viernes, 13 de febrero de 2015

El señor Hicks y su guerra por el orden

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
The New York Times da una extensa descripción del criminal, Craig Stephens Hicks, que ha asesinado a tres de sus vecinos, tres jóvenes musulmanes, y que ha conmocionado a Estados Unidos haciendo saltar distintos tipos de alarmas, unas viejas y otras nuevas.
El asesinato de los jóvenes musulmanes, brillantes y queridos como estudiantes, ciudadanos y personas, según todas las descripciones realizadas por quienes les conocían, amigos, compañeros y familiares, puede ser categorizado en función de varios factores que es importante dilucidar porque en situaciones de inestabilidad amplificada, cualquier hecho puede ser entendido en términos equívocos.
La muerte de los tres jóvenes a manos de su asesino confeso puede ser contemplada como un "crimen de odio", es decir, que les asesinaron por ser musulmanes; como un nuevo caso de "vigilante" o como finalmente, una patología específica de Craig Stephens Hicks. La cuestión es peliaguda porque el hecho en sí puede tener los tres componentes en distinto grado. Por eso el análisis de The New York Times trata de rastrear los acontecimientos anteriores y reconstruir un perfil adecuado del autor y de su entorno.
Las diferencias entre la forma de afrontar el caso son esenciales en el clima actual en el que los gobiernos tratan de evitar surgimiento de la islamofobia. Si se tratara como un "crimen de odio", se daría por buena la hipótesis de que Hicks mató a los tres jóvenes por ser musulmanes. Si damos preferencia a la hipótesis del "vigilante", el problema se traslada al "demonio de las armas" y la extensión como un nuevo caso de los psicópatas que creen que deben imponer el orden en un determinado espacio sobre el que reivindican un derecho a patrullar, a reconvenir a los vecinos que no cumplen su estrecho sentido de la tranquilidad, y a castigar por su mano a los infractores de ese orden que quieren crear. La tercera hipótesis, la del psicópata, no es incompatible con las otras dos, es más, la necesitan como base sobre la que germinar. También a los locos se les juzga por la forma de sus actos, es decir, por la que está orientando de su locura.


Cualquiera de las dos hipótesis principales, "odio" (religioso, racista o xenófobo) o la del "vigilante", tienen sus consecuencias muy diferentes, pero en claves distintas. La sociedad norteamericana parece resignarse a las de la "vigilancia" pues no es capaz de cambiar el "Gun crazy", la fascinación morbosa por las armas, ni los principios de la "autodefensa" que se entremezclan con un confuso sentido de la "ley" que no acaba de abandonar la mentalidad del tiempo de los pioneros. El problema no es solo tener armas, sino el segundo que se ve agravado por ese enfermizo sentido del orden y la defensa del mismo por parte de un "vigilante". The New York Times ahonda en esa faceta de Hicks, ese carácter autonombrado "vigilante":

The police say they never received any formal complaints, but Mr. Hicks, a 46-year-old former auto parts dealer who has been studying to become a paralegal, appears to have functioned as a self-appointed watchman in the complex.*

Si los tres jóvenes muertos por la mano de este hombre no hubieran sido musulmanes, nadie tendría dudas de ante qué tipo de caso se estaba, pero las cosas ocurren como ocurren. Hicks fue a por ellos porque estaban haciendo más ruido del que él consideraba que era aceptable. Era él quien visitaba con un arma asomando de su pantalón a los vecinos para decirles que había coches de visitantes donde no debía o si había mucho ruido. El señor Hicks mostraba sus armas en su página de Facebook para que no hubiera dudas de que él hablaba en serio. Mostraba en ella también su indignación y beligerancia contra distintas causas. El orden del barrio no era una causa suficiente y lo extendía a través de sus comentarios. Mostraba las armas en Facebook como lo hacía en su cinturón. Él hablaba en serio.
El interés en establecer que no se trata de un crimen de odio religioso es evidente, de la misma forma que existe el interés de otros en calificarlo como tal.
Ahram Online, en Egipto, recoge las dos hipótesis sobre la motivación de triple asesinato:

"We understand the concerns about the possibility that this was hate-motivated and we will exhaust every lead to determine if that is the case," Police Chief Chris Blue said.
Meanwhile, thousand gathered in Chapel Hill to mourn the killings, with Barakat's brother urging calm in the shaken university town.
"Do not fight fire with fire... it is quite possible that this was an act based off of evil and a scared ignorant man. Do not let ignorance propagate in your life, do not reply ignorance with ignorance," Farris Barakat said at the candlelight vigil.
He remembered his brother's passion for sports, community work and the odd Chris Rock joke and said all three had an impact.
"We lost three great citizens of this world and of this country. But I think they've inspired thousands."
The cautious wording of the police statement contrasted sharply with the anguished reaction amongst many Muslims, however, and the father of two of the students demanding investigators treat the killing as a "hate crime."
"This was not a dispute over a parking space; this was a hate crime," said Mohammad Abu-Salha, the psychiatrist father of the two women shot dead.
"This man had picked on my daughter and her husband a couple of times before, and he talked with them with his gun in his belt."
Abu-Salha told the local News & Observer newspaper his daughter had voiced fears about Hicks last week.
"Honest to God, she said, 'He hates us for what we are and how we look,'" Abu-Salha was quoted as saying.
Muslims across the globe meanwhile were quick to latch onto a viral campaign which asserted that the tragic killings had been under-reported by the US mainstream media because of the ethnicity of the victims.**


