma política en la que mejor se manifieste la libertad humana es difícil de concebir si se niega la posibilidad de que esa individualidad exista como libertad. El islam político la niega y el autoritarismo militarista también, aunque de forma diferente La nueva barbarie que representa el yihadismo del Estado Islámico y su visión de que ese es el estado ideal del mundo está sacudiendo las conciencias de muchos, incluido o especialmente el mundo árabe. Las posibilidades de elección, parecen querer decir algunos, se limitan al islamismo o a una sociedad militarizada a la defensiva como dialéctica irresoluble.
En medio queda la revolución como deseo, pendiente de formular su modernidad y luchar por traerla contra los deseos retrógrados de unos y el autoritarismo pesimista de otros. Para unos no hay libertad, para otros es una ficción que se esconde tras una paz vigilada. Pero esto no es más que el resultado de la propia historia hasta el momento.
El valor de las revoluciones árabes, por encima de sus resultados, fue mostrar que había una fuerza real a los que sus propios gobernantes despreciaban. La situación hoy es compleja y confusa. Lo que no se debe hacer es responsabilizar de ello a las personas que desearon ir hacia algo mejor que lo que tenían. Cualquier interpretación es posible menos la de aquellos —que son casi todos— que las consideran responsables del estado actual, maniobra interesada de aquellos que se vieron afectados porque levantaran la mirada del suelo.


La violencia hoy no es fruto del deseo de libertad, sino de su represión. No es fruto de la incapacidad de gobernar, sino de las múltiples trabas que se pusieron en su camino allí donde tuvieron fuerza para llegar más lejos. El poder volvió donde estaba o está todavía en el aire. Pero eso no fue culpa de los que protestaron contra la opresión sino de la resistencia a abandonar el poder de los que lo habían tenido y de aquellos que cuando lo tuvieron lo utilizaron para recortar de nuevo las libertades. No hay fatalidad, solo los mismos agentes en liza. Esa tendencia se puede cambiar logrando —como buscan ya algunos— la emergencia de la sociedad civil, algo que se había impedido sistemáticamente. Desconfían de los poderes tradicionales y buscan extender nuevas razones en el campo de juego. La acción se desplaza más allá. Lo importante es lograr salir de la lucha tradicional entre dos formas de autoritarismo que se presentan como antagónicas pero que coinciden en considerar la libertad como un peligro o como un pecado. 
Los que atacan la revolución tratan de hacer olvidar qué las motivó. Pero no es fácil.



* "Why the Arab Spring revolutions stumbled" Ahram Online 30/07/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/135767/Opinion/Why-the-Arab-Spring-revolutions-stumbled.aspx 

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