viernes, 24 de abril de 2015

De velos, predicadores y libros quemados

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La guerra que anunciábamos sigue su curso. Las presiones de la Universidad de Al-Azhar han conseguido que se deje de emitir el programa televisivo en el que un predicador se permitía dudar de la autenticidad de una serie de hadices. Se confirma la existencia del conflicto abierto y ahora solo cabe ver sus consecuencias, qué efectos tienen sobre la lucha profunda.
Mada Masr nos daba la información ayer en estos términos:

The controversial talk show “With Islam” will be pulled off air at Al-Azhar’s request, the privately owned satellite channel Al-Qaherah wal Nas said in a statement issued Wednesday night.
The channel made the announcement after Al-Azhar Grand Sheikh Ahmed al-Tayyeb filed a lawsuit earlier in the day demanding the show’s cancellation. The prime minister, investment minister, the chairman of the board for the Television and Radio Union, the head of Al-Qaherah wal Nas and the show’s host, Islam al-Beheiry, were all named in the suit, according to the Wafd Party’s official newspaper, Al-Wafd.
In its statement, the channel said it would comply with the grand sheikh’s request to think carefully about how the media handles religion. The management at Al-Qaherah wal Nas doesn’t encourage television shows that polarize Muslims, the statement continued, particularly given that such programs have proven to have a negative influence on society by increasing conflict and friction at a time when unity and harmony are most needed.
"Freedom of thought and expression are constitutional rights for all citizens. However, protecting the country’s best interests is a greater goal," the statement concluded.*


No deja de sorprender los términos en los que se está expresando, especialmente ese párrafo final de la cita en el que se señala la contradicción fundamental: el conflicto entre unas hipotéticas libertades de pensamiento y expresión y unos "intereses" superiores del país. Egipto, de nuevo vuelve a caer en las falacias que reducen sus posibilidades de futuros dejando otra victoria en manos de la fuerza conservadora institucional.
Parece que a Egipto solo le queda elegir entre grados de intransigencia, dejando como una siniestra ironía esos derechos que siempre dice reconocer, pero que no deja de pisotear. Es su respuesta tradicional a cualquier crítica a un sistema que se está blindando cada vez más en lo religioso tradicional para alejarse de la otra fuente de manipulación  religiosa, la Hermandad Musulmana.
La alianza del militarismo con las fuerzas religiosas conservadoras, opuestas a las "internacionalistas" de la Hermandad está dando forma a un nacionalismo religioso institucional con el que se pretende controlar al país: las instituciones religiosas, centradas en Al-Azhar, apoyan al gobierno mientras el gobierno le limpie el camino de aquellos que quieren debilitar la fuerza de la religión. Si Nasser manejó a los del Al-Azhar, es ahora la Universidad y sus clérigos los que parecen ponerle los límites al presidente Al-Sisi y presionan para eliminar a aquellos que creen que parte de la modernización de Egipto pasa por las libertades de conciencia y expresión. O simplemente no comparten los criterios religiosos como una imposición. La lucha es por determinar si uno está obligado a la religión por haber nacido en un país y el derecho de las instituciones a controlar la vida de todos a través de la religión.


De esta forma, el gobierno le quita obstáculos al control religioso de Al-Azhar en todo el país. Es un camino este que tendrá graves consecuencias en el futuro. Se elimina a la Hermandad acusándola de extremismo religioso, pero —extremista o no, que es cosa relativa— se funda una intransigencia monolítica en la sociedad. Es sorprendente cómo se puede sostener esta incongruencia constante, cuyo eje es la constatación milenaria de que la religión se usa, con todas las excusas que se quieran dar, para mantener el control del poder y deshacerse de la disidencia. Gracias a este uso constante de la intransigencia al convertir cualquier opinión contraria a las oficiales, se están poniendo los cimientos del nuevo integrismo, es decir, de una sociedad que pedirá la cabeza de cualquiera que la use para pensar y no para moverla para asentir acríticamente.


