domingo, 26 de octubre de 2014

Víctimas y acusadas: el orden perverso

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La reacción contra violencia contra las mujeres es uno de los indicadores de la salud mental y jurídica de un país. Lo jurídico proviene de la costumbre y la costumbre se instaura en los patriarcados. Solo la reacción conjunta de la ley y de las mentalidades nuevas pueden cambiar las costumbres que crean el dolor y la injusticia sobre unas mujeres a las que se les va reconociendo duramente el derecho a su ser individual, a tener una voluntad propia, un cuerpo propio y unos sueños propios.
Ayer estaba en la prensa de todo el mundo el ahorcamiento de la iraní Reihané Yabarí, acusada del asesinato de un hombre que, según su declaración, había intentado violarla. El Mundo lo cuenta así:

El suceso tuvo lugar en 2006 y Yabarí, que tenía entonces 19 años, fue condenada a muerte tres años más tarde en un proceso que, según varias organizaciones internacionales, no tuvo las garantías necesarias e incluyó confesiones extraídas bajo tortura.
"Esto no es justicia, si alguien actúa en defensa propia ninguna sociedad lo considera un crimen, nuestra ley también lo contempla, pero los jueces se negaron a ver que mi hija se estaba defendiendo", dijo a Efe Pakravan entre lágrimas.
Sin salida
El padre, Fereidún Yabarí, recomendó a las jóvenes iraníes que "para no acabar en la horca, dejen que las violen".
"En Irán, las jóvenes tendrán que elegir entre dar su juventud (perder la vida) o su honor sexual", señaló con rabia contenida, antes de preguntarse: "Si esto le sucede algún día a una mujer casada, ¿qué ocurriría?".
"Si la mujer acepta la violación, la tendrán que lapidar y si se resiste, la ahorcarán por el guesas (ley islámica de "retribución" que exige el pago de sangre con sangre)", dice indignado.*


En su dolor, las palabras del padre no exageran las dimensiones del problema y lo que tiene de mensaje perverso para el futuro, especialmente para el de las mujeres. La ejecución —se ha resaltado en todos los medios— no se ha podido impedir por el expreso deseo de la familia del médico muerto por la joven y del que ella se defendió. El País recoge la información de EFE: «Jalal, el hijo mayor de Sarbandi se negó reiteradamente e insistió en la aplicación de la ley del Talión. Tal como permite la Sharia, él mismo abrió la trampilla que activó el cadalso»**. Le debió proporcionar un gran placer hacerlo. Era el signo que mandaba a una sociedad como garantía de que la versión de la familia, la que ha servido para la condena de la muchacha, es aceptada. El perdón a la joven significaría la sombra de una duda en una ley social implacable. Es nombre contra nombre, familia contra familia: la de víctima y la de los acusadores.

La Oficina de Derechos Humanos de la ONU asegura que, según “fuentes fiables”, Sarbandi contrató a Jabbari para rediseñar su oficina, pero en lugar de dirigirse allí, la llevó a una casa donde la asaltó física y sexualmente. De acuerdo con esa reconstrucción de los hechos, “al parecer Jabbari apuñaló a Sarbandi en el hombro en defensa propia, huyó y llamó a una ambulancia preocupada por el estado de su presunto agresor”. 
Desde entonces, Amnistía Internacional, Human Rights Watch y otros grupos se han movilizado para intentar evitar la muerte de Jabbari. Cerca de 250.000 personas firmaron una petición online y los activistas se movilizaron en defensa de su causa a través de Facebook y Twitter. Dentro de Irán, donde la madre de la joven, Shole Pakravan, es una actriz conocida, artistas y destacados miembros de la sociedad civil lanzaron llamamientos a la clemencia.**

