martes, 21 de julio de 2015

Egipto y el horizonte de la mutilación genital femenina

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario Egypt Independent aborda una de las cuestiones soterradas en la vida egipcia: la mutilación genital femenina, la ablación. Las cifras son realmente escandalosas y muestran uno de los elementos de vertebración de la sociedad, el control sobre las mujeres, del que la mutilación es un reflejo claro. Como toda práctica, tiene un sentido, es un enunciado que dice algo sobre la sociedad que la realiza y la posición de los intervinientes, activos y pasivos.
El periódico titula en forma interrogativa, "Will Female Genital mutilation end in Egypt in 15 years?"*, algo que me parece significativo ante las dimensiones del "problema". Entrecomillo la palabra porque evidentemente su percepción como tal depende de cómo se valore la situación. Una práctica realizada por una inmensa mayoría de la sociedad, solo en términos periféricos puede ser considerada como tal problema. La cuestión, por tanto, afecta a las resistencias mentales más que a otra cosa. A diferencia de las enfermedades, que aunque puedan tener un componente social en la distribución, contagio,  higiene, etc., erradicarlas supone luchar con unas armas específicas, una práctica social como esta requiere que la sociedad misma cambie en lo profundo, algo que no parece realizarse a la velocidad adecuada.


En el artículo se citan algunos estudios y datos recientes, pero su publicación se hace eco principalmente de la aparición ayer en Open Democracy de uno de Amel Fahmy, la cofundadora de la iniciativa cívica HarassMap, dedicada a la lucha contra el acoso sexual en Egipto, y directora de Tadwein, un centro de estudios de género. El título del artículo de Fahmy se corresponde con la pregunta recogida por Egypt Independent: "Can we really eliminate FGM in Egypt by 2030?". Las dos preguntas son complementarias, si bien con matices interesantes: mientras que el periódico lo hace de una forma impersonal, como si la mutilación debiera acabar por sí misma, Fahmy es directa y se centra en ese "we" en el que queda inserta la sociedad egipcia en su conjunto.
En cuanto a los resultados de la lucha anterior, escribe Fahmy en Open Democracy:

In 2014, the EDHS data reported the prevalence of FGM among ever-married women between the ages 15-45 to be 92.3% with a drop of 4.7% over the past 20 years. The percentage of daughters aged 0-19 reported by their mother to be currently circumcised was 21.4% in 2014, dropping 6% over a period of ten years. Furthermore, 34.9 % of mothers intended to circumcise their girls in the future; dropping only 2.7% over a period of 20 years. The 2014 SYPE reported that 77.9% of youth between the ages of 15-29 reported themselves to be circumcised, dropping 7% over a period of five years.  An alarming finding in the 2014 SYPE was that 70.7% of young female and 68.6 % of young male respondents intended to circumcise their future daughter(s).**


El cambio es lentísimo en algo que debería ser más evidente desde la mera información. Esta lentitud ya no es debida simplemente a la falta de información, como se suele señalar en ocasiones, sino a una resistencia activa.
Enfocar la mutilación femenina como si se tratara de una "enfermedad", algo que se combate con información y vacunas, no hace sino ocultar la verdadera raíz del problema: unas creencias que sostienen una forma de poder sobre las mujeres. La práctica de la mutilación no decae como debiera porque forma parte de la vida social porque significa algo para quienes la realizan. En breve: porque supone un beneficio para alguien.
¿En qué términos se produce este beneficio? En diferentes formas visibles y en una profunda, que es el poder mismo sobre el otro, en este caso, la otra. La mutilación genital es un acto de deformación de la naturalidad, el recorte de una mal que se centra en una visión sexualizada de la mujer.
Señala Fahmy:

Most of the programs on FGM during the past 12 years have been led by the government, and with two main messages: FGM is not part of the Islamic or Christian religious teachings; and FGM has negative health consequences. Most of these programs avoid addressing the issue from the perspective of women’s sexual rights and freedoms. Yet, without a full exploration of the relationship between sexual norms and FGM in Egypt, it will be difficult—if not impossible—to totally eliminate the practice. Female genital mutilation is a form of violence against women. It is used to exercise control over women’s bodies and maintain the current patriarchal system. The reasons for the continuation of FGM might be interpreted as cultural, social or even religious but, at the core of the matter, it is fundamentally an issue of control. Women’s sexuality is perceived as something that needs to be guided and restrained for the sake of society, and the belief in this practice is so entrenched, that even criminalizing it doesn’t seem to be a deterrent to future generations.**

