viernes, 27 de marzo de 2015

El giro

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El rápido giro que ha tomado la tragedia de los Alpes ha cogido desprevenidos a todos, desde la propia compañía a los familiares, pasando por las autoridades que investigaban. No han tenido que pasar por todas las etapas y el interés se ha desplazado de un tipo de causas a otras, del personaje colectivo —de las víctimas y sus allegados—, esas "historias" que el guión informativo va desgranando una vez que se tiene la lista de los fallecidos al "causante".
Las preguntas no son las mismas y los cambios abren nuevos frentes de inquisición, nuevas pedagogías sobre lo que es necesario saber para estar dentro de la comunidad lectora, la que recibe esos textos.
Lo ocurrido es una gigantesca desgracia, una explosión de dolor en miles de personas que han visto destruidas sus vidas por la desaparición de sus seres queridos. Analizábamos ayer, cuando se desconocía todavía todo esto que salió a la luz, las quejas de las víctimas anteriores de accidentes de este tipo a través de las palabras de Pilar Vera, la presidenta de la Asociación del accidente de Spanair. Su petición a los medios era que no "torturaran" innecesariamente a las familias en su dolor vivo, que se supiera la verdad por otras vías, las oficiales, que se hablara con ellos primero —junto a otras instancias oficiales— y que después se comunicara a los medios. No quería tener que estar pendiente de unos medios de los que hay que navegar entre especulaciones, disparates y datos para tratar de acercarse a esa verdad que necesitan para aliviar parte de su dolor. Pese a la premura, tampoco ha podido ser, aunque no se puede acusar a las autoridades de ello.


Los discursos periodísticos, como la mayoría de los discursos, se adscriben a diferentes géneros que les sirven de referencia como estructura, identificación de agentes, tono, etc. Las circunstancias establecen variantes que son resaltadas o se diluyen dentro de los tópicos de los géneros elegidos para poder contar una historia que parte de la realidad pero que forma parte de una tradición discursiva que tiene sus propias reglas y estilos.
La revelación de lo ocurrido ha provocado un cambio de género, reestructurando las informaciones, sus tonos y sus tópicos. Un ejemplo de ello lo tenemos en el artículo de Fernando Onega en La Voz de Galicia, cuyo título —"Ya no es accidente; es un asesinato masivo"—refleja de forma sintética ese cambio de género:

Cuando el New York Times publicó la filtración de las grabaciones de la caja negra del Airbus quedaba una pequeña esperanza: no era una información oficial. Solo estaba avalada por una fuente militar no identificada. Pero esa esperanza solo duró unas horas: las que tardó el fiscal de Marsella en presentarse ante la prensa y leer su escalofriante informe. El copiloto Andreas Lubitz «tuvo la voluntad de destruir el avión». De la investigación se desprende que fue una acción calculada y premeditada; que eligió el lugar para estrellarse y se limitó a esperar a las circunstancias adecuadas; es decir, el momento en que el comandante del vuelo abandonase la cabina para sus necesidades fisiológicas. Y el momento parece elegido por una mente diabólica: cuando el asesino se quedó solo y estaba cerca de los Alpes, contra los que resulta fácil estrellarse. Solo Dios sabe cuánto tiempo había esperado esa oportunidad. Y solo Dios sabe qué habría ocurrido si, en vez de tener los Alpes por delante, hubiera tenido un rascacielos habitado.*


Escuchaba esta mañana, hace unos minutos, el relato de cómo habían ido llegando los "WhatsApp" con la noticia de The New York Times a los familiares de las víctimas que estaban reunidos, cómo —uno tras otro— recibían el brutal giro que les obligaba a una reestructuración de sus mentes para enfrentarse a la nueva situación. El foco colectivo de las víctimas se dividía ahora en dos, como se dividieron en dos a las víctimas al tener que separar a la familia del copiloto del resto. Ya no eran "víctimas" sino la "familia del asesino" y su tratamiento es otro. Esa familia es víctima doble y su dolor difícilmente tendrá algún tipo de paliativo. Su calvario solo acaba de empezar.
Pero el cambio en los acontecimientos no solo les afecta a ellos. El relato de Onega se abre a los agentes colaterales. Introduce ya lo que serán los nuevos focos y las nuevas preguntas que articularán los discursos:

Los sindicatos de pilotos nos piden prudencia a la hora de comentar el hecho y es lógico que lo hagan, pero es difícil darles satisfacción. El informe del fiscal que lleva el caso ha sido claro y rotundo en su descripción. Sus palabras no responden a una creación imaginativa, sino que son producto de una grabación que tiene todas las garantías de autenticidad. Cuando lo que hasta ayer hemos llamado accidente comenzaba a ser inexplicable, el informe lo explica todo, por mucho que nos asombre y nos indigne: estamos ante un suicidio y el asesinato de 149 personas. Es uno de los mayores crímenes contemporáneos, después de las matanzas terroristas del 11-S en Nueva York y del 11-M en Madrid. Lo único que no tenemos, al menos mientras se escribe esta crónica, es el móvil. Se sabrá, sin duda, pero es la única incógnita que nos intriga. Es difícil imaginar qué motivos, qué locura, puede inducir a alguien a segar la vida de centenar y medio de semejantes.*


El texto de Fernando Onega, experimentado periodista, expresa los reencuadramientos de la información, el nuevo enmarcado para "contar" y "entender" los acontecimientos ante un giro tan inesperado, tan virulento.

