jueves, 11 de junio de 2015

El más allá de los pactos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
A estas alturas de la película, no sabemos bien quién ha ganado las elecciones o qué ha ganado cada uno. La atomización de las decisiones sobre las alcaldías hace que se apuren hasta el final las decisiones sobre el "poder", que en el fondo es lo que le interesa a la mayoría. O, mejor, que es para lo que se presentan. No sabemos todavía ni el quién ni el cómo —los pactos que han llevado a los cargos— de ayuntamientos y comunidades.
Pero esto no es una queja. Hemos llegado a la conclusión —muy española, si la envidia fuera tiña— de que lo malo son las mayorías absolutas. De ser cierto, no significa automáticamente que las minorías lo sean. De la misma forma, si el diálogo está muy bien, los pactos en cambio pueden ser indecentes, incluso obscenos. De lo que no hay duda es de que esto así es más complicado. Y lo es más allá de los pactos.
Estas elecciones están siendo muy raras porque se han juntado muchas cosas. Hay demasiado voto de castigo, es decir, votas a los que no votas nunca porque no estás de acuerdo con los que votas siempre; y también hay mucho cheque en blanco, es decir, has votado sin saber realmente qué harán porque nunca han hecho nada. La suma de estos dos factores es complicada pero se suman de alguna extraña manera. Aunque nos dicen siempre que no, sí es posible sumar peras y manzanas en algunas cuestiones. Esto se traduce en que tú das el voto para algo y los otros lo reciben con otras intenciones. Creo que hay mucha gente que, según los pactos, se sentirá que ha tirado el voto o que, por el contrario, le ha sacado un rendimiento inesperado.

De los discursos maximalistas de "castas" y "adanes" hemos pasado a los posibilistas y contextuales. Lo que era malo antes, ya no lo es tanto. Con aquellos para los que pedías guillotina y soga, incluso hoguera, te sientas a comer tratando de echar pelillos a la mar.
Lo malo es que muchos están descubriendo el juego al que estaban realmente jugando. Y no les gusta. Los partidos viejos, como se les llama ahora tratando de concentrarse en aspectos generacionales, tenían su pesada herencia de achaques. Los nuevos tienen también problemas, aunque sean hormonales y de acné. Pero el mayor peligro de estos últimos, los nuevos, es la autodesilusión. La mayoría llegó a la política por desilusión, es decir, porque ya no creían en los que antes creían. Desilusionarse de los demás está muy bien, pero cuando te empiezas a desilusionar de lo que has creado con toda ilusión, la cosa cambia.
Es tal el hartazgo de no ser tenidos en cuenta, aunque se pueda interpretar de muchas maneras y en ocasiones injustamente, que quizá se han puesto muchas esperanzas en lo nuevo cuyo sino, indefectiblemente, es convertirse en viejo. Ya han llegado las primeras discusiones (y desilusiones) y todavía no se ha constituido un solo ayuntamiento.


Los de Podemos se plantean ahora un interesante debate con "abrimos podemos" que es un debate algo más que asambleario. En el fondo lo que se está discutiendo aquí es la reorganización de la izquierda o de las izquierdas, si se prefiere. Desde que el PSOE abandonó el marxismo durante la ahora denostada "transición" (¡qué fácil es hablar a toro pasado!), las posibilidades de coexistencia o cohabitación entre socialdemócratas y marxistas ha estado en el fondo. El predominio del PSOE sobre lo que fue el PCE y después Izquierda Unida, les dejaba con un margen de tranquilidad grande. El PSOE es el partido que más tiempo ha gobernado en la España democrática. Eso es un hecho. Para cierta izquierda, ese gobierno ha sido una traición que se ha traducido en refriegas por la "O" de "obrero" o los cuartos de baño de Miguel Boyer o cualquier otro debate, cuyo sentido final era saber si Tony Blair tuvo razón o fue un traidor simpático.
La generación "nueva" viene con afán de poner sobre la mesa lo que consideran una defensa débil de los intereses de los ciudadanos. He entrecomillado el "nueva" porque observo una mezcla de jóvenes y de viejos jóvenes militantes de los setenta en estas repeticiones de la Transición a través de nuevas formas de lo que fueron los movimientos vecinales y asamblearios. Hoy se ataca al FMI cuando entonces estaba de moda hacerlo contra la Trilateral, también causa de todos los males.
El movimiento del que nos da cuenta El País, llamado "abrimos Podemos" no es más que la escenificación de ese movimiento que quedó aparcado en la historia y que ahora vuelve con fuerza gracias a la ley de la oportunidad: lo que puede ser, es. Para otros será una ley del oportunismo: lo que no haces tú, lo hace otro. Pero no es más que cuestión del color de los cristales. Señala en El País recogiendo el manifiesto que estos dirigentes o personas notables, para no ofender a ningún asambleario:

“Queda una cuestión pendiente para las próximas elecciones generales, y es la de si Podemos aspira simplemente a convertirse en un partido más, que contribuya al remiendo de un régimen en crisis, o si aprovechará la oportunidad histórica que se presenta para contribuir a una transformación democrática real”, señala el grupo, que pide “que la política esté a la altura de los tiempos y de las realidades sociales”.
Los dirigentes que han impulsado el manifiesto reclaman mayor apertura hacia fuera, pero también más participación y pluralismo hacia dentro. Así, los círculos deberían "recuperar su papel de espacios de debate y de decisión política presenciales". Consideran que, además, hay que avanzar en otras formas de participación mucho más amplias, como asambleas populares. "Podemos tiene que estar presente en la televisión y en las redes sociales, pero también tiene que pisar las calles", alertan. Entre sus propuestas de contenido, se encuentra la "renta básica universal e incondicional" —la medida estrella con la que se presentó Podemos a las europeas, y a la que renunció en su programa para las autonómicas— la auditoría ciudadana de la deuda financiera y un "proceso constituyente" que rompa "con un régimen oligárquico corrupto". En la búsqueda de esos objetivos, vuelven a alertar, Podemos "deberá evitar que se reproduzcan las prácticas de los partidos del mal gobierno, basado en las excusas de la urgencia, la excepción y una supuesta meritocracia".*


Esto es algo más que elegir alcaldes y concejales o la presidencia de las comunidades. Si se lee con detalle lo expuesto anteriormente por estos señores, decidido en sus círculos y asambleas, es algo más que un programa de actuación, es un cambio de juego y como tal debe ser entendido. Los que están pactando deben saber —creo que ya se han dado cuenta— que no están tratando con aficionados, con simples vecinos concienciados, sino con personas que encarnan el bien frente a todos los demás que encarnan todos los males de la Historia, en la mejor tradición apocalíptica.

En cierto sentido, el más perjudicado será el PSOE, que es realmente a por quién van, considerándolo responsable de la traición de la izquierda al pueblo, es decir de los que están en el "régimen oligárquico corrupto" que hay que cambiar. Han aprovechado la crisis económica, el descontrol político y la sordera de los partidos para lanzar la caballería. De seguir esto así y como consecuencia de ciertos pactos, acabará produciéndose un desagarro o escisión entre los tentados por esta aventura preconstitucional y los que no deseen retroceder a posturas maximalistas y se sientan ideológicamente cómodos en una socialdemocracia, en un centro izquierda. De los demás no hablo porque son irrecuperables y estarán en el infierno por toda la eternidad.
Cada vez es más evidente que la idea, como proponen los de "abrimos Podemos", es sumar fuerzas que permitan esas transformaciones, las pequeñas y las grandes. El experimento les va saliendo bien en cuanto a los votos necesarios, pero puede que esto cambie porque están haciendo ya que se recele. Las declaraciones de Ada Colau diciendo que solo aceptará las leyes que "le parezcan bien", en boca de la futura alcaldesa de una ciudad como Barcelona, habrá hecho a más de uno cuestionarse si el salto de salir a rastras de los encierros a entrar saludada por la guardia municipal no es demasiado como una parábola visual a lo Stanley Kubrick.
Lo que deben hacer en Podemos —por favor— es no considerarse el "pueblo", que somos todos. Pensar en términos de partidos —porque es lo que son, por más que les reviente— y una vez entrados en parlamentos, ayuntamientos, respetar las instituciones que, hoy por hoy, son las nuestras. Si lo que quieren poner sobre la mesa es otra cosa, que lo digan y entonces los debates se centrarán sobre esos puntos y la gente sabrá lo que estamos decidiendo y votando.


Hay que separar las instituciones de los que las gobiernan. En nuestro sistema, el que nos hemos dado históricamente, las instituciones permanecen y sus dirigentes cambian. Si quieren cambiar, como dice la futura alcaldesa de Madrid, el modelo territorial o de Estado, que nos lo propongan y decidiremos todos. Pero no se elige a los alcaldes para eso.
Ahora los pactos se han convertido en un arma de doble filo. Los necesitan y los temen. Podemos juega con blancas contra el PSOE. Si hay alcaldes del PP porque no les apoyan a ellos, se lo echarán en cara. Si pactan con ellos, se les meten en casa como se les metieron en Izquierda Unida, también divida entre los que quieren seguir siendo ellos con poco poder o disolverse en las nuevas corrientes para tocar cargos. Borrada del mapa Izquierda Unida, ahora le toca al PSOE. Pero también le toca a Podemos, vigilado desde dentro por aquellos que no quieren verse acusados de convertirse en "partidos", concepto maldito después de unos años de conductismo informativo.
Más allá de los pactos están los planes, algo que deberían explicarse mejor. Dicen ahora que no quieren ser un "partido" y que prefieren ser el "pueblo" porque así se siente uno más mesiánico. No es serio.



* "Un sector de Podemos critica la deriva hacia “un partido más”" El País  10/06/2015 http://politica.elpais.com/politica/2015/06/10/actualidad/1433964284_566358.html



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