En el mundo actual todo alcanza una dimensión política porque todo puede ser amplificado instantáneamente y se canalizado hacia conflictos existentes, realimentándolos. La observación de no "alimentar el fuego con fuego" es sensata y, desde luego, servirá de muy poco para los que vayan buscando precisamente que el fuego crezca.
Los hechos se dan en una realidad que es interpretada; casi nada es obvio y casi cualquier interpretación puede ser sostenida y, lo que es peor, aceptada por aquel que está ya convencido de algo.

Nuestro concepto de "crimen de odio" es demasiado rígido para la variedad de motivaciones por las que se puede cometer un hecho de este tipo. Convertirlo en "agravante legal" no significa mayor claridad porque hay cosas que no se pueden encerrar en las palabras, entre ellas lo que ocurre en el interior del cerebro de una persona claramente perturbada.
La interpretación final tiene mucho que ver, en cambio, con nuestras actitudes y voluntad. La mente de Hicks es oscura y no podemos entrar con una linterna a esclarecer motivos que pueden ser confusos incluso para él mismo.
Lo que parece es que en su mente enferma la idea de "orden" puede tener preferencia y ser el desencadenante de querer imponerlo en unos términos brutales. ¿Entra en ese orden la cuestión "religiosa"? El señor Hicks se autoproclamaba "ateo" (burlándose de los que creen en la Biblia) y defensor de "derechos individuales", "matrimonios del mismo sexo" y el "aborto", según señalan sus familiares en The New York Times. Esto tampoco es necesariamente una muestra de la "liberalidad" de Hicks, como podría parecerlo en otros, sino más bien de su apego a causas combativas. 
El señor Hicks, según se apunta, era un individualista intransigente, una fórmula en la que no se ahonda demasiado, pero mucho más frecuente de la que pensamos. Son personas que no eligen sus causas racionalmente, sino que encuentran aquellas que les sirven para desahogar mejor su propia conflictividad; personas a las que les gusta verse solas contra el mundo, luchando en su propia guerra mundial personal. Son cruzados solitarios que no quieren compañía pues corren el riesgo de que se perciba lo ridículo de sus campañas.
De todas las informaciones que suministra The New York Times, de vecinos, familiares y ex esposas, la más reveladora para mí es la que  cuenta una de estas últimas:

Cynthia Hurley, who said she was married to Mr. Hicks years ago, said she had been unsettled by his enthusiasm for a 1993 film, “Falling Down,” [Un día de furia] which depicts a man violently lashing out at society. “That always freaked me out,” Ms. Hurley told The A.P. “He watched it incessantly. He thought it was hilarious. He had no compassion at all.”*


Quienes haya visto esta película recordarán como muestra la transformación del ciudadano pacífico y respetuoso de la ley en un homicida furioso que intenta poner orden en el mundo que para él se desmorona. La obsesión de Hicks, según su ex esposa, por esa película dice mucho de los mecanismos de proyección psicológica en el personaje.

La ruptura de ese orden, prioritario en su jerarquía de valores, es profundamente traumático para él. Hicks estudiaba para hacerse "paralegal". Según la definición de la National Federation of Paralegal Associations (NFPA) [USA]: "A paralegal is a person, qualified through education, training or work experience to perform substantive legal work that requires knowledge of legal concepts and is customarily, but not exclusively, performed by a lawyer"). Su preocupación por el conocimiento de las leyes carece de algo que es necesario para que la Ley no se convierta en absoluta, la elasticidad que la hace humana. Para personas como Hicks, obsesionadas con la legalidad, no existe esa humanización de la ley. Estudiaba leyes para fortalecer su sentido del orden y fundamentar su justificación externa. Son esas personas que buscan la letra pequeña porque quieren hacerse valer.
The New York Times concluye su artículo con la descripción de sus profesores:

Mr. Hicks is enrolled at Durham Technical Community College, working toward earning “multiple certifications in our paralegal technologies program,” according to a spokeswoman for the school, Carver Weaver. Ms. Weaver said in an email that Mr. Hicks was “a student in good standing and has been since fall 2012.”
A paralegal instructor at Durham Tech, Susan Sutton, confirmed in a telephone call her previous comments to a local news media organization that Mr. Hicks was a bright, conscientious, good student, and said there had been no sign that anything was wrong.*

La descripción de Hicks y la conclusión de que no se percibía nada malo son lógicas.  La pretensión de que a los asesinos se  les debe notar en la cara o en sus actos es ingenua. Los amantes del orden y la ley pueden ser también muy peligrosos, sobre todo en un país en el que hay muchas armas sueltas y el derecho a la autodefensa comienza con la mera sospecha de agresión.


