lunes, 9 de marzo de 2015

El villano convincente

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La noticia con la que abre Euronews hace unos minutos sus informativos es la existencia de un documental en el que queda al descubierto la planificación rusa de la toma de Crimea. Uno esperaría un trabajo de investigación de la CNN o de la BBC o algún medio alemán. La sorpresa es que se trata de un documental ruso en el que el mismísimo Vladimir Putin cuenta cómo se tomó la decisión, cuál fue el plan y cómo se realizó. Es un acto doble de propaganda: afirmas que fuiste tú, primero,  y demuestras que no te importa lo que piensen los demás, después. Es el desafío y el descaro.
El corresponsal jefe de la oficina en Moscú de The Washington Post, Michael Birnbaum, publica un artículo titulado muy expresivamente "Russia’s anti-American fever goes beyond the Soviet era’s". El artículo lleva en estos momento casi dos mil comentarios y cuando termine de escribir esto lo habrá sobrepasado pues no deja indiferente a nadie y los comentarios y reproches no cesan de producirse. Evidentemente oscilan entre los que lo consideran una forma de maquiavelismo ruso basado en la propaganda y los que señalan, como el primero que encontré "¡Ponte a la cola, Rusia!", dando a entender que el antiamericanismo crece en diferentes partes del mundo.
El inicio del artículo revela ya la situación extrema de la opinión respecto a los Estados Unidos:

MOSCOW — Thought the Soviet Union was anti-American? Try today’s Russia.
After a year in which furious rhetoric has been pumped across Russian airwaves, anger toward the United States is at its worst since opinion polls began tracking it. From ordinary street vendors all the way up to the Kremlin, a wave of anti-U.S. bile has swept the country, surpassing any time since the Stalin era, observers say.
The indignation peaked after the assassination of Kremlin critic Boris Nemtsov, as conspiracy theories started to swirl — just a few hours after he was killed — that his death was a CIA plot to discredit Russia. (On Sunday, Russia charged two men from Chechnya, and detained three others, in connection with Nemtsov’s killing.)
There are drives to exchange Western-branded clothing for Russia’s red, blue and white. Efforts to replace Coke with Russian-made soft drinks. Fury over U.S. sanctions. And a passionate, conspiracy-laden fascination with the methods that Washington is supposedly using to foment unrest in Ukraine and Russia.*


¿Está pagando los Estados Unidos la soledad de las cumbres? ¿Le ocurre a Norteamérica el fenómeno que describía aquella vieja canción de Randy Newman: "Ev'rybody knows my name / But it's just a crazy game / Oh, it's lonely at the top"? El fenómeno es de grandes dimensiones y necesitaremos a historiadores que se ganan el Premio Pulitzer trayéndonos algo de luz verosímil sobre ello. Conseguir que tus enemigos te odien más que nunca no tiene por qué ser necesariamente malo, para eso están. Pero esto requiere algo más de explicación: ¿por qué la gente cree casi cualquier cosa si se le adjudica a los Estados Unidos? ¿qué ocurriría, por ejemplo, si el documental que Euronews anuncia lo hubiera realizado la Casa Blanca y Barack Obama saliera ufano ante la cámara a contar cómo se pasó la noche en vela hasta tomar la decisión de conspirar contra Rusia y anexionarse descaradamente Crimea?


Desde luego, uno no pensaría que con George Bush los Estados Unidos se hicieran muy populares, pero el fenómeno está sucediendo con el teóricamente más popular y populachero Barack Obama.  Pero ocurre lo que ocurre y es lo que tenemos delante: Obama se enfrenta al mayor descrédito de los Estados Unidos desde la Guerra Fría con el agravante de que antes los bloques funcionaban de otra manera y puede que hoy tus "aliados" tampoco tengan una visión muy favorable de ti.
A lo largo del artículo de Birnbaum se observa una oscilación retórica identificativa entre los "Estados Unidos" y "Occidente", algo que sorprende al que no sea estadounidense porque supone hacer objeto de las iras antiamericanas a todos los demás que no son conscientes de haber hecho nada para merecer ese sentimiento. Pero la propaganda no es nunca justa ni respetuosa con las verdades de nadie. Por eso es propaganda; es unilateral y tendenciosa.
Recoge Birnbaum diferentes ideas manejadas por los rusos:

The years of perceived humiliations have “led to anti-Americanism at the grass-roots level, which did not exist before,” said Vladimir Pozner, a journalist who for decades was a prominent voice of the Soviet Union in the United States. More recently, he has to explain the United States inside Russia. “We don’t like the Americans, and it’s because they’re pushy, they think they’re unique and they have had no regard for anyone else.”
Anti-American measures quickly suffused the nation, ranging from the symbolic to the truly significant. Some coffee shops in Crimea stopped serving Americanos. Activists projected racially charged images of Obama eating a banana onto the side of the U.S. Embassy in Moscow. Russians cheerfully flocked to exchange Western-branded clothing for T-shirts with pictures of an Iskander missile launcher that said “Sanctions? Don’t make my Iskander laugh.”
“This anti-Western propaganda radically changed the atmosphere in the society,” said Lev Gudkov, the director of the Levada Center, the opinion polling firm. “It has become militarist.”
Many Russians tapped into a deep-rooted resentment that after modeling themselves on the West following the breakup of the Soviet Union, they had experienced only hardship and humiliation in return.*


