miércoles, 1 de octubre de 2014

La bruma

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No soy adicto a las secciones de Moda. La deriva de la moda es a la tendencia, que significa ir un poco por delante; que te sigan, pero que no te cojan. Tú eres la vanguardia y cuando tu vanguardia se convierte en vulgar, es decir, popular, tú ya estás en otra cosa. Esto hace dividirse al mundo en los que pasan de la moda, los que van a la moda y los que crean la moda para dejársela despectivamente a los demás.
Antes lo más más era ir a la moda, pero eso te hace parecer vulgar sin que sea tu intención parecerlo. Eso no le importa a nadie. Lo importante son las diferencias, marcar las distancias.
Los políticos, por ejemplo, pretenden ir a la moda. No pueden marcar tendencia; ellos aspiran a la mayoría y necesitan saber qué le gusta a la gente para dárselo. Los políticos tienen también sus pasarelas, sus semanas de la moda, que son las campañas electorales. Sus mecanismos pueden parecer distintos, pero en el fondo son los mismos. A diferencia de lo que ellos aparentan —marcar tendencia, ser innovadores—, lo que necesitan es la moda, que es la corriente principal. Son el prêt-à-porter, aunque ellos pretendan ir de Balenciaga. Su originalidad es ficticia pues tienen que gustar y lo verdaderamente original suele no gustar por excesivamente novedoso; al político le va el bestseller, el más votado, y no la experimentación vanguardista. Las modelos desfilan con caras enfadadas y mientras que quienes están en la vida política están obligados a sonreír aún en las peores crisis, pero no deja de ser una exigencia tiránica de la moda.


Dentro de nuestra modernidad de cartón piedra, todas estas vaciedades rentables y glamurosas engancharon bien en nuestra progresía que se pasó a todos los tópicos de los que había renegado: el fútbol, los toros y la moda. Se abandonó a Marcuse y a Maigret, a Bergman y a Fellini, el bocata proletario, la pana, etc., por la "moda España", las bodas con "bajada" de tarta, el soplete de Ferrán, y fumar habanos de Fidel  traídos por algún amiguete que se había pasado una semanita de confraternización en la Cuba revolucionaria, pero en la parte de las cinco estrellas, que es más cómoda para una estancia breve.

Los periódicos más progres, en lugar de hablarnos de la sociedad sin clases, nos dijeron que no solo había clases, sino también categorías, algo más selecto y riguroso que el difuso panorama esbozado por los sociólogos. Desapareció la prensa de partido y salieron a la luz esas secciones llenas de fotografías con zapatos de comodidad infinita y precio prohibitivo, con perfumes con los que no puedes ni soñar, con reportajes de paraísos en los que no se puede entrar si eres bueno y honrado. Te mostraban relojes resistentes a cinco atmósferas de presión y te contaban los pormenores de la bolsa, en la que te animaban a jugar. Era de buen tono tener amigos banqueros y todavía más poner en tu mesa un broker con tirantes, que alcanzaba la perfección si jugaba al paddle.
A la gente dejó de darle corte se superficial y, por el contrario, hacía ostentación. Te miraban mal si te veían con un libro que no estuviera entre los diez más vendidos, que casi siempre tenían la foto de su autor en la portada y no discretamente dentro, como solía ser habitual. También había autores de moda y no clásicos, que son lo contrario. Los autores de moda que estaban más de moda ni siquiera escribían ellos, sino que fichaban a algún periodista pizpireto para que recogiera las historias de su éxito.
"Éxito" es la palabra clave. Allí donde antes se tenía guía espiritual, ya fuera un marianista o un gurú del Tíbet, ahora se trata de tener un asesor de comunicación, un "personal shopper" y un "personal trainer". Son los cuidadores de las tres únicas dimensiones de la personalidad que resultan indispensables: la comunicativa, la consumista y la que te mantiene en forma. Mente dicharachera in corpore sano. Gastar para contarlo.


Donde antes se trataba de cultivar la mente ahora se cultivan armarios y cuerpos. Unos en tienda selectas y otros en gimnasios bien surtidos y en los que salen sudores y  negocios. En el centro comercial de mi pueblo está a punto de abrir un gimnasio eléctrico en el que te enfundan dentro de un traje negro ajustado lleno de electrodos y te dan descargas hasta ponerte en forma. No sé cuál es su principio, pero me imagino cuál puede ser su final. 

Sirva todo esto de retórica introducción a los hechos. Y los hechos son encontrarse con una notica cuyo título me ha hecho traspasar la frontera, abandonar mis prejuicios y adentrarme en el glamuroso mundo de la sección de moda del diario El País, un universo paralelo llamado "S moda". Sales de un mundo dominado por Artur Mas, por Merkel, Netanyahu, Obama y Putin, por Montoro y sus presupuestos, por el Estado Islámico, por Hollande y Renzi, por los enfados de Javier Marías por cualquier cosa, es decir, del mundo en que habitamos los mortales y entras en una dimensión nueva. El artículo que como un conejo blanco se cruzó ante mi vista para arrastrarme hacia un mundo insospechado se titula: "Llega el invento que te permite estar limpio sin ducharte".
Me rindo ante la eficacia del titular, su estilo directo y conciso sin necesidad de andarse por las ramas. Ese titular, bisagra entre dos mundos, nos permite acceder a un universo fantástico, presidido por una foto irresistible de Monica Vitti en la ducha (¡nada de Psicosis, como hubieran esperado algunos!) cuyo arranque espectacular es este:

Imaginemos un escenario apocalíptico donde el agua escasea. La poca que queda es para beber y no para baños espumosos. Pero aún en esas condiciones los humanos necesitan asearse para no apestar. Así las cosas, no valen ni los jabones (siliconados, sulfatados o no) ni el No Poo (plantarse debajo del chorro del agua y dejar que la mugre desaparezca a su ritmo). Afortunadamente la ciencia ya ha abierto una tercera vía para salvarnos de la suciedad corporal en este Armagedón sin agua: la bruma bacteriológica. Como su nombre indica se trata de pulverizar sobre la piel y el cuero cabelludo una ligera capa de un líquido habitado por billones de simpáticas Nitrosomonas Eutrophas, unas bacterias capaces de transformar el amoniaco de nuestro sudor en nitrato. O, lo que es lo mismo, de ‘comerse’ aquellas sustancias corporales que generan mal olor dejando la piel libre de suciedad y de malos efluvios y con un aspecto envidiable. El punto de partida es que estas bacterias solían vivir felices sobre nuestra anatomía zampándose nuestros desechos antes de que nos dedicáramos a exterminarlas con detergentes. Esos mismos agentes químicos que luego acaban por resecar la piel y que obligan a aplicar una crema hidratante o a buscar jabones orgánicos, aceites naturales y otros ungüentos que re-equilibren el estado de la piel. El artífice del invento, el científico David Whitlock, tomó su propia persona como conejillo de Indias y lleva doce años sin ducharse. Así descubrió que esas bacterias brotan espontáneamente sobre la piel cuando no abunda la higiene convencional y permiten que el cuerpo se autolimpie. Y que son las mismas criaturas que viven en el barro o el agua sucia (que es de donde extrae las necesarias para este cosmético). Solo le quedaba aislarlas, cultivarlas en laboratorio y embotellarlas listas para usar. Ahora se lava únicamente las manos con agua y jabón. El resto es rancho para las bacterias. Y espera hacerse rico vendiendo pulverizadores de nitrosomonas vivas.*


Me rindo. Y además lo hago en los dos sentidos, el admirativo y el bélico. Me entrego gozoso con la boca abierta, los ojos como platos y las manos atadas. Y quiero conocer a ese David Whitlock, abnegado hombre de ciencia, que lleva doce años sin ducharse. Quiero saber más de esas simpática bacterias —¡Disney, a qué esperas!— que tanto hacen por nosotros sin pedir nada a cambio. Quiero probarlo y someterme a la inspección de las narices incrédulas. ¡Miradme, oledme! See me, feel me, touch me, heal me...! que cantaría Tommy, el profeta del pinball.


Me apetece perderme bajo esa "bruma", que me imagino londinense o de película de John Carpenter, y salir de ella como los chorros del oro, radiante como un San Luis. Por fin la Ciencia  se centra en los problemas humanos y la humanidad podrá sobrevivir limpia a los grandes desastres que los ecologistas y otros agoreros nos auguraban. La humanidad podrá ir con la nariz bien alta. ¡Ay, mis nitrosomonas!
Avanzo por el texto, por este evangelio de la Nueva Higiene que me ha hecho ver la luz. Sin embargo, algo ocurre, ¿problemas en el paraíso de la limpieza?:

Entonces, ¿adiós al baño para siempre? No del todo. Aunque el creador lleva más de una década sin pasar por la ducha y quienes lo conocen aseguran que no huele mal, lo cierto es que en la letra pequeña el AO+ se presenta como complemento de una higiene diaria convencional. Es más, se recomienda usarlo después de ducharse o antes de irse a la cama. La ducha ha de ser normal, con agua y jabón. Al acabar, hay que secarse y es entonces cuando se pulveriza la bruma. Quienes la han probado juran que parece agua. Ni huele ni deja huella. Una vez aplicada su misión será nutrirse del amoniaco de nuestro sudor mejorando, de paso, el aspecto y la salud de la piel. Y, con suerte, eliminar el olor. De hecho, en los estudios previos al lanzamiento, un tercio de quienes lo probaron reconocieron que les funcionaba como desodorante. Otra tercera parte, en cambio, afirmaba que el ‘aroma’ de sus axilas seguía siendo tan intenso que no había otra que echar mano del desodorante. No hay datos aún respecto al olor de pies.*


¿Cómo debo imaginarme entonces ese "escenario apocalíptico en el que el agua escasea"? ¿Maloliente? ¿Las profecías eran ciertas? ¿Los de Mad Max tenían razón? No se debe jugar así con las ilusiones de la humanidad. Jamás había pasado de la ilusión gozosa a la desesperación abrumadora con un solo párrafo por medio. No somos nadie.
Quizá le pidamos demasiado a la ciencia. Quizá los amigos de David Whitlock, su familia y compañeros de trabajo, no hayan querido decirle nada y le hayan dejado seguir con su ilusión de liberar a la Humanidad del olor. Ellos le quieren y le perdonan sus fracasos, que le ennoblecen a los ojos de todos. Saben que, como Ícaro, hay que levantar el vuelo aunque el sol nos queme y caigamos al duro suelo oliendo a chamuscado. Nada que una buena rociada bruma no pueda arreglar.


* "Llega el invento que te permite estar limpio sin ducharte" El País S Moda 30/09/2014 http://smoda.elpais.com/articulos/ni-jabon-ni-no-poo-llega-la-bruma-bacteriologica/5352








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