martes, 14 de abril de 2015

Dos provocaciones

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La política egipcia, ya de por sí complicada, se enreda con sentencias de muerte y con consideraciones teológicas, mientras los partidos siguen discutiendo qué se puede hacer con esas elecciones que no llegan y que no interesan a nadie. ¿A quién le interesan unas elecciones en las que el resultado final es el debilitamiento de los partidos y el control presidencial del parlamento? Evidentemente a nadie. En una política en la que converge todo, es normal que todo se convierta en parte de los conflictos entremezclándose.
Junto a los conflictos claramente políticos hay dos que están contribuyendo al debate en estos días; ambos tienen que ver con las cuestiones religiosas. Da la impresión de que existiera una corriente de fondo que trata de romper el discurso nacionalista religioso que el gobierno está tratando de construir como refuerzo de su posición frente a los islamistas.
Hemos señalado en muchas ocasiones la lucha por el control del discurso religioso. Por encima de cualquier otra circunstancia, es un hecho que el parlamento que salió anteriormente de las urnas era mayoritariamente islamista, integrado por la Hermandad y los salafistas. Aunque muchos votaron a Morsi como una forma de no votar a los militares, dando crédito a las promesas del islamistas de que gobernaría para todos —algo que pronto se vio que no era cierto—, esta circunstancia no puede ser ignorada. Como en su momento hicieron Nasser y Sadat especialmente, y Mubarak, trataron de aprovechar la religiosidad conservadora egipcia, desligándola de la Hermandad Musulmana.


Da la impresión de que existe una cierta resistencia en los sectores laicos de la sociedad a aceptar este planteamiento mantiene el conservadurismo religioso y evita las formas de modernización. Por decirlo de forma resumida: da la impresión de que existe el deseo de llevar a la sociedad egipcia hacia la situación anterior a las políticas reislamizadoras llegadas en los años 70 y 80 principalmente desde el Golfo.
Uno de los fenómenos más sorprendentes es cómo "retrocedió" la sociedad en su conjunto ante los avances que afectaban a las costumbres (por ejemplo, el vestido) y que empezaron a ser controladas socialmente y desde las instituciones que los islamistas iban controlando.
Basta con ver fotografías de El Cairo o Alejandría en los 70 para darse cuenta cómo aquellas ciudades cosmopolitas y abiertas a la convivencia se fueron convirtiendo externamente en más islámicas. Esto no es solo una cuestión de "velos" sino de muchos otros elementos cotidianos, elementos visibles que fueron desapareciendo por efecto de un movimiento lento pero eficaz. Estas corrientes llegaron desde distintas fuentes y fueron cambiando la cara de las ciudades.


Mediante diversas estrategias, se fueron eliminando las ideas y las formas "occidentalizadas", "modernas" y fueron sustituidas por nuevas señas de identidad islámicas que se fueron imponiendo. La más visible es la de la vestimenta femenina, pero no es la única. Las estrategias sutiles de los islamistas iban creando una fisura desplazando a los intelectuales anteriores que habían abogado por la democratización de los diversos países, sustituyéndolos por una ideología a la que se le confirió el valor de "identidad". Pronto los que no encajaban, quedaron fuera y se les negó el derecho a aportar nada al futuro de sus países. No había más que una posibilidad de futuro.
Los intelectuales laicos fueron desplazados por ambos, por los gobiernos que los veían como denunciantes de las formas autoritarias y los islamistas que los veían como enemigos ideológicos de sus planteamientos. Quedaron fuera del país, en tierra de nadie, al margen del oficialismo autocrático y del islamismo agazapado que iba penetrando como ideología social, como prácticas cotidianas. Les interesaban tanto las mezquitas como las universidades o las empresas; colocaban gente en los sindicatos médicos o de periodistas que pronto se fueron llenando de miembros de la Hermandad. El gobierno, ciego por la posibilidad siempre a mano de la redada, se confió.


Hay algunos signos de que algunos pudieran estar buscando una vía de recuperación de ese espacio más liberal que no busca el control de lo religioso, sino la apertura hacia unas formas menos autoritarias y controladoras de la persona. La idea absurda de equiparar ateos y terroristas, como hace el gobierno actual en su retórica, no hace sino crear el caldo del cultivo del futuro integrista, acostumbrándolo a contemplar a todo aquel que no piensa como él como un traidor, como un peligro para la sociedad. Todo esto convierte al Estado en mantenedor de la fe bajo amenaza de la fuerza. No creer es un hecho delictivo.
De ahí que estos días nos hayan llamado la atención varios "movimientos" que han puesto en guardia a los vigilantes de la ortodoxia. El primero de estos casos está creando tensiones con la Universidad de Al-Azhar, la institución egipcia que tiene gran peso en el islam suní como referencia y que Nasser tuvo la inteligencia de "funcionariar" para controlar y evitar problemas En Mada Masr recogen el caso del predicador Islam Beheiry:

The religious institution’s lawyer filed the complaint with the general prosecutor. The accusations against Beheiry range from propagating extremist ideology, to insulting Islamic scholars and attempting to destabilize national peace. His show, “With Islam,” broadcasts on the privately owned channel Al-Qahera wal Nas.
Beheiry is also accused of slandering Al-Azhar scholars and intentionally insulting the institution itself.
The preacher has incited debate since his show first aired in July 2013. He reportedly disseminates religious views that run counter to the core beliefs propagated by Al-Azhar, the region’s official Islamic authority.
For instance, Beheiry has stated that the Quran should not be read literally, but rather interpreted according to the times in which religious followers live. He has also cast doubt on certain sayings that most Islamic scholars have attributed to the Prophet and hold as sacred, as well as questioned women’s rights in Islam, and the belief that those who insult the Prophet should be killed.*


Como se ve en el último párrafo, las cuestiones que quedan sujetas a interpretación —palabra muy peligrosa— afecta a la vida cotidiana o a casos trágicos con la muerte de la mujer afgana, Farkhunda, linchada por la acusación falsa e interesada de haber quemado páginas del Corán que hemos tratado estos días. Por proponer una visión hermenéutica e histórica del Corán, la actualización a los tiempos en que viven sus intérpretes, se tuvo que exiliar de Egipto Nasr Hamid Abu Zayd, un caso célebre que muestra hasta qué punto la intransigencia se fue infiltrando en las instituciones. Con motivo de una conferencia en Madrid por la traducción de una de sus obras, la revista M'Sur resumía así su caso:

La fama le precede: Nasr Hamid Abu Zayd (Tanta, Egipto, 1943), profesor en la Universidad de El Cairo, investigador de la historia del islam, es considerado hereje en Egipto. No es un decir: en 1995, un tribunal civil de El Cairo declaró apóstata al profesor basándose en sus escritos, pese a que Nasr Hamid Abu Zayd siempre mantuvo que es musulmán y que considera el Corán la palabra de Dios.
Como consecuencia del juicio, el matrimonio de Abu Zayd se anuló, porque la ley egipcia prohíbe que una musulmana esté casada con un hombre de otra (o de ninguna) religión. La pareja se exilió a Holanda, donde Abu Zayd ocupa la cátedra Ibn Rushd de Humanidades e Islam en Utrecht.**


La importancia que tienen dentro de la tradición islámica las líneas interpretativas ha hecho que aquellas que pudieran abrir el islam y el Corán al tiempo presente sean perseguidas como heréticas por los fundamentalistas disfrazados de ortodoxia. Mediante este tipo de prácticas (la denuncia, el acoso, la amenaza), se ha ido "purgando" de individuos peligrosos, con la consecuencia final de haber cerrado la posibilidad de cualquier otra interpretación. Las bases del fundamentalismo están echadas desde que se imposibilita cualquier forma de diálogo y racionalidad. Ya desde el título de la entrevista Nasr Hamid Abu Zayd avisaba: «Hoy, la universidad árabe está penetrada por el fundamentalismo». No hay que preguntarse demasiado de dónde han salido los que va a Siria. Mohamed Morsi lo tenía muy claro cuando llegó al poder: había que luchar en Siria.
Apenas quince días antes de su caída en 2013, la publicación Voice of America recogía esta intervención del presidente Morsi:

Addressing a rally called by Sunni Muslim clerics in Cairo, the Sunni Islamist head of state also warned Assad's ally, the Iranian-backed Lebanese Shi'ite militia Hezbollah, to pull back from fighting in Syria.
"Hezbollah must leave Syria. These are serious words," said Morsi, whose country hosted a conference of Sunni clerics this week who issued a call for holy war against Damascus. "There is no space or place for Hezbollah in Syria."
The rally underscored the region's deepening sectarian rift. A cleric who spoke before Morsi described Shi'ites as heretics, infidels, oppressors and polytheists.***


Con los islamistas fuera del poder y perseguidos y encarcelados en Egipto, Siria no era mal lugar para ir a luchar, tal como Morsi les había pedido. Guerra santa a Damasco.
La controversia creada por las intervenciones del predicador Islam Beheiry ha aumentado estos días y la Universidad de Al-Azhar ha lanzado diversos ataques contra él. La última por dudar de la transmisión de ciertos hadices, es decir,  dichos atribuidos al profeta Mahoma y atestiguados en su veracidad por una cadena de transmisión. La polémica queda servida y con virulencia. El ministro de Dotaciones Religiosas hacía unas declaraciones autorizando a los salafistas a defender ante los medios que atacaban al islam. Esta medida es insólita porque toda la política seguida hasta el momento trataba de excluir a los predicadores más radicales. Y los salafistas lo son. Es como liberar a los perros de su cadena para que ataquen a los agresores.


