sábado, 25 de julio de 2015

Dos artículos o el verdadero campo de batalla de las "civilizaciones"

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El día 24, Le Figaro publicaba un artículo del director del suplemento Figaro Histoire, Michel De Jaeghere, con el título "Manuel Valls, Lévi-Strauss et la guerre de civilisation" en que escritor daba vueltas sobre las declaraciones del primer ministro francés, Manuel Valls, tras el atentado en el que el terrorista asesino se había hecho un selfie con su ex jefe decapitado. Las palabras de Valls, con las que se inicia el texto, fueron: «Nous ne pouvons pas perdre cette guerre, parce que c'est au fond une guerre de civilisation.»*
La expresión "civilizaciones" le sirve al articulista para dudar inicialmente sobre si el socialista Valls se ha pasado al vocabulario de la "derecha" y trata de encontrarle, tras las matizaciones del propio autor al día siguiente, un sentido en el que no se trata de enfrentar a dos civilizaciones, sino una idea general de "civilización" opuesta a otra de "barbarie". Señala el articulista:

Les civilisations ont, à gauche, mauvaise presse depuis que Samuel Huntington a prophétisé en 1996 que, succédant aux nationalismes du XIXe siècle et aux idéologies mortifères qui ont ensanglanté le XXe, elles seront au cœur des grands affrontements qui pulvériseront, demain, l'utopie d'une fin (pacifique) de l'Histoire. Pis encore: l'expression renvoyait à la «croisade» par laquelle George W. Bush avait riposté aux attentats du 11 septembre 2001 par une déclaration de guerre au terrorisme qui semblait considérer l'ensemble du monde musulman comme un bloc et le désigner comme un adversaire potentiel de l'Occident. Guerre perdue d'avance contre 1,6 milliard de croyants. Et stigmatisation qui se révélerait à haut risque dans un pays (le nôtre) remodelé par quarante ans d'immigration, et qui compte désormais plusieurs millions de musulmans sur son sol.*


La idea de una "guerra de civilizaciones" es algo sobre lo que se puede discutir en el negro sobre blanco del papel, pero que carece de sentido en la realidad, en la que pesan muchas otras circunstancias. Si pudiéramos entrar en la mente del decapitador, probablemente encontráramos allí una idea muy sólida y clara sobre la "guerra" en la que estaba participando. Si pudiéramos haber entrado en la de la víctima es probable que la idea fuera muy distinta o inexistente.
Lo que debatamos sobre el papel tiene muy poco sentido ante un fenómeno de una complejidad única en la historia, pues jamás había habido una mezcla humana tan grande como la existente ni habían existido los medios de interacción entre los distantes, como de los que disponemos hoy. Hay conflicto en la proximidad y también en la distancia en un mundo que ha encogido hasta hacerse casi claustrofóbico.
La idea de distancia ha desaparecido en el sentido de la instauración de una especie de copresencia global. Las cosas ya no suceden allí y aquí, sino que elegimos cuáles nos afectan y cuáles ignoramos en un proceso constante de selección. Hay una proximidad física y una proximidad emocional.


La idea de dos "civilizaciones" separadas colisionando como si fuera "La guerra de los mundos", de H.G. Wells, es absurda en sí misma pero puede convertirse en una forma de creencia si así queremos representárnosla. Hay a quien le interesa hacerla realidad más allá de los libros y artículos.
La verdadera lucha no es entre "civilizaciones" sino en el interior de las propias "culturas". Esta lucha es fruto de un movimiento de aceleración de los cambios debida a las interacciones constantes y a la resistencia a esos mismos cambios. El conflicto, como ha mostrado la Primavera árabe con sus luces y sombras, es producido por la resistencia al cambio en un momento en el que no es posible aislar a las sociedades para mantenerlas bajo control. Otro mundo existe fuera de ellas y no puede ser ignorado.
La radicalización a la que asistimos no es una muestra de fuerza sino, por el contrario, una muestra de debilidad de las estructuras que han funcionado hasta el momento para mantener el control social. Algunos perciben que si se va más allá históricamente, se producirá una disolución. Por eso los fundamentalismos islámicos tras todos los grupos son profundamente involutivos y acusan a los modernistas y adaptadores a los nuevos tiempos de herejía, de abandonar los supuestos "fundamentales".


Mientras que en Occidente la idea de progreso nos dirige hacia el futuro, en el mundo del fundamentalismo islámico, el progreso les saca de la Historia y es necesario desandar el camino para evitar el desastre. No hay ningún movimiento islamista que proponga más libertades o modernizaciones. Solo el regreso medievalista hasta los orígenes. Por eso ese odio profundo a lo que implique cambio. Su "cambio" es "regreso". Sus ideales están en el pasado, ya sea por las glorias de las conquistas o por la santidad de la vida. Ellos son los "puros", los que no se dejan desviar del camino. Ese retorno a la "pureza" tendrá un premio: la reconquista de lo perdido y la ganancia de la totalidad.

