martes, 16 de diciembre de 2014

El yihadismo mal interpretado

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay ocasiones en que se oye hablar del yihadismo como si se tratara de una gripe para la que es posible elaborar una vacuna precisa o poner en cuarentena unos días a los afectados a ver si se le pasa o si desarrolla nuevos síntomas.
Cuando no comprendemos bien un fenómeno, lo tratamos a través de analogías mediante las que nos aproximamos. Sin embargo el uso de este tipo de recursos no tiene ningún tipo de garantías reales de funcionamiento. Son solo formas de aprehensión defectuosas que pueden alejarnos de enfoques más adecuados. Los medios de información son en este caso decisivos pues contribuyen con la aplicación de esas analogías a la extensión de fenómeno.
En el diario El Mundo podemos leer el siguiente titular: "La coalición anti IS propone 'programas de desenganche' para los yihadistas retornados"*. Cuando se enfrenta la cuestión de yihadismo, su tratamiento se acerca al de las toxicomanías o las sectas, campos de los que toman el repertorio discursivo. Por mucho que se entrecomille "programas de desenganche", no se pierde ese efecto analógico causado por la idea del "estar enganchado", como si de una droga se tratase. Y esa es la cuestión. El planteamiento de la cuestión como enfermedad, lavado de cerebro, etc. abre un repertorio específico de recetas para "curar" a los "enfermos" de yihadismo. El yihadista parece padecer algún tipo de enfermedad o desequilibrio que es posible "tratar" con los remedios adecuados, ayudas de personal especializado, etc.

El fenómeno del Estado Islámico sigue sin comprenderse en su origen, objetivos y alcance. En gran medida ocurre por la enorme cantidad de tópicos acumulados para la interpretación de un fenómeno que se trata desde unas coordenadas y no de otras.
Hace unos meses, la prensa española recogió la noticia de dos "voluntarios" españoles que iban a luchar a Ucrania al lado de las fuerzas separatistas. El diario Público los mostraba como si se tratara de dos jóvenes que fueran a un partido de la Champions en campo contrario, abrazados y luciendo la bandera de su equipo, con el titular: ""Brigadas internacionales" españolas se unen a los rebeldes en el este de Ucrania". Esta vez la analogía escogida es la de las "Brigadas internacionales", que en el contexto del que se habla se les ve como combatientes por la "libertad". Los ucranianos, por supuesto, son los "peligrosos fascistas" a los que hay que combatir con las armas. Nadie ve peligro en que regresen a España, en donde serán celebrados por los amigos y correligionarios, y serán convocados por Público para que nos cuenten sus hazañas por tierras ucranianas matando "fascistas" y defendiendo al pueblo. A su manera y salvando algunas distancias, son lo que entendemos como yihadistas. La ideología es diferente, pero la estructura es la misma. Nadie teme, por supuesto, que regresen radicalizados (se fueron a Ucrania porque ya lo estaban) o que puedan cometer atentados. Al menos nadie lo ha manifestado. Es interesante ver cómo los describía el diario:

Al menos dos jóvenes españoles están en Ucrania, en la región de Donbass, combatiendo codo con codo con los milicianos independentistas alzados contra el Gobierno de Kiev. Llegaron recientemente a la capital ucraniana tan solo con "500 euros y una mochila" y desde allí viajaron hasta el este, donde se alistaron en las "brigadas internacionales" que está organizando la milicia de la República Popular de Donetsk, a imagen y semejanza que las que vinieron a luchar a España contra los ejércitos de Franco en España.
Uno de ellos es Rafael Muñoz Pérez, un madrileño afincado en Asturias desde 2010 y que ha militado en las juventudes de IU de Gijón. El otro se llama Ángel y es militante de los Colectivos de Jóvenes Comunistas de Cartagena, la rama juvenil del Partido Comunista de los Pueblos de España. En vídeos difundidos en Youtube y fotos a través de las redes sociales se les puede ver junto a las milicias prorrusas, ya armados con fusiles y orgullosos de estar "combatiendo al fascismo". "Somos dos jóvenes españoles y estamos aquí para que el mundo vea que lo que dicen las televisiones españolas y norteamericanas no es verdad. Esta gente no son terroristas, no son criminales, están defendiendo sus hogares y familias", aseguran en uno de los vídeos.
Aseguran que las milicias "no son terroristas, están defendiendo sus hogares y familias"**


