sábado, 9 de mayo de 2015

La comparación chilena o el largo camino de regreso hacia el pasado

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario The Washington Post se hace algunas preguntas respecto al actual mandatario de Egipto. Y no se anda con demasiada retórica: «Is Egypt’s Gen. Abdel Fatah al-Sissi the reincarnation of Chile’s Gen. Augusto Pinochet? And if so, is that a good thing or a bad thing?» Estas preguntas serán las que irá intentando resolver en el artículo firmado por Elliott Abrams, con el título directo "Sissi is no Pinochet". Pero la afirmación del titular no debe llamarnos a engaño. La conclusión se Abrams es que Egipto vive una dictadura peor que la de Chile y que su dictador ha barrido los número del general Augusto Pinochet.
Parece que el "fin de la luna de miel", que el otro día mencionábamos que se apuntaba entre la prensa egipcia, ha llegado más allá de las tierras de Egipto y empieza a ser parte de una tendencia para evitar que, al menos, exista la creencia en una normalidad respecto a lo que sucede en el país. Las giras internacionales no son celebraciones sino recorridos tristes salpicados de recordatorios de la situación de los derechos humanos.
Elliott Abrams establece cuatro puntos de comparación entre el Chile de Pinochet y el Egipto de al-Sisi:

First, Sissi is far more brutal than Pinochet already. In his 17 years in power, Pinochet appears to have presided over the killing of about 3,000 people and the imprisonment of about 40,000 for political crimes. Sissi and the Egyptian military have nearly reached those numbers in less than two years: About 2,500 have been killed, with more than 40,000 behind bars. In Chile, the repression diminished over time, and perhaps half the abuses took place the year of the coup. One can hope that in Egypt the numbers will likewise grow more slowly under Sissi in the years to come. But even if they do, Sissi will still end up with considerably higher numbers than Pinochet.*


Es el argumento de cuantitativo de la dictadura. El número de muertos y encerrados de al-Sisi desbordan los de la dictadura chilena, que no fue especialmente suave. Pero la cuestión de si se "suavizan las cifras" en su crecimiento, dependerá de otros factores, como la resistencia que pueda empezar a desarrollarse desde la clausura de la luna de miel. Hasta el momento las cifras de la represión han sido mostradas como una gloriosa batalla del régimen contra agentes vendidos al extranjero, traidores. El nacionalismo egipcio sobre el que se está construyendo el régimen de al-Sisi hace que se deje de ver como egipcios a los traidores, que deben estar siempre vendidos a potencias como Qatar, Turquía o los Estados Unidos. La mentalidad monolítica impide ver como "egipcios" a los que discrepan o tienen una visión crítica de lo que sucede. Si un periodista, por ejemplo, es crítico con el régimen, la explicación se encuentra en un premio recibido en el extranjero o los estudios realizados fuera de país. El ejemplo es real y se puede ver en muchos casos el mismo procedimiento. Los egipcios solo piensan de una manera; si cambias, dejas de serlo.

Cuando se le pide a Egipto que se involucre en la lucha contra el Estado Islámico, su contestación es que ellos tienen sus propios enemigos en sus puertas. El argumento se desvía entonces para satisfacer las demandas y se argumenta que esa batalla que se da en Egipto es su forma de combatir al Estado Islámico y concluye con el argumento de apuntalamiento del régimen, señalando que si este cae, la zona será un peligro, especialmente para Europa. Es la forma de tratar de evitar el creciente malestar de la comunidad internacional ante lo que está ocurriendo en Egipto, en sus calles, comisarías y cárceles, con denuncias constantes de violaciones de los derechos humanos de las propias organizaciones egipcias y ahora la prensa, que se hace eco de ellas, como ha sucedido con Al-Masry Al-Youm y otros que se han sumado a las denuncias. La cuestión es que se acusa de "terrorismo" a cualquiera que se quiera eliminar, volviéndose contra los que critican al régimen y que no tienen nada que ver con las fuerzas violentas. La ley "antiprotesta" envía a la cárcel a cualquiera que se manifiesta en contra de la política gubernamental y el nuevo régimen comienza a llenar las cárceles de opositores laicos y demócratas que no tienen nada que ver con terrorismo alguno. La muerte a sangre fría de la activista socialista Shaimaa al-Sabbagh es un punto límite en las acciones y también en las excusas, quedando al descubierto de forma nítida el entramado exculpatorio de la represión.