Las tertulias televisivas que se están celebrando han cambiado sus invitados. Los que centran la atención, los que son objeto de baterías de preguntas, son aquellos que tienen que ver con la formación de los pilotos, los que analizan la selección de las compañías aéreas, los economistas que hablan de las compañías "low-cost" y de cuánto cobran los pilotos respecto a los de las compañías ordinarias, cuántas horas de vuelo tienen unos y otros, cuánto cuesta sacarse el título de piloto, quiénes son los que dan los títulos, etc., etc.
Las preguntas cambian y cambian las orientaciones. Ahora se logra introducir la "crisis" y los ahorros en los viajes al realizar los vuelos en compañías de bajo coste; se critica la normativa que ha rebajado la "calidad"; se critica a las compañías que extreman la selección del personal para los vuelos "caros" pero "dejan pasar a cualquiera" para pilotar los vuelos baratos. "¿Cuánto cobra un piloto de Lufthansa y cuánto cobra uno de su filial low-cost"?, le preguntan a los que se convierten en los expertos parlantes dentro del grupo de invitados.
Los discursos se readaptan, se cambia de género. El foco está ahora sobre la "depresión" de Andreas Lubitz, después de haber despejado las dudas sobre su "etnia" y "religión", primeros candidatos sospechosos de los móviles de la matanza. No se contentará nadie con una vulgar depresión, y se indagará en esa "baja prolongada" con la que interrumpió su trabajo en 2009.


Veo la primera página de la edición digital de El País. Estos son sus titulares: "La investigación policial se centra en la salud psiquiátrica del copiloto", "Un joven amable de clase media que siempre soñó con volar", ¿Qué controles superan los pilotos en las compañías aéreas?", "La catástrofe, minuto a minuto" “El terreno donde están los restos es muy peligroso, y se deshace”, "Canadá y varias aerolíneas exigirán dos personas en cabina" y "El factor humano", Componen entre todos ellos el nuevo repertorio de tópicos que centrarán los nuevos discursos y enfoques. En el centro, la personalidad de Andreas Blitz y sus circunstancias; las compañías aéreas y sus sistemas de contratación, control, medidas que tomarán para evitarlo, etc.; las víctimas como objeto de recuperación, identificación, etc.; y la reconstrucción de la historia como relato, como sucesión de momentos. Esa historia tendrá dos partes: el vuelo y los antecedentes, es decir, la historia que llevó a Andreas Blitz a estrellar el avión contra las laderas de los Alpes.

Ayer las discusiones eran sobre cómo llamarlo: "terrorismo", "crimen en masa", "accidente", "suicidio", "secuestro"... ¿Una mezcla de todo?" Estrellar un avión con pasajeros nos lleva al 11-S, pero carece del fundamento político o religioso para ser calificado como terrorismo. Suicidio de uno, pero asesinato de otros. Accidente dejó de serlo. La cuestión no es solo "narrativa" o "semántica" tendrá trascendencia jurídica (los responsables) y sobre todo en lo referido a las indemnizaciones y quiénes habrá de pagarlas. ¿Los seguros de Lufthansa cubren casos de pilotos suicidas? ¿Puede ser acusada de negligencia?
Lo que ocurre es un flujo de acontecimientos de los que seleccionamos la parte relevante para lo que queremos contar y en eso la elección del género discursivo y los tópicos que maneja son esenciales. El periodismo se vertebra sobre las preguntas posibles frente a los hechos probables. Lo que sabemos nos lleva hacia las zonas del interés de lo que nos falta por saber. Unas cosas se resuelven, otras quedarán en sombras y sobre ellas se especulará una y otra vez. Cada nuevo caso significativamente diferente amplía y modifica la forma de contarlo, pasa a formar parte de la secuencia que define al género narrativo. Las preguntas en el futuro serán otras.
Nada tapará el dolor de las familias que han sufrido esta terrible experiencia que nos adentra una vez más a preguntarnos sobre el absurdo humano. Las explicaciones llegarán hasta donde puedan llegar. Su proceso, evidentemente, es diferente en intensidad y motivación en el deseo de saber. Nosotros puede que estemos interesados en saber los detalles; ellos viven en el filo de una navaja entre la necesidad de saber y el dolor que esto les produce.
No seríamos humanos si la verdad no nos hiciera daño a veces. Y no seremos buenos profesionales si no procuramos ahorrar dolor.



* Fernando Onega "Ya no es accidente; es un asesinato masivo" La Voz de Galicia 27/03/2015 http://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2015/03/27/accidente-asesinato-masivo/0003_201503G27P18998.htm







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