lunes, 13 de abril de 2015

Malala en el espacio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La noticia solo la he encontrado entre nuestra prensa en ABC, RTVE y Telecinco, a través de Europa Press. Mientras todos destacan en portada la candidatura de Hillary Clinton a las primarias demócratas a la presidencia de los Estados Unidos, la noticia de que han puesto el nombre de Malala a un asteroide cuyo nombre hasta el momento era un impersonal "316201", ha tenido un eco más modesto:

«Les informo con gran placer que he bautizado el asteroide 316201 con el nombre de Malala», ha comunicado la conocida astrónoma Amy Mainzer a través de una entrada del blog de la Fundación Malala, malala.org. «Nos enteramos de la impresionante historia de Malala y pensamos que si alguien se merecía que le pusieran su nombre a un asteroide, esa era ella», ha apuntado.
[...] Mainzer explica que, como descubridora de este cuerpo astronómico, tiene derecho a ponerle nombre conforme a la normativa de la Unión Astronómica Internacional. «Es un gran honor ponerle el nombre de Malala», ha apostillado.
Se trata de un asteroide que orbita alrededor del Sol entre Marte y Júpiter y que tarda 5,5 años en dar una vuelta completa. Tiene unos 4 kilómetros de diámetro y su superficie es muy oscura, explica la propia Mainzer.*


Es una alegría que el nombre de Malala esté ahora en ese asteroide, que Amy Mainzer haya pensado en ella y no haya caído en la tentación de poner cualquier otro, como su personaje de serie favorito o algo similar (me da que es seguidora de Juego de tronos). También es importante que lo considere un honor porque así se reconoce el papel impulsor que Malala puede tener en muchos ámbitos al ser un recordatorio de una situación y de que es posible vencerla. Más allá de la persona, Malala es un símbolo, un icono que ayuda a vencer el miedo allí donde hay mucho, donde ir a una escuela o abrir un libro es un riesgo para tu vida.


Ayer se cumplía, en mitad del olvido informativo, el primer aniversario del horrendo secuestro de las 200 niñas en Nigeria, a manos de esa facción de la barbarie que se llama Boko Haram. Estos bárbaros en su territorio representan el mismo odio a la educación que movía las armas talibanes contra Malala Yousafzai. Aquellas niñas son mártires de la educación como lo es Malala y todas las niñas que en ella se representan. La grandeza de Malala es precisamente que es la cara tras la que se encuentran millones de niñas de todo el mundo a las que una parte de su sociedad prohíbe que puedan tener un futuro al margen del que se les ha escrito por el hecho de nacer mujeres.


La ignorancia es la sumisión, la dependencia. Por eso extienden e imponen esa idea de que la educación es mala. Y lo es, desde luego, para los que ven peligrar sus privilegios milenarios, la obediencia que exigen. La matanza hace unos días de casi 150 universitarios es una demostración más de este crimen contra la inteligencia y el futuro. Todas estas fuerzas retrógradas no están dispuestas a que el mundo cambie, a que se escuchen otras voces que no sean las de sus órdenes y prédicas. No quieren otro mundo.

«Mi sueño era convertirme en científica (...). Mi consejo para las niñas es que la ciencia y la ingeniería son para todos», ha destacado Mainzer. «Necesitamos mucho del potencial intelectual de todas las personas inteligentes para resolver los problemas más difíciles de la Humanidad y no podemos prescindir de la mitad de la población», ha argumentado.*


La astrónoma Amy Mainzer es, como Malala, un ejemplo para otras muchas niñas del mundo. Ella pudo cumplir su sueño. Es subdirectora científica del proyecto espacial Wide-Field Infrared Explorer y ya hay un asteroide, el 234750, que lleva su nombre, Amymainzer. Y Mainzer admira a Malala. Malala y otros millones de niñas de todo el mundo deben admirar a las Amy Mainzer del mundo y soñar que sus nombres podrían acabar en un asteroide, recorriendo el espacio, a millones de kilómetros de la Tierra, y no como acabarán muchas de ellas, esclavizadas, atadas a su pueblo y familia, sin más vida que la de ser un utensilio doméstico.
En su tuit del 11 de marzo, Amy Mainzer escribe: «Quick q: If you work in science, technology, engineering, or math, how old were you when you knew that's what you wanted to do?» Buena pregunta, pero depende de dónde hayas nacido. Si lo has hecho en Kenia o en Nigeria o en Pakistán, o en Afganistán o... en tantos lugares en los que ser una niña implica no tener acceso a ese tipo de sueños, que pueden ser cortados de raíz por la rabia de alguien que se cree con el derecho de decidir su futuro.


Las niñas perdidas, a las que muchos dan por muertas, no tendrán la ocasión de plantarse la pregunta que Mainzer hace. Debería haber doscientos asteroides con sus nombres para recordar a los bárbaros que, como les dijo Malala, pueden esclavizar su cuerpo, pero no su alma, que será siempre libre y soñadora.

El asteroide con el nombre de Malala nos recuerda todas sus causas, las que hace suyas, como la de las niñas robadas en Nigeria. Nosotros de nuevo las recordamos aquí, que sus familias no sientan nunca que están solas, olvidadas de unos y de otros. Hoy, el día en que nuestros periódicos se volcaron en la candidatura de Hillary Clinton, estamos de nuevo junto a Malala, con las niñas nigerianas y le agradecemos a Amy Mainzer haber llevado al espacio todo lo que muchos olvidan cada día.
El sueño de Malala Yousafzai sería poder escribir en el futuro un tuit preguntando a las niñas de su país, de todo el mundo, cuándo decidieron dedicarse a la ciencia o las artes o a cualquier actividad en la que pudieran ser libres. No sé si lo veremos nosotros, pero ese día llegará.
Mientras unos se preguntan si Hillary Clinton llegará a la Casa Blanca, otras se preguntan si podrán llegar vivas hasta la escuela. Así de variado y extremo, de contradictorio y mal repartido, es el mundo.



* "La NASA bautiza un asteroide con el nombre de Malala" ABC 12/04/2015 http://www.abc.es/sociedad/20150413/abci-malala-nombre-asteoride-nasa-201504121921.html




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