Lo que ocurrió allí, en aquella casa estaba claro para un tribunal que parte del principio de que la mujer tenía que explicar porqué llevaba un cuchillo en su bolso. Es algo que muchas mujeres podrían explicarles, pero que probablemente no estén interesados en escuchar. También se le pedía que apuñalara de frente y no por detrás, algo que es más complicado para quien debe aprovechar un descuido para intentar huir de su agresor. Pero, una vez más, para ellos no existe duda razonable porque no hay duda: la mujer es culpable si no consigue demostrar claramente lo que ocurrió, algo difícil en la soledad de los intentos de violación, que tienden a ser discretos. Pero da igual. Como bien señala el padre de la mujer ejecutada, el mensaje es que se dejen violar y que no digan nada en casa, no sea que la familia se sienta deshonrada y sean ellos quienes la maten en aplicación del honor que ley y costumbre les permite.


Pero la ejecución en Irán no debe tapar otro caso en Afganistán. The New York Times nos contaba la resolución del juicio contra un mulá, un clérigo, acusado de violar a una niña de diez años en la mezquita. Así resume el diario el caso:

A mullah who raped a 10-year-old girl in his mosque was sentenced to 20 years in prison after a dramatic trial here in Kabul on Saturday during which his accuser, weeping and shaking, summoned the courage to confront him.
Women’s activists attending the packed proceedings hailed the sentence as a victory because the mullah was successfully prosecuted under a 2009 law meant to fight violence against women in a country where rape had long been treated as adultery, implicitly placing partial blame on the victim. The judge in this case dismissed the mullah’s Shariah law defense.
In addition, intervention by Women for Afghan Women, a group that had earlier sheltered the girl, persuaded the victim’s family members to support her. The group paid her family’s travel expenses from their home in the remote province of Kunduz, where the crime occurred, so they could attend the trial.
Dr. Hassina Sarwari, the head of Women for Afghan Women, showed photos of a girl who reported being raped by a mullah. Struggling to Keep Afghan Girl Safe After a Mullah Is Accused of Rape JULY 19, 2014
After the rape occurred last May, family members of the girl had been overheard plotting to kill her out of shame at what had happened, according to the police and women’s activists in Kunduz. Such “honor killings” of rape victims are common in Afghanistan. Until the Elimination of Violence Against Women law was passed in 2009, rape was not even a crime.***


De no existir la ley de 2009, la niña de diez hubiera sido, como señala el diario, considerada como parte del delito de adulterio. Los intentos del mulá violador porque se le aplicara la Sharia y no las nuevas leyes fueron infructuosos, pero reveladores de cómo la ley islámica es el refugio de la agresión contra las mujeres, que es allí donde se encuentran el núcleo de la concepción patriarcal. Es allí donde se funden ley y costumbre, donde el pasado se actualiza para seguir actuando impunemente en el presente. Es la misma ley costumbre que guiaba a los familiares de la niña que pretendían matarla para evitar el deshonor de que hubiera sido violada por el mulá. Gracias a la ayuda de las organizaciones de derechos la familia directa pudo asistir al juicio para enfrentarse al violador infantil.
La descripción del juicio nos muestra el valor de la joven que se enfrentó su violador tapada por un velo:

Shackled with chains around his waist, attached to handcuffs, Mullah Amin was obliged to kneel on the floor of the crowded judge’s chambers, which were used as the courtroom, while everyone else sat on chairs. The girl, whose name is being withheld for her safety outside her village, sat about six feet away and covered her face entirely with her veil so she would not have to see Mullah Amin, who did not once look at her.
She wept uncontrollably as the prosecutor, Mujahid Raidan, read the mullah’s earlier, detailed confession and the investigative report detailing her horrific injuries. But when the mullah spoke in his own defense and claimed she had seduced him, the girl stopped sobbing and pulled aside her veil enough to speak directly to him. “Hey liar, hey liar,” she said. “God hate you, you are dirt, you are dirt, you are a vampire.”***


