miércoles, 11 de febrero de 2015

Teoría de la ineptitud fantasiosa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Quizá algún científico social podría proponer una teoría estableciendo que la ineficacia de un gobierno está en relación inversa a lo inverosímil de sus explicaciones. De esta forma, se podría establecer la inutilidad en función de las respuestas fantasiosas dadas. Los problemas se solucionan mediante análisis realistas y explicaciones convincentes, que son los que muestran la posibilidad de resolver algo. Por el contrario, nunca se puede resolver un problema si las explicaciones que se dan están fuera de la realidad. Una explicación inverosímil nos muestra lo lejos que se está de solucionar un problema.
Según este principio, el gobierno egipcio no resolverá nunca sus problemas porque sus explicaciones rozan ya el ridículo, en la versión más favorable y lo desbordan según las más pesimistas.
El gravísimo problema que supone el orden público en Egipto se ve intensificado por la negativa a reconocer sus errores mediante la formulación de teorías extravagantes para explicar lo obvio. 
Como era de esperar tras los sucesos del domingo en el estadio cairota de fútbol, la explicación fantasiosa no se ha hecho esperar: una conspiración. Las muertes por la estampida provocada con el lanzamiento de botes de humo después de arrinconar a la gente en un callejón sin salida ya han quedado "aclaradas" .
Lo ha dicho el primer ministro y lo recogen en Mada Masr:

Prime Minister Ibrahim Mehleb stated that Sunday’s football tragedy, in which 22 Zamalak fans were killed outside the Air Force Stadium, was a “conspiracy” to destabilize Egypt’s upcoming economic conference.
Mehleb told the state-owned Middle East News Agency (MENA) that the deaths were a “conspiracy to hinder progress, compromise stability and destabilize Egypt’s upcoming economic conference,” reported the Reuters-affiliated Aswat Masreya.
The deaths occurred during clashes between Zamalek’s hardcore football fans, the Ultras White Knights, and police forces outside the Air Force Stadium in New Cairo. State media reported that a number of fans lay in front of the bus transporting Zamalek football players to the stadium. Police then fired tear gas at the crowd, triggering a stampede as the fans tried to escape. The Ultras White Knights Facebook page said many of the victims died of suffocation.
Following the disaster, the Interior Ministry Spokesperson Hany Abdel Latif asserted that security forces are not responsible for the deaths of fans. In a phone interview with OnTV he said the clashes were a “deliberate” attempt to create a crisis. The privately owned Al-Dostour newspaper also quoted Latif saying that there were groups among the football fans who deliberately incited chaos so that people would die.*


No hay una sola muerte en estos cuatro años, bajo todo tipo de gobiernos, civiles o militares, laicos o islamistas, que haya sido responsabilidad de la Policía o del Ejército. Es como responsabilizar a la gravedad de la muerte de los ahorcados.
Ya hubo algunas insinuaciones el mismo día, que preferimos no comentar por ser fruto del momento, pero ahora es el primer ministro quien respalda la teoría de la conspiración, por lo que la preocupación nuestra se eleva al grado máximo desde la teoría de la ineptitud fantasiosa. Es la enésima revelación de que la máxima conspiración es la del gobierno egipcio: la conspiración contra la inteligencia, la extensión del ridículo explicativo.
No han tenido bastante con las descabelladas teorías sobre la muerte de Shaimaa al-Sabbagh, deteniendo y acusando a un miembro de su partido que fue a declarar como testigo, y al que la vergüenza de alguien hizo soltar pasadas unas horas.


Mientras se sigan formulando explicaciones como las dadas, el problema estará lejos de resolverse: el problema real es la incapacidad de la policía egipcia para resolver cualquier situación sin que se produzcan decenas de muertes. Mientras se acepte cualquier explicación que niegue la razón inicial, se necesitará buscar un culpable, un ente extraño que comienza en la Hermandad y termina en los Estados Unidos e Israel. Las fuerzas de propaganda de los medios afines crean un clima de delirio, en el que la realidad  se esconde tras fantasías que se viven entre el fervor de unos y la incredulidad de otros. Pero el absurdo crece, va a más.
El diario oficialista Ahram Online publicaba ayer un "preguntas y respuestas" sobre el caso con el título Q&A: What you need to know about Cairo's football disaster":

