domingo, 19 de julio de 2015

Presunción de política o cómo te veo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Dos políticos socialistas, José Andrés Torres Mora (diputado) y Máximo R. Díaz-Cano (cargo en la Junta de Andalucía) se maravillan en un artículo publicado en el diario El País con los descubrimientos de los recién llegados a la vida pública. Les parecen, más que emergentes, llegados de otro planeta por el descubrimiento constante de cosas ya descubiertas. El asombro de los desembarcados en la realidad política no deja de ser un ejercicio de recuperación de la amnesia interesada en la que han vivido y han hecho vivir a los demás. Señalan los dos políticos socialistas:

La cosa es que el señor Iglesias Turrión no ha llegado a una isla del Pacífico en un barco de vela desde una lejana Inglaterra, sino que nació aquí y ha vivido aquí, en la España integrada en la UE, la mayor parte de su vida. En 2015 el señor Iglesias “ha descubierto” las razones de los socialistas en 1978.
También el señor Echenique “ha descubierto”, como el señor Iglesias, que su agenda de activista indignado no es exactamente la misma que tienen los excluidos a los que ahora aspiran a representar: “Esto no va de nosotros. Esto va de esa inmensa mayoría de la gente que nunca baja a las asambleas, que no hace campañas, que no milita y no firma manifiestos. Esto va de los excluidos”.
Así que los socialistas, además de sentirnos felizmente “descubiertos”, nos sentimos algo perplejos ante el “descubrimiento” más sorprendente que acaban de realizar los líderes de Podemos: que la política se ocupa de una fastidiada materia que es el poder. Y sorprende, ya de entrada, porque su partido se llama precisamente Podemos.*


La campaña electoral constante en la que vivimos, la campaña sin fin, impide a los dos diputados hacer extensivo el sentido de la política a los demás grupos, creando la paradoja de caer en el mismo defecto del que les acusan a ellos: la política soy yo. Que cada uno reivindique lo suyo, parecen decir, aunque afecte a todos.
Por lo que vemos, la Política española carece de dos cosas principalmente: de memoria y de generosidad. La carencia de la primera permite olvidar lo que hacen los demás e incluso las meteduras de pata propias; mediante la segunda, se le niega a los demás el derecho a la presunción de política, que es el hecho de trabajar para los demás mientras no se demuestre lo contrario. La política no es mala; hay malos políticos y malas políticas. Es una obviedad, pero este es el mundo en que nos encontramos.


La estrategia de los periféricos ha sido convencer a media humanidad de que 1) ellos no eran políticos, sino ciudadanos indignados; y 2) que los que los políticos no eran sino una serie de privilegiados, carentes de ética y valores, unos robaperas de alto standing, surgidos de un fenómeno histórico horrendo, llamado "transición". La "transición" fue una componenda que unos cuantos se montaron para engañar al pueblo español (o si quieren, a los pueblos de España, ya que el líder socialista lo ha vuelto a poner en circulación), según las últimas versiones de los que quieren montar su remake o quizá su precuela, que no está muy claro.
Muchos de estos "ciudadanos" que pasaban por allí tienen un largo historial de militancia en todo tipo de asociaciones una vez que quedaron fuera de los partidos oficiales motu propio o por deseo expreso de sus excolegas. Pero es en el segundo aspecto, los políticos de la casta, en el que se han centrado los ataques.


Una de las cosas más difíciles en política es cambiar la mirada hacia los demás. Uno puede intentar presentarse de otra forma ante los otros y puede funcionar o no. Pero hacer que se cambie la forma de ver  a los demás requiere, además de la astucia propia, los errores de los otros, quienes han de encajar en la nueva mirada. En esta forma de hacer política, lo que hagas es menos relevante que lo que digas que otros hacen. En esto trabajan conjuntamente los que están en la oposición contra los que están en el poder. A todos les interesa que le que está en el poder caiga; luego, ya se verá.
De eso nos habla el diario El País, como resultado de una encuesta:

El PP de momento no ha conseguido su objetivo de que los ciudadanos perciban al PSOE como un partido radical, según el informe de Metroscopia sobre la imagen de los partidos. Por el contrario, los socialistas son percibidos por los ciudadanos como el partido menos radical de los cuatro que aparecen como opción de formar gobiernos: PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos. Precisamente PP y Podemos son las fuerzas políticas con mayor imagen de radicalidad. Así es para el 53% de los ciudadanos en el caso del partido que lidera Mariano Rajoy, y un 64% respecto al partido que dirige Pablo Iglesias.**


El intento de hacer ver a otros como tú quieres no es sencillo, sobre todo si se hace tan mal. Que el Partido Popular, que siempre ha jugado comunicativamente al "centrismo", sea percibido ahora como "radical" significa que sus estrategias no han funcionado y que los ataques conjuntos desde todos los frentes, en cambio, sí han logrado su objetivo. A los dirigentes del PP le habrá dejado de piedra que sean equiparados a Podemos en radicalidad. Según esto, habrá que ver si los beneficiados de esa percepción de radicalidad de ambos partidos serán el PSOE y Ciudadanos, percibidos como más moderados.
Extraña esta política española en la que los que se dedican a la política dicen dedicarse a otra cosa, en la que los partidos no quieren parecer partidos ni los políticos quieren ser vistos como políticos. Hacen bien los políticos socialistas en no dejarse acorralar en este despropósito en el que quien define el juego es el que llega de nuevas tratando de imponer un maniqueísmo absurdo. La función de los partidos es transformar la realidad, no reinventarla. Y cuanto antes se discuta sobre los problemas reales con las soluciones posibles, antes saldremos del sarampión fantasioso y mediático en el que nos encontramos, insertos en estos procesos de crisis de identidad adolescente de unos y de crisis de los cuarenta de otros.


Pero no deja de ser triste que una actividad noble, la política como trabajo por los demás, se haya convertido en sinónimo de cosas negativas. La sordera de los políticos y su distanciamiento de la ciudadanía ha hecho pagar a justos por pecadores. Hay personas que se dedican honestamente a servir a los demás desde la responsabilidad política o la funcionarial. Y así debe ser. No sé cuánto tiempo durará esta mala prensa, pero me gustaría que se anulara por la limpieza común de todos aquellos que siempre han sobrado en la vida pública porque su único interés era el propio.
Los que han trabajado honestamente en cada partido se quejan con razón. Pero mejor habría sido elevar sus quejas todos contra los que consentían o ignoraban lo que algunos hacían entre ellos. Tendríamos menos líos y la presunción de política de mantendría.


* "Se llama política" El País 18/07/2015 http://politica.elpais.com/politica/2015/07/16/actualidad/1437065810_501754.html
** "La mayoría percibe al PP y a Podemos como los partidos más radicales" El País 18/07/2015 http://politica.elpais.com/politica/2015/07/18/actualidad/1437222689_207992.html



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