No trato de comparar los dos fenómenos, pero sí la forma de tratar este y cómo ese romanticismo con el que se presenta, otros lo usan igualmente en su beneficio. Sustituyan donde pone "Ucrania" por "Siria" y así sucesivamente y verán cómo aumenta la preocupación y se lee de otra manera. Aquí se les presenta como luchadores por la libertad. Los yihadistas auténticos hacen lo mismo. Los que abandonan sus casas lo hacen siempre por "buenas causas" y también tienen su perfecta "justificación" para matar, degollar, esclavizar o, como es la última amenaza del Estado Islámico, realizar la ablación de todas las mujeres en los territorios que han conquistado y están bajo su cruel dominación.


Los países preocupados, afectados, etc. se han reunido en Marruecos para tratar de tomar medidas para combatir este fenómeno de contundente realidad pero de difícil clasificación, por lo que vemos. No parece que haya servido de mucho, por las informaciones que llegan. La Vanguardia nos señala algunas medidas y propuestas:

Una de las medidas más sencillas y que países como Francia o Australia ya han comenzado a aplicar es la confiscación de pasaportes o la prohibición de salida del territorio para ciertas personas que dan señales evidentes de radicalización.
El problema, como expuso el representante francés en la conferencia, es "la rapidez en el proceso de radicalización" y la "diversidad de perfiles" (por ejemplo, un 22 % de los casos franceses son conversos al islam), aspectos que dificultan el seguimiento de los nuevos yihadistas.***

¿Se va a privar del pasaporte a alguien que dé "señales evidentes de radicalización"? ¿Qué es eso? Por otro lado, para el que tenga ganas de salir, el pasaporte no será mucho problema. Hay millones de personas que lo hacen. Será una dificultad más, pero no un impedimento, a menos que se piense que son ciudadanos respetuosos de la ley, en cuyo caso dejarían de ser radicales. El ejemplo de los crímenes que se comenten existiendo órdenes de alejamiento nos muestra que la ley la respeta el que quiere respetarla. Los que se consideran en tierra de infieles, no tienen demasiada preocupación por sus leyes; burlarlas es un mérito más. Para ellos ya solo hay una.
Pensar que el que da "señales evidentes de radicalización" es el peligroso es obviar el arte del disimulo. Lo cierto es que esa vía no parece muy eficaz y sigue considerando los síntomas de la radicalización como los síntomas de la gripe, con sus fiebres, algo que se detecta con un termómetro.
El dramático caso de Sidney de ayer nos muestra como el tenerlo "clasificado" como radical sirve de muy poco. En este caso no solo lo estaba por sus manifestaciones, sino como sospechoso de inductor del asesinato de su esposa. Un candidato perfecto que, sin embargo, ha causado dos muertes. Los dos jóvenes chechenos del maratón de Boston también estaban en la lista de observados, pero tampoco sirvió de nada.


Los expertos se vuelven a contentar con dar estadísticas y más estadísticas pero poca sustancia, una manía heredada de la mala praxis académica en las Ciencias Sociales. Dar números no basta; es solo el principio.
Los participantes en la conferencia de Marruecos son expertos, pero también políticos. Están interesados en reunirse y decir que están en ello. Pero por lo que se nos transmite están muy lejos de acercarse al problema más allá de los tópicos al uso.

El representante marroquí se preguntó además si son únicamente religiosas las motivaciones que llevan a un joven a sumarse a la yihad, en alusión a la búsqueda de aventuras o de una identidad que pueden llevar a algunos a sumarse a una guerra en un país ajeno.***

Los países musulmanes tratan de evitar dos cosas: que les estalle en las manos y que se piense que no hacen nada. Durante décadas se han preocupado de la radicalización no como una cuestión religiosa en sí, sino como un problema de su propia estabilidad. Han dejado crecer los grupos mientras no les afectara a su propia seguridad. En el caso de hacerlo, la represión ha sido brutal, con lo que han causado una radicalización mayor. Ahora se les va de las manos porque los grupos han logrado lo que no parecía posible, una actuación conjunta, un sentido de unidad, que fue lo que aportaron Bin Laden y Al Qaeda. Con ellos, el fenómeno dejó de ser local y pasó a convertirse en una red articulada internacional. Los demás pensaron que nunca saldría de los países musulmanes, pero desde el 11-S sabemos que esa barrera se rompió. Ya no están solo allí, sino en todas partes.
El discurso marroquí trata de desligar lo religioso del yihadismo, señalándolo como "afán de aventuras" o un problema "identitario", algo que se pase con la edad, no deja de ser conmovedor. La islamofobia, en efecto, es un fenómeno creciente que hay que tratar de evitar porque son mucho millones los musulmanes que reniegan del yihadismo actual. Quizá la pedagogía sobre el concepto de "yihad", discutido siempre con profusión, deba intensificarse. Pero la propia estructura del islam, sin un centro real, abierto a las interpretaciones en lucha, hace que esto sea una vía relativa y lenta. Es de agradecer en este sentido, por ejemplo, la rápida condena que el Gran Muftí de Egipto, Shawqi Allam, hizo del caso de Sidney, antes de su desenlace cruento: «The mufti warned against “using this terrorist act to spread hatred towards Muslims” in Australia and elsewhere.»**** Tiene, por supuesto, su propia clave egipcia, pero no deja de ser un impulso institucional en el sentido condenatorio.

Por eso son los radicales los que se dedican ahora a erosionar a las instituciones que les critican acusándolas de vendidas a los infieles occidentales o a los apóstatas. El conflicto se da en el seno del islam, aunque las consecuencias se den también en el exterior. Es importante comprender que el proceso de radicalización se intensifica por el intento de evitar que el movimiento liberalizador de las primaveras árabes aleje de las fuentes islámicas. La radicalización revolución siria, desbordando a los revolucionarios que inicialmente piden una democratización es por miedo a la democracia, que es el verdadero enemigo del yihadismo, que no es más que el brazo ejecutivo del islam totalitario. La concentración internacional en Siria y el desplazamiento de los liberales y demócratas, cuando no su aniquilamiento, es el intento por evitar que prosperen democracias que se les escapen de las manos. Esa es la lucha y el origen del problema al haberse resistido los países con gobiernos autoritarios a las peticiones de democratización.
Seguimos considerando el conflicto como regional o internacional, señalando los "yihadistas" de cada país. Es un error. No son, como el caso, de Ucrania "separatistas nacionalistas", sino verdaderos "internacionalistas": lo primero que han perdido es su sentido de la nacionalidad (país) para pertenecer a una unidad que entienden no local, sino espiritual.

La creciente importancia de la radicalización o el reclutamiento a través de internet llevó a varios participantes a demandar una mayor colaboración entre los servicios policiales y los responsables de redes de internet para ver el modo de que un contenido considerado como violento o favorable al terrorismo pueda ser eliminado lo antes posible.
Al respecto, el coordinador antiterrorista de la UE, Gilles de Kerchove, puso como ejemplo el modelo británico, donde Scotland Yard mantiene una relación fluida con Google que le permite advertir de contenidos terroristas en una cuenta de facebook o de youtube, consiguiendo su eliminación en más del 90 % de los casos.
Junto a este trabajo represivo, todos estuvieron de acuerdo en que será necesaria una labor preventiva, sin que los intervinientes hayan avanzado ideas concretas, más allá de la necesidad de asociar a "líderes locales y comunitarios" de la diáspora musulmana en Europa o América para contrarrestar el discurso del radicalismo.
La representante estadounidense propuso ser más proactivos en la generación de contenidos en internet que contradigan el discurso del odio y dijo que su Gobierno invierte en redes y páginas en varios idiomas (inglés, árabe, urdu y somalí) con este propósito.***

Otra de las ideas recurrentes —no hace falta ir a Marruecos para hablar de esto— es el papel de internet. Se usa internet porque internet se usa, idea obvia y circular. Es corriente que se analice con sorpresa porque tenemos la idea de que el "yihadista" es una especie de ser medieval y nos choca su uso de la tecnología. Parece mentira que en estos tiempos de sociedad del espectáculo, no sepamos separar unas cosas de las otras. El grupo más cavernario que podamos imaginar no renunciaría a internet porque es la forma de llegar más lejos. Oriente Medio era y es el reino de las parabólicas. Los más retrógrados predicadores tienen su canal. Con ellos han alimentado y siguen haciendo el sectarismo y la intransigencia. Es más fácil cortar un canal de televisión vía satélite que el acceso a internet. Y no se ha hecho.

Lo de la "proactividad" a través de internet es un ejemplo del voluntarismo norteamericano y puede que alguien piense que sirva para algo. Será un gasto y apenas servirá. Si alguien piensa que cuando se presenten los "síntomas" del yihadismo, se va a ir a buscar páginas "proactivas" como el que va a la farmacia a por aspirinas, puede hacerlo. Pero es una actividad encaminada a que la vean los que no lo necesitan.
Pero la carencia de ideas se concreta en esta frase de La Vanguardia: «todos estuvieron de acuerdo en que será necesaria una labor preventiva, sin que los intervinientes hayan avanzado ideas concretas». Deberían hacerse camisetas con la frase.
El fenómeno del yihadismo es la punta peligrosa de un iceberg. La creencia en la posibilidad de aislar los fenómenos ha hecho que no se haya evaluado su alcance. Pero es más importante entender que es solo la punta, que bajo ella hay un laberinto de cuestiones sociales, históricas, teológicas, etc., de gran intensidad. Nuestra confianza nos hace ver peligro en el "regreso" de los yihadistas, pero el peligro está en la "ida". Es ahí donde hay que incidir en el análisis. La prevención siempre será más eficaz si se conocen sus raíces. Las soluciones, hasta el momento, son meros parches, un hacer ver que se está preparado para algo distinto a lo que estábamos acostumbrados. Los brigadistas internacionales volvían a sus países contentos por lo que había hecho y eran celebrados como héroes. Estos yihadistas se comportan de otra manera. No hay internacionalismo, sino supranacionalidad. La nacionalidad se vuelve contra sí misma convirtiéndose en el objeto de odio. El mundo se ha convertido en campo de batalla; todo el que no piensa como ellos, en su enemigo.

* "La coalición anti IS propone 'programas de desenganche' para los yihadistas retornados" El Mundo 15/12/2014 http://www.elmundo.es/internacional/2014/12/15/548f462e268e3ef80f8b457b.html
** ""Brigadas internacionales" españolas se unen a los rebeldes en el este de Ucrania" Público" Público 6/08/2014 http://www.publico.es/internacional/brigadas-internacionales-espanolas-unen-rebeldes.html
*** "Debaten en Marruecos cómo luchar contra la atracción de la yihad" La Vanguardia 15/12/2014 http://www.lavanguardia.com/politica/20141215/54421454727/debaten-en-marruecos-como-luchar-contra-la-atraccion-de-la-yihad.html

**** "Egypt’s Grand Mufti condemns Sydney hostage crisis" Daily News Egypt 15/12/2014 http://www.dailynewsegypt.com/2014/12/15/egypts-grand-mufti-condemns-sydney-hostage-crisis/


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