lunes, 8 de diciembre de 2014

Cabezas desmemoriadas y cabezas cortadas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Me lo enseñaron y tradujeron. Era un vídeo de YouTube con manifestaciones de presentadores de las televisiones egipcias. Las primeras son palabras sobre la caída de Hosni Mubarak tras la revolución del 25 de enero de 2011. En ellas se explayan a gusto contra el ex presidente, ya desplazado del poder. Los hay que piden la horca. Entre los planos de los gritos irritados y agitaciones expresivas de las manos, un joven espectador levanta sus cejas sorprendido por la virulencia de los ataques contra Mubarak. Inmediatamente pasamos a ver a los mismos presentadores de las cadenas televisivas hoy, tras la absolución de los cargos por las muertes de los manifestantes y las acusaciones de corrupción felicitando al presidente y congratulándose por la actuación de la justicia. Esta vez, el joven espectador se revuelve, entre carcajadas, en su sofá mientras les escucha.
Donde había valiente exaltación de la revolución y condena del dictador, ahora todo son cantos de alegría. Uno de ellos, incluso, dice que si alguien le enseña el vídeo en el que se le vea felicitarse por la caída de Mubarak, se plantará desnudo en la Plaza de Tahrir. El joven espectador del vídeo de YouTube se cae del sillón del ataque de risa.

El sentido del humor egipcio permite los desahogos de algunos, pero no todos. Como señalábamos hace unos días, la propuesta de prohibir por ley las críticas o insultos a las revoluciones del 25 de enero y del 30 de junio ha tenido una recepción variada porque es un arma de dos filos. Se presenta como una forma de respeto a la voluntad popular, que se identifica con las revoluciones, pero interfiere en las críticas derivadas a las acciones posteriores, que se entienden que las prolongan,
Al unir ambas revoluciones, se anula la primera y se justifica la segunda, cuyas consecuencias son mucho más discutibles. En la primera se abominaba de 30 años de Mubarak; en la segunda de un año de Morsi, que había sido elegido. Es cierto que el año islamista fue nefasto, pero también es cierto que lo que la gente pedía a Morsi es que renunciara y convocara unas nuevas elecciones ante los incumplimientos de sus promesas electorales de gobernar para todo y ante la irrupción inmediata de la "agenda islamista" en sus acciones. Es igualmente cierto que nadie pidió la intervención del Ejército, que se apunto a hacerse con el poder, de la misma forma que dejó en manos de la policía la represión de la revolución del 25 de enero para después, cuando vio la evolución de los acontecimientos, salir a ser besado a las calles. El Ejército es la base de la represión en Egipto, pero siempre se las arregla para ser el deseado y recibir los besos.

Si la sociedad egipcia no estaba bastante dividida ya con todas estas cuestiones, el anuncio de la ley contra las críticas a las "revoluciones" lo ha hecho todavía más. Así lo recoge Egypt Independent, que nos ofrece diversas protestas contra el borrador de la ley que vendrá. Para unos la revolución no es "sagrada", para otros se hicieron para tener libertad y es absurdo atentar contra la libertad de expresión al prohibir las críticas o insultos.
Todo esto no es más que el intento de racionalizar la fractura esencial entre las dos revoluciones o, para ser más exacto, entre las dos intervenciones militares que acabaron cerrándolas. Los ataques de los partidarios de los resultados (no necesariamente del origen) de la revolución del 30 de junio han movilizado su maquinaria de rumores y afirmaciones insidiosas haciendo ver que los muertos que hubo (esos de los que se acaba de exonerar a Mubarak y los suyos) fueron víctimas de francotiradores de los Hermanos Musulmanes, que son la víctima perfecta a la que adjudicarles todo lo negativo. Es la forma absurda de tratar de dejar "limpio" al actualmente idolatrado Ejército de sus responsabilidades por la represión en la etapa del 25 de enero y en la siguiente en la que Tantawi asumió el poder como Junta Militar hasta la realización de las elecciones que llevaron a Morsi al poder.
En Egypt Independent se cita una versión que coincide con la idea general que expresamos hace unos días:

Revolutionary Socialitst activist Haitham Mohamedain accused the current regime of leading a military coup against the 25 January revolution and being enemies to it. “You, Mubarak's military men, have fought the revolution since the first day and you have been guards of a corrupt criminal regime that insulted the dignity of the Egyptians on streets, in police stations and in prisons,” he wrote on his Facebook page.
 “Military men have been partners in plundering the wealth of the country,” Mohamedain added. “Placing the so-called 30 June revolution along with the 25 January revolution is in fact intended to give legitimacy to the bloody military coup on January revolution and even the demands of 30 June.”*


La idea de Mohamedian es la más natural si evitas caer en la seducción militar que consiste en creer que son siempre los buenos de la película, los que les salvan en el último momento. La necesidad mitómana de "salvadores" que manifiesta la sociedad egipcia, al menos una parte amplia de ella, impide finalmente que pueda tomar el destino en sus manos. Los militares son la referencia y les basta dejar que la situación degenere lo suficiente para que sean aclamados en su regreso imponiendo brutalmente la paz que el pueblo les pide.
Durante la etapa de Morsi, los militares se guardaron de evitar que se pudiera controlar al Ejército. El modelo que los islamistas debían tener en mente supongo que debía ser el turco. La forma de ir desmantelando el poder del ejército turco, laico con tradición golpista, frente a un ejecutivo que va islamizando la sociedad poco a poco, es probable que estuviera en la mente de los Hermanos Musulmanes. Los ataques constantes de Erdogan hacia Egipto y su presidente vienen de la rabia del islamista al que se le han frustrado sus planes. Erdogan jugó a ser el "hermano mayor" de los Hermanos Musulmanes, la referencia para el camino: controla al ejército y demás instituciones básicas, haz negocios con el exterior, hazte indispensable fuera para la defensa e islamiza la sociedad. Ya habrá tiempo para todo después, cuando tengas el control total.


No es casual que Erdogan muestre su rostro autoritario (la famosa "deriva autoritaria", coletilla periodística) ahora que tiene el poder total. Es el momento de imponer sus ideas retrógradas, cuando ya hay poco riesgo de que se le pueda escapar de las manos el poder. Sus peroratas integristas, sus tristes consejos a las mujeres, etc. son el momento relajado en el que ve cómo ha ido calando la islamización en una sociedad con instituciones laicas. La religión no había desaparecido de Turquía, pero sí de sus instituciones. Con Erdogan, ha vuelto al control social, excluyendo a los que no sean de su cuerda. Ya no es un político: es el guardián de la ortodoxia, de las buenas costumbres, de la fe. Es juez, fiscal y jurado. Eso es lo que Morsi perdió cuando su soberbia islamista egipcia le hizo acelerar el programa según llegó al palacio presidencial. Les puso a los militares en bandeja el regreso con su precipitación. Confiaba demasiado en sus milicias y en los votos que habían recibido, 12 millones. Pero en Egipto hay 80 millones de habitantes y muchos de los que le votaron no eran sus seguidores. Simplemente le votaron, sin saber que lo hicieran por quien lo hicieran, Morsi o Shafiq, acabarían volviendo los militares y que los presentadores de la televisión que había llorado de emoción con su salida y reclamado la horca para él y los suyos, llorarían de nuevo, pero esta vez de felicidad por su regreso.


El chiste, siempre acertado de la caricaturista Doaa Eladl nos muestra a un enorme Mubarak pisoteando la revolución. Creo que el mostrarlo en camilla durante los juicios es una estrategia para que no se le vea en él una amenaza, sino a un ser débil, un peligro imposible y despertar el proverbial respeto de los egipcios por las personas ancianas. El argumento ya sonó en los primeros juicios: es un anciano y hay que respetarlos. Sí, pero hace tres años, Mubarak era el padre que daba consejos a sus hijos e hijas del pueblo egipcio.
Reivindicar ahora a Mubarak no creo que tenga como finalidad darle protagonismo, pero sí exonerar en cadena su régimen y sus figuras, que dejarán de verse vilipendiadas y escondidas. Eso queda reservado a los Hermanos Musulmanes y a Morsi, al "año negro", sobre el que girarán todas las conspiraciones y maldades posibles.

