miércoles, 13 de mayo de 2015

Valientes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La sangre derramada de Farkhunda sigue teniendo consecuencias en Afganistán. El brutal linchamiento de la joven por una multitud incitada a la venganza por la falsa acusación de haber quemado páginas del Corán ha despertado la conciencia de muchos y el temor de otros. Las mujeres que han salido a las calles a recordar a la mujer asesinada por la ira de los piadosos han pintado sus caras de rojo, tal como las fotos tomadas a la joven la mostraban. Su rostro ensangrentado se ha convertido en un signo de rebeldía en quienes la imitan en su denuncia del fanatismo. Ya es un símbolo y los símbolos se extienden y no es fácil pararlos.
Esto, evidentemente, no gusta a muchos que llevan mucho tiempo manejando el fanatismo a su antojo, presentándose como moderados frente a quienes les interesa y como radicales defensores de la tradición cuando atisban signos de que la sociedad pide cambios y ya no están dispuestos a que sigan manipulándolos o amenazándolos.
Hay mucha hipocresía entre los que se presentan como "moderados". Solo asistimos a un fariseo juego de poder. Los radicales les disputan el control de la sociedad y ellos aprovechan para convertirse en preferibles, pero en modo alguno se trata de una "apertura" sino solo una disputa interna por lo que siempre se ha luchado, por el control social. No hay nada como la brutalidad para hacerte brilla como opción moderada.


El diario Egypt Independent nos traía una noticia de Reuters (también en el contexto egipcio tiene una lectura interesante) sobre la situación afgana tras la muerte de Farkhunda y los movimientos sociales de rechazo que se están produciendo:

Powerful religious leaders in Afghanistan are growing uneasy about the challenge to their authority posed by rare civil rights protests in Kabul and widespread anger over the lynching of a young woman wrongly accused of burning a Koran.
The highest religious authority, the Ulema Council, exerts considerable influence in a country that remains deeply conservative despite significant changes since the hardline Islamist Taliban fell in 2001.
But a series of demonstrations in the capital Kabul promoting women's rights has prompted the clerics to threaten to withdraw support for President Ashraf Ghani in a challenge to his new government.
Some Ulema members say that Ghani, who took office in September, has failed to consult with them and seek their advice to the same extent that his predecessor, Hamid Karzai, did.
Numbering some 3,000 clerics and scholars, and headed by a 150-strong National Council, the Ulema can sway public opinion significantly through mosques across the country that are still the main source of Afghan social cohesion.*


La preocupación porque las mujeres puedan manifestarse por sus derechos preocupa a los que creen que esos derechos deben ser pocos y que existen límites que son infranqueables. Si pides poco, son moderados; si exiges mucho, son radicales. Son conceptos en clave interna, relativos, no en términos reales. Cuando, por ejemplo, en Egipto los "moderados" de Al-Azhar han sentido que la gente exigía más renovación, han autorizado a los salafistas, más "radicales" a predicar contra los enemigos. Es como ser pacifista en tiempo de paz y convertirse en belicista a las primeras de cambio.
Lo que ocurre en Afganistán tiene peor cariz. Las críticas obvias que surgen por el asesinato de Farkhunda y las circunstancias que se dieron, la apatía de la policía que lo consintió y las posteriores reacciones justificativas que obligaron a ceses de ministros y altos funcionarios, muestran que el sistema no quiere perder un poder que lleva siglos manejando.
Señala el diario:

During ensuing demonstrations, some people in the crowd shouted "Death to Mullahs" and "Death to the Koran", language most often used to denounce the United States.
Religious council leader Abdul Basir Haqqani recently told a gathering that the Ulema had been more insulted during Ghani's seven months in power than at any time in Afghanistan's history.
"These episodes have angered the mullahs (clerics) and I can see they are now drawing a line between this government and the former," said Borhan Osman, a researcher at the Afghanistan Analysts Network.
"They see the current government as evil, a foreign conspiracy that is allowing a struggle against Islam."*