Es aventurado suponer que va a descender la represión si aumenta la contestación social y mediática. Igualmente la política, con el rechazo de muchos partidos a la ley electoral que deja el poder real en manos de la presidencia, es decir, del Ejército egipcio.

Second, Sissi is far less of an economic reformer than Pinochet was. He’s no socialist, but the capitalism he appears to have in mind is the corrupt cronyism of the Mubarak era. Fundamental free-market reforms are not yet visible.*


La falacia económica para salvar la cara de las dictaduras, como ocurrió con la de Pinochet, avalada por prestigiosos economistas, no está funcionando en Egipto y es difícil que lo haga. Las cifras van en sentido contrario y las leyes intentan evitar también la contestación, como la ley de huelga que se ha puesto en marcha. Las opiniones salidas a la luz con motivo del Día Internacional del Trabajo, recogidas en los medios, tampoco son nada favorables a las medidas tomadas y denuncian que favorecen a los inversores y perjudican a los trabajadores, que ya están en situación límite. Las medidas parecen más favorecedoras de los intereses de los grupos económicos del antiguo régimen que destinadas a sacar a Egipto adelante. En efecto, como señala Abrams, los beneficiarios parecen ser de nuevo los viejos amigos de Mubarak, los que se aprovecharon y extendieron la corrupción que ahora se lava en los tribunales, para sorpresa e irritación de muchos.
Esto enlaza con el tercer punto de los señalados:

Third, the Chilean army under Pinochet, for all its crimes, also had a reputation for professionalism and financial integrity and never tried to become a permanent ruling class. The Egyptian army has been Egypt’s real ruler since Gamal Abdel Nasser took power in 1956, and nothing Sissi has done suggests that he plans to change that. Reuters reports, for example, that retired Adm. Mohab Memish, the chairman of the Suez Canal Authority, has said that the army should help develop a huge industrial and logistics hub planned alongside the new canal being constructed. “The military already manufactures a vast range of products and assets,” the International Business Times explained, “from oil to Fiat cars, TV sets and baby incubators, owns extensive real estate and land across Egypt, and acts as the contractor in road building projects.” There is zero evidence that Sissi plans to shrink this empire.***


En efecto, el Ejército egipcio controla la economía del país. Es dueño del suelo y las fábricas, de empresas de los más variados sectores. Son ellos los que deciden quién hace negocios y quién no en Egipto. Frente a la "liberalización" friedmaniana del Chile de Pinochet, la situación egipcia es la contraria: el poder del Ejército es la fuerza y la economía. Podríamos decir que la economía es un arma más junto a la fuerza que el Ejército tiene acumulada en los cuarteles.
Los intentos de separación teórica entre Policía y Ejército se quedan en nada desde el momento que quien controla el aparato de represión es un militar. En Egipto, Mubarak hizo de la policía un poder supremo que le servía para controlar el país. Ha habido enfrentamientos entre Policía y militares, con asaltos a comisarías en las que la Policía había detenido a algún militar. Esto se puede interpretar de muchas maneras, pero no creo que haya una discordancia en fines. El ministerio del Interior es un verdadero centro de poder en Egipto y quien lo mantenga, deberá ser con el consentimiento militar, como ocurrió en la etapa de Morsi, en donde tanto el Ejército como el ministerio de Interior quedaron fuera de su control, lo que facilitó el golpe.

