lunes, 13 de julio de 2015

El puño y la cámara

Joaquín  Mª Aguirre (UCM)
Con el titular "Los liberales de Marruecos plantan cara a la regresión religiosa", el diario El País nos informa de la manifestación organizada en favor de dos mujeres, producida en Rabat el 6 de julio:

Varios de los principales medios francohablantes de Marruecos, como el semanario TelQuel y el diario Libération, han llamado a sus lectores a firmar una carta en defensa de las libertades individuales, que ven seriamente amenazadas. Los firmantes aseguran que la sociedad padece una “explotación de los sentimientos religiosos”, un “clima inquietante y malsano” “mantenido por el Gobierno” con el fin de “instaurar un orden moral rígido y hostil hacia las libertades individuales”. Y exigen mano firme contra los actos de violencia. El detonante ha sido la detención de dos mujeres el pasado 14 de junio a las que una horda de justicieros intentaron linchar en el zoco de Inezgane (120.000 habitantes, a 13 kilómetros de la ciudad turística de Agadir) por considerar que vestían de forma indecente.
Hasta el momento, solo ha trascendido que llevaban faldas, algo que en Inezgane solo suelen lucir las turistas. En cualquier caso, las dos mujeres, de 19 y 23 años, tuvieron que llamar a la policía para que no las linchasen. Los agentes impidieron la agresión física, pero en lugar de detener a los acosadores, las condujeron a comisaría, donde pasaron toda la noche. Al día siguiente, el fiscal levantó cargos contra ellas por atentar contra las buenas costumbres.*


La información nos trae lo ocurrido ese 14 de junio, cuyas imágenes en un vídeo** anterior recogido por el periódico no dejan lugar a duda sobre la brutalidad ejercida contra las mujeres. El vídeo nos muestra cómo son golpeadas, se les impide subir a un coche y son pisoteadas por grupos de hombres jóvenes. Hay verdadera saña. No es un vídeo de denuncia, sino un vídeo ejemplar. Por hacernos una idea, es lo más parecido a lo que hace el Estado Islámico con las torturas y ejecuciones de sus víctimas: las muestra como advertencia de lo que puede ocurrir a los demás. El puño golpea, la cámara registra.
Me trajo a la mente el caso de Farkhunda, la joven linchada, quemada y arrojado su cuerpo carbonizado y desmembrado a un basurero por los piadosos defensores de la moral en Afganistán. El pecado real de Farkhunda fue hacer ven a un vendedor de amuletos que estaba engañando a los feligreses, el falso haber quemado páginas del Corán. El "pecado" de estas dos mujeres, ir con un vestido. La violencia contra ellas es repulsiva y cobarde, asquea ver a esos jóvenes —son jóvenes, el futuro— golpeando así a una mujer indefensa. Es su idea de lo justo y lo piadoso.


No hay mucha diferencia entre lo ocurrido en Marruecos y lo ocurrido en Afganistán y en otros lugares. Los juristas dirán que en un caso se acabó con la vida de la mujer y en el otro "solo" fueron golpeadas, pisoteadas, insultadas y encerradas. Pero no hay diferencia porque el ánimo es el mismo. En Afganistán se manifiestan ahora —como tuvimos ocasión de comentar— contra las rebajas de las penas a los condenados por el asesinato. Matar mujeres sale barato; apalearlas, gratis.
El vídeo doméstico nos muestra, como ocurría en Afganistán, una amalgama de puños golpeando y de manos sosteniendo móviles con los que grabar las imágenes. El puño y el móvil están jugando un papel esencial en esta otra forma de violencia, la visual, cuya finalidad, igual que los golpes es herir. Si los golpes caen sobre los cuerpos, las imágenes caen sobre sus familias primero, llevándolas a la vergüenza, y sobre las que quieran imitarlas después. Es testimonio y aviso. Nadie se esconde; solo hacen justicia tratando de restaurar el orden perfecto.

