miércoles, 20 de mayo de 2015

La hipocresía

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los diarios El País y El Mundo coincidían en dedicar amplios artículos a la publicación del informe "FIDH - Exposing state hypocrisy: sexual violence by security forces in Egypt"*. La FIDH es la Federación Internacional de Derechos Humanos. A diferencia de los informes generales sobre la violencia y el acoso sexual en Egipto, el informe de la FIDH se centra en la violencia producida desde el Estado, desde sus fuerzas armadas y de seguridad, contra los ciudadanos en un marco sistemático y con fuertes sospechas de ser premeditado, es decir, un modus operandi.
Los primeros párrafos de la presentación del informe son los suficientemente indicativos de los que nos vamos a encontrar en su interior, una descripción de los horrores que se viven en Egipto día a día causados desde aquellas instancias que deberían proteger a los ciudadanos:

Since the military takeover in July 2013 and resumed control by the army and the police, there has been a surge in sexual violence perpetrated by the security forces in Egypt. While sexual violence has long been a characteristic of state violence, today it indiscriminately targets those apprehended by the security forces: in addition to opponents of General el-Sisi’s regime, victims include NGO representatives, protesters, individuals perceived as going against the moral order, as well as common-law detainees.
Such violence is widespread in detention centres. Increasingly diverse categories of the population are being targeted: women, students, minors and LGBT persons are bearing the brunt of abuses carried out in the name of security, characterised by the multiplication of arbitrary arrests and detention, with sexual violence playing a strategic part.
FIDH has documented sexual harassment, rape and sexual assault, rape with objects, anal and vaginal “virginity tests”, electrocution of genitalia, sex-based defamation and blackmail perpetrated by police, state security and military personnel. Such violence is used to eliminate public protest while legitimising the authorities as guardians of the moral order.
Between 2011 and 2014, FIDH documented sexual violence committed against women in the public sphere in Egypt, from cases of mob rape and sexual assault perpetrated by civilians during demonstrations in and around Tahrir Square, to daily sexual harassment in the streets, on public transport and in the workplace. In a report published in April 2014, FIDH underlined the State’s responsibility for such violations, in particular by failing to exercise due diligence to prevent violence, to effectively investigate, prosecute and sanction perpetrators and to provide redress and reparation to victims. FIDH and Egyptian civil society organisations called for the adoption of ten urgent measures to end violence against women. Since then, several piecemeal measures have been taken but their effectiveness is reduced by the lack of an overall strategy. Meanwhile sexual violence has continued unabated.*


El panorama que se dibuja es realmente aterrador y ha suscitado que organizaciones de derechos humanos alemanas pidan la suspensión del viaje que al-Sisi tenía programado respondiendo una invitación previa de Angela Merkel. A la canciller alemana le toca, por segunda vez, ser quien le tenga que decir a un presidente egipcio el desagrado de la comunidad internacional, europea en este caso, por la situación en su país. El presidente egipcio le dirá, como le dijo Morsi, que se meta en sus asuntos, que las violaciones, ejecuciones, arrestos, encarcelamientos, torturas, etc. son un "asunto interno" egipcio. Probablemente, como a Hollande, le dirá con una sonrisa que le encantan los derechos humanos, mais...

Habitualmente, como es natural se pone el énfasis en el hecho en sí, pero la FIDH ha resaltado un factor esencial: la hipocresía. Es difícil, si se conoce el caso medianamente, pasar por alto esta circunstancia. Es el fingimiento de la virtud lo que más choca de un país en el que se prefiere la apariencia a la realidad, que puede vivir en una fantasía constante con tal de negar su propia situación o las esencia de sus acciones. Solo puede hablarse de "hipocresía", por ejemplo, en el caso que estos días ha saltado a la prensa internacional: la "defensa" de la independencia de los jueces en las penas de muerte al ex presidente derrocado Mohamed Morsi y otros de sus correligionarios. No me refiero a la condena en sí, que podemos considerar justa o injusta, sino a aparentar la virtud mostrando respeto por la independencia de unos jueces, algo en lo que nadie cree.


