domingo, 26 de abril de 2015

La lengua de las cárceles

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cada vez parece más claro el papel que las cárceles juegan en la cuestión del terrorismo. Lejos de ser lugares de rehabilitación o castigo, se convierten en puntos de encuentro en donde se forman los futuros terroristas. Entras por un delito menor y sales con ganas de cometer otro mayor.
El diario ABC nos trae hoy otro ejemplo más de esta función imprevista de las cárceles:

El grupo yihadista Estado Islámico nació en el que debió ser el más improbable de los lugares: una prisión estadounidense en el desierto de Irak, conocida con el nombre de Camp Bucca. Así lo confirman varios analistas y los comandantes a cargo de la instalación, así como los soldados que trabajaron en ella.
Camp Bucca no era su nombre original. Tras la invasión de Irak, las fuerzas británicas la llamaron Camp Freddy. Pero en abril de 2003, cuando los estadounidenses tomaron el control del campo de detención, lo rebautizaron en honor a Ronald Bucca, un jefe de bomberos de Nueva York que murió por las labores de rescate tras el ataque del 11 de septiembre de 2011 a las Torres Gemelas, informa la BBC.*


Las cárceles acaban convirtiéndose en los puntos de origen de muchos conflictos. Es el efecto de concentración que se produce cuando se reúnen los "contaminadores" ideológicos. La cárcel es un lugar perfecto para que algunas personas sean captadas para futuras acciones o como miembros de grupos. La situación de presión que suponen hace que muchos busquen a los que les ofrecen palabras de seguridad y dan forma agresiva a sus propios temores e inseguridades.
El diario ABC habla de "universidad de terroristas" y señala que hasta nueve dirigentes del Estado Islámico pasaron por allí, especialmente su líder actual:

El líder del grupo yihadista, Abu Bakr al-Baghdadi, autoproclamado califa y «líder de todos los musulmanes», por ejemplo, permaneció en Camp Bucca cinco años. Lo trasladaron tras detenerlo en Fallujah, al oeste de la capital, Bagdad, en febrero 2004.
Tenía 33 años y no habían pasado muchos meses desde que ayudara a fundar Jeish Ahl al-Sunnah al-Jamaah, un grupo militante que había echado raíces en las comunidades sunitas alrededor de su ciudad natal, Samarra.
Eran tiempos en los que la insurgencia sunita contra EE.UU. estaba cobrando fuerza en el país.
Pero el grupo que ayudó a fundar no era muy conocido, así que llegó a la prisión con perfil bajo. «Los estadounidenses no sabían a quién tenían», dijo sobre él Hisham al-Hashimi, un asesor del actual gobierno iraquí.
Allí, en Camp Bucca, Al Baghdadi coincidió con el que después sería su número dos en EI, Abu Muslim al-Turkmani, así como con el experimentado militar Haji Bakr, hoy fallecido. También permaneció en el campo de detención Abu Qasim, líder de los combatientes extranjeros, según Soufan Group.
Los analistas señalan que es probable que estos hombres fueran extremistas cuando entraron en la prisión, pero seguro que lo eran cuando salieron de ella. «Antes de su detención, Al Baghdadi y otros eran radicales violentos (...), pero su tiempo en prisión hizo más profundo su extremismo y les dio la oportunidad de aumentar el número de seguidores», escribió el antiguo militar Andrew Thompson en el diario «The New York Times» en noviembre de 2014. «Estos extremistas estaban básicamente gestionando una universidad para entrenar terroristas en nuestras propias instalaciones»*


La idea de "entrenar terroristas" no me parece la más adecuada porque lo que se hacía allí es distinto de lo que se hace en un campo convencional de terrorismo, el entrenamiento armado. Pero esta percepción nos muestra que no hay una distinción muy clara en la gradación del fenómeno del cual el atentado terrorista es uno de los finales posibles. Por decirlo así: el concepto de "seguridad" es demasiado restringido para los fenómenos que se tienen que abarcar.

