domingo, 29 de marzo de 2015

La asimetría informativa y las otras lecturas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Uno de los fenómenos más interesantes cuando se revisa con cierta frecuencia prensa de diferentes países es el fenómeno de la asimetría informativa: no nos interesan en la misma medida los mismos temas. Hay cuestiones que pueden estar en primera plana en nuestros medios y, en cambio, son ampliamente ignorados o relegados a espacios ínfimos en otros. Por supuesto, ocurre en cosas "locales", pero nos sorprende cuando se producen en términos de noticias más impactantes o trascendentes, términos que se revelan profundamente relativos. A nadie le importa, por ejemplo, nuestras peleas políticas de gallos, pero no dejan de dar los resultados de la Liga en países que no saben ni a quién tenemos en La Moncloa (tampoco les importa lo que sea). Los fenómenos de asimetría ocurren, por supuesto, en los dos sentidos: nosotros también somos indiferentes a muchas de las cuestiones que otros puedan considerar como capitales.

Un ejemplo de ello lo ha planteado la catástrofe aérea de los Alpes, cuyo caso merece la pena comentar. Frente a los amplios despliegues informativos con los que "nuestros" (me refiero a los europeos, en general, y a los españoles en particular) periódicos y cadenas tratan el caso, ocupando las aperturas y los espacios principales, nos choca la casi "indiferencia" con la que el tema es tratado en los medios árabes, en concreto los egipcios, que son los que veo con más frecuencia. Marruecos, por ejemplo, le ha dado algo más de importancia por la muerte de dos de sus ciudadanos.
El fenómeno de la asimetría no se suele estudiar con frecuencia. Nos interesa saber lo que nos "interesa" y no tan por qué "no nos interesan" muchas cosas. La explicación pudiera ser que las cosas que no nos interesan (o desconocemos) son muchas más que las que nos acaban interesando.
La catástrofe de los Alpes es un episodio más de esta asimetría. Me ha resultado interesante ver cómo se ha convertido en otra ocasión de desencuentro con Occidente. Para ampliar cada día esa distancia, existe una campaña tendenciosa que difunde siempre puntos de vista mediante los cuales el agravio llega de Occidente. No niego que esto sea muchas veces real, pero sí me da la impresión que existe mucho interés en que este sentimiento sea cada vez más intenso.

La catástrofe del avión alemán con la muerte de 150 personas abordo ha provocado en algunas personas del mundo árabe una frustración semántica: "¿por qué no se le llama "terrorismo"?". La pregunta nos puede sorprender, pero es lo que he podido ver en diferentes comentarios de lectores que ellos mismos se contestaban: porque no había musulmanes implicados.
La creencia de que se está identificando permanentemente a los musulmanes como "potenciales terroristas" desarrolla un extraño sentimiento de agravio si no se considera "terrorismo" cuando un "cristiano" o un "occidental" lo hacen. A algunos les podrá parecer descabellado el razonamiento y, sobre todo, falso. El caso del avión de Germanwings no es terrorismo sino un asesinato en masa con un suicidio. La repuesta es que eso es lo que hace un suicida cuando hace estallar una bomba atada a su cuerpo en mitad de un mercado o cuando se estrellaron los aviones contra las torres gemelas en los atentados del 11-S.


¿Por qué este empeño en esta cuestión de la denominación? Hay varios motivos. El primero de ellos es interesado: es hacer sentir que se trata a los musulmanes directamente como terroristas. Esto no es cierto, pero hay muchos interesado en hacerlo creer para favorecer la ampliación de esa brecha respecto a Occidente.
A la creencia circulante de que es Occidente quien está detrás del Estado Islámico —algo que ya hemos tratado aquí en diversas ocasiones—, se añade la de la acusación de terrorismo en exclusiva a los musulmanes. Tanto una como otra son falsedades interesadas en un mundo saturado de rumores. Pero, ¿a quién le interesa esto? Pues a los mismos interesados en vender constantemente la "islamofobia" occidental.