La forma de contrarrestar las lecturas interesadas que sirvan para echar más leña al fuego, son las demostraciones generales de solidaridad con la familia y la demostración de que aunque Craig Stephen Hicks pudiera llevar "odio" dentro los demás no lo tienen. Si dejamos de lado la hipótesis de la islamofobia del crimen, todavía quedan otras preocupantes: por qué los vecinos tenían tanto miedo a Hicks y no se atrevían a denunciarle, según la policía, que solo tenía registro de algunos incidentes. Pero todos ellos reveladores de su personalidad controladora, como que retirara él mismo con una grúa coches que consideraba mal aparcados de visitantes a los residentes. Hicks era un amante de la ley y el orden. Él era juez, jurado y verdugo.
Nuestro problema hoy, además de la existencia de Hicks en cualquiera de sus variantes según la "ley" y el "orden" que les obsesiones, es que no existen los incidentes aislados. Son como troncos que se lanza a las corrientes ya existentes y que acaban atascando los puentes hasta provocar violentos desbordamientos.

Hay muchos interesados en que el bárbaro asesinato sea etiquetado como un "crimen de odio", como islamofóbico. No hace muchos días, otro periódico egipcio daba entrada en sus páginas a un colaborador desde los Estados Unidos que definía a los árabes como los "nuevos negros de América". Sus posteriores escritos continuaban en la línea de aprovechamiento del antiamericanismo para decir a la gente lo que quiere escuchar y ampliar las bases de los conflictos. Es un movimiento peligroso que algunos practican irresponsablemente. Ya hay bastante presión en el mundo para que otros ciudadanos —como Hicks, amantes del orden—, se dediquen a cazar "infractores" de sus respectivas leyes.
Están por otro lado, los que usan otra estrategia: hacer ver que la muerte de tres jóvenes musulmanes no importa a nadie. Se trata de otra manera de producir distanciamiento y odio. Es otra forma de echar leña al fuego pero con un disfraz distintos. Hay pirómanos de muchos tipos.- La muerte de los tres jóvenes ha causado dolor e indignación en la sociedad. Si esa indignación debe ser "especial" es ya una cuestión que requiere otro enfoque y otro planteamiento.
Con los incidentes producidos por las muertes de los jóvenes negros y la exculpaciones de los "vigilantes" o policías implicados se ha usado varias estrategias desde los medios árabes. En ocasiones, los gobiernos han justificado su propia brutalidad represiva señalando que en Estados Unidos también la Policía actúa cuando hay disturbios. Pero ahora otros se quejan de la falta de "reacción" ante la muerte de los tres jóvenes, como si se debieran producir también algún tipo de disturbios "raciales" o "religiosos" por el asesinato para demostrar que les importan. Hay mucho de hipocresía en estos planteamientos que solo buscan afianzar el antiamericanismo constante. Este antiamericanismo —¡triste récord de Obama!, le atacan tanto los que se oponen al yihadismo como sus partidarios, islamistas como laicos—. La forma de demostrar la condena es aplicar la ley con firmeza al que se creyó dueño de ella. Crear disturbios —le interesará a algunos— no contribuirá a nada bueno, ni allí ni en los países árabes. 



El crimen de Hicks no tiene ningún tipo de equívoco y los jueces y jurados no deberían tener ningún tipo de duda en su momento. Eran tres jóvenes ejemplares, implicados en su comunidad, estudiantes y profesionales, queridos y respetados por los que les conocían. Y eso es lo importante para su familia, recordar que eran personas queridas, valoradas por los que les conocían. Pero todos mirarán con lupa el juicio que se haga a Craig Stephens Hicks, porque ya no se trata solo de las muertes y sus motivos, sino que hoy se miran más las repuestas en su tres vertientes: sociales, jurídicas y mediáticas. Si mira la repuesta social, el comportamiento del sistema judicial y el tratamiento de los medios. De esta forma se enjuicia a la sociedad, a la justicia y a los medios mismos desde el relativismo del tratamiento dado a cada caso.
Sí, también debemos decirlo: "somos Deah Barakat, Yusor Mohammad Abu-Salha y Razan Mohammad Abu-Salha", pues estamos con todos los que son víctimas de la locura. Toda vida tiene valor y la de estos tres jóvenes ha terminado bruscamente a manos de una persona cuyas motivaciones, las que fueran, eran claramente equivocadas. "Somos" ellos, pero lo que es peor, "podemos serlo", pues la locura no deja a nadie a salvo. Usarlos para promover o justificar el odio, en cualquier parte, es ofender su memoria y usar sus muertes para fines que probablemente no les hubieran gustado. 
Descansen en paz y nuestras condolencias y apoyo a sus familias, amigos y compañeros.
El aumento generalizado del odio tiene un efecto terrible: que la gente empiece a llamarlo "justicia".



* "Neighbors Say Suspect in Chapel Hill Shootings Was Threatening" The New York Times 12/02/2015 http://www.nytimes.com/2015/02/13/us/chapel-hill-neighbors-say-they-felt-threatened-by-man-held-in-killings.html
** "Hate crime probed in murder of US Muslim students" Ahram Online 12/02/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/2/8/122848/World/Region/Hate-crime-probed-in-murder-of-US-Muslim-students.aspx








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