Finally, those who call Pinochet the midwife of Chilean democracy and want Sissi to follow his path have that wrong, too. After 15 years in office, Pinochet wanted eight more. The constitution he promulgated called for a referendum in 1988. If a majority voted yes, he would have the eight additional years; no would mean a contested election. Pinochet lost, but on election night he wanted to annul the results and declare martial law. Only strong pressure from the United States and Britain (I was serving as assistant secretary of state for inter-American affairs at that time), plus the refusal of some members of the military junta to go along, stopped him.*


En Egipto las cosas van rápido, como podría atestiguar el ex presidente islamista Morsi. Las esperanzas de transformación democrática son reducidas porque hay un factor que Elliott Abrams no baraja: el religioso. Pinochet no tenía que enfrentarse a la existencia de una cuestión predemocrática como es la religiosa. La justificación para el golpe de estado de Pinochet partía de un principio anticomunista, pero no tiene nada que ver eso con la cuestión de la islamización fundamentalista de Egipto. Pinochet pudo fusilar, encarcelar o exiliar a los opositores ideológicos, pero al-Sisi no puede hacer lo mismo respecto a la islamización. Se puede mitigar la respuesta social con economía, pero la cuestión religiosa es otra cosa, actúa con una motivación distinta.


Esto lo sabe al-Sisi y por eso su régimen, que se enfrenta oficialmente al islamismo de los Hermanos Musulmanes, juega con la religión y sus instituciones, ofrece una mezcla de nacionalismo religioso como antídoto a la internacional fundamentalista del islamismo. Y esto implica acallar las acusaciones de "faraón" presentándose como un campeón de las instituciones religiosas, en especial la Universidad de Al-Azhar, que se ha convertido en el juez permanente de la situación dando su apoyo y controlando la prédica en las mezquitas. Sus reacciones últimas ante ideas reformistas o críticas en el campo religioso, muestra su carácter conservador y de control.
Creo que es este factor sociocultural el que falta en el análisis comparativo entre ambas dictaduras. Elliott Abrams podía haber dado un paso más en las comparaciones: el papel de los Estados Unidos en ambas situaciones. Pero para eso habría necesitado mucho más espacio.


El titular que se encuentra uno cuando entra en Ahram Online, junto a una foto de Hosni Mubarak, nos dice: "Egypt’s Mubarak could be a free man on Saturday, but few still care"**. A los ojos de todo el mundo el mariscal Abdel Fattah al-Sisi no es más que un sucesor encubierto del dictador "derrocado", Hosni Mubarak. La teoría de que el pueblo pedía la cabeza de Mubarak y que eso se le dio se va consolidando. El régimen pseudo militar no cayó en 2011. Intentó que la salida del poder de su jefe sirviera para aplacar las iras y dar alguna alternativa de continuidad. Desde entonces el pulso se mantuvo y el Ejército realizó la gran chapuza de intentar colar un candidato como Shafiq para lavar el régimen presentándolo como una alternativa al islamismo de los Hermanos Musulmanes. La estrategia fue no enfrentar la "dictadura" a los demócratas, a los partidarios de la revolución del 25 de enero, que querían un cambio de régimen y llevar a Mubarak a los tribunales, sino hacer elegir al pueblo egipcio entre un militar y los islamistas. Peor los islamistas de Morsi fueron más listos y supieron buscar apoyos haciéndose pasar por demócratas amables que gobernarían para todo el mundo, sin tratar de imponer su ideología. La historia de ese año muestra la "hermanización" a marchas forzadas del país y las reacciones populares —con o sin ayuda— contra Morsi.


No sabemos qué habría ocurrido si en vez de pasar a la segunda vuelta los dos candidatos que lo hicieron, enfrentando antiguo régimen e islamismo. No sirve de mucho especular sobre esa posibilidad, aunque sí por las circunstancias que lo impidieron.
El final del artículo que anticipa la salida de Hosni Mubarak a la libertad (¿ha estado cautivo realmente?) es bastante claro sin necesidad de hacer conclusiones:

The country is walking on “two contradicting feet”, says [Ayman] El-Sayyad [analista político], seeking to explain both the events after November’s verdict and the current atmosphere.
“Sometimes we say it’s a revolution, which would call for political trials,” he said. But at other times, “people act as if nothing had happened, and put the protesters on trial for demonstrating or storming [the headquarters] of State Security.”
El-Sayyad is confounded by the second type of behaviour, which he sees as contradicting a “history of revolutions”.
“The history of revolutions show that the French who stormed the Bastille [prison] had statues built for them, and that the Germans who stormed the Stasi prison, were asked to manage the building which was turned into a museum,” he says.
In April 2014, the April 6 Youth Movement, one of few groups that voiced criticism of Mubarak during his reign, was declared a “banned group”, with cases filed to declare the group a “terrorist organisation.”
Allegations that the group is receiving funding from abroad, a claim that started during Mubarak’s reign and that they have repeatedly denied, have come back to haunt them.
Ahmed Maher, one of the founders of the April 6 Movement, is currently serving a three-year prison sentence for charges of illegally protesting and using force against the police.
Moreover, activist Alaa Abdel-Fattah, also a vocal critic of Mubarak, was sentenced to five years in prison for charges that include rioting and illegal protesting.**


La contradicción en la que vive Egipto permanentemente puede que tenga que ver algo con el "doblepensar" que George Orwell describió en su ahora célebre en el país "1984". Esa distancia entre discursos y parafernalia "revolucionaria" y acciones del "viejo régimen", ese hablar de democracia y hoja de ruta mientras las cárceles se llenan de las personas, como señala el artículo, que hicieron la revolución. ¡Extraña revolución que libera a los dictadores y represores y encarcela a los que pedían libertad!
¿Cuánto tiempo se puede vivir en este estado dual, de contradicción permanente? Esa es la gran pregunta y que tiene mucho que ver con las crecientes demostraciones del final de esa "luna de miel". La orientación de los medios será decisiva y el conocimiento interior de las perspectivas con las que se percibe la situación egipcia. Al-Sisi se está beneficiando, como sus antecesores en el gobierno de Egipto, de la situación y estado de la zona. La inestabilidad les libra de un apercibimiento mayor por parte de la comunidad internacional.


La pregunta de si al-Sisi es peor o mejor que Augusto Pinochet puede ser relevante y ya sabemos que la respuesta de The Washington Post es negativa para el mandatario egipcio. Pero la cuestión no es qué le parece al articulista, sino cómo va a ir evolucionando la percepción interna y quién va a ser el beneficiario. Egipto sigue viviendo el gran drama de la debilidad de su tejido político, aumentada por las trampas de islamistas y militares, interesados en que no haya ningún tipo de fuerza que se les pueda enfrentar como alternativa. Para ello se sirven de todo tipo de recurso, del encarcelamiento a desprestigio, pasando por atizar los conflictos internos.


Como señala el analista político de Ahram Online, los pueblos suelen hacer estatuas a los héroes de sus revoluciones. Aquí se les encarcela. Por una extraña jugada del destino o quizá por pura lógica de desafío, el 25 de enero, día del levantamiento revolucionario, coincide con el Día de la Policía que lo reprimió. Mubarak lo instituyó en 2009 como fiesta oficial para reconocer los esfuerzos de la Policía egipcia, y en recuerdo de la muerte de 50 de ellos a manos de los británicos en 1952, un detonante de la revolución nacionalista que llevó entonces a la lucha por la independencia. Solo la muerte del rey saudí este año alteró el protocolo e impidió que el presidente celebrara la fiesta. ¡Extrañas celebraciones! Creo que esa dualidad del 25 de enero representa la misma que vive Egipto en muchos momentos de su historia.
Hace apenas doce minutos, cuando reviso este escrito, la prensa da la noticia de que el tribunal ha condenado a tres años de cárcel a Hosni Mubarak y a sus hijos. Se les ha rebajado la pena que se pedía, por lo que se pueden ir libres a casa. Sus seguidores están de suerte. Los demás ven pasar el espectro de la revolución junto a ellos, como un viento frío.



* "Sissi is no Pinochet" The Washington Post 24/04/2015 http://www.washingtonpost.com/opinions/hes-no-pinochet/2015/04/24/8c8d642e-e212-11e4-905f-cc896d379a32_story.html?fb_action_ids=10153308105275820&fb_action_types=og.shares

** "Egypt’s Mubarak could be a free man on Saturday, but few still care" Ahram Online 8/05/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/129670/Egypt/Politics-/Egypt%E2%80%99s-Mubarak-could-be-a-free-man-on-Saturday,-b.aspx




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