"Hipocresía" fueron los exámenes de virginidad realizado por los militares a las manifestantes en Tahrir durante las protestas de 2011, pues se hacían para garantizar a sus familias que las muchachas estaban "intactas" y que quedaran tranquilas. "Hipocresía" era decir que las mujeres que sufrían violencia sexual en las manifestaciones se debían quedar en casa, como señaló la diputada de los Hermanos Musulmanes a la que se pidió que como mujeres apoyara a las víctimas. "Hipocresía" es presentarse como salvador de los valores liberales y encarcelar a ateos, homosexuales, activistas y opositores de cualquier color convirtiéndolos en peligros para el islam o la patria. "Hipocresía" es presentarse a unas elecciones y pedir el voto para modernizar Egipto y comenzar a restringir los pocos derechos que se tenían bajo el régimen dictatorial de Mubarak. "Hipocresía" es sustituir la "Ley de Excepción", que duró treinta años y sirvió para encarcelar a los que se atrevían a decir una palabra molesta, por una "Ley Antiprotesta" que te permite hacer lo mismo. "Hipocresía" es pegar un tiro a una opositora que lleva flores a Tahrir y decir que murió "porque estaba demasiado delgada" y que ese era su destino... "Hipocresía", en fin, es que quien te debe proteger y amparar, según promulga la constitución que te piden que votes, te condenen, te encarcelen, te humillen y te torturen. E "hipocresía" es decir que todo esto no existe y que es una conspiración internacional porque te tienen envidia.


Los artículos que he podido ver en la prensa egipcia hasta el momento no son muchos, un par de ellos. La forma de sortear las dificultades suele consistir en presentar notas de agencia antes que firmar los artículos con este tipo de noticias. Es preferible que ponga "Reuters" a que lo firme alguien que corre riesgo. Dsily News Egypt ha dado la noticia del informe y ha recabado información local:

The picture drawn up by the FIHD is indeed dark, with the report accusing all governments that were in charge since the 2011 revolution of dramatic failures in investigating and prosecuting cases of mob rape and sexual assault, whilst claiming that there has been a significant rise in documented cases during that period.
Where the FIHD focuses on the increase of sexual violence, [Nasser] Amin goes one step further and claims that “the human rights situation is very bad, worse than under Mubarak”. The FIHD reports that there has only been one trial since a 2014 presidential decree to amend the criminal code concerning sexual violence, despite more than 500 documented cases since 2011.
The real case numbers though, especially concerning sexual assaults under police custody, are likely to be higher, with the FIHD decrying the lack of information. In light of the fact that the Muslim Brotherhood is outlawed, it is therefore difficult to reach possible victims, with a great deal of them belonging or allegedly belonging to the Brotherhood, according to the organisation.
In the report, an anonymous member of a human rights NGO states: “While all prisoners are vulnerable to torture and sexual humiliation during the first few hours of their arrest, in police stations and detention centres, the most serious sexual abuse, particularly in the case of men, tends to take place at the hands of the National Security Intelligence services and the military. This abuse targets prisoners suspected of withholding information.”*


El hecho de que ninguno de los gobiernos desde la Primavera de 2011 hay hecho nada por mejorar la situación mientras que todos se han presentado como valedores de la Revolución que clamaba por más libertades es otra muestra flagrante de hipocresía de los gobiernos egipcios que han  utilizado o no han  sabido controlar a los poderes reales y a sus actuaciones a pie de calle.
Pero creo, que si debemos ser honestos, ha de extenderse la hipocresía más allá de las responsabilidades gubernamentales o ministeriales. Creo que no se entiende nada —y se corre el riesgo de ser hipócrita— si no se considera la hipocresía social como parte del problema. La falta de capacidad egipcia para el entendimiento tiene sus raíces en esa "virtud" permanente que niega a los otros y trata de imponerse. Las acciones represivas tienen su origen en una especie de creencia en la superioridad que imposibilita el diálogo social y que hace que se jaleen y celebren las acciones más brutales si se aplican a los otros.