La rabia de la joven frente a la hipocresía vergonzosa del mulá, acusándola de ser ella la seductora es un momento que simboliza lo que no pudo ser en el juicio iraní. Y la diferencia es esa ley aprobada en 2009, un instrumento para evitar las argucias que la tradición ha ido acumulando para seguir manteniendo las agresiones contra las mujeres en la más absoluta impunidad. Es la fractura en la tradición patriarcal impuesta por la ley la que permite un luz de justicia a las víctimas fuera de un sistema establecido en un momento en el que las mujeres eran poco más que una propiedad material para intercambio entre familias y procreación de herederos. Las restricciones impuestas a las mujeres que dependen de la familia son el reflejo de la violencia que se ejerce contra las otras. Es en su "vigilancia" en donde reside el honor familiar dentro de una concepción negativa de la mujer.
La familia de la niña no se encuentra satisfecha con la sentencia de 20 años contra el mulá. La propia víctima se lo dijo al juez: «“You shamed me, liar, you destroyed my life, you brought shame to my father,” she called out. Addressing the judge, she said, “Please, director, hang him.”»*** Las palabras de ella pidiendo muerte, que son la forma de dejar clara su inocencia, como la ejecución en Irán suponían la garantía social frente a las acusaciones de violación de la joven. La mujer acusada no se ha librado de la ejecución; el hombre, en cambio, sí.
Nos dice The New York Times, recogiendo las declaraciones de los activistas, que ningún caso de violencia contra las mujeres recoge la pena de muerte. El robo a mano armada, en cambio, sí. Es lo que permitió ahorcar a uno acusados de violación múltiple. Si no hubieran ido armados ni se hubieran llevado nada, la sentencia habría sido otra mucho más leve. Hay propiedades más valiosas que otras, según parece.
La insistencia del mulá en ser juzgado por las leyes tradicionales tenía su sentido:

Mullah Amin’s two defense lawyers pleaded on Islamic grounds that he should be given the Shariah law punishment for a single person accused of adultery, 100 lashes, and then released. Judge Rasuli responded that such logic would require him to order the girl to be given 100 lashes as well. “She cannot commit adultery; she is a child,” he said. “This is rape.”***


Al menos, no se salió con la suya y nos permite ver que aunque las nuevas leyes sean imperfectas ante problemas de esta entidad y extensión, el solo hecho de que un crimen cometido contra una niña —a la que tuvieron que reconstruir mediante cirugía por las graves heridas causadas— no sea considerado adulterio es un gran logro. Los cien latigazos no parecen demasiado como para detener las agresiones contra las mujeres en países en los que se ve su participación en la vida pública, en las escuelas y centros de trabajo como una destrucción del sistema, del orden patriarcal existente.
La imagen literaria con la que The New York Times cierra la información sobre el juicio en Kabul es de un gran valor simbólico y nos muestra el funcionamiento real del perverso orden social:

The victim’s father neither looked at nor spoke to his daughter during the proceedings, and when they were over, he turned his back on her and walked out. She followed him at a respectful distance, walking past the mullah chained up in the hallway, who kept his eyes on the floor.***

Dicen que los activistas defensores de las mujeres le han pedido a la familia que dejen a la muchacha en Kabul, en uno de sus refugios infantiles, para que pueda asistir a una escuela. Desde que ocurrió la violación, la familia no la ha dejado volver a clase para esconder su vergüenza.



* "La ejecución de Yabarí, un duro golpe a los derechos de las mujeres en Irán" El Mundo 21/10/2014 http://www.elmundo.es/internacional/2014/10/25/544bbb2eca474101258b4575.html
** "Irán ejecuta a una mujer que mató al hombre que intentó violarla" El País 25/10/2014 http://internacional.elpais.com/internacional/2014/10/25/actualidad/1414239914_706609.html
*** "Afghan Mullah Who Raped Girl in His Mosque Receives 20-Year Prison Sentence" The New York Times 25/10/2014 http://www.nytimes.com/2014/10/26/world/asia/afghan-mullah-who-raped-girl-in-his-mosque-receives-20-year-prison-sentence.html?&_r=0



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