La propaganda tiene que crecer en su intensidad para ser efectiva. Se basa en la mayor receptividad de la gente para aceptar con naturalidad lo que se dice del contrario. Tengo que convertir al objeto de mi ataque en el villano convincente. El hecho de que crean responsable a los Estados Unidos, al que ven detrás de cualquier caso, necesita alimentarse con las afirmaciones correspondientes. De esta forma, el que se lo cree ve realimentada periódicamente su fe.
Las "superautopistas de la Información", tal como las definió Al Gore, el vicepresidente norteamericano, iban a ser la demostración del poderío norteamericano, una forma de extenderse por el mundo dado el poderío informativo de los Estados Unidos y el diseño y control de la redes a través de las grandes empresas del sector. Sin embargo no es eso lo que exactamente ocurrió, sino más bien lo contrario. En un mundo mediático, lo que ha aumentado es la propaganda y la desinformación y el gran perdedor es Estados Unidos, cuyos niveles de popularidad y credibilidad se encuentran bajo mínimos.


La cuestión no es solo lo que opinen los rusos. Hemos analizado este efecto con frecuencia en los países de Oriente Medio, en los que el sentimiento antiamericano se ha convertido casi en un eslogan turístico en la zona. Es indudable que algo falla y sigue fallando porque el sentimiento va a más. América Latina es otro ejemplo de foco de antiamericanismo que va tomando nuevas formas respecto a las tradicionales ante el "vecino del Norte".

La recepción oficial a Vladimir Putin en países como Egipto, con las calles de El Cairo decoradas con retratos del presidente ruso atestigua que no lo ven como una amenaza sino como un aliado y que se ha hecho un hueco en sus corazoncitos. Incluso se esconde su responsabilidad en la situación siria por su apoyo incondicional al régimen de Bashar Al-Assad. Pero, ¿a quién le importa eso?
Que Putin salga en un documental explicando y presumiendo cínicamente de cómo se anexionó Crimea en un documental —"Regreso a la patria" lo han titulado— no es una buena señal. Quiere decir que se está proyectando como desafiante y eso no es nunca bueno. Evidentemente, Putin lleva desafiante mucho tiempo, pero esto supone un grado más. El lenguaje y la comunicación pueden usarse como formas de atenuación de los hechos para evitar la escalada y mantener una "ficción controlable". Cuando se desentiende y se transmite una imagen de este orden, el nivel de conflicto crece y obligará a los Estados Unidos a tomar otras medidas que hagan ver a Putin que no puede hacer lo que quiera. Putin ya puede presumir de que aquellos extraños "soldados sin identificar" eran fuerzas rusas sin temor a que se le llame invasor. La retórica propagandística lo usará como muestra de astucia y de recuperación del poder nacional ante los presuntuosos norteamericanos. La propaganda rusa interior y exterior es capaz de eso y mucho más.
Rusia y unos cuantos países ha logrado que el campeón de la libertad, el gendarme mundial, etc. la fórmula, pase a ser el villano convincente, aquel del cual se puede afirmar prácticamente todo, del que cualquier tropelía es creíble, el que conspira eternamente. Rusia, país donde se asesina a los opositores por las calles, se les apalea y reprime, con un sistema judicial en manos del gobierno, una propaganda constante, acciones homófobas violentas, de creciente nacionalismo militarista, etc., en cambio, es visto como un paladín justiciero capaz de frenar al gigante perverso. Es lo que hay.


El reportaje de The Washington Post se limita a recoger una situación y a transmitirla para hacer conscientes a los estadounidenses de un estado de cosas. En los Estados Unidos servirá para aumentar el debate interno sobre liderazgo internacional y la debilidad de la que responsabilizan a Barack Obama. Desde que comencé a escribir esto, se ha producido cuatrocientos comentarios más al artículo de Birnbaum. Y sigue, imparable.
El reportaje de The Washington Post termina con una frase que todo el mundo entenderá: «Last week, one McDonald’s billboard in the heart of Moscow read: “Made in Russia, for Russians.”» Por encima de cualquier otra consideración geopolítica, se entenderá, como diría el presidente Obama, que se ha traspasado una línea roja.


* "Russia’s anti-American fever goes beyond the Soviet era’s" The Washington Post 8/03/2014 http://www.washingtonpost.com/world/europe/russias-anti-us-sentiment-now-is-even-worse-than-it-was-in-soviet-union/2015/03/08/b7d534c4-c357-11e4-a188-8e4971d37a8d_story.html?tid=pm_pop





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