El diario El Mundo realizo un reportaje con el título "Los guionistas del IS"*** abordando la cuestión de cómo los vídeos que realizan están perfectamente planificados para lograr un efecto determinado sobre sus audiencias segmentadas. Saben a quién asustar y a quién atraer.
Los vídeos como el de Marruecos, al igual que el de Afganistán, tienen una función distinta. Son una prolongación machista de la cobardía hasta extenderla a la sociedad que se vuelve cómplice. La exhibición de la violencia contra la mujer, frente a otros tipos de violencia que se ocultan, tiene un fundamento de socialización, busca aunar voluntades bajo el control de los conservadores religiosos. Por decirlo así: es un sermón en imágenes.
La lucha de las mujeres y de muchos hombres en Marruecos y en otros muchos lugares es una lucha contra leyes y costumbres, a diferencia de lo que pasa en otros espacios culturales. Las costumbres más retrógradas buscan ser respaldadas por las leyes o dejarlas ineficaces. Lo que la sociedad pudo avanzar en países como Marruecos, Argelia o Egipto, Afganistán mismo, se ha perdido por el avance del islamismo. No hay islamismo moderado; solo lo hay lento.
El islamismo es lo que evita y ha evitado que el islam evolucione hacia posturas más abiertas, menos intransigentes. Lo ha hecho acallando las voces de las reformas, expulsando o linchando a los intelectuales progresistas que lo han intentado. La base de su existencia es el control social y la dureza brutal y legitimada contra quien se desvía o lo cuestiona. Ha sido así desde el principio. Cualquier intento de liberalizar la sociedad se ve como una agresión contra la identidad común, de la que nadie puede escapar. No existe individualidad; solo sumisión.


Las dos mujeres que decidieron vestir de otra forma son un peligro para ellos. Lo son porque son mujeres y su distinción es signo de que han vencido una primera barrera que es la de la familia. La comunidad, la segunda barrera, está para evitar que sigan su camino de voluntad propia y cumple lo que la familia no supo. Sobre ellos cae la vergüenza pública, por eso nos dice El País, se dieron los nombres en los medios.
El vídeo no muestra una agresión cobarde, sino un acto de "justicia" comunitaria, donde reside la soberanía religiosa, en la comunidad. Son juzgadas y castigadas. Esa es la mentalidad que se extiende de forma brutal. En unos lugares serán quemadas, lapidadas o golpeadas o detenidas. El islamismo es regresivo: no avanza. Cuando se habla de países con islamistas moderados, no es más que un subterfugio para ocultar la realidad de los recortes de libertades. Algunos los prefieren como un mal menor, pero eso no libra del sufrimiento a quienes los padecen en cualquiera de sus versiones.


En Egipto, la llegada de los islamistas al poder supuso un claro recorte de libertades especialmente de las mujeres. Ellos no lo ven como "libertades", sino como desvíos de la "verdad" que es necesario restaurar. Como decían los del Estado Islámico, cuando todo el mundo viva acorde a la ley islámica, no será necesaria la violencia. Entonces, existirá la perfección. Es lo que dicen siempre totalitarios y fundamentalistas.
La mujer es siempre el obstáculo y sobre quien se vierte la violencia, porque toda acción individual es una fuga y una afrenta al poder religioso masculino, que es quien justifica la violencia dirigida contra ella, contra su rebeldía natural. La mujer es culpable hasta de su agresiones.
Las personas que buscan sus espacios de libertad deben tener más apoyo del que tienen habitualmente. No se debe mirar hacia otro lado, considerándolo "costumbres". Son los actos que sancionan el intento de decidir por uno mismo, que es el gran pecado, el del orgullo, el de la desobediencia. La mano del hombre es la mano de Dios.
Lo que están consiguiendo los islamistas es que las personas más valiosas salgan de sus países para poder intentar vivir acorde con sus deseos e ideas. No están nunca tranquilos porque la miopía de nuestros gobiernos acaba permitiendo que sean encontradas y obligadas a vivir acorde con las normas impuestas. No hay libertad; solo huida momentánea.

Cualquier miembro de la comunidad puede ser juez y verdugo. Ellos regresan a casa a lavarse las manos de la sangre de la mujer impura, satisfechos de haber cumplido con sus obligaciones para el buen funcionamiento de la sociedad.
Mientras tanto un puñado de personas, nos cuenta El País, doscientas, salen a dar la cara por la comunidad entera. Salen a decir que no está bien patear mujeres por cómo vayan vestidas, que no está bien condenarlas por ello. Estas personas viven en su tiempo, pero en medio de una burbuja retrógrada, anacrónica que lucha por extenderse como forma de proteger su sinrazón. Hay niñas sosteniendo la pancarta junto a sus madres. Esperemos que puedan salir a las calles sin miedo a ser golpeadas y arrastradas por las calles y sus imágenes expuestas en las redes sociales para ejemplo de las que se vean tentadas.



* "Los liberales de Marruecos plantan cara a la regresión religiosa" El País 12/07/2015 http://internacional.elpais.com/internacional/2015/07/12/actualidad/1436705009_225123.html
** "El peligro de ser vistas como “indecentes” por la calle" El País 1/07/2015 http://elpais.com/elpais/2015/06/29/opinion/1435576199_939860.html?rel=rosEP
*** "Los guionistas del IS" El Mundo 12707/2015 http://www.elmundo.es/cronica/2015/07/12/55a0d86be2704e97688b4574.html





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