Lo rutinario de las respuestas, siempre son conspiraciones internacionales contra el islam, demuestra la incapacidad de abrirse a cualquier renovación real y no en meras sonrisas cosméticas. Cualquier persona que piense de forma diferente es considerada un agente extranjero y un enemigo del pueblo. Y esto no lo están diciendo los radicales, sino los aparentemente moderados, pero cuya moderación no incluye libertad o derechos para los demás.
El agravio creciente que dicen sentir los ulemas, no es más que el resultado de su resistencia a los cambios, palabra que no entra en su diccionario mental. Por el contrario, ellos son los agentes anti evolutivos, la negación de la Historia a cuyo origen hay que regresar. La presión es sobre el nuevo gobierno que tiene un compromiso mayor (al menos alguno de sus miembros) con los derechos de las personas.
Las sociedades cambia, lentamente, pero cambian. Si se intenta evitar el cambio, aumentan las demandas y también las reacciones retrógradas que tratan de mantener la situación estable. Durante siglos, esos cambios ha sido controlados y cuando han avanzado algo, rápidamente se han producido retrocesos. Hoy estamos en un mundo distinto en el que es difícil mantener cerrado y aislado un país entero. El Estado Islámico lo intenta, como lo intentaron los talibanes. Pero la demanda de cambios se plantea constantemente intentado asentarlos socialmente, algo que no es fácil.

In recent months, a women's rights activist walked around Kabul in a body suit with large breasts and buttocks. In another demonstration, a group of men assembled in public wearing all-covering blue burqas worn by most women in Afghanistan.
"We ask the government to tell them (civil rights groups) to stop. Otherwise, we know how to stop them," Ulema Council member Enayatullah Baligh, an adviser to the president and university lecturer, told Reuters at his office.
"I have 7,000 supporters who will obey any orders I give them. I can turn Kabul city upside down."
Baligh blamed the government, which has been hobbled by internal power struggles, for failing to enforce laws that would require it to punish those who offended Islam.*


La amenaza es directa y no se molesta en ningún tipo de disimulo. La cuestión está en que son un poder "real", por lo que llevan sus amenazas a la práctica sin temor. De nuevo se plantea en qué término se produce una modernización real si los que tienen el poder lo tienen precisamente porque la evitan. Se produce así un círculo vicioso, disfrazado de virtud, en el que el virtuoso es el que se resiste al cambio porque es en la tradición en donde reside el bien. El blindaje, evidentemente, es el castigo de la blasfemia, mecanismo por el cual a cualquiera que se permita dudar se lanza contra él toda la artillería verbal y humana disponible, convertida en acción loable y responsable, como el linchamiento de Farkhunda. De esta forma, la autoridad se protege asegurando que mantenerla forma parte del orden natural de las cosas, es decir, que quien manda seguirá mandando y los demás serán felices en obedecer, auténtico éxito de la manipulación. El poder además solo se justifica si se mantiene el círculo, en el momento en el que alguien intenta una reforma real, se le retiran los apoyos y se lanza contra él la artillería piadosa.
El asesinato de Farkhunda ha sido horrendo porque ha revelado los mecanismos sobre los que se construye el poder. El vendedor de talismanes junto a la mezquita no quiere que le arruinen el negocio y usa la acusación de blasfemia para provocar una reacción piadosa para que linchen a la mujer y la arrojen como una basura. Pone al descubierto el funcionamiento del sistema en un solo acto. Igualmente, los que se derivan de él revelan el control del poder. El que se atreva a dudar o intente zafarse del control corre el riesgo de que se ponga en marcha una movilización en su contra hasta eliminarle, negándole la obediencia o poniéndolo en el punto de mira para que sea eliminado. ¿Quién va a soltar este engranaje?

Por supuesto, el sistema funciona mejor si la obediencia es ciega y no se hacen preguntas, algo que no está bien visto. El movimiento de los derechos y especialmente los de las mujeres en Afganistán es de gran importancia y muy activo ya que han experimentado cómo las negociaciones con los talibanes se resuelven siempre en la retirada de derechos para acercarse a ese paraíso que era el régimen talibán.
Cuando algunos hablan de tradiciones, no suelen preguntarse por cuál es el coste de "mantener" las tradiciones vigentes. También se olvida que estos países tuvieron un estatus anterior muy diferente al que viven ahora, resultado del retroceso social y democrático, de convivencia que han supuesto los movimientos islamistas que nunca han avanzado hacia una sociedad en la que las personas pudieran convivir y que cada cual viviera su fe como un elemento esencialmente personal, tanto el religioso como el que no lo es, sino que por el contrario han tratado de eliminar cualquier atisbo de conducta o pensamiento que pudiera implicar un debilitamiento de la unidad férrea que se pretende. Los moderados nunca serán creíbles hasta que su moderación no implique dejar de perseguir a los que quieren pensar o vivir de otra forma.


