viernes, 6 de marzo de 2015

Dos por uno o el ascenso del fanatismo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En el twitter reivindicativo del crimen de Avijit Roy se indicaba con satisfacción que era un "dos por uno": le habían matado a machetazos por ser norteamericano y ser ateo. El asesinato ha ocurrido en Bangladesh, de donde era originario Roy, y a donde había regresado para una feria local del libro. La suma de esos dos odios, el antiamericanismo y el fanatismo religioso, había acabado con su vida y, lo que es peor, había generado un doble placer a sus asesinos y un atractivo doble para sus seguidores, un doble estímulo para la imitación. Avijit Roy era el autor del libro "The virus of Faith".
Señalan en The New York Times:

“#Revenge + #Punishment,” the Tweet concluded. In the twisted minds of the militants, cleaving a writer’s head with a machete is fitting punishment for expressing views they do not like, and killing an American citizen is some kind of sick revenge for the United States’ actions in Afghanistan and Syria.*


El progresivo deterioro de la situación mundial creo que es un hecho constatado: hay muchas más zonas en conflicto. Y lo que es peor: los conflictos son de una naturaleza distinta, pues son fruto de una radicalización que va tomando posición en las sociedades, incluso en aquellas en las que la tradición no es la confrontación directa sino el diálogo.
A lo que estamos asistiendo es al crecimiento sistemático de la intransigencia, en especial de la intransigencia religiosa, un tipo de creencia que permite un doble vínculo, el positivo con la comunidad y el negativo con el resto del mundo que no comparte la misma visión del mundo. La religión se ha convertido en arma del poder o en la forma de mantenerlo.


En septiembre de 2014, el conocido periodista Fareed Zakaria hacía una revisión de un artículo que escribió para la revista Newsweek, tras el 11 de septiembre, y que tenía el expresivo título "Why the hate us". En la situación actual, Zakaria ha vuelto a tomar la pluma para tratar de explicar (o entender) lo que ha pasado desde entonces. Publicaba el nuevo artículo en The Washington Post, titulado "Why they still hate us, 13 years later". En su escrito, Zakaria señalaba tres cuestiones:

It’s not just al-Qaeda. I began by noting that Islamic terrorism is not the isolated behavior of a handful of nihilists. There is a broader culture that has been complicit or at least unwilling to combat it. Things have changed on this front but not nearly enough.
It’s not an Islam problem but an Arab problem. In the early 2000s, Indonesia was our biggest concern because of a series of terrorist attacks there after 9/11. But over the past decade, jihad and even Islamic fundamentalism have not done well in Indonesia — the largest Muslim country in the world, larger in that sense than Iraq, Syria, Egypt, Libya and the Gulf states put together. Or look at India, which is right next door to Ayman al-Zawahiri’s headquarters in Pakistan, but very few of its 165 million Muslims are members of al-Qaeda. Zawahiri has announced a bold effort to recruit Indian Muslims, but I suspect it will fail.
Arab political decay. The central point of the essay was that the reason the Arab world produces fanaticism and jihad is political stagnation. By 2001, almost every part of the world had seen significant political progress — Eastern Europe, Asia, Latin America, even Africa had held many free and fair elections. But the Arab world remained a desert. In 2001, most Arabs had fewer freedoms than they did in 1951.**


