jueves, 6 de noviembre de 2014

Cameron se lleva la primera

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Jean-Claude Juncker es un tipo curioso. Anda siempre repartiendo collejas, pellizcos y cachetes; alguna vez, incluso, estrangulamientos. Los demás lo aceptan bien y los franceses le devuelven tres besos, algunos dos, otros solo uno, abrazos o solo sacudidas con una mano en el hombro. Muchos cuyas tradiciones implican no rebasar el metro de distancia, se ven invadidos por la presencia de Juncker que les zarandea y les desarma. Lo hacía antes y lo hace ahora. Pero toda esa confianzuda relación cambia cuando Juncker se pone delante del micrófono y dice, como ayer, que el que ataque a la Comisión que se prepare. Se acabaron los ataques sin respuesta.
El diario El País evalúa así el cambio de actitud entre la pasada Comisión y esta:

En los momentos clave de la crisis, la Comisión Europea de José Manuel Durão Barroso careció del liderazgo necesario. Los Estados se lo hurtaron y tomaron la iniciativa. El nuevo presidente del brazo ejecutivo de la UE, Jean-Claude Juncker, demostró ayer, a las primeras de cambio, que no tiene intención de convertir la Comisión en una mera secretaría técnica de los grandes países. En su primera rueda de prensa avisó de que no le asusta el cuerpo a cuerpo.
A las críticas de los primeros ministros de Reino Unido, David Cameron, e Italia, Matteo Renzi, por un cambio estadístico que obliga a ambos países a acometer un pago extra a los presupuestos europeos, Juncker respondió con cajas destempladas: "No me va a temblar la mano ante los primeros ministros cada vez que detecte algo que no me gusta". "No tengo problemas con Renzi ni con Cameron", explicó; "es Cameron quien tiene un problema con los primeros ministros".*


Juncker además no se ha escudado en un genérico plural sino que ha dejado claro que la mano que no temblará será la suya. Juncker que es simpático por naturaleza, ha dejado de serlo por oficio. Y hace bien, porque está claro que Europa no se dirige con sonrisas, sino con la voluntad de llevarla a algún lado y la inteligencia de elegir bien el sitio.
Durante estos años, Europa como conjunto ha sufrido el doble lenguaje escénico de lo que se decía allí y lo que se contaba en casa. Las instituciones han sido escenarios del histrionismo de personajes como David Cameron, que querían demostrar ante sus electores lo bien que lo hacían. Jucker les ha dicho que se acabaron los burócratas y llegaron los ninjas. Que se preparen.

La mejor forma de enfrentarse al euroescepticismo o al antieuropeísmo es demostrar que existe una Europa respetable y política por encima de los estados porque los europeos han querido que sea así. El otro día me revolvía en mi asiento cuando escuché en el numerito histérico de David Cameron la palabra "club" para referirse a Europa. Y creo que Europa no es un club, por más que sea una palabra inglesa (de origen escandinavo) , ya que implica la distinción entre tu casa y ese otro espacio al que vas a que te dejen tranquilo. No, Europa no es un "club" y debe, por el contrario, reducir las distancias entre la casa histórica, los países respectivos, y la casa de todos. Es la única forma de progresar conjuntamente. Lo del "club" debería pasar a la historia ya.
La única forma de entender las instituciones europeas es como parte de ese espacio común que busca nuestra mejora y no como los encargados del servicio de habitaciones de un hotel en vacaciones. Las instituciones son respetadas cuando son respetables y despreciándolas se reduce su eficacia.
Nos dice el diario El Mundo reproduciendo las palabras de Juncker: «No somos una banda burócratas, somos políticos y hacemos política, y no voy a permitir que nadie ataque a la Comisión Europea y se quede sin respuesta»**. La respuesta a Cameron y Renzi marcándoles las distancias es clara. En cualquier caso, el duelo Juncker - Cameron no es nuevo y promete entregas futuras.
Creo que es una buena señal que el Presidente de la Comisión diga estas cosas porque son la vacuna de ciertos males que acaban creciendo. Hemos criticado en muchas ocasiones la práctica suicida de jugar a lanzar ataques contra Europa, responsabilizándola de las carencias propias y para presentar imágenes de "firmeza" y desafío para satisfacer a un electorado propio. Eso solo erosiona a Europa y su idea de conjunto. Hacer que Europa es el reino de los burócratas es copiar la peor de las prácticas de los fundamentalistas norteamericanos que consideran que los "burócratas de Washington" les roban y conspiran contra ellos, erosionando así el gobierno central. También por estos lares padecemos esa idea de que unos son políticos y los otros robaperas de cuello blanco. Es una táctica vieja, extendida y eficaz para mantener los liderazgos convirtiéndose en paladines del desencanto.