What exactly happened in Zamalek's match against ENPPI?
Although on paper 10,000 fans were allowed to attend the match at the army-owned Air Defence Stadium in Cairo, the mechanism of distributing tickets made it difficult for many to go through the proper legal channels.
Outspoken Zamalek chairman Mortada Mansour, a bitter enemy of the club's main fan group (Ultras White Knights), said 5,000 tickets would be distributed by the club itself and as many would be put up for public sale.
The scarcity of tickets saw thousands of supporters crammed in a makeshift and narrow, barbed wire pathway erected by security forces in front of a tiny stadium gate, prompting many fans to shout and urge security forces to let them out.
Many of them hoped they would sneak in or at least obtain a ticket from the black market, according to eyewitnesses, but riot police reacted quicker than expected, firing tear gas to disperse them.
But there was no way out.
In trying to escape in a very narrow passage, 19 were either killed in a stampede or suffocated because of teargas inhalation in another shocking incident, three years after Egypt's worst-ever football tragedy left over 70 Ahly fans killed in coastal city Port Said.
A 14-year-old girl died on Tuesday at a Cairo hospital, becoming the Cairo football tragedy's 20th victim.**


Cualquiera que haya visto el vídeo de lo ocurrido, no tiene la más mínima duda. No se trata del origen remoto, de los entresijos del fútbol egipcio, de los "ultras" y sus enfrentamientos, sino de los resultados, lo que ocurrió en esos metros cuadrados bajo la tutela policial. Cuando están arrinconados, cercados por la Policía, un oficial se acerca a uno de los que llevan los botes de humo y le da la orden directa de que los lance. El agente, con la cara enmascarada, lo hace y dispara por encima del cerco policial que los arrincona hasta alcanzar a la gente. Como bien dice Ahram: "But there was no way out." Primero se concentra a la gente mediante el cordón policial, después se lanzan granadas de gas contra ellos. El resultado es previsible: es como hinchar una bolsa de papel y luego hacerla explotar. No hay por dónde salir.
Todo esto forma parte, según el primer ministro, de una "conspiración", con "grupos", "infiltrados", etc. ¿Para qué?, se preguntarán algunos. Pues según las explicaciones dadas por las autoridades, para chafarles y ocultar al mundo el gran progreso realizado bajo la tutela de este gobierno ejemplar, lleno de personas imaginativas. Se trata de estropearles los momentos de lucimiento.
En un premonitorio artículo publicado el mismo día que la masacre en Daily News Egypt, con el título "What are the existing strategies in the face of terrorism and extremism?", por Farid Zahran, escritor y político socialdemócrata, hay dos estrategias confrontadas para la eliminación del terrorismo:

The first strategy can be called ‘security confrontation’ strategy. This strategy implies that our only concern for now should be security, and security stands in the way of freedom, while also conflicting with justice, human rights or demands, whether they are of one category or class.**


Zahrad señala que esta estrategia pasa a ser central y determinante de lo demás. Todo gira sobre la seguridad. Evidentemente esta estrategia plantea un problema clave: cuanto mayor sea la represión, más fácil es que aumente la contestación en demanda de libertades o la simple queja por la brutalidad empleada. Esta estrategia es característica de una mentalidad militar cuyo objetivo es el exterminio del otro. El problema es que, en cuestiones de situaciones internas, no soluciona nada y provoca más desastres.
Cuando las protestas crecen, que es lo previsible, y el descontento aumenta, la estrategia número uno comienza a fallar. Entonces empiezan a surgir los críticos, los halcones que consideran que la primera estrategia es demasiado débil y piden una segunda reforzada. Zharad señala:

The second strategy can be called the ‘more security confrontation’ strategy. It is related to the first strategy, but stated that things are not okay, and that what is happening in Sinai means that security is disrupted. This way we must develop the way we fight terrorism and extremism through digging deep into the first strategy.***

La posibilidad de lograr estabilidad política mediante cualquiera de las dos estrategias es casi imposible. A lo más que se puede aspirar por esas vías es a la paz de los cementerios y al orden de las cárceles. Es el camino evidente seguido por el gobierno egipcio, que ha sustituido cualquier estrategia que pueda aunar voluntades e interés en un régimen de libertades, como el que nace de la revolución del 25 de enero, por el surgido tras la revolución del 30 de junio, que no tiene en cuenta la realidad política, sino que comienza sus actuaciones con el levantamiento sangriento de las sentadas islamistas. Es en ese momento cuando se decide el destino de Egipto, al cerrarse las soluciones políticas. La falta de sentido político de los islamistas de la Hermandad, que quieren imponer su modelo a una sociedad egipcia más abierta y que les rechaza, y el deseo del Ejército de seguir controlando el país en las calles y en las instituciones políticas.