Son tres acercamientos a una situación que desde septiembre de 2014 ha evolucionado permitiendo que el análisis de los acontecimientos posteriores pueda ser diferente. Creo que existe una distorsión en la percepción que los Estados Unidos tienen de lo que ocurre, motivada en gran parte por su propia centralidad como potencia. Eso se manifiesta en ese "us" donde parece una cuestión casi deportiva: "selección USA" contra el resto del mundo. Estados Unidos está obsesionado con la pérdida anunciada por analistas e intelectuales de su papel de gendarme mundial, de superpotencia sin  rivalidad, la única posible tras la caída de la Unión Soviética. Este papel auto atribuido de líder mundial contrasta con los análisis que señalan su pérdida de influencia en muchas zonas (Oriente Medio es una evidencia, pero la mitad de América Latina es otra), por un lado, y la emergencia económica de China.
La distorsión americana impide hacer lecturas de los acontecimientos que ocurren en muchos ámbitos al estar más pendientes de la cuestión del liderazgo mundial que de los problemas en sí mismos. El análisis de Fareed Zakaria adolece de ese defecto y, sobre todo, no comprende los efectos de las propias acciones norteamericanas sobre el conjunto del sistema.
Creo que hoy es evidente que el problema no es solo Al Qaeda. También que no es una cuestión de sustitución de un grupo por otro, o de rivalidad entre grupos, como a veces se presenta, sino algo mucho más complejo. Pero durante años el problema se ha enfrentado como una cuestión terrorista, de esos "grupos de nihilistas". En el tercer punto, además, se soslaya el papel de los Estados Unidos en ese deterioro de los países árabes. Su papel es importante por acciones y omisiones, por errores y carencias.


Es el segundo punto el más controvertido y complejo: "It’s not an Islam problem but an Arab problem". Creo que es aquí en donde se establecen las mayores controversias y peligros. Hay consenso en señalar que no se puede responsabilizar a todos por lo que hacen algunos. La islamofobia puede ser muy injusta y contraproducente. Pero la cuestión no resulta, de nuevo, sencilla. El asesinato del científico de Bangladesh no se produce en un país árabe, pero sí en un contexto de crecimiento del fanatismo religioso, por lo que no es "solo" un problema árabe, sino que se añade como una dimensión más. Tampoco es un problema de Bangladesh, sino evidentemente de una forma de entender el islam y su implantación.

Los países árabes que están intentando frenar el avance del Estado Islámico viven en una contradicción que sí surge en el seno del islam, que es su capacidad de adaptación a sus propias sociedades, es decir, a su evolución en todos los órdenes. Las tensiones que se producen así son muy grandes y se traducen en movimientos que tienen consecuencias en el corto, medio y largo plazo. Estados Unidos no ha tenido en cuenta los efectos secundarios de muchos de sus movimientos porque siempre ha tenido el convencimiento de que poseía el poder suficiente como para reducir cualquier amenaza real frente a su liderazgo. Eso ha hecho que se hayan cometido errores tan evidentes como para que ahora tenga en contra a muchos antiguos aliados, que le responsabilizan de haber seguido una política contraria a los intereses de la zona y del avance de lo que se quería evitar.
Hay mucho de hipocresía en esta acusación, pero eso no significa que sea completamente infundada. Pero el centro de todo esto —la cuestión crucial— es el crecimiento del islamismo, que es de lo que muchos acusan directamente a los Estados Unidos.
Cuando se observan las sociedades árabes en los años 70 se percibe un mayor deseo de modernidad que se vio roto por la crisis del petróleo y la revolución iraní, que se sumaban al conflicto de Palestina. La revolución de los ayatolas en Irán fue antinorteamericana también. La crisis del petróleo y la amenaza de Irán en la zona llevaron al establecimiento de alianzas y, sobre todo, estas dejaron las manos libres a los gobiernos de la zona para realizar unas políticas internas ante las que se miraba hacia otro lado. Los derechos humanos eran sistemáticamente violados por unos gobiernos que, ante la impunidad que les daban sus alianzas internacionales, elevaron su nivel de corrupción, desidia y represión. Esto, convenientemente canalizado, se aprovechó para hacer ver que los responsables de que esos gobiernos estuvieran allí eran los Estados Unidos y, por extensión, Occidente entero. Se estaba ya fomentando el enfrentamiento futuro, que servía para alimentar las frustraciones sin solución. Los islamistas tenían su respuesta: el islam es la solución.


