miércoles, 24 de diciembre de 2014

Los perturbados o el terrorista mimético

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las cosas ocurren, sí. Unas nos gustan más y otras menos. Para unas tenemos explicaciones convincentes; de otras, en cambio, no sabemos qué decir. Lo malo es cuando las cosas ocurren y se recurre con más frecuencia de la debida a una explicación que no lo es. 
Me refiero a la explicación de moda: la del perturbado. Lo decimos del señor que cogió un arma y ajustició sin contemplaciones a dos policías de Nueva York, un hispano y un oriental, en lo que a él le pareció la represalia por la injusta muerte de dos ciudadanos norteamericanos negros desarmados. Pese a dejarlo escrito y decirlo a todo el mundo, se sigue pensando si era un desequilibrado que aprovechó esa causa como podía haberlo hecho con otra cualquiera. Se prefiere el discurso del perturbado y su historial porque contiene elementos tranquilizadores, por extraño que parezca:

A history of problems: New York City investigators are slowly building a profile of Brinsley, who reportedly ranted about murdering police officers before shooting his girlfriend in Baltimore, executing the two police officers in New York and committing suicide inside a subway station.
According to the Associated Press, Brinsely had a long criminal record that included at least 19 arrests in Georgia and Ohio. He had previously spent two years in prison for gun possession.
He also had a history of mental instability, which included an attempt to hang himself a year ago. Brinsley's mother said she believed he may have been on medication at some point, but it remains unclear if he had mental illness. Detectives claimed that Brinsley apparently "had a troubled childhood so violent that his mother was afraid of him."*


Ismaaiyl Brinsley pasa a ser un "perturbado" de largo historial en lo que parece ser una vida cuyo lógico final es el que ha sido. Hasta su propia madre le tenía miedo, nos dicen. Necesitamos construir una "narrativa" que nos dé un final coherente con el último suceso. De cómo interpretemos este último acto dependerá al género al que adscribamos la narración: la patológica, la criminal o la terrorista. Son los tres grandes géneros narrativos de la violencia y cada uno conlleva sus propias reglas genéricas, tiene sus lectores y su finalidad. 
Los medios y las instituciones elaboran sus discursos genéricos con finalidades determinadas, en unos casos tranquilizar, en otros por el contrario, redirigir la opinión hacia posturas favorables. El psicópata, el criminal y el terrorista tienen sus propias definiciones, pero no siempre encontramos con claridad la figura a la que adscribir las personalidades y los hechos. En ocasiones las divisiones no están claras En el caso señalado, el asesinato de los dos policías en Nueva York, ¿cómo lo clasificamos? Los discursos, como vemos, oscilan entre el enfermo mental y el criminal. Se excluye la figura del terrorista. No se califica como "atentado" matar dos policías, sin embargo, si lo hubiera hecho alguien perteneciente a una organización se habría visto como un atentado contra las instituciones o el sistema, que en realidad era lo que Ismaaiyl Brinsley quería. Pero considerarlo un "terrorista" implica muchas cosas, demasiadas. Abre unas cotas nuevas de inseguridad y de intranquilidad sociales.


Tres "perturbados" han sido, esta vez en Francia, los ciudadanos musulmanes que han arremetido, uno de ellos al grito de "¡Dios es grande!", contra un mercadillo navideño. La adscripción del hecho a un tipo de narrativa específico es determinante de los enfoques, medidas y responsabilidades.
El Confidencial titula: "Sicosis navideña en Francia: tres atentados en tres días al grito de "Dios es grande" y explica el motivo de la psicosis:

Tres sucesos sangrientos explican la situación. El sábado, un joven negro, con barba al estilo islamista, entraba en la comisaría de una banlieue de la ciudad de Tours al grito de "Allah Akbar" (Alá es grande) y la emprendía a cuchilladas contra los presentes. Después de herir a tres policías, fue abatido por un tiro de uno de los colegas heridos.
El domingo, un hombre, esta vez blanco, vestido con chilaba,  barría con su vehículo la acera de una céntrica calle de Dijon, llevándose por delante a trece personas y causando heridas graves a dos de ellas.
El modus operandi parece calcado de los últimos atentados llevados a cabo en Israel y en los territorios ocupados palestinos: utilización de vehículos y armas blancas para atacar a grupos en las calles de forma indiscriminada
El lunes, en una céntrica plaza de la ciudad de Nantes, donde se instalan los tradicionales puestos de Navidad, una camioneta irrumpe por una calle atropellando a trece personas. Testigos afirman que el chófer gritó también "Alá es grande" antes de apuñalarse dos veces en el pecho y quedar herido. Una víctima ha muerto y otras cuatro luchaban por su vida horas después del hecho.**


La tendencia a llamar "perturbados" a personas que tienen claro por qué lo hacen no me parece la más correcta. Las autoridades necesitan idear otro sistema de nomenclatura, algo que permita recorrer el camino que va de acto terrorista organizado al causado por el azar, como el del camión de basura que atropelló gente en una carrera desenfrenada de 300 metros, ocurrido estos días en Glasgow, con varios muertos y heridos. Las autoridades, en este caso, han tratado de que el accidente no se juntara en la mente de la gente dentro de la misma categoría que los atentados y las extrañas acciones de los perturbados. Inmediatamente se ha señalado que no se trataba de un acto terrorista, sino de un infarto del conductor. Lo mismo se ha hecho con el hombre que estampó con material inflamable su coche contra la sede del PP, algo que formalmente tenía todos los requisitos. Pero lo primero que se hizo fue desmentir que fuera un "atentado", palabra que se reserva para un nivel distinto por su implicaciones y derivas posteriores,