La cuestión no se plantea solo en una cárcel como la que se nos describe. El problema en las cárceles de occidente en donde comienza a tenerse gran cantidad de presos islamistas empieza en el simple hecho del idioma. El hecho de que el personal penitenciario no logre saber de qué hablan o que si se tiene ese personal sea poco y obligue a reagruparlo para poder tenerlo bajo vigilancia. Con ello se produce el efecto que señalaban en la información de ABC: nosotros mismos los reunimos. Es más cómodo y barato, pero las consecuencias son terribles para el futuro. Gilles de Kerhove, el coordinador europeo de la lucha antiterrorista, ha llamado a la cárcel "incubadora de la radicalización"**. No le falta razón. Y nosotros los reunimos por comodidad y falta de recursos.


En septiembre de 2014, El Confidencial Digital titulaba una de sus informaciones "El aumento de los reclusos islamistas obliga a Prisiones a contratar traductores de dialectos árabes". Se nos decía que hasta el momento, es decir, hasta hace unos meses, no se disponía de traductores de lengua árabe. Eso supone depender de confidentes que suelen ser bastante poco de fiar en sus informaciones porque saben a quién deben temer más.
El Confidencial Digital informa de las nuevas dotaciones presupuestarias para la contratación de personal que pueda realizar las tareas de apoyo en sus tareas de prevención, que van más allá de la cuestión islamista, pues las mafias internacionales obligan al conocimiento de cada vez idiomas más alejados de los más usados:

El organismo reconoce que existe una “carencia de la Administración” a la hora de “disponer de personal con conocimientos en un número muy amplio de idiomas”, y una “necesidad” de estos servicios por “las características y procedencia cada vez más internacional de la población penitenciaria”.
Los presos islamistas, los que más preocupan
Técnicos de Instituciones Penitenciarias, consultadas por ECD sobre esta decisión de Interior, explican que en el ministerio, y en la secretaría de Estado, existe una “gran preocupación” por el crecimiento de la población islamista, y por el hecho de no “poder controlar” sus conversaciones.
En concreto, y según las fuentes citadas, “existe personal que conoce el árabe genérico”. No obstante, los presos, conscientes de ello, “empiezan a usar unos dialectos, más locales, que son imposibles de identificar y traducir por estos trabajadores”.
Por ese motivo, los técnicos de Prisiones dan por hecho que la Subdirección General de Servicios Penitenciarios elegirá la oferta que ofrezca a los mejores intérpretes de estos dialectos, ya que, a día de hoy, “no somos capaces de entenderlos”.***


Durante siglos, los delincuentes usaban sus propias jergas para evitar ser comprendidos por los que podían detectar sus intenciones. Lo primero que aprendía un policía era el lenguaje de los chorizos, del que acababa siendo un experto a fuerza de tratar con ellos. Pero el problema con el islamismo va más allá de esta cuestión. El árabe clásico, que comparten por ser la lengua del Corán, no es suficiente y se emplean las variedades y dialectos locales que usan para evitar que les detecten.
Las opciones son separarlos e impedir que se comuniquen o juntarles para que hablen y sean escuchados. Normalmente, excepto en casos muy señalados de aislamiento, lo que se suele preferir es lo segundo, porque la tendencia es a intentar saber lo que no se sabe y para eso es esencial la escucha vigilante.
La preparación de atentados es un objetivo prioritario, evidentemente. Pero no se debería dejar de lado el proselitismo porque es convertir la cárcel en esa "universidad" extremista que se señalaba.


Se deben plantear formas que impidan el proselitismo que es sembrar desastres futuros. Hasta el momento, las preocupaciones eran que los yihadistas iban a Siria y luego pudieran volver. Pero creo que ese problema ya está desbordado por problemas futuros que hay que ir imaginando.
Lo que debe ser entendido es que esto no es una cuestión temporal, que pueda ser cortada de raíz. Ese es siempre el error fundamental de la política de los Estados Unidos, ese pragmático ·voy, bombardeo y vuelvo" que tanto efectos negativos ha tenido y tiene. Es un exceso de confianza en que se pueden castigar las afrentas siempre y por la fuerza. Pero una cosa es la fuerza y otra el dolor. Cualquiera puede causar dolor con una bomba casera, como sucedió en Boston, o un simple cuchillo, como ocurrió en Londres. No hacen falta grandes redes; con alguien con voluntad de hacer daño es suficiente.