Titular durante la campaña de 2012 del presidente del club Ahly

Desde la perspectiva que se inicia en los años 50 con la primera revolución independentista, el Ejército está al frente del país, se disfrace como lo haga. Las estrategias seguidas desde entonces se han basado en la mano de hierro contra la represión y una apariencia de democracia en peligro que justifique el uso de la fuerza. Todos las instituciones del Estado, de la judicatura a Al-Azhar, son puestas al servicio de esta estrategia.
Desde la perspectiva de las dos estrategias señaladas por Zharad, la disputa entre los partidarios de una u otra se enfrentan por la cuestión de la imagen internacional de Egipto, absolutamente deteriorada por las denuncias constantes de las violaciones de los derechos humanos desde todos los ámbitos. Los partidarios de la primera estrategia estarían preocupados por las repercusiones posibles (sanciones, perdida de inversores, etc.), mientras que los halcones de la segunda estrategia quieren el exterminio de cualquier resistencia.

Pensamos que la primera estrategia lleva a la intensificación lógica de la segunda, que no se puede construir un sistema de libertades por la vía del exterminio del otro. La teoría de la conspiración constante, que el gobierno egipcio mantiene, implica que toda acción es reacción a una conspiración. Pero esto, como vemos, implica que los errores y la falta de voluntad de cambio se tienen que amparar en las conspiraciones. La primera estrategia, por seguir el término de Zharad, implica estar emparedados entre el absurdo explicativo y las exigencias de más uso de la fuerza. Se crea una espiral absurda de las explicaciones y otra espiral de la violencia. Ambas crecen en paralelo porque el uso de la violencia como forma habitual de represión se refuerza con las explicaciones justificativas, que llevan siempre a la impunidad.
Si hay denuncias en el exterior, la explicación es la conspiración internacional contra Egipto; si hay denuncias y quejas en el interior, son de terroristas o de simpatizantes del terrorismo. Si a las fuerzas de seguridad egipcias les basta con declarar que son terroristas todos los que mueren bajo sus poco eficaces formas de trabajar, si incapaces de resolver una cuestión tan elemental como la del otro día —si quieres que la gente se disperse, no los empujes hacia un sitio cerrado—, decir que actúan como todas las fuerzas de seguridad del mundo, etc., la violencia seguirá creciendo y los muertos irán cubriendo de desencanto las pobres esperanzas de que algún día podrán vivir en paz y libertad.


Hay unos párrafos de Zharad que nos traen de nuevo a los periodos más oscuros de Egipto y que están en la calle misma, que han sido retratados por sus novelistas o por cineastas como Yusef Chahine: el policía como amo de la calle y del barrio. Escribe Zharad:

It should be pointed here that what aggregates advocates of the violent confrontation, whether the moderate or the fanatics, is not only the belief that security bodies alone are able to eliminate the extremism and terrorism, but also the belief that the power of security bodies lies in their ability to oppress and intimidate, and that policemen’s prestige is built upon their ability to terrify not only actual suspects or defendants, but also every potential suspect or defendant. This practically means terrifying all the poor people who may be possible criminals. According to the transcendent officer’s class perspective, he and other officers like him grew up believing that they are the masters and owners of the country.
So, it is not an individual mistake when the officer says to the taxi or microbus driver “show me the licences, boy” or “hurry up, you junk”. This is the language that a lot of officers are used to using with poor people, in addition of course, to the language of kicks and slaps in police stations, except during the period that directly followed the revolution.***

Lo que describe Zharad no es un futuro posible; es un pasado constante: el que sostuvo a Mubarak treinta años en el gobierno, el que mantuvo "controlado" el país desde el momento en que este perdió el sentido de mejora social y lo sumió en el abandono. Cuando los egipcios salen a la calle a pedir "justicia social", "pan" y "libertad", como grito recurrente, piden un gobierno que tenga como objetivo la construcción de un país más justo. Pero es más fácil ser injusto y reprimir la queja. Mubarak lo hizo treinta años con la "ley de excepción"; el gobierno actual lo ha hecho con la "ley antiprotesta", que es la que convierte en enemigo del Estado al que dice que el Estado no funciona.