El estallido de las primaveras árabes ha sido un intento fallido de romper la dinámica interna de unas sociedades abandonadas y cuyo abandono ha sido aprovechado para crear el clima adecuado para el crecimiento del islamismo, moderado o radical, pues lo suyo es pasar de uno a otro. Estados Unidos ha estado favoreciendo el islamismo político porque presumía que así mantenía bajo control unas zonas que estaban condicionadas por la situación de Israel y la producción petrolífera.
¿Por qué las primaveras han dado lugar a un aumento del extremismo y la violencia en vez de lo contrario? Los que iniciaron las revoluciones no fueron los islamistas, que había sacado provecho de la desidia y abandono tomando posiciones. Fueron los grupos que tenían unas aspiraciones de libertades, de modernización social. El islam político no se planteaba esto en absoluto, sino la toma del poder para hacer una pinza de islamización, una doble presión desde abajo y desde arriba. El ejemplo de Egipto es muy claro. Turquía estaba haciendo lo mismo.

El problema que se plantea ahora es que tras décadas de abandono y penetración social del islamismo en los centros de la sociedad, tienen la capacidad de presión suficiente como para que las estrategias para combatirlos no sean rentables más que en algunos sentidos. Aquí hemos explicado en varias ocasiones la preocupación que nos provoca que el presuntamente liberal, democrático y laico gobierno de Egipto se dedique a equiparar a los "ateos" con los "terroristas" y organice campañas contra unos y otros. No es solo un ridículo despropósito sino otro error que tendrá consecuencias graves para el futuro.
El asesinato del escritor en Bangladesh, el dos por uno de matarlo por ser americano y ateo, es un trágico ejemplo de lo que está ocurriendo y de lo que seguirá ocurriendo más intensamente. Cuando Zakaria dice que no es una cuestión "islámica" sino "árabe" está cometiendo el error de percepción americano: se puede no ser "musulmán" pero no se puede dejar de ser "árabe". La insistencia de los islamistas es esa precisamente: se es "árabe-musulmán" de forma indisoluble. Por eso no se puede renegar de la religión so pena de ser considerado un traidor y apóstata, digno de esa "venganza" y "castigo". El nacionalismo que se está fomentando es de carácter también religioso, por eso se ataca a los ateos, considerándolos un peligro para el país, unos enemigos de la sociedad. ¡Terrible e intencionado error!


El hecho de que un gobierno que dice enfrentarse al "islamismo" radical encarcele a los que no piensen en términos religiosos, es preocupante. Más si, como decimos, establece y presume de esa especie de salomonismo, de parodia de justicia equitativa, y considera el mismo peligro en ambos.
Lo que preocupa realmente a los movimientos islámicos en cualquiera de sus vertientes, de las más violentas a las más políticas, es realmente el pensamiento libre, la diferencia. Y eso no es una cuestión árabe, sino "islámica". El islam teorizó como relacionarse con las otras dos religiones abrahámicas (desde su superioridad, desde luego), pero no tiene cabida doctrinal para el ateísmo o cualquier otra religión fuera del cristianismo o del judaísmo. La nueva constitución egipcia, por ejemplo, solo considera que debe amparar las mencionadas; lo demás es delito. Y eso hace con los ateos.
El control social se logra mediante la religión y nadie quiere renunciar a ello, por lo que las personas peligrosas, los enemigos de todos, como ocurrió en Occidente, son los librepensadores.  Nadie renuncia al control de una religión que permite manejar los afectos y emociones sociales, que permite mostrarse como piadoso o señalar con el dedo a los enemigos como infieles. Nadie renuncia a ello porque todos pueden recurrir a ello. Lo han hecho desde Hadam Hussein hasta los nuevos líderes actuales.
La escritora y cineasta nacida en Bangladesh, Lipika Pelham, ha dedicado un artículo ayer a la memoria de su compatriota asesinado, mostrando su preocupación por el clima fanático. Cuenta, primero, la sorpresa que le causó, junto con su hija de 13 años, el regreso a su país donde encontró que, pasado el tiempo, habían desaparecido los brillantes colores que recordaba:

On the way, my 13-year-old daughter observed, “I thought it would be much more colorful. Are there no women in Dhaka?” Looking around, I realized that most women were covered in black burqas or hijabs — a style that I had seen in such large numbers only in the Middle East. Many of their male companions wore long white dishdashas and skullcaps.
I remembered that stretch as being one of the most colorful streets, with shop fronts spilling over with spices and trinkets, men and women loudly bargaining to get the best deal. Even in Dhaka’s swanky areas, I was dismayed to find stores filled with hijabs and full-face coverings, with signs on the front windows reading “For True Muslim Women.”
Were the Muslim women of my childhood, who simply flung the ends of their saris over their heads, not “true” enough?***


Efectivamente, nunca se es suficiente. No es la primera vez que leo o escucho esta impresión de los que regresan a casa o vuelven a instituciones en las que la memoria les hacía esperar ambientes más abiertos y se encuentran con un radicalismo retrógrado que se manifiesta de forma palpable en los cambios visuales. El que regresa percibe el cambio; el que está dentro no se da cuenta de estos movimientos que se apoderan de la vida cotidiana transformándola. De repente, el color ha desaparecido o las vestimentas han cambiado.
Los motivos son obvios: la expulsión de aquellos que son considerados peligrosos para el control social y religioso, que pasan a ser intercambiables. Parece que la gente acepta mejor las imposiciones religiosas que las dictatoriales políticas Da qué pensar. Los gobiernos autoritarios persiguieron y expulsaron a sus críticos pensando que eliminaban disidencia y solo consiguieron crear otra, aspirante a totalitaria, la que se producía por el fanatismo religioso. Las internacionales islamistas, además, han sabido trabajarse a los gobiernos de distintos países, especialmente a los Estados Unidos, para convencerlos que ellos eran la respuesta. Con eso, la disidencia real pasaba a tener cerradas sus puertas en cualquier otro espacio. Eran barridos como interlocutores, silenciados. Eso explica también, en parte, el fenómeno del adoctrinamiento dentro de sociedades abiertas con el beneplácito de las autoridades occidentales, que se mostraban contentas con tener interlocutores culturales sin saber que les estaban dando las llaves de la celda.
El objetivo es impedir la evolución de la sociedad árabe hacia sistemas de convivencia interna, mientras que Occidente solo se preocupa por la convivencia externa, es decir, por lo que les pueda afectar, por la cuestión de la seguridad. Mientras se den garantías de que se mantendrán alianzas, se les deja hacer lo que quiera. Estados Unidos ha confiado en que financiando directamente a esos países se les mantendría bajo control y lo que ha ocurrido es justo lo contrario. Hoy todos responsabilizan a los Estados Unidos del desastre de Oriente Medio y de la expansión del fanatismo hacia otros países, como está ocurriendo y lo vemos en el caso del crimen en Bangladesh.
Lipika Pelham señala en su artículo esta misma idea cuando señala:

Thinking of Mr. Roy’s book, “The Virus of Faith,” I asked my Bengali friends: How did this virus find such a welcome platform? How did it spread so far that secularism has become a restricted word?
“Unfortunately, over the past decade or so, all the attacks on secular thinkers — who include people from all religious backgrounds — were committed by self-styled defenders of Islam,” Jibanananda Jayanta, a Dhaka-based social activist, told me.
This prompted many secularists from Muslim backgrounds to distance themselves from Islam. They were in turn accused of blasphemy. The poet and author Taslima Nasrin went into exile in 1994 to flee death threats from Islamist radicals. But what were then threats or fatwas became in more recent years coldblooded killings on crowded streets.
Some friends described the murder of Mr. Roy as “copycat violence,” imitating similar attacks by fanatics elsewhere — part of the globalization of Islamism. In 2004, another writer, Humayun Azad, was severely injured during an attack that also occurred at the annual book fair. And in 2013, Ahmed Rajib Haider, an atheist blogger, was killed by machete-wielding Islamic radicals.***


Nos preocupamos del aumento del fanatismo religioso, pero hay que entender que ese aumento proviene en gran medida de la falta de apoyo (protección física o legal, incluso) que tienen los que se enfrentan realmente a ellos desde una postura que garantice una apertura del islam hacia su propia modernidad y la convivencia interna. Mientras se encarcele a personas por sus ideas y no se pueda frenar las ideas contrarias, estas últimas crecerán con la lógica aplastante de lo obvio.