Hace mucho tiempo que dijimos que no es posible construir una democracia con las armas y maneras de una dictadura. Declarar terrorista o traidor a todo el que levante la voz para oponerse a los que ve cada día no es el camino para nada constructivo y llamarse democracia es ofensivo. Es ofensivo igualmente para los que quieren un Egipto más plural seguir sin parlamento y gobernando a golpe de decreto y suspensiones judiciales cuando interesa. Parece que la hoja de ruta hacia la democracia es más bien una carretera hacia el infierno, más oscura cada día.
El informe de FIHD habla de la violencia sexual en Egipto más allá del acoso callejero. Habla de una forma repugnante de violencia ejercida por el propio estado que se manifiesta "protector" de las mujeres y debate encendidamente sobre si son buenas musulmanas las que llevan velo, que se considera una forma de protección, frente a las "pecadoras" y "blasfemas" que no lo llevan, en palabras del ex Gran Muftí de Egipto, recientemente señaladas en una entrevista y reproducidas por la prensa. Allanaba así el camino y la conciencia a violadores y acosadores, cuya mentalidad hipócrita les hace sentirse mejor ante esas perspectivas. El informe habla de violencia sexual contra hombres y mujeres, pues la sexualidad en una sociedad condenada a su represión ve en ella la manera de liberar destructivamente lo que no tiene forma de satisfacer. Castigar y humillar; la agresión debe ser sexual para mostrar el poder total sobre la persona. Hay que devolver la hija violada a su padre, hermanos o marido; hay que devolver al marido violado a su esposa; al padre a sus hijos.


Egipto se está cerrando las puertas. Y lo hace, como siempre, orgullosamente. Convirtiendo sus taras en virtudes y a sus villanos en héroes abnegados. El informe se queja de la impunidad absoluta con la que la violencia sexual se practica por el propio Estado. ¿Habría de ser de otra forma? El control social se ha mantenido mediante el descontrol de un Ministerio del Interior completamente autónomo, acostumbrado a reinar en las calles, tal como reflejó con claridad la película profética del gran director egipcio Youssef Chahine, ¿El caos? (Heya Fawda?, 2007). El mundo del policía obseso y autoritario, matón y corrupto, que controla el barrio con impunidad absoluta, encarcelando a quien le molesta y usando a quien le beneficia, que roba y viola, que simbolizaba el mundo de la época de Mubarak, no se modificó. La diferencia con la situación actual es que en aquella película existía un juez que trataba de frenarlo. Hoy no es tan fácil conseguir que esos jueces actúen, como lo demuestra el número de casos denunciados y la nula respuesta.
Señala el informe en su presentación:

While President elSisi’s government has publicly announced that fighting sexual violence is a priority, the report reveals widespread sexual violence perpetrated against women and men during arrests and detention while perpetrators benefit from complete impunity. It also looks at the way in which the publicly proclaimed fight against sexual violence is used to justify tightening state security and implementing a project aimed at ‘moralising’ society. *


Hay veces en que los estados son violentos y son condenados internacionalmente por ello. Pero cuando su violencia se hace en nombre de la moral, de la virtud y se pretende con ello ser espejo del mundo, la cuestión es más peligrosa y doblemente condenable. No hay justificación para los hechos que se denuncian por las asociaciones de derechos humanos, ni el "terrorismo" ni ninguna otra. Los ciudadanos virtuosos celebran que el Ejército y la Policía les haya librado de los Hermanos Musulmanes, pero no se atreven a preguntarse quién les librará de ambos en el futuro. Y es que es difícil que, dadas las circunstancias, pueda existir un futuro distinto al presente actual. La opción es vivir hipócritamente, como si no pasara nada, como si nada tuviera consecuencias, como si todo funcionara, la justicia fuera justa y las calles seguras.
"When police rape, who can people turn to?!", se preguntaba el titular del Middle East Eye, referido a Egipto, a finales del año pasado. En efecto, ¿a quién puedes recurrir cuando quien te debe proteger es quien te agrede?


Officer (addressing Egypt): "Move forward, you piece of shit!" (Andeel, en Mada Masr)
19/05/2015

* "FIDH - Exposing state hypocrisy: sexual violence by security forces in Egypt" FIDH mayo 2015. 32 pp https://www.fidh.org/IMG/pdf/egypt661-uk2015web-1.pdf

** "Security forces ‘using sexual violence to crush, torture and humiliate’: FIDH" Daily News Egypt 19/05/2015 http://www.dailynewsegypt.com/2015/05/19/security-forces-using-sexual-violence-to-crush-torture-and-humiliate-fidh/


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