jueves, 11 de diciembre de 2014

El calentamiento nacionalista global o cómo acabar con la cartelera

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Una de las consecuencias del ascenso mundial del nacionalismo, fruto de las exaltaciones propias y de las negaciones ajenas, es que a los países que lo practican les fastidia mucho las visiones críticas o las menciones a episodios oscuros de su historia. Al nacionalismo le van la grandilocuencia, los actos heroicos, mucha bandera y una cuantas notas del himno nacional salpicando cualquier secuencia. Mucho menos, evidentemente, el reconocimiento de errores históricos o la simple lectura de los demás de esos episodios que todos tenemos a lo largo de nuestras largas o cortas trayectorias históricas. El que no tiene una conquista brutal tiene un exterminio, el que no ha sido derrotado en una batalla naval  fue masacrado en valle de mal recuerdo. Y eso contrasta con la imagen idílica que solemos tener de nosotros mismos como seres pacíficos y cargados de buenas intenciones.
Por contra de lo que pudiera parecer, al nacionalismo no le importa demasiado la historia y es más bien hijo de la poesía y de las ficciones. Es el romanticismo el que hace emerger la idea de nación rodeada de cánticos, poemas y cuadros gloriosos. Cuando la cuestión queda en los círculos académicos, no suele haber mucho revuelo, pero cuando sale de este modesto ámbito y se convierte en hecho mediático, la cosa cambia.

En un mundo globalizado es difícil producir una cultura mediática al gusto de todos. Los países son comunidades lectoras e interpretan los textos que se les ofrecen desde sus propias perspectivas y valores. El nacionalismo, como otros sesgos, lleva a lecturas distorsionadas y, cada vez más, a la exclusión de su "sala de lectura" de los textos de difícil digestión. Al nacionalismo no le gustan las discordancias ni las divergencias lectoras. Ellos escriben e interpretan la historia, los mapas o cualquier tipo de texto, como Rusia con Ucrania. De repente no puedes vivir sin ese pedacito de tierra que tanto conmueve tu corazón.
En este contexto nacionalista, la prensa nos trae la noticia del enfado de los nacionalistas japoneses por la última película de Angelina Jolie, "Unbroken". El creciente nacionalismo japonés no está dispuesto a que se vea en sus pantallas (si pudieran irían más allá) la versión de Jolie de lo que ocurrió con el corredor Louis Zamperini, quien fue hecho prisionero durante la II Guerra Mundial y sufrió torturas. Cuando el primer ministro japonés quiere enfadar a sus vecinos chinos o coreanos, se va a hacer una visita al santuario de Yasukuni, donde reposan los restos de los soldados japoneses a rendirles homenaje. Eso enfada un montón a las víctimas de sus hazañas. La verdad es que una forma cómoda y barata de enfadar a los demás. Lo malo es que el nacionalismo japonés despierta el de los demás, que se sienten reafirmados en lo suyo.


Los nacionalistas japoneses han promovido una campaña en la plataforma change.org para que se prohíba la película de Angelina Jolie en Japón. The New Zealand Herald nos resume así el conjunto de los hechos:

Japanese nationalists have created an online petition to ban Angelina Jolie's movie Unbroken from the country's cinemas, insisting showing their soldiers abusing prisoners of war is unfair.
Jolie's second directorial effort follows the story of US Olympian Louis Zamperini, who spent 47 days in the Pacific Ocean following a plane crash during World War II before being captured by the Japanese and forced to work in a labour camp for more than two years.
Nationalists in the country are incensed by the portrayal of their soldiers in the movie, and have now set up a petition on Change.org, calling for the distribution of Unbroken to be halted in Japan as it is "contradictory to the facts".
The protest has already attracted more than 8000 signatures.
Hiromichi Moteki, the secretary-general of pressure group Society for the Dissemination of Historical Fact, tells Britain's Daily Telegraph newspaper the film is "pure fabrication ... this movie has no credibility and is immoral".
However, Mindy Kohler from Asia Policy Point, adds: "There is plenty of documentation on the abuse and tortures inflicted about the POWs (sic) ... It is outrageous and reprehensible to deny what happened to Louis Zamperini."*


Un "POW" es un "prisionero de guerra" (Prisioner of War). Las representaciones de la brutalidad japonesa con los prisioneros no son exclusivas de la película de Jolie, como es evidente. Desde el célebre film de David Lean El puente sobre el río Kwai hasta la reciente e interesante Un largo viaje (The Railway Man 2013), pasando por la atípica Feliz Navidad, Mr Lawrence (del japonés Nagisha Oshima, 1983). Los excesos sobre los prisioneros han sido mostrados a través del cine. Hoy lo hacen en los periódicos tras la publicación del informe sobre las prácticas de tortura de la CIA, que han sacudido la conciencia americana en estos días. Algunos "nacionalismos" distantes han aprovechado para justificar sus propias torturas y la "seguridad nacional" como doctrina.