En efecto, el núcleo de la cuestión, su centro milenario, es el control de las mujeres, cuya visión peligrosa se sigue manteniendo en el eje patriarcal de la sociedad. Las apelaciones a la tradición o a la religión, juntas o por separado, no son más que formas de justificación de la práctica que mantiene vertebrada a la sociedad. En las proporciones de las que estamos hablando, la mujer que no ha sido mutilada es una mujer estigmatizada, una mujer que no puede ser presentada a la comunidad porque forma parte de una minoría peligrosa. Tendría que encontrar una familia con la que emparentar en la que su integridad no fuera considerada como un rasgo peligroso y desafiante.


La interpretación señalada por Amel Fahmy es la que justifica el control patriarcal de la mujer para evitar la destrucción del orden social, que se centra en la sexualidad controlada frente a la lascivia innata de la mujer. Una mujer de sexualidad exacerbada en un peligro constante para lo que el orden masculino necesita garantizar: la autenticidad del sucesor. Cuando el patriarcado se generó no existían las pruebas de ADN, por decirlo así. La garantía era encerrar a la mujer y someterla a observación constante, taparla, para evitar que fuera motivo de atracción. Todavía hoy escuchamos el "'¡cómo se parece a su padre!", dicho con orgullo y satisfacción, residuo de esa preocupación por los parecidos, garantía visual de la paternidad.

La mentalidad patriarcal sigue en lo más profundo. No es casual que Fahmy sea cofundadora del HarassMap. El acoso y la mutilación son formas de violencia contra las mujeres. La creencia en que las sociedades rechazan la violencia es una ingenuidad. Lo que hacen es canalizarla hacia formas aceptables por las comunidades, que son percibidas como "normalidad", mientras que externamente se revelan como lo que son: violencia institucionalizada.
Se queja Amel Fahmy con razón de que las estrategias que se recomiendan en otros países, han fallado en Egipto, siendo mucho menos eficaces. Y señala algo importante:

In the beginning, most of these activities addressed FGM from a health perspective rather than a rights perspective. This resulted in a medicalization of the practice, but not a decrease in its prevalence. Currently, medical doctors perform more than 70% of FGM cases in Egypt (despite it being illegal).**


El dato es importante y lo hemos señalado en ocasiones porque introduce también elementos políticos. Llevar la cuestión al terreno de los derechos es instituirlo en el centro de lo político antes que en la cuestión de la salud. La excusa de los médicos egipcios —con una importante penetración sindical de los islamistas— era que si no lo hacían ellos, se haría en malas condiciones higiénicas, por lo que sería más peligroso. Mediante este subterfugio quedaban eximidos de luchar contra una cuestión que nada tiene que ver con la salud y cuya forma más sana es no mutilar. Se entremezclan aquí, para deleite de un foucaultiano, las prácticas médicas con el control social. La mujer viene con una enfermedad de nacimiento, que la mutilación necesita corregir para asegurarse de su bien, del de su familia y de la sociedad en su conjunto.
Todo adquiere justificación en un orden tradicional y religioso, en donde se han integrado. Lejos de rechazarlas, por el contrario, han encontrado refuerzo. De ahí que las campañas para hacer ver su distanciamiento de causas religiosas se perciban como campañas contra la religión misma y se reafirmen.


El papel de los hombres es esencial y es señalado por la investigadora y activista de los derechos de las mujeres:

Although many studies point at women as the main decision makers when it comes to FGM, the few studies that investigated the role of men found that men’s perceptions of their roles within the family are strongly linked to the continuance of FGM. A study conducted in 2010 in Egypt revealed that men stressed the concept of “quama” in Arabic, which can be translated as “responsibility”, “superiority” and “protection”. Men feel responsible for protecting their daughters and wives, and FGM is seen as an important aid in this role. The majority of men interviewed in this study believed that uncut women are “oversexed” and sexually demanding, which they believe can lead to extra-marital relationships.**