Evidentemente lo que ha ocurrido en los Alpes, hasta donde sabemos, no puede ser considerado "terrorismo" aunque acciones con efectos similares puedan serlo o lo hayan sido. Por el mismo motivo, la masacre de los jóvenes socialistas noruegos en la isla de Utoya a manos del "cristiano militante" Anders Breivik, en julio de 2011, sí fue considerada, y de ello se le acusó, como "terrorismo". Breivik era un terrorista; todo lo desequilibrado que quieran, pero un terrorista. Con su acción pretendía actuar sobre el mundo y transmitir una idea determinada, una reivindicación, mediante el miedo o terror. El copiloto, en cambio, no creo que deba ser considerado así. Lo que sabemos hasta el momento no permite llamarlo "terrorista. Las oscilaciones se harán entre "lo patológico" y "lo criminal", pero se excluyen por ahora motivos de otro tipo. Tampoco es sencillo discriminar entre lo uno y lo otro, porque el comportamiento criminal puede ser derivado de una patología. Los límites de las palabras no son los de las cosas y menos los de las mentes.

El caso de Breivik sigue siendo interesante porque se consideraba "cristiano", como defensor de la fe, y "político" en una amalgama integrista cercana a la que se pudieran dar en otros integrismos de inspiración religiosa. Eso también sirve para que algunos hagan sus propias cuentas de agravios porque no se ha producido una especie de acusación al cristianismo. Quizá se olvidan que eso ya lo padecen coptos y demás cristianos en Irak o Siria a manos de las tropas del Estado Islámico y anteriormente de otras fuerzas islamistas. También los hay cristianófobos, desgraciadamente y con muchas muertes en su haber.
La queja, desde luego, es interesada. Se trata de resaltar el argumento que constantemente se usa: el "doble rasero" de Occidente, la "hipocresía" de los medios occidentales, etc. Todas estas expresiones salpican las redes y los foros de los periódicos, los artículos de opinión, etc. Se trata de crear un malestar creciente en los que se quiere manipular a través de estas reclamaciones frente a supuestos agravios.

El proceso de adscripción del terrorismo empieza por la definición del grupo muchas veces antes que el acto en sí. Primero se define al grupo como terrorista y luego se consideran así sus acciones. Egipto, por ejemplo, ha usado este recurso con profusión y exceso desde el momento en que declaró "grupo terrorista" a los Hermanos Musulmanes. Desde ese principio de denominación salen en cadena las demás consideraciones: simpatizantes, pertenencia, apoyo... a grupo terrorista. El terrorismo comienza con un acto nominal, un bautismo. El gobierno islamista de Morsi nombró gobernador de Luxor a un terrorista que había atentado contra turistas en aquella misma zona. Le debió parecer que era un mérito.

En el otro extremo, al establecerse las posibles enfermedades mentales (depresión, etc.) del copiloto alemán, las voces que se levantan ahora son las que tratan de evitar que se "estigmaticen", como ya han señalado algunos medios. France 24, por ejemplo, ya ha realizado algún debate sobre esta cuestión, señalando: "Web users condemn newspaper stigmatisation of depression after allegations crash pilot Andreas Lubitz hid his medical treatment from his employers."* El problema se amplía, como vemos, a otras comunidades de afectados por las generalizaciones.
Quizá estamos poco mentalizados para afinar los sentidos de las palabras que aplicamos a situaciones llenas de matices, cambiantes. Los medios están cayendo en errores de bulto a la hora de etiquetar muchos fenómenos. Lo señalamos aquí, por ejemplo, con los españoles que fueron a "luchar" a Ucrania y a los que no se etiquetó de la misma manera que si fueran a "luchar" a Siria. De hecho habían sido objeto de admirados reportajes como luchadores idealistas por parte de algunos medios cuando se fueron.  Eran "brigadistas internacionales", campeones de la libertad. Son errores que se pagan caros.


Quizá la queja sobre el doble rasero en la catástrofe aérea sea infundada en este caso, pero no lo es en otros muchos en los que usamos criterios y categorías poco adecuados para un mundo de información global, en el que hay que tener cuidado con las etiquetas y medir mucho el lenguaje y la manera de informar.


* "Anger at mental health stigmatisation after crash allegations" France 24 27/03/2015  http://www.france24.com/en/mediawatch/20152703-2015-27-03-2044-germanwings-plane-crash-depression-mental-health-controversy/


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