Es curioso que no haya suscitado reacción nacionalista en Japón la película de Jonathan Teplizky, Un largo viaje, porque se centra en otro hecho real: el encuentro del prisionero con su torturador. La película es impresionante y de una gran humanidad; una de esas películas de las que se sale humanizado sin que se hagan concesiones sensibleras. En la noticia de la muerte de Eddie Lomax, el soldado escocés torturado, se nos muestra la fotografía de ambos sosteniendo el libro en el que contó su historia y que se estrenaría en las pantallas un año después. The New York Times daba cuenta de la muerte de Lomax con este resumen de su vida:

“At the end of the war, I would have been happy to murder him,” Mr. Lomax told The New York Times in 1995, shortly after the “The Railway Man” was published and became a best seller.
In the book, Mr. Lomax described having fantasies about meeting Mr. Nagase one day and how he had spent much of the 1980s looking for information about him. He learned that after the war Mr. Nagase had become an interpreter for the Allies and helped locate thousands of graves and mass burial sites along the Burma Railway.
The men finally met in 1993, after Mr. Lomax had read an article about Mr. Nagase’s being devastated by guilt over his treatment of one particular British soldier. Mr. Lomax realized that he was that soldier.
“When we met, Nagase greeted me with a formal bow,” Mr. Lomax said on the Web site of the Forgiveness Project, a British group that seeks to bring together victims and perpetrators of crimes. “I took his hand and said in Japanese, ‘Good morning, Mr. Nagase, how are you?’ He was trembling and crying, and he said over and over again: ‘I am so sorry, so very sorry.’ ”
Mr. Lomax continued: “I had come with no sympathy for this man, and yet Nagase, through his complete humility, turned this around. In the days that followed we spent a lot of time together, talking and laughing.” He added, “We promised to keep in touch and have remained friends ever since.”
Mr. Lomax told The Times said Mr. Nagase’s later life resembled his own. “He has had the same psychological and career problems that I have,” he said.**


La historia de Lomax y Nagase no suscitó las críticas nacionalista por la tortura, al menos no han trascendido en el mismo nivel que las que han arrecido contra Jolie en Japón. El nacionalismo tiende a no creer y negar, por un lado, y a ver conjuras y conspiraciones por todos los demás. Necesita de una historia impoluta en la que la brutalidad no exista y en la que todo quede justificado. Uno de los ejemplos más claros los tenemos en el negacionismo turco del exterminio armenio, algo que siguen negando, gracias a las ínfulas nacionalistas de Recept Tayyip Erdogan y su partido. Cuando Dios está de tu lado, todo está justificado.
El nacionalismo necesita de cierto carácter mesiánico y la religión sirve para esos fundamentos teológicos que garantizan que Dios te echará una manita y siempre velará por ti más que por los demás. El ultranacionalismo hebreo es el ejemplo más evidente de este caso, pero podemos comprobar que la Rusia de Putin recupera la idea de la Santa Rusia mientras levanta iconos y retratos de Stalin en igual medida. No hace falta coherencia en la irracionalidad empática del sentimiento. Los elementos se refuerzan aunque se den de patadas con la lógica y la historia. La lógica no es necesaria para esto y la historia la reescribes a tu gusto.


El nacionalismo es un peligro. La cultura mediática de masas lo utiliza como moneda cotidiana habitual pues tiene esa doble vertiente de unir y lanzar contra los enemigos. Nada une más que un buen enemigo. El problema es que nos estamos quedando sin enemigos para los papeles de malos en nuestras películas. Se ha perdido la buena costumbre del país imaginario, el país "marca ACME", que dirían en los dibujos animados, un "Zipladonia" o así, imaginarios, con uniformes de opereta, para que nadie se diera por aludido. Lo malo es cuando las obras están basadas en hechos reales y no se pueden esconder los restos de la Historia, con mayúscula, aquella a la que aluden con mayor o menor fortuna los textos históricos que todos escriben para nivelar las balanzas del descontento.
Los periódicos nos dan las noticias de lo enfadados que están esos otros reyes del nacionalismo atípico que son los coreanos del Norte. Corea del Norte es uno de los países con más probabilidades de convertir en "villano" oficial de las películas de todo el mundo. Cuantas menos relaciones hay con un país, más fácil es retratarlo como villano. Protestan menos. A Corea del Norte le viene muy bien además, porque así confirma su aislamiento, que es lo mejor para tener a los pueblos engañados y oprimidos, como un piña junto a sus folclóricos líderes. El diario ABC nos cuenta la última:

Corea del Norte negó este domingo a través de un comunicado de su agencia estatal de noticias estar detrás del misterioso ciberataque que sufrió el estudio Sony Pictures, responsable de la película «The Interview» que caricaturiza al líder Kim Jong-un. Un portavoz no identificado de la poderosa Comisión Militar Central acusó en el comunicado a «las autoridades títeres surcoreanas» de extender el «rumor» de que Pyongyang está detrás del ciberataque. También dijo que Corea del Norte desconoce «por qué fechorías se ha convertido en el objetivo del ataque» el estudio hollywoodiense.
El ataque informático se produjo poco después de que el 28 de noviembre el régimen de Pyongyang amenazara con un «severo castigo» a los autores de «The Interview», comedia protagonizada por Seth Rogen y James Franco sobre un plan de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense para asesinar al líder norcoreano. Sony informó de que una «larga cantidad de datos confidenciales» fueron robados, incluyendo cinco películas de la compañía, y muchos medios y expertos señalaron a Corea del Norte como responsable de la acción.***


Como Corea del Norte siempre está amenazando con algo, le pasan estas cosas, que es retratada a través de la caricatura, que es el otro extremo de la Historia y no necesariamente menos verdadera. A veces las caricaturas son más creíbles que los documentos y versiones oficiales. Corea se parece extrañamente a una parodia de sí misma, empezando por su líder sexy. La vida imita al arte, en este caso. Eso abona a los coreanos al puesto de malos universales, un puesto disputado por dos o tres países.
El nacionalismo admite el mayor grado de manipulación puesto que todo se justifica en el amor a la patria. La mejor muestra de amor al país propio es solucionar sus problemas y no esconderlos, tender lazos de amistad con el resto del mundo, y denunciar las injusticias propias, que son las que afectan a los que tanto se dice amar. Si se mezcla con lo religioso, la cosa se complica bastante, pues se utiliza para cerrar el país a la influencias pecaminosas y perturbadoras del exterior. Esto se aprovecha para cerrar a cal y canto el país, lo que lo hace más manipulable.


La prohibición de Exodus, la cinta de Ridley Scott, en Egipto por motivos religiosos se evita el problema del nacionalismo, que podía haber tenido consecuencias peores con el clima en el que se vive. El enfrentamiento entre presuntamente laicos e islamistas, ambos presuntamente demócratas, tendría consecuencias fatales por el reparto de papeles y caída de plagas. La película presenta un reto interesante pues muestra la vertiente del nacionalismo del antiguo Egipto enfrentada a la religión abrahámica, encarnada en este caso en los hebreos, uno de los enemigos actuales, pero con legado común posterior, tras la islamización árabe de Egipto. Un verdadero lío histórico y que explica que en las manifestaciones en el país, algunos se abonen al Egipto faraónico, como el genuino y nacionalista, mientras que otros vivan el país con el importante internacionalismo religioso islámico, que no ve países sino la comunidad de fieles.
En mundo global, lleno de medios que pueden ser observados desde cualquier lugar del planeta, hay que ser cuidadoso y medianamente susceptible. No hay que dejarse arrastrar por la intransigencia, que es el mejor reclamo para el autoritarismo. Hay cosas que nos sientan fatal porque somos hijos de lo que somos, pero madurar es no dejarse llevar por los arrebatos o venganzas porque no se acaba nunca.
Las películas prohibidas no pasan nunca de moda.


* "Petition wants Angelina Jolie's Unbroken banned in Japan" The New Zealand Herald 10/12/2014 http://www.nzherald.co.nz/entertainment/news/article.cfm?c_id=1501119&objectid=11372081
** "Eric Lomax, World War II Prisoner Who Forgave, Dies at 93" The New York Times  9/10/2013 http://www.nytimes.com/2012/10/10/books/eric-lomax-river-kwai-prisoner-who-forgave-dies-at-93.html
*** "Corea del Norte justifica el ciberataque de Sony Pictures pero niega sy participación " ABC 7/12/2014 http://www.abc.es/internacional/20141207/abci-corea-norte-hackeo-sony-201412071904.html





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