Regresan victoriosos a casa mostrando lo que han conseguido con gran esfuerzo o vuelven irritados mostrando la incomprensión, el injusto castigo, la conspiración histórica cuando no han conseguido arrancar lo que pretendían. En la Unión no siempre es posible tener lo que se tiene y se busca más el equilibrio. Pero ellos se apropian de lo que les corresponden y trasladan la humillación a todos por lo que no consiguen. Cameron es maestro en eso y Matteo Renzi lleva el mismo camino. El que no está dispuesto ya a dejar a la Comisión sin defensas es Juncker:

"Decir que la Comisión no ha avanzado en la coordinación de las políticas económicas o que un determinado Gobierno no acepta las lecciones de los burócratas, como hemos oído en los últimos días, de Bruselas me parece fuera de lugar. No somos burócratas, sino una Comisión política".*


Mientras los políticos le saquen rendimiento local a realizar números como el de Cameron el otro día, la erosión de la idea de Europa y sus instituciones comunitarias será constante. Lo que más ha debido irritar a Juncker y miembros de la Comisión fue que Cameron no había mostrado en la reunión una actitud beligerante, que esta se desató en cambio en cuanto pisó la calle y le pusieron un micrófono. El Mundo nos contaba lo ocurrido el 26 de octubre así:

[...] ayer la Comisión, por boca de su comisario de Presupuestos y Planificación financiera, Jacek Dominik, dejó claro que Londres tiene que pagar y que debe hacerlo a tiempo y sin excusas. Pero no sólo eso, sino que el comisario mostró su sorpresa por la polémica generada por Cameron, pues, según explicó, la información le fue remitida el 17 de octubre a Londres, mucho antes de la Cumbre, y nadie puso objeciones.
"Sí, me sorprendió la reacción de Cameron. Hasta ese momento no hubo ninguna señal por parte de la administración británica de disconformidad. Yo mismo fui a mediados de octubre a Luxemburgo y en el Ecofin se habló sobre el pago y estaban los representantes de Reino Unido que no mostraron objeciones", explicó Dominik. Tampoco lo hizo el Tesoro británico ni ningún miembro en la semana entera que medió. Pero sobre todo, explican fuentes comunitarias, en enfado es inexplicable porque las cifras no salen de la UE, sino que las proporcionan los Ejecutivos, así que lo que iba a pasar estaba muy claro.***


Parece claro que los enfados patrióticos de David Cameron solo se producen cuando tienen las cámaras delante y para deleite de sus votantes, ante los que muestra su lado salvaje. Y lo hace siempre a costa de Europa. Le sirve de poco —es lo que no entiende— porque los enanos sonrientes del UKIP le crecen alrededor. Pero es él quien los alimenta erosionando Europa. Los Farage y compañía se lo agradecen: debilita la imagen de Europa y la suya propia allanándoles el camino.
Lo que parece claro es que Jean-Claude Juncker además de abrazos, collejas y pellizcos, tendrá que dar algún pescozón. Cameron se ha llevado el primero.

* "Juncker se estrena con un duro ataque político a Cameron" El País 5/11/2014 http://internacional.elpais.com/internacional/2014/11/05/actualidad/1415195957_984815.html
** "Juncker, a Renzi y Cameron: 'No somos una banda de burócratas" El Mundo 5/11/2014
http://www.elmundo.es/internacional/2014/11/05/545a64a922601d33708b456f.html
*** "La Comisión Europea le para los pies a David Cameron" El Mundo 27/10/2014 http://www.elmundo.es/economia/2014/10/27/544e788722601d0a0e8b4598.html







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