El arte de los gobernantes egipcios —no son los únicos— es hacer creer que los que protestan son enemigos de todos, meter en el mismo saco a los terroristas que a los críticos, a los ateos y a los fanáticos integristas, a los que niegan las libertades y a los que las reclaman. Con ello han ido matando las ilusiones y esperanzas de los "jóvenes", de la generación que reclamó la libertad y que intentó practicarla. Por eso la baja participación de los jóvenes, más de la mitad de la población, en los procesos políticos una vez que han constatado que pueden esperar muy poco del futuro. La violencia engendra violencia, una espiral inagotable. La esperanza de Egipto no está en la fuerza, sino en la libertad. Pero siguen valorando el uso de la fuerza más que del diálogo, que se vuelve cada vez más imposible. Hoy condenan la matanza del estadio desde los partidos nacidos con la revolución a los salafistas, que recriminan al presidente haber ido a la Ópera mientras estaban los cuerpos calientes. A los salafistas nunca les gustó la ópera.


La segunda espiral es la que se producirá por las condenas internacionales. Putin no puede estar todos los días en El Cairo vendiendo cosas y Egipto comprando para ser aplaudido por Rusia, China y Venezuela, que serán los tristes amigos que les quedan a los que no tienen muchos amigos. Si quiere entrar en el selecto club que Putin avala, tardarán años en salir de él. Hacer ver que las críticas internacionales son también una conspiración islamista, sionistas y occidental es rizar el rizo de lo posible.


La muerte de los jóvenes —la última víctima de la estampida ha sido una niña de 14 años que falleció ayer mismo— sigue seccionando el futuro de Egipto condenando al abandono, a la depresión o al enfrentamiento. Pronto irá creciendo el número de enemigos, los que critican, y los amigos serán más energúmenos, como esos medios que vociferan para que masacren más personas, que disparen sobre esos que perturban sus sueños y riquezas.
El diario Egypt Independent recoge en su edición de ayer la preocupación porque los candidatos que se están inscribiendo para las próximas elecciones legislativas, las que cerrarán la hoja de ruta y cuyo objetivo inicial era la liberalización del país frente al totalitarismo islamista, son los viejos políticos de la época de Mubarak:

Candidacy applications have only just begun in the run-up to the parliamentary elections and many people are already raising concerns over the considerable number of well-known former Hosni Mubarak regime members who have put their hat in the ring.****


Por más retórica que se utilice, el futuro se parece demasiado al pasado: la misma represión, los mismos métodos, las mismas caras. Hay un agravante y es que cuando el pasado regresa disfrazado de futuro, sus excusas y justificaciones tienen que ser más consistentes, más cínicas y descaradas. Por eso la teoría de que la extravagancia de las justificaciones está vinculada inversamente con la ineptitud no es tan descabellada.
La sociedad egipcia se irá polarizando entre los extremismos, que se negarán unos a otros pidiendo venganza y exterminio, mientras que quedará en medio una inmensa masa de ciudadanos hartos y aburridos, sin otra opción que sufrir el día a día cada vez con menos esperanzas de salir del paso.

* "Stadium deaths part of 'conspiracy' to destabilize Egypt: PM" Mada Masr 10/02/2015 http://www.madamasr.com/news/stadium-deaths-part-conspiracy-destabilize-egypt-pm
** "Q&A: What you need to know about Cairo's football disaster" Ahram Online 10/02/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/6/51/122732/Sports/Egyptian-Football/QA-What-you-need-to-know-about-Cairos-football-dis.aspx
*** "What are the existing strategies in the face of terrorism and extremism?" Daily News Egypt 8/02/2015 http://www.dailynewsegypt.com/2015/02/08/existing-strategies-face-terrorism-extremism/

**** "Mubarak regime making comeback in parliament" Egypt Independent 10/02/2015 http://www.egyptindependent.com//news/mubarak-regime-making-comeback-parliament


 


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