viernes, 24 de octubre de 2014

El animal iluso

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Creía Henri Bergson que la Naturaleza había llegado a dos cumbres diferentes: los insectos sociales, que han desarrollado una especie de "mente" colectiva de la que los individuos forman parte, y la especie humana, en la que somos sociales pero manteniendo nuestra libertad individual. Donde entonces hablaban los filósofos y demás miembros de la sociedad pensante, hablan hoy muchos científicos que han conseguido adentrarse en los misterios de esa libertad, tratando de reducir las distancias entre hormigas y abejas y seres humanos. Bergson ya tenía plena conciencia de nuestro carácter animal, es decir, de nuestra sujeción a las leyes naturales, de nuestra procedencia común y especiación posterior a través de un proceso evolutivo. Pero entendía que existían diferentes grados de libertad entre los insectos y nosotros.
Los científicos hoy, a través de los medios de comunicación y su actividad divulgadora, nos dicen que nuestra pertenencia a la naturaleza debería hacernos revisar conceptos acuñados a lo largo de nuestra historia cultural. De esta forma es posible leer titulares como los que el diario El País nos ofrece recogiendo una entrevista con el neurocientífico Carlos Belmonte: “Nuestro concepto de libertad es una ilusión. Estamos condicionados”*.

Esta forma de expresarse —muy espectacular y sensacionalista para el lector que lo recibe— requiere de algo más, aunque los titulares no den para mucho. Podríamos decir, de igual forma, que "nuestro concepto de peso es una ilusión", que "nuestro concepto de color es una ilusión" e incluso que "nuestro concepto de tiempo es una ilusión". Todo ello no nos impide seguir una dieta, pararnos en un semáforo o fichar en nuestro trabajo. Tampoco se lo impide a los científicos, que saben que esos y otros muchos conceptos tienen un valor más preciso en sus ámbitos que en sus usos y valoraciones cotidianos. A efectos del día a día no nos importa mucho lo que los físicos tengan que decir, por ejemplo, sobre el color ante un cuadro de Velázquez; nos da igual que nos digan que el color es una interpretación de nuestro cerebro al recibir los estímulos que llegarán a él por el nervio óptico o incluso —como nos dicen— que existe un número de mujeres que verán más colores que los que vemos los demás por una variación genética. Con la libertad está empezando a ocurrir algo igual.

P. ¿Dónde deja esta capacidad de recrear una mente humana el concepto de libertad?
R. El concepto de libertad es una ilusión sostenida entre los seres humanos que se basa en que las probabilidades de realizar un acto diferente son tan altas que, en este momento, es imposible predecir lo que va a hacer alguien. Porque son 85.000 millones de neuronas, multiplicado por 1.000 conexiones de media por neurona. Las posibilidades son casi infinitas, pero son finitas, así que al final se va a poder hacer algo que se parecerá extraordinariamente a la actividad de un ser humano.
Nuestro concepto de libertad es falso. Estamos condicionados. La consciencia es menos del 10% de nuestra actividad cerebral en un momento determinado. Ahora se está estudiando mucho cómo se producen las decisiones y es evidente que la decisión está tomada mucho antes de que tú la conozcas conscientemente y la expliques. De hecho, cuando se modifica artificialmente una decisión, el sujeto la explica igual. Nosotros explicamos a posteriori las decisiones que adopta nuestro cerebro basándose en la memoria, en las emociones y en toda una serie de datos que se procesan de una manera inconsciente.*


Todo lo que dice el profesor Belmonte es cierto y no hay nada nuevo en ello, pero no se trata de eso, sino de la forma en que se interpreta y las consecuencias de la interpretación fuera del ámbito en que esa afirmación tiene sentido. El paso del sujeto metafísico al biológico es un gran salto, sí, pero eso no significa que los conceptos que manejamos, en este caso, el de "libertad" tengan un carácter científico o necesite ser probado en un laboratorio.
El profesor Belmonte sabrá, con toda seguridad, que cuando dice que nuestro "concepto de libertad es falso" (que no es lo mismo que una "ilusión", como se afirma en el párrafo anterior) que si hay un concepto sometido a revisión a lo largo de toda la historia del pensamiento occidental (y en otras culturas) es el de "libertad". De hecho, solo algún irredento sostendría un concepto de libertad como el que pienso que el doctor Belmonte tiene en mente al decirlo: un libertad sin condicinamiento alguno. Para la Ciencia, de hecho, no existe ninguna libertad, no ya en el ser humano, sino en ningún otro ámbito, puesto que es determinista per se. De no ser así sería imposible la Ciencia misma, que necesita del concepto de "ley" para tomar forma. Solo, como decimos, algún ingenuo o indocumentado sostendría un concepto de una libertad que no tuviera ningún tipo de condicionamiento o determinación. No existe una decisión completamente "libre", incondicionada, porque somos seres condicionados. Puede que no seamos tan libres como pensamos, pero desde luego creo que bastante más que lo que algunos dan a entender. Si se habla de ilusiones, estas juegan un papel esencial en nosotros, incluida la ilusión del "yo", de la que también se ocupan los neurocientíficos.