La "responsabilidad" (quama) es la forma de justificación que sirve para el mantenimiento del orden. Si deja de ejercerse, el caos llega a la mujer, familia y sociedad. La mujer enloquece, destruye a su familia mediante el desprestigio, el adulterio y los bastardos. La sociedad, finalmente, se sume en el desorden destructivo. Es la responsabilidad del hombre que esto no ocurra. El argumento masculino de la "protección" debe verse desde la "agresión masculina", ya que solo es el hombre el que puede agredir a la mujer. La excusa es entonces que es la mujer quien busca y provoca al hombre, que se ve tentado. La mutilación genital no afecta al placer del hombre, pero si ataca y degrada el de la mujer, que es la única fuente de peligro social.


Por eso la conclusión de Amel Fahmy es clara, pero no puede ser demasiado esperanzada. Las perspectivas de que los hombres renuncien a ese poder sobre las mujeres son pocas. De ahí la fórmula interrogativa de los titulares de uno y otro artículo. El origen el mal no está en una cuestión de salud, sino en una cuestión de derechos, es decir, mientras que las sociedades no avancen y sean más conscientes y respetuosas con los derechos de los demás, lo que se conseguirá es muy poco. La verdadera revolución es la femenina, algo que afecta más allá del orden político. En Egipto la mutilación está prohibida legalmente hace mucho tiempo, pero esto no significa nada más que hay que esforzase un poco más en las justificaciones.

Recordamos aquí que el primer caso que se ha producido en Egipto de llevar a los tribunales al padre y al médico que le practicó la mutilación a una niña causándole la muerte —primer y único caso hasta el momento— se resolvió liberando de cargos mediante un acuerdo de indemnización que evitó que ambos fueran a la cárcel. Fue un acuerdo entre hombres: el padre, el médico... y los jueces. Un gran escándalo con el beneplácito de la ley, la costumbre y las autoridades. Todos quedaron contentos, menos la hija en su tumba. El caso, ocurrido en 2013 y juzgado al año siguiente, lo comentamos aquí en su momento (La segunda muerte de la niña Sohair) y recibió la condena de Naciones Unidas por lo que implicaba.
El problema, se señala, si afecta al poder masculino y al control social, es profundamente político en un nivel primario. Por eso la activista de los derechos concluye así su análisis:

Programs and community interventions need to work on breaking this perception and changing the strong association between norms of masculinity, power, sexual control and FGM. In this regard, men must be a primary target group in any activities undertaken. Even though women may support FGM, it is really the opinion of men and their position of power that perpetuate it. Younger generations of men will repeat what their fathers have done, unless the root of this issue is addressed in advocacy programs. Until the problem is approached from this angle, we will never see the end of this damaging practice.**

Egipto debe preguntarse por qué tienen un problema gravísimo con el acoso sexual y la violencia contra las mujeres en sus calles y considerar que forma parte del mismo caso de las escandalosas cifras de la mutilación femenina y de los pobres resultados para erradicarlo. Sin duda, todo está unido y forma parte de un mismo problema. Lo más preocupante —esto lo señalan los dos artículos— es esa parte de la juventud que manifiesta su deseo de continuar la práctica de la mutilación genital en sus hijas.


Es la misma preocupación que deberían tener por la radicalización juvenil, que conlleva una definición implícita de la mujer como un peligro que deben, desde su responsabilidad, controlar. Mientras esto no cambie —no van a cambiar los que se benefician de ello en cualquier sentido—, será difícil que otras cosas cambien. El horizonte planteado de 2030 les parece inalcanzable a aquellos que viven el problema desde dentro de la sociedad en que se integra como parte de su propia identidad. Es más fácil acabar con las enfermedades que con las costumbres.
Mi solidaridad y respeto por los que luchan por ayudar a personas que mayoritariamente no se dejan ayudar. Que la incomprensión y el desánimo no calen en ellos.



* "Will Female Genital mutilation end in Egypt in 15 years?" Egypt Independent 20/07/2015 http://www.egyptindependent.com//news/will-female-genital-mutilation-end-egypt-15-years

** "Can we really eliminate FGM in Egypt by 2030?" Open Democracy 20/07/2015 https://opendemocracy.net/openglobalrights/amel-fahmy/can-we-really-eliminate-fgm-in-egypt-by-2030




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