Al-Azhar gana posiciones y el gobierno, si se puede decir así, se refuerza en ella pero también se debilita porque queda cada vez más en manos de aquellos que piensa controlar. Pero así suele ser la política, una lucha de astucias en la que los enemigos se alían con la esperanza de poder debilitar al otro. Pero quien realmente sale ganando es el que posee la fuerza de condicionar, en este caso, Al-Azhar, que a su vez comenzará a ser escenario de luchas y divergencias para digerir el poder que van acumulando.
El otro caso abierto, el de la controversia del velo, también sigue en paralelo su recorrido. Al-Ahram Weekly publica un interesante artículo describiendo y analizando el hecho:

Sherif Al-Al-Shobashi, who spent years working as Al-Ahram’s correspondent in Paris and also served as an official at the Ministry of Culture, made his call in a recorded video message. He stressed he was not asking all Egyptian women to take off their veils, only those who had been forced by their parents or husbands to cover their heads. Girls as young as 4 years old were being asked to veil at some schools, he said. He also criticised arguments which Islamists and other conservative groups use to back up their demand women wear headscarves and cover their bodies: that it somehow spreads morality in society.
“If the hijab (veil) is a sign of leading an honourable life why do so many women serving time in prisons wear the veil?” asked Al-Al-Shobashi. He then went on to claim that “99 per cent of Egypt’s prostitutes are also veiled.”
Al-Al-Shobashi’s ridiculous claim quickly rebounded. Popular news website Al-Youm Al-Sabei twisted his words and reported the journalist had said 99 per cent of Egypt’s veiled women were prostitutes. The cynical headline spread like wild-fire, and Al-Shobashi soon found himself cast as public enemy number one.
Al-Shobashi’s basic position — that religious and conservative groups use the hijab for political purposes, forcing women to veil and then claiming their veiling is an expression of support for a religious state — is a familiar one. It has been repeated for years by secularists who, in Egypt, also claim the growth in influence of conservative oil-rich Arab Gulf states — millions of Egyptians spend time in the Gulf working — has deformed local culture.**


La manipulación realizada sobre las palabras de Shobashi muestra los términos en los que se está luchando por una opinión pública manipulada hasta extremos ridículos por una batería de medios que alientan constantemente la intransigencia. Que Ahram Weekly se haya sentido en la obligación de salir en defensa del antiguo compañero periodista no deja de ser significativo y es una muestra más de esa polaridad con la que se está manejando al país.
Por un lado se ha jugado con la imagen de un Al-Sisi "nasserista" para evocar la imagen del "héroe" nacional y nacionalista, militar; pero por otro se juega con la religiosidad de un Sadat, que fue quien abrió de nuevo las puertas a la influencia islamista en Egipto, dejándoles las bases sociales. Si Nasser persiguió a muerte a los Hermanos Musulmanes y ellos le persiguieron a él con intentos de atentados, la Historia, en cambio, nos dice que a quien acabaron asesinando fue a Anwar El Sadat, el piadoso, ametrallado por islamistas mientras presidía un desfile. Para los islamistas, ese fue un día grande. Pero la historia sirve sobre todo para lamentarse, más que para aprender.
Al-Sisi juega con fuego y está sufriendo ahora el desengaño de los que le han apoyado y a los que está marginando dando protagonismo a Al-Azhar que el cubre los sermones de las mezquitas y le filtra los clérigos. Sin embargo, es ingenuo pensar que eso va a contribuir a la modernización de Egipto. Por el contrario, como señalábamos, establecerá los fundamentos de la nueva intransigencia que se volverá contra él el día que se vea forzado a frenarla en algún aspecto.
El análisis realizado en Al-Ahram Weekly por Khaled Dawoud establece las mismas conexiones que señalamos en su momento, vincula el caso del predicador censurado con el del velo de Al-Shobashi:

Since the ouster of Mohamed Morsi as president on 3 July, 2013, Islamists have argued that what they term the military coup was directed not at the Muslim Brotherhood but any attempt to establish an Islamic state. They charge that President Abdel-Fattah Al-Sisi’s repeated calls for “a reform of Islamic thinking” — calls that are believed to have encouraged men like Al-Shobashi to stake out their own positions — constitutes a “war against religion.”
But the simple fact is that the Muslim Brotherhood is not alone in pushing for the identification of Egypt as a conservative Islamic state.  Salafist groups, including the Nour Party, and the religious establishment of Al-Azhar — often promoted as the representative of a moderate, tolerant Islam — were also outraged by Al-Shobashi’s call.
Secular intellectuals in Egypt, they say, are abusing Al-Sisi’s call to renew Islamic thinking and reject extremist ideas that tolerate terrorism.  Instead they are using it to attack the key tenants of Islam, which they believe includes the veil.
They point to recent incidents in which a television presenter on a private channel, Islam Al-Beheiri, has devoted his talk show to attacking Islamic scholars who lived in the early centuries of Islam and whom Al-Azhar reveres as unquestioned authorities. Al-Beheiri has also attacked Al-Azhar itself, claiming many of its teachers are religious reactionaries, and the institution is riddled with extremists.
The Brotherhood, and other conservative Islamist groups seeking to promote the idea that Islam is under attack, were handed a propaganda gift when Bothaina Keshk, the deputy minister of education for Giza, took it on herself to organise a book burning session at a school previously owned by a Muslim Brotherhood businessman but now under government control. Keshk said her decision to burn books was part of the effort to confront extremist ideas, and that the volumes consigned to the flames were not included on the official list of texts provided by the Ministry of Education to school libraries.**


Es la línea en la que presentábamos los dos casos hace unos días, como un intento por parte del Egipto liberal y secular (que existe), de revelar que no se ha avanzado en la lucha contra la intolerancia y el reaccionarismo, sino que están ganando posiciones y haciéndose con un mayor poder de control. El ministro de Cultura, del que hablamos el otro día por el incidente en Alejandría, insultado y humillando a una funcionaria por su sobrepeso, es profesor de Al-Azhar. Será el encargado de vigilar la cultura posible a través de su ministerio. No es una buena noticia para muchos, a los que les gustaría tener a alguien con otra mentalidad para administrar los recursos, dar entrada a la gente creativa y transformar la cerrazón de muchos a través de la cultura.
Al final del párrafo citado se alude a otro motivo de escándalo: la quema pública de libros en una escuela (parece que ha habido más casos) de antigua propiedad de la Hermandad. Los libros se apilaron en el patio y se procedió a la quema pública entre cantos patrióticos y agitado de banderas. Por supuesto a la hoguera fueron los textos de la Hermandad, pero también otros que no tenían nada que ver, demostrando que una vez que se ha encendido un fuego se suele aprovechar bien.

The scene of books being burned in front of students as nationalist songs played and the school’s headmaster and other teachers were joined by Keshk in waving Egyptian flags provoked uproar among secular writers, including many supporters of Al-Sisi. Keshk might have thought she was supporting state effort to fight extremism, they said, but what she had really done was engage in an absurd action that would provide the government’s Islamist critics with ammunition.
The arguments reached such a pitch that Al-Sisi himself apparently felt a need to intervene. In a speech delivered at the Military Academy on 17 April, the president said that when he called for a renewal of Islamic thinking he had intended the task to be undertaken by “enlightened, respected scholars”.
“The manner in which this issue has been treated by some media outlets does not serve the cause of renewal. Religious discourse will not be reformed overnight. It needs the efforts of enlightened scholars. The issues are complex and have been ignored for too many years,” he said.
Al-Sisi, whose wife and daughter are veiled, asked those dealing with the issue of religious reform “to be careful”.
“Do not pressure public opinion and scare people in their homes. People hold nothing more dear than their religion. This issue should be addressed delicately and responsibly.”**