Morsi se comportó como un necio, antes y después del golpe. Como un dictador en potencia, soberbio y dejando de lado a todos tras llegar al poder. Los Hermanos Musulmanes habían hablado hasta de no presentar candidato. Dice mucho de su forma de actuar. También de su poco seso, de haber sido los causantes de que la revolución del 30 de junio, muy diferente a la del 25 de enero en motivación y resultados, tuviera lugar.
Morsi inició imprudentemente su reivindicación de los islamistas una vez llegado al poder. Quizá muchos no se acuerden del incidente del nombramiento de gobernador de Luxor a uno de los terroristas del mayor atentado contra turistas realizado en Egipto o de la invitación al palco presidencia a los actos conmemorativos del "6 de octubre" a uno intervinientes en el asesinato del presidente Sadat en esos mismos actos en 1991. Ahora le toca al nuevo poder lavar la cara de Mubarak. Pero el lavado afecta no solo a lo ocurrido durante los días de la revolución. También se le está exonerando de los escándalos de corrupción, con lo que se abre la exaltación de su régimen. Pronto Mubarak mantuvo la ley de excepción desde la muerte de Sadat hasta el último día en el poder para proteger a Egipto. De nuevo la represión se oculta bajo el benévolo disfraz de la protección.


Ese espectador desternillado, que apenas pueda aguantar en el sofá y se revuelve entre carcajadas en el suelo, es un recurso retórico ante la desvergüenza mediática y política. Afortunadamente todavía quedan algunas voces que costará silenciar. Para hacerlo no será necesario ni usar el poder, bastará con la presión social o las de los dueños de los medios decididos a que sus empresas no desentonen. Hace unos días despidieron de una emisora a una locutora que se permitió criticar públicamente el veredicto a favor de Mubarak. La prensa se ha hecho eco de la intercesión del presiden Al-Sisi para que fuera readmitida. Otra magnífica viñeta de Doaa Eladl deja constancia del hecho. 


El tradicional "¡que le corten la cabeza!" se practica cada vez más en los medios y es mejor el silencio a arriesgarse. La ley de protección de las revoluciones no busca más que su fosilización y garantizar que los islamistas no sigan saliendo a la calle diciendo que los quitaron con un "golpe de estado". Lo que antes de discutía, ahora queda fuera de discusión. Cuando alguien realice una crítica se le llevará ante los jueces y se dirá que es en cumplimiento de la ley, que Egipto es un estado en el que se respetan las leyes. En el periódico independiente Mada Masr, con el título "Power of arrest: Who has it, what can they do with it?"**, recogían la preocupación de los activistas de los derechos civiles por la extensión continua del poder de arrestar y, sobre todo, se amplía en sus consecuencias.
No es fácil recomponer la cabeza cortada, como se muestra en la viñeta de Doaa Eladl. Sobre todo porque ha revelado que muchos desmemoriados —amigos serviles, arrestadores laborales— están dispuestos a cortar cabezas y seguir alimentando la fantasía histórica sobre la que se avanza. Los chistes son manifestaciones de la insatisfacción por ver cómo se les escapa la historia que vivieron en sus carnes durante treinta años.
Mubarak, el padre, es ahora el abuelo. Ese es el gran cambio.



* "Draft law criminalizing insults of revolutions sparks controversy" Egypt Independent 4/12/2014 http://www.egyptindependent.com//news/draft-law-criminalizing-insults-revolutions-sparks-controversy
** "Power of arrest: Who has it, what can they do with it?" Mada Masr 7/12/2014 http://www.madamasr.com/news/politics/power-arrest-who-has-it-what-can-they-do-it



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