El problema del "libre albedrío" es un problema clásico y ya se planteaban si Judas había hecho lo que había hecho como persona responsable o como parte de un plan divino, en cuyo caso ya no nos parecía tan malo. Leibniz recomendaba, ante la duda, actuar como si lo fuéramos, por si en nuestra soberbia nos equivocábamos.
Como en tantos otros campos, nuestras intuiciones se ven desbordadas por la información que los científicos no van trayendo. Muchos de nuestros grandes conceptos nacen de esos desconocimientos iniciales, de la incapacidad de estudiarnos a nosotros mismos más allá de la especulación, es decir, con el mismo órgano que hoy se nos estudia con otros criterios y fines. Históricamente, primero pensamos sobre el mundo y sobre nosotros mismos; eso fue acumulando errores de los que saldrían aciertos, entre ellos, el pensamiento científico y los científicos mismos.
Pensar la libertad como "desconocimiento" de por qué hago lo que hago o como un engaño justificativo de esa conciencia que solo usa el 10% no tiene mucho sentido. Realizar mediciones en las que sale que primero hacemos algo y luego surge en nuestra conciencia la decisión de hacerlo, etc., datos con los que los científicos del ramo nos ilustran cada día, está muy bien. Todos esos conocimientos son importantes y necesarios.
Pero la Ciencia también enseña que una mala o imperfecta teoría es mejor que ninguna teoría. Y, por ahora, no hay ninguna alternativa razonablemente satisfactoria para desmontar una cultura milenaria. El descubrimiento de que lo que ha llevado al doctor Belmonte y a otros neurocientíficos como Pinker, Damasio, etc., a decir lo que dicen es fruto de millones y millones de decisiones que tuvieron lugar desde antes de que su cerebro creara una ficción de "yo", decidiera dedicarse a las Neurociencias y hablar con el diario El País sobre ello. De nada nos sirve preguntarnos si la llamada que le hizo el periodista fue libre, fruto de una orden de su jefe de redacción o un largo y desconocido camino que se inició con la fecundación que dio lugar a su ser, otro concepto falso, pues somos una cantidad ingente de células de distinto tipo que siguen un plan genético, trabajando con el fin de sobrevivir el tiempo suficiente como para transmitir nuestra información. Puedo intentar analizar si he sido libre al leerlo y libre al escribir sobre ello. Sí, todo eso y mucho más.


La gente que lo lee puede sacar extrañas consecuencias de frases como "nuestro concepto de libertad es falso", porque no suele ir más allá. No hay un solo concepto de "libertad", nunca lo ha habido. Si los filósofos deben leer más sobre los avances de la ciencia, los científicos deberían leer más sobre los avances de la Cultura, especialmente sobre esos conceptos sobre los que construimos nuestra convivencia social.

Es evidente que nuestro sentido de lo que llamemos "libertad" en cada momento de la historia y cómo califiquemos la ausencia de esta, "determinismo", "fatalismo", "alienación", etc., tiene unas consecuencias en nuestras propias acciones. Cuanto más nos conozcamos, mejor; cuanto más sepamos de nosotros mismos, menos condicionamientos tendremos puesto que la ignorancia es también un limitador de la libertad.
Lo que es importante señalar es que una cosa es la libertad que nosotros podamos medir en un laboratorio o en la vida misma y lo que es la construcción cultural de nuestra idea de libertad, que es algo totalmente distinto. Que las palabras no nos confundan. Ciertos campos de la ciencia no saben distinguir la idea de libertad tal como se puede definir en su terreno —lo que miden u observan— y el significado cultural que el concepto pueda tener. "Libertad" es un concepto importante sobre el que se sostienen muchos otros que mantienen el edificio de la convivencia. Las hormigas bergsonianas no tienen necesidad de reflexionar porque las naturaleza (es una figura retórica) les ha llevado por ese camino como a nosotros (es otra figura retórica) nos ha llevado por el nuestro.