La segunda controversia tiene un matiz también provocador. Proviene de un periodista y escritor  egipcio, con una larga trayectoria internacional, especialmente en Francia, y que ha trabajado en la UNESCO, Cherif Choubachy. La noticia la traía Ahram Online e involucraba de nuevo a la Universidad de Al-Azhar:

A senior official at Al-Azhar, Egypt’s highest Sunni Islamic institution, on Monday took a swipe at a recent call for Muslim women to take off their veil, stressing that the head cover is a religious must for female Muslims once they reach puberty.
‎Abbas Shouman, deputy to Egypt's Grand Imam, made the comments, after writer Cherif Choubachy recently called on his Facebook page for veiled women to take off their headscarves at a rally he proposed to be held in Cairo’s Tahrir Square in early July.
Choubachy argues that the headscarf, which is common in Muslim countries, re-appeared in Egypt in the early 1970s after it had all but disappeared for 50 years, following rhetoric at the time that Egypt had lost the 1967 war against Israel because people had strayed from Islamic teachings.
“It’s unacceptable for anyone to ask a woman to quit praying, fasting,” or any other Islamic tenet, Shouman said, calling Choubachy's comments "an encroachment on women's freedoms".****


Esta vez el desafío es la obligación del velo. La invitación a ir a la Plaza Tahrir y quitárselo a primeros de julio puede ser un momento complicado. Pero lo importante es que se mantienen en jaque a las instituciones religiosas en su control de la vida de las personas. En Egipto se da una paradoja que he escuchado y visto en muchas ocasiones: las abuelas son las liberadas, sin velo, profesionales, mientras que las hijas y las madres han perdido ese elemento por el que ellas lucharon. La obsesión matrimonial con la que se bombardea a las hijas para casarlas cuanto antes es una forma indudable de control social. Aquello por lo que sus abuelas lucharon, se perdió por el camino. Su modernidad fue desperdiciada por sus hijas e ignorada por sus nietas. La invitación a ir a Tahrir sin velo tiene mucho de provocación, pero también de intento de recuperación de un tiempo que se ha querido enterrar por ese tradicionalismo islamista.


El fondo de la cuestión es este: la obligación de vivir bajo las formas estipuladas y la condena si no se siguen esas normas. Hay una parte de la sociedad que busca recuperar las libertades anteriores a la reislamización social; otra, por el contrario, quiere seguir por esa línea. También se perciben corrientes, dentro del campo religioso, que luchan por modernizarse unas o por reafirmar el control social otras. El efector del Estado Islámico, Boko Haram, etc., está —más allá de la retórica— conmoviendo muchas conciencias que tienen sus propias interpretaciones sobre el origen de la barbarie y que apuntan a la apertura de una corriente de modernización que permita salir adelante.
Los mensajes son confusos. Aunque sea pronto para decirlo, estos desafíos son importantes para muchas personas que vieron en las revoluciones de la primavera árabe una esperanza de modernización democrática de sus países y que se encontraron, por contra, con una caída retrógrada en una islamización profunda, como la emprendida por Mohamed Morsi y los suyos. Parece que estamos ante un intento de mover piezas desde la sociedad civil allí donde los partidos, muy débiles, son incapaces de salir del impase en que se encuentran.



* "Azhar presses charges against controversial TV preacher" Mada Masr 6/04/2015 http://www.madamasr.com/news/azhar-presses-charges-against-controversial-tv-preacher 
** "Nasr Hamid Abu Zayd: Hoy, la universidad árabe está penetrada por el fundamentalismo" M'Sur 29/11/2009 http://msur.es/2009/11/29/nasr-hamid-abu-zayd/
*** "Morsi Cuts Egypt's Syria Ties, Backs No-fly Zone" Voice of America 15/06/2013 http://www.voanews.com/content/egypt-syria-no-fly-zone/1682647.html

**** "Al-Azhar deputy rejects call for women to remove their headscarves" Ahram Online 13/04/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/127564/Egypt/Politics-/AlAzhar-deputy-rejects-call-for-women-to-remove-th.aspx




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