Para que haya una real "lucha de civilizaciones", el fundamentalismo tendría que ganar su batalla en casa. Es allí donde se decide todo. Y esa batalla es realmente cultural, pues no se deben repetir los errores coloniales ni la hipocresía poscolonial. Seguimos prefiriendo tratar con dictadores que reprimen y no transforman a sus pueblos, antes que abogar por una verdadera transformación moderna esos países.
Curiosamente, con todas nuestras tecnologías y estudios sobre la comunicación, esta se está usando para ganar una batalla por las mentes frustradas, a las que llegan sin dificultad gracias a nuestra ingenuidad.
Las élites que han controlado el mundo árabe se han reservado los privilegios mayoritarios y se han ido distanciando de sus propios pueblos, a los que solo han apelado de forma interesada. Hoy existen voces que han quedado aisladas en el desierto de la intransigencia; no ha tenido ni eco ni ayuda. No solo no han sido escuchadas, sino que han aprendido a recelar de un Occidente que no se involucra realmente más que a través de un beneficio económico, que no tiene problemas en declararse amigo de explotadores, tiranos y mentes retrógradas si le viene bien a sus intereses.


Tras hacer un recorrido por Roma y el mundo clásico, los valores republicanos, etc., el artículo de Le Figaro se decanta finalmente por el "espíritu":

Parce qu'ils estimaient qu'une telle formation était seule susceptible de nourrir leurs âmes par l'exemple magnifié des héros fondateurs comme par le spectacle des défaillances et des trahisons qui leur avaient fait cortège ; d'aiguiser leur discernement par l'initiation aux conflits de devoirs et aux cas de conscience qui forment la trame de l'existence ; de les habituer à reconnaître l'ordre naturel du monde derrière le désordre des apparences, et à orienter leur vie vers la recherche du Vrai, du Beau et du Bien.
Ces disciplines ont un beau nom: celui d'Humanités. Elles sont, depuis cinquante ans, considérées chez nous comme inutiles, et vouées à devenir, peu ou prou, matières à option dans un système éducatif orienté par la volonté de répondre chaque jour un peu plus aux nécessités d'une professionnalisation technicienne, aux présupposés d'un individualisme peu soucieux d'imposer des limites à la tyrannie des désirs instables, non plus que de proposer à la liberté souveraine des exemples de comportement. Elles ne visent, de fait, qu'à former des hommes dignes de ce nom. On peut, sans elles, gagner des guerres contre toutes sortes d'adversaires. On ne peut faire triompher la civilisation dont elles sont constitutives, puisque leur propos même est de dominer le fond de barbarie qui demeure tapi en chacun d'entre nous.*


El recorrido del artículo es sorprendente. Comienza con las dudas sobre la "lucha de civilizaciones", como la haya podido entender Valls, y acaba con un texto digno del fiscal que condenó por inmoral Las flores del mal baudelerianas. Es de una ingenuidad pasmosa.
Le preocupa más la corrección de las palabras que la realidad misma, cuyo análisis no se plantea. Por mucha lucubración que hagamos sobre si existe o no una "guerra de civilizaciones", de lo que no existe duda alguna es de que existe una "guerra", aunque también podríamos llamarla de otra manera, claro. Y esa guerra existe en la mente de quien la declara contra todo aquel que se le opone. Da igual lo que creamos o especulemos sobre ello; lo importante es lo que el otro quiere. Es mentira aquello de que "dos no se pelean si uno no quiere".

El texto revela que la única preocupación es que se produzcan más casos como el de "lobo solitario" acogido en su clasicista Francia y que acabó decapitando a su jefe y haciéndose un selfie con el cadáver, desgraciado ejemplo de una mentalidad. Con todas mis simpatías para las Humanidades, pero la solución, en el mejor de los casos, solo afectaría a Francia. Y el problema de Francia es solo una parte del problema.
Mientras no se produzca una modernización amplia, más allá de las élites, en muchos países, el islamismo tendrá una voz dominante porque es quien les confirma que el progreso es el mal y la modernización el diablo; es quien les dice que la Ciencia miente y que todo está en el Libro, que no necesitan más. Es quien les señala quiénes son los herejes contra los que hay que dirigir la ira, las mujeres a las que hay que linchar si dudan de la autoridad masculina, y quiénes son los "faraones" a los que hay que derrocar. Son ellos los que dan las respuestas. Una respuesta no es una verdad; es algo que satisface unas expectativas, y las suyas son simples, aunque no las comprendamos desde nuestros parámetros.
Hace poco más de una semana, Egypt Independent publicó un artículo del doctor Khaled Montasser.  El médico y presentador de programas televisivos sobre salud dedicaba la primera mitad del artículo a las últimas informaciones dadas por los científicos sobre Plutón con los datos enviados por la sonda espacial. En la segunda parte del escrito señalaba:

This must have been shocking news to us and to our famous preacher Zaghloul al-Naggar, who used to explain to us the miraculous scientific aspects of the Quran in his weekly articles in Al-Ahram.
In one of his articles, Naggar talked about the verse in Surah Yusuf that reads: “I saw one of eleven stars and the Sun and the Moon prostrating themselves before me,” which he claimed to be a scientific fact that was discovered only in 2003.  
He then fabricated the number of planets in order to arrive at the total number of 11, saying that the number of planets was six in 1781, namely Mercury, Venus, Earth, Mars, Jupiter and Saturn. Then Uranus was discovered, bringing the total number to seven. Then the asteroid belt was discovered in 1801 between Mars and Jupiter, which was the result of a planet exploding in this place, bringing the total number to eight. And then in 1846 Neptune was discovered, followed by Pluto and Sedna, bringing  the total number to 11 in 2003.
This is how Naggar counted the number of planets, so as to contrive the business of Quranic miracles. And in order to rule out any possibility of discovering a twelfth planet, he said it would have to be 90 astronomical units away from the Sun, in which case it would not be affected by the Sun’s gravity and thus should not be considered a planet.
Naturally, the discovery of the 2,500 scientists in Prague turns Naggar’s talk into nonsense, because planets have been and will continue to be added to the Solar System, whether Naggar likes it or not.
This is the predicament that Naggar and others put us in, when they made a connection between the absolute religion, which knows answers, and science, which raises questions. Religion belongs to the realm of certainty, while science belongs to the realm of doubt. And there is no need to mix both of them, since this brings us to the trap of questioning religion.
The Quran is a book of guidance, not a book of biology, geology and astronomy. Its miraculous side lies is in its revolutionary ideas, which will prevail, and not in scientific theories that will change.
We defend the holiness of religion, but we also defend the liberation of science.**


Esta es la verdadera lucha que se está celebrando, no la de las civilizaciones sino la de las conciencias. Lo que hace aquí Montasser es enfrentarse en el mismo terreno, en un artículo de prensa, a quien sigue manteniendo el control de las mentes por las tergiversaciones que hace de los textos coránicos. Dejando en evidencia su juego, Montasser se convierte en un auténtico ejército, mucho más eficaz que otros muchos esfuerzos que se hace con despilfarro de dinero y vidas. La guerra es de ideas, aunque los muertos, sus víctimas, sean desgraciadamente reales.
El escrito de Montasser en una batalla en sí mismo. Se enfrenta a la manipulación y al sometimiento a la ignorancia. Los escritos en Al-Ahram, el periódico más importante de Egipto y del mundo árabe, del predicador Zaghloul al-Naggar buscan evitar que la ciencia se convierta en una alternativa al pensamiento religioso, que debe explicarlo todo para que nadie busque respuestas de ningún tipo fuera. Todo está ya dicho y lo dicho es verdad absoluta. La "religión" es la "ciencia".


Las Humanidades que son válidas para Francia, según el artículo de Le Figaro, necesitan de su propia versión en el mundo árabe. Necesitan que palabras como las de Khaled Montasser se repitan en cada periódico frente a los artículos ridículos y a las televisiones sonrojantes en las que se dicen las cosas más increíbles sin que nadie se atreva a contestarlas. Es el reino de la ignorancia orgullosa y del miedo. Por eso se persigue al que les desafía. Montasser lo hace a menudo. Es un ejemplo. Por decir cosas así, algunos tuvieron que salir al exilio porque sus honestos compatriotas les denunciaron por insultar a la religión, la forma en la que tradicionalmente se han frenado los intentos de cambios. Cada persona que se atreve a manifestar sus pensamientos sin temor a ser considerado un hereje es una victoria para todos, no solo para ellos sino para nosotros, Francia incluida. El título del artículo de Montasser es claro: "How they think and how we think makes all the difference". Es cómo pensemos lo que determina el resto.
Humanidades y Ciencia; valores y conocimiento. Ambas son recetas eficaces contra el desmoronamiento y la regresión constante, aquí y allí, hacia fórmulas irracionales y violentas. Si no se ponen en marcha, se corre el riesgo de que no haya con quién establecer diálogo alguno.


* "Manuel Valls, Lévi- Strauss et la guerre de civilisation" Le Figaro Michel De Jaeghere Le Figaro 24/07/2015 http://www.lefigaro.fr/vox/histoire/2015/07/24/31005-20150724ARTFIG00213-manuel-valls-levi-strauss-et-la-guerre-de-civilisation.php
** "How they think and how we think makes all the difference" Egypt Independent 18/07/2015 http://www.egyptindependent.com/opinion/how-they-think-and-how-we-think-makes-all-difference 



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