En Egypt Independent de ayer se recogía la narración y el clip de vídeo de la defensa que la actriz Mona Hala ha hecho públicamente de la diversidad en todos los terrenos, de género, religión o sexualidad. Lo ha hecho con toda naturalidad y sin perder la sonrisa. Le han preguntado y ha dicho que no entiende por qué tiene que ser asunto de nadie, que ni debería constar en el documento de identidad, una antigua aspiración de la revolución del 25 de enero.

"I am opposed to discrimination against any human being, whether on the basis of skin color, religion, gender or sexual orientation. Anything," Hala added.
Hala also spoke out against the recent ruling by an Egyptian court, giving precedent to deport foreigners for being gay. "Let's say someone has homosexual relations in his country and wants to come to Egypt to see the antiquities and so on. What right do you have to prevent him from doing so? I don't get it," she said.
The statement from a celebrity is a rare show of public support for Egypt's homosexual community, which has been under tough crackdown since the installation of the military-backed government of President Abdel Fattah al-Sisi. Political analysts say the persecution of gays in Egypt by the Sisi government is a move to win over Muslim conservatives who could doubt the new president's committment to traditional family values.**


Las palabras de Mona Hala son una declaración valiente en un país que, como se señala en la información del diario, ha extremado su cruzada contra los homosexuales (y activistas de derechos) en un intento de los "moderados" de frenar el "radicalismo", tal como hemos estado mencionando. De esta forma, se ha retrocedido porque se intenta contentar al poder social, igual que ocurría en Afganistán. Los gobernantes deben ser ejemplares y la mejor manera es convertirse en conservadores persiguiendo a todos los que se asfixian en un clima irrespirable en unos tiempos como los actuales.
Cuando ella dice que no le gustan las "etiquetas", que son fuente de conflictos al clasificar a las personas, que no le gusta que en su carnet ponga "hombre" o "mujer" o la religión que profesa o ninguna, el presentador el presentador le plantea que alguien puede ser "homosexual". Ella le contesta que es libre de serlo, que no es su función juzgar a la gente, que es asunto de cada uno. 


No sé cómo les habrá sentado el razonamiento de que aunque Alejandro Magno era homosexual, construyó la ciudad de Alejandría, y que no por eso habría que cambiarle el nombre. 
Esperemos que Mona Hala no pague más de la cuenta su naturalidad, sinceridad y sonrisa. Hay un proverbio egipcio que dice "come lo que te gusta, pero vístete como le guste a los demás". Explica algunas cosas. Mona Hala se viste como se siente más a gusto ella y procura no juzgar los vestidos de los demás. Y eso es esperanzador para muchos. Es valiente e inteligente. No se lo perdonarán fácilmente.
En el Afganistán de Farkhunda, señalan las activistas de los derechos:

"What will future generations do? Stay in the same, brutal society?" asked Leena Alam, who played Farkhunda in a recent public re-enactment of her murder designed to raise awareness of abuse against women. "We have to start somewhere."*


Y la señal de que ya han empezado es que hay nerviosismo en muchos lugares. Farkhunda, Mona Hala y otras muchas son mujeres valientes. La primera pagó con su vida en las calles afganas, pero ha dado sentido y luz a las vidas de otros; Mona Hala ha sabido dar una contestación dejando claro que tiene voz y criterio, que no le gusta que se esté etiquetando a las personas para restringir sus libertades. Ni que lo hagan con ella, ni hacerlo con los demás.
Son puntos de un dibujo que va tomando forma. Todo es parte de un mismo camino, de una misma marcha. Será duro, pero no están solas.



* "Afghan clerics uneasy as civil rights movement gains momentum" Egypt Independent 11/05/2015 http://www.egyptindependent.com//news/afghan-clerics-uneasy-civil-rights-movement-gains-momentum

** "Video: Egyptian actress Mona Hala defends Egypt's homosexuals" Egypt Independent 12/05/2015 http://www.egyptindependent.com//news/video-egyptian-actress-mona-hala-defends-egypt-s-homosexuals




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