domingo, 5 de julio de 2015

El voto griego y la erosión de la idea de Europa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es difícil construir una Europa conjunta y resistente si se utiliza como chivo expiatorio de los males locales. No me refiero exclusivamente al caso griego que lleva hoy a sus ciudadanos a decidir si siguen o no vinculados con una Europa contra la que se dirigen los ataques de sus líderes actuales desde antes de haber llegado al gobierno. La llegada de Tsipras al poder fue con la promesa de "domar" a Europa como, por otro lado, lo había hecho François Hollande relevando al europeísta Sarkozy, pareja junto de Merkel en la cabeza de la Unión. Hoy Hollande trata de recuperar alguna décimas de popularidad intentando jugar al balance entre una Europa que cree que los dirigentes griegos les toman el pelo y que Tsipras se lo tome a él directamente.
Cuando los líderes hacen las campañas contra Europa, después se encuentran en la desagradable tesitura de tener que recoger velas en la mayoría de los casos. Es más fácil hacer demagogia en casa que política en Bruselas. La idea de que solo los países son democráticos mientras que el conjunto menos uno mismo es un fascismo imperialista tiene que acabarse, pero ¡es tan rentable!


La reducción maniquea, con repartos de maldad y bondad, no lleva a ninguna parte. O peor: lleva al fraccionamiento de una Europa que a muchos no interesa que exista, dentro y fuera de la Unión.
Independiente del fraccionamiento que ha producido ya en la sociedad griega —que tendrá consecuencias durante mucho tiempo—, se está erosionando una Europa que muchos quieren ver reducida a una especie de casero malhumorado que se desentiende del estado de los pisos y solo quiere cobrar lo que le deben. Pero esta historia no es nueva y llega después de muchos incumplimientos y desafíos.
Las recomendaciones educadas a Alexis Tsipras de que no mintiera sobre lo debatido a su regreso de Bruselas era algo más que una recomendación; era llamarle miembro desleal. Refleja el rechazo al estilo de Tsipras y sus ministros que han ido con unas actitudes y gestos alentados por sus propias promesas de doblegar Europa. Que lo primero que hiciera Tsipras al llegar al gobierno fuese ir a ver a Putin —aquí lo comentamos— era un gesto de mala voluntad hacia Europa y sobre todo un insulto a la Ucrania invadida y desmembrada por el cinismo ruso. Después ha continuado en la misma línea. Entre gestos de desprecio y de osadía desafiante.


Tsipras no ha intentado resolver nada. Ha seguido jugando con Europa hasta que se ha roto la cuerda de los vencimientos. Solo hay una cuestión: a nadie le interesa la bancarrota de Grecia. Al menos en Europa. Sí hay muchos intereses, en cambio, en colapsar Europa. No hay que descubrir complots. Lo han dicho ellos mismos: euroescépticos, ultranacionalistas y demás fauna que ha proliferado en los últimos años. Para ellos, el caso de Grecia es una herramienta futura en sus luchas locales por romper la Unión.

La salida de Grecia del euro, si se produce finalmente, tendrá consecuencias previstas y otras quizá más extrañas. En estos días se ha enfocado el problema desde otra dimensión, la de la OTAN. Ha salido el dato de que Grecia tiene un presupuesto militar del 2%, casi el doble de lo que tiene España. La intervención del secretario de la Alianza Atlántica y la preocupación mostrada por el presidente Obama respecto a la situación en Grecia no es casual. Tampoco que se vuelva a resaltar la buena sintonía de Tsipras con Putin. Quizá haya que recordar las ofertas de Putin de aliviar la deuda de Grecia que se recibieron al principio de su mandato. Una Grecia fuera del Euro y de la Unión, con lazos demasiado unidos con Rusia —la excusa es que son ortodoxos, decía hace poco un medio— solo interesa a la propia Rusia, que debilitaría una zona de control del Mediterráneo y Oriente Medio, además de sembrar la discordia.


La cuestión está en que la percepción de "lo europeo" se va debilitando gracias a la erosión de la crisis económica general, los errores de cálculo y los ataques de los eurofobos y la dejadez de los "eurotibios". Lo que ocurra hoy con el referéndum en Grecia es importante para la historia de Europa y para su futuro. No tanto por el hecho en sí, sino por las consecuencias en la percepción de la Unión por parte de los miembros.
Las afirmaciones que se escuchan en boca de muchos políticos que juegan a la eurofobia son preocupantes. Las hay que afirman que se trata de un "golpe de estado", que se trata de "acabar con la democracia" en Grecia, que se trata "humillar" a los griegos, etc. Todo esto es de una irresponsabilidad absoluta y no hace más que ahondar en esta forma de política que todos acaban practicando, la emocional, que no nos llevará nunca por buen camino.


Tsipras se hizo con el poder a fuerza de esa emocionalidad y de acusar a los gobiernos anteriores de estar vendidos a Europa. Los convirtió en títeres de una Alemania a la que se representaba como si Hitler estuviera en el poder, reduciendo el mundo a una caricatura maniquea en donde él y su equipo eran una nueva versión triunfadora de "300". Con ganar sus elecciones ya estaba todo solucionado. Se ha visto que no es así. La demagogia hace ganar elecciones, pero no resolver problemas. Tsipras no ha resuelto ninguno. De hecho, ha creado algunos más. Y ha querido trasladarlos a Europa para satisfacción de muchos. Entre otros de su socio de gobierno ultranacionalista.
Es evidente que Europa en su conjunto se ha equivocado de muchas maneras. Pero también es evidente que los males de Grecia no vienen de Europa sino de su propia incapacidad de resolver los suyos. Creo que los deseos de los europeos en su conjunto están con que el pueblo griego —como cualquier otro— sufra lo menos posible una situación difícil como la que llevan tiempo pasando. Pero la solidaridad tiene muchos caminos y algunos límites.
Si en Grecia sale gana el "no", las posibilidades son varias que no dependerán solo del pueblo griego, sino de lo que diga el resto de Europa. Si sale el "sí", a Tsipras solo le queda dimitir y convocar nuevas elecciones. Hasta ahora solo el ministro de Economía ha mencionado la posibilidad. El referéndum no resuelve nada, solo supone elegir el tipo de problemas que Grecia intentará resolver.






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