Lo interesante es por qué un acto similar, lanzar un coche contra la gente, se considera terrorismo en un lugar y actos de un perturbado en otro, es decir, por qué se usan narrativas diferentes. O por qué matar policías a tiros es terrorismo en unos casos y en otros no, aunque se haya hecho por un motivo "político", pues es la represalia contra el racismo de las instituciones (policías que matan, jurados y jueces que exoneran de responsabilidad...) que a un sujeto le parecen obvias.
¿Son los terroristas personas desequilibradas, perturbadas? Las terapias propuestas para los yihadistas occidentales a su regreso parecen considerarlo una especie de enfermedad, algo de lo que han sido contagiados, inoculados hasta causarles una enfermedad que les impide discernir el bien del mal. 
La persona que hace estallar explosivos que lleva pegados a su cuerpo, ¿hasta qué punto es un perturbado? ¿Es de persona equilibrada hacerlo?
Pero el problema viene de la necesidad de transmitir tranquilidad. Pero esto se puede hacer de forma más inteligente, sin que entre en contradicción con lo que tenemos delante. Tres "perturbados" que usan sus coches para atropellar a la gente no es una casualidad por más que no estén organizados entre sí. El ciudadano que mató a dos personas en Sidney —otro "perturbado"— llevaba dando señales de su radicalismo (o de su perturbación, con la  nueva terminología) mucho tiempo, pero nadie se lo tomó en serio.
Las declaraciones de primer ministro Manuel Valls, tal como recoge Le Monde, son estas:

A ce stade, seule la première attaque est clairement considérée par les autorités comme une agression à caractère terroriste. « Nous constatons avec les événements et les drames de Dijon et de Nantes que cela provoque des réactions mimétiques qui conduisent à ces drames, a souligné M. Valls. Dans une société déjà fragilisée, des individus déséquilibrés peuvent agir, ils peuvent par ailleurs être réceptifs influencés par des messages de propagande ou par la force de l'image. »***

Intentar presentar como patología el terrorismo, ya sea como grupo o, sobre todo, individualmente es un error. Un perturbado es un perturbado, puede dedicarse a muchas cosas, incluido realizar atentados graves. ¿El imitador de un terrorista, el terrorista mimético, no es un terrorista? Habrá que debatirlo o al menos considerarlo. Si es complicado controlar cierto tipo de terrorismo, señalar que hay un segundo nivel de imitadores es un peligroso camino, poco tranquilizador. Pero considerarlos por separado evita utilizar otro término propio de la narrativa: cadena de atentados. Aquí, se nos dice, hay uno de verdad y sus copias posteriores.
También perturbado estaba Anders Breivik, el asesino de los 77 jóvenes en la isla de Utoya, más los que había asesinado unas horas antes con una explosión. ¿Tranquiliza pensar en él como un "lobo solitario" o como un "enfermo"? Pues no, la verdad. Y menos si después quiere fundar un partido —el Partido Fascista Noruego—, como nos decía la prensa en septiembre. La reducción de Breivik a un enfermo solo le benefició a él.

La cuestión no es sencilla, desde luego. Pero si tres personas deciden estrellar sus coches contra las personas que pasean por las calles, tal como se hace en Tel Aviv, no se les debería llamar perturbados. En Israel nunca lo harían. En Francia y otros lugares creen que con no pronunciar la palabra maldita, "terrorista", el problema desaparece de la mente de la opinión pública. Pero no lo hace. Valls acepta uno de tres, pero manda a las fuerzas de seguridad y a patrullas militares a vigilar los puntos de aglomeraciones navideñas. François Hollande ha señalado: "No hay aparentemente relación entre ellos (los atropellos) pero sí una concomitancia que justifica una gran vigilancia"****, en una frase digna de figurar en las antologías de la retórica política.
A ciertos efectos, da igual que los que cometen atentados lo hagan por "desequilibrios", "razones miméticas" o "concomitancia", como dice Hollande. Lo importante es que lo hacen. Separar a unos de otros es de capital importancia porque significa que los mecanismos de defensa y prevención deben ser otros, que los niveles de las alarmas deben ser más finos. También los de la opinión pública, a la que no se puede tranquilizar hablando de desequilibrados, sobre todo si estos superan el número de lo que no lo están oficialmente. Como ya señalamos aquí el otro día, hay que tratar de redefinir los problemas porque han cambiado. Los análisis de los psicólogos y sociólogos son unos, pero los de la seguridad deben ser otros, incluidos los perturbados. Hay que reajustar los detectores. También las categorías para adaptarlas a la situación actual.

Las palabras sirven para entender las cosas en ciertos términos. Las mejores son las que nos ofrecen campos de actuación que nos ayudan a pensar de la mejor forma posible un problema. Si nuestras palabras y las categorías que establecen nos desvían de la comprensión y la confrontación con los problemas, entonces no son buenas. 


* "The Disturbing Last Words of the Gunman Who Executed Two New York Police Officers" News.Mic 22/12/2014 http://mic.com/articles/106988/the-disturbing-last-words-of-the-gunman-who-executed-two-new-york-police-officers
** "Sicosis navideña en Francia: tres atentados en tres días al grito de Alá es grande" El Confidencial"  http://www.elconfidencial.com/mundo/2014-12-23/sicosis-navidena-en-francia-tres-atentados-en-tres-dias-al-grito-de-ala-es-grande_599716/
*** "Les patrouilles militaires seront renforcées durant les fêtes" Le Monde 23/12/2014  http://www.lemonde.fr/societe/article/2014/12/23/les-policiers-doivent-porter-leurs-gilets-pare-balles-a-l-interieur-du-commissariat_4545385_3224.html
**** "Fallece una de las 10 víctimas del atropello en el mercadillo de Navidad de Nantes" 20 minutos 23/12/2014http://www.20minutos.es/noticia/2333291/0/muere-victima/atropello-nantes/francia-islamista/




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