Las armas son prolongaciones de los seres humanos, de su violencia y fanatismo, de su deseo de dañar. Toda política que no entienda esto está destinada a enredarse con sus propios cordones. Esto no es una guerra convencional, limitada al tiempo y al espacio. Es un conflicto profundo que se vive en el seno de las sociedades que lo padecen y cuya solución debe estar allí. El empeño en considerarlo solo una "guerra contra occidente" es percibir erróneamente el problema, que tiene muchos niveles de complejidad.
Señalaban en El Confidencial Digital:

Según los datos que maneja el ministerio del Interior, en los últimos diez años, concretamente desde los atentados del 11-M, han sido llevados a prisión a más de 450 islamistas. De todos ellos, 42 son considerados terroristas de la Yihad.
Los contactos que éstos hacen en la cárcel, sumado al ingreso de nuevos islamistas procedentes de Siria que volvían a España a captar adeptos, han provocado que desde Interior estén muy atentos a las alianzas que todos ellos pueden tejer en las cárceles españolas: “Pueden utilizar cualquier conversación para sumar voluntades o intercambiar información”, explican las fuentes consultadas.***


La cuestión de las cárceles pasa a ser capital porque ya no se pueden considerar el fin de un problema, sino el comienzo de otro mayor. La estrategia que se deba seguir debe ser otra hasta la seguida hasta el momento. La necesidad de traductores que puedan interceptar los planes que puedan estar urdiendo es solo una parte. Además es necesario empezar a comprender la psicología, los mecanismos de la captación y el adoctrinamiento para poder combatirlos.
En 2008, los funcionarios de instituciones penitenciarias se quejaban de lo mismo y advertían que las cárceles, con menos personal y aumento de presos terroristas, se convertiría en eso que DeKerchove ha llamado "incubadora". Ahora parece obvio a todos.


Con todo, el origen del problema no está en las cárceles, sino allí donde la política local deja las manos libres para que el radicalismo se mueva para asegurarse el apoyo exterior; allí donde los medios de comunicación bombardean con llamadas directas o indirectas al sentido del agravio sin que nadie les conteste o desmienta; allí donde los intereses de las castas dirigentes siguen evitando el desarrollo; allí donde las élites se han asegurado de la existencia de la ignorancia para seguir manteniendo su estatus privilegiado. La Historia y sus errores —muchos nuestros— han hecho el resto.
El que se haya conseguido entender la importancia de esa escucha es esencial y es de esperar que ayudará a evitar males mayores. En un medio en el que la infiltración no es fácil y los confidentes son muy poco fiables, la mejor opción es la escucha atenta. Al problema de las redes sociales y las mezquitas controladas por radicales, entre otros, no se debería sumar el de las cárceles como centro de reclutamiento. Todos son puntos de entrada diferentes para la construcción del radical que solo necesita el empujón final, en el momento adecuado, para transformase en terrorista.



* "Camp Bucca, la prisión estadounidense donde nació el Estado Islámico" ABC 26/04/2015 http://www.abc.es/internacional/20150426/abci-camp-bucca-universidad-estado-201504232109.html
** "De Kerchove: “La cárcel es una gran incubadora de la radicalización”" Parlamento Europeo En Portada 30/03/2015 http://www.europarl.europa.eu/news/es/news-room/content/20150316STO34842/html/De-Kerchove-%E2%80%9CLa-c%C3%A1rcel-es-una-gran-incubadora-de-la-radicalizaci%C3%B3n%E2%80%9D

*** "El aumento de los reclusos islamistas obliga a Prisiones a contratar traductores de dialectos árabes" El Confidencial Digital 26/09/2014 http://www.elconfidencialdigital.com/seguridad/islamistas-reclusos-prisiones-dialectos_arabes_0_2351764827.html




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