Presentar casos en los que ciertas personas han hecho lo que han hecho debidos a sus hormonas o genes puede tener su razón de ser ante un tribunal, pero el concepto de libertad, derechos o responsabilidad que allí se establece no es el que hay bajo un microscopio. Podrá ser utilizado para no declararle "responsable", por ejemplo, pero eso refuerza el concepto mismo de responsabilidad. Podemos pensar que no somos nosotros los que elegimos pareja y que son nuestros genes los que nos hacen poner los ojos en unos y otros; podemos enterarnos de que no la elegimos porque fuera buena persona, sino porque tenía las caderas anchas, un color saludable y una cara simétrica, pero eso no nos debe hacer olvidar lo que el amor implica. Habrá quien salga diciendo que el "amor" es una ilusión, y muchos le darán la razón sin necesidad de ser genetistas o neurocientíficos. Pero hay una diferencia entre mis genes eligiendo otros genes para mezclar nuestra información y el matrimonio forzado, en el que las familias deciden por mí. Son dos problemas muy distintos que afectan a la libertad. Creo que esa es la libertad preocupante, la que debe quitarnos el sueño. Con la otra hay poco que hacer.
Cuando la gente pensaba que el mundo era plano y que el planeta era el centro del universo, se demostró que no era así, aunque algunos lo pasaron mal. La ciencia y la experiencia mostraron que era un error y aquello sirvió para hacer grandes progresos. La neurociencias y la neurobiología es un campo apasionante en el que surgen aportaciones cada día que nos descubre horizontes. Pero hay una diferencia entre demostrar que el mundo no es plano ni el centro del universo (que tuvo unas consecuencias culturales enormes) y decir que nuestra idea de libertad (no hay solo una) es falsa. También tiene consecuencias culturales evidentes.
Al doctor Belmonte se le pregunta por el dolor:

P. Sobre el dolor, una peculiaridad humana es que a veces, sufrimos por el dolor de otros, incluso de otras especies. ¿Qué dice la neurociencia sobre el dolor de los animales?
R. Desde que la epigenética ha aparecido, hemos visto que la expresión de los genes se puede modificar sustancialmente a lo largo de la vida, que unos genes que estaban silenciados se pueden expresar y dar lugar a cambios en el comportamiento y en cualquier aspecto de nuestra vida. La cultura es epigenética. El que esos cambios epigenéticos perduren durante generaciones, en particular en animales superiores, está en discusión, pero sí hay una epigenética social.
Nos queda que la gente acepte que la enfermedad mental es una patología del sistema nervioso
Determinados valores se acaban expresando en mucha gente, por resonancia. Yo creo que el cuidado de los animales, afortunadamente, ha surgido en estos últimos cien años como algo que se está empezando a imponer: el sentimiento por los animales, como el que podemos tener por nuestras crías, la compasión hacia ellos, que no teníamos hacia los animales, estamos empezando a incorporarla a nuestra cultura. A mí me parece muy bien, porque nos hace más humanos y más cercanos a seres vivos como nosotros.*


Bien. La idea de que "la cultura es epigenética" es la forma de expresar desde la teoría estándar que existen los cambios y que esos genes inamovibles no lo son tanto gracias a la "cultura". De esa cultura forma parte la idea de "libertad", no solo la "compasión por los animales", algo que entiendo es mucho más complicado de explicar desde la evolución. Si pensamos que el gran obstáculo, la gran molestia teórica, es el "altruismo" (¡bendita molestia!), algo que choca con el "egoísmo" del gen y de lo que no es el gen. Hasta el momento la teoría solo da el visto bueno al "egoísmo", motor evolutivo, como sentenció Dawkins. Pero que el "altruismo" no tenga una explicación teórica, no nos convierte a todos en perversos manipuladores por practicarlo. Para la Teoría somos egoístas y sin libertad. Menos mal que se admite que algunos genes se expresan (algo que "yo", ilusión de la conciencia, de ese miserable 10%, no puedo) por influencia exterior y que ese exterior lo constituye no solo el clima, sino el entorno social, un entorno en el que puede haber ideas sobre la "libertad" que animen a algunos genes a creérselo. No entiendo muy bien sentir compasión por los animales "