Lo que se necesita para alcanzar esa modernidad que se resiste, y que el pensamiento islamista persigue a muerte porque entiende que es donde se sitúa su futura supervivencia, es precisamente que pueda publicarse, debatir, enseñar, etc. con libertad para que eso tenga un efecto real de apertura de las ideas y pueda producir una convivencia real. Y eso justamente lo que no interesa a los fanáticos. Alejan de la sociedad mandando a la cárcel, al exilio o a la muerte aquellos que pueden plantarles cara en el escenario social. Es la amenaza exterior la que utilizan para destruir la que realmente les preocupa, la interior, que pueda darse una sociedad abierta, más libre. El fanatismo religioso hoy no distingue más que a aquellos que están al otro lado: matan a personas de cualquier otra confesión o a los de ninguna. Hoy el fanatismo es global porque global es la amenaza de la apertura que haga que pierdan el control social.
Hace falta mucho valor y resistencia para enfrentarse a la virulencia de los ataques del fanatismo. Hay que comprender los mecanismos de control existentes en estos ámbitos, que se cierran cada vez más para aumentar la presión sobre la gente; hay que conocer cómo se instala día a día un "panóptico" de vigilancia extrema que haría palidecer al de Bentham y haría las delicias de Michel Foucault en sus explicaciones.
Lo que necesita cualquier espacio sometido al fanatismo es la introducción y circulación de ideas, enseñanza, nuevos medios, etc. Ellos lo hacen porque son los mismos medios con los que se forja el integrismo, pues una lucha por modificar las mentes y costumbres. Por eso entienden muy bien el peligro de los escritores, periodistas, profesores, etc. personas que pueden difundir ideas contrarias a las suyas, ganarles en la guerra por instaurar el fanatismo ignorante. Ellos abogan por el pensamiento único, que al no haber alternativa, se convierte en "no pensamiento". Si Estados Unidos es culpable de una sola cosa es de creer que la libertad se ejerce comprando, como se sostuvo en la época del reaganismo.
La nota editorial de The New York Times dando noticia del asesinato de Avijit Roy se cierra así:

Bangladeshi authorities have arrested a suspect, Shafiur Rahman Farabi, in Mr. Roy’s death. Mr. Farabi apparently posted images of the crime scene shortly after the attack. Bangladesh has also accepted an offer by the United States to assist the investigation. This is appropriate given that Mr. Roy was apparently killed, in part, simply because he was an American citizen.
Last year, Mr. Farabi allegedly posted this ominous message on Facebook: “Avijit Roy lives in America. So, it’s not possible to kill him now. When he returns home, he will be killed then.” Bangladesh’s government needs to do far more to protect writers and to send a clear message that it will not allow free speech to be silenced by murder.**

Cumplió lo prometido. Ahora hay una voz menos con la que enfrentarse al fanatismo y las autoridades tienen un problema menos.


* "A Murder in Bangladesh" The New York Times 5/03/2015 http://www.nytimes.com/2015/03/06/opinion/a-murder-in-bangladesh.html
** "Why they still hate us, 13 years later" The Washington Post 04/09/2014 http://www.washingtonpost.com/opinions/fareed-zakaria-why-they-still-hate-us-13-years-later/2014/09/04/64f3f4fa-3466-11e4-9e92-0899b306bbea_story.html
*** "End of a Secular Bangladesh?" The New York Times 5/03/2015 http://www.nytimes.com/2015/03/06/opinion/end-of-a-secular-bangladesh.html


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