Las afirmaciones sobre quién debe controlar la "reforma religiosa" nos muestran claramente que esa tarea la realizarán aquellos que deben ser reformados, algo metafísicamente imposible. Ninguna institución va a iniciar motu propio una reforma que le haga perder su poder. Y eso es lo que está ocurriendo. Los quemadores de libros —algunos, tras 1984, han hablado de Farenheit 451 — han aprovechado para mandar a la hoguera todo aquello que les estorba. Se ha señalado que algunos de los libros quemados son de reformistas o no tienen nada que ver con la religión, como Bonaparte en Egipto, de J. Christopher Herold, o un texto de Abdel-Halim Mahmoud, probablemente el mayor reformista que ha tenido la Universidad de Al-Azhar al frente, entre 1973 y su muerte en 1978, un defensor de la ciencia moderna y su papel en el cambio de las mentalidades. Tenía un doctorado en Filosofía conseguido en La Sorbona.
La pretensión actual no es abrir, sino sacar del ruedo a aquellos, laicos y rivales, que les disputen la hegemonía del pensamiento. La moderación y el extremismo son relativos; si se expulsa a unos radicales, como los Hermanos Musulmanes, los que hasta el momento se presentaban como "moderados" pasan a ocupar su función dentro del sistema. Son "moderados" relativos pero con enemigos comunes, los laicos.

La contestación del ministro de Exteriores sobre esa parte de los "derechos humanos" que no eran compatibles con las tradiciones nacionales y la religión, que ya comentamos, no son un buen augurio para una hipotética democratización plena que pase porque las instituciones ocupen un lugar determinado. Pero eso se resuelve satanizando la democracia como un perverso invento occidental, cuya función es destruir países y religiones. Lo mismo ocurre con el feminismo o cualquier otra cosa que no guste a una ortodoxia que es cada vez más opresiva porque las tentaciones exteriores son mayores y teme perder el control.
La lucha parece abierta. Los desafíos serán para la presidencia que, a falta de elecciones y de un parlamento a la vista, tendrá que asumir el desgaste de las decisiones propias y de los ministros, que tampoco ayudan demasiado. Un programa de televisión, una concentración para señalar que el velo no debe ser una obligación, unos libros quemados... Son hechos aparentemente aislados, pero que cuando se dibujan las líneas entre ellos permiten reconocer ciertas formas.

Conforme se vayan alzando más voces en Egipto, tanto el militarismo como el conservadurismo religioso reaccionarán de forma más intensa. En el centro se encuentra una solitaria presidencia que se va erosionando cada día por sus decisiones internas y exteriores. A Nasser no se le perdonó el fracaso militar de 1967 frente a Israel. Mientras haya un frente militar abierto, Al-Sisi recurrirá a los "intereses nacionales" que son, según parece, vencer al terrorismo y acabar con un programa que pide otra forma más abierta de religión. La solución de convertir la religión de nuevo en funcionarial, que hizo Nasser, sometiendo a Al-Azhar, tenía sentido entonces. Pasadas las décadas, la figura de Al-Sisi juega sin embargo con lo que Nasser no hizo. Nasser se río cuando el líder de los Hermanos Musulmanes le planteó su pretensión —la primera de todas— de obligar a las mujeres a llevar el velo, diciendo que era responsabilidad suya como líder obligar a los demás.  Nasser contaba cómo le había dicho que si la hija del islamista, que estudiaba en la facultad de Medicina, no llevaba velo, cómo pretendía que las demás mujeres lo llevaran. Hoy todos resaltan que la familia de Al-Sisi, su mujer y su hija, van veladas; lo mismo que hace el odiado Erdogan. Al-Sisi parece dispuesto a hacer o a dejar hacer lo que no quiso hacer Nasser. Es más fácil nadar a favor de la corriente que en contra. Lo malo será cuando descubras hasta dónde te ha llevado esa corriente. Se puede intentar ser Nasser, Sadat o Mubarak, pero no los tres al mismo tiempo. Puedes juntar lo negativo de todos sus destinos.
El día en que el acto festivo sea presentar nuevos libros y no quemarlos con cánticos patrióticos y banderas en las manos, Egipto habrá avanzado mucho en su camino.




* "Conceding to Al-Azhar pressure, satellite channel cancels talk show accused of insulting Islam" Mada Masr 23/04/205 http://www.madamasr.com/news/conceding-al-azhar-pressure-satellite-channel-cancels-talk-show-accused-insulting-islam
** "Drawing the veil on simmering disputes" Al-Ahram Weekly 23/04/2015 http://weekly.ahram.org.eg/News/11079/17/Drawing-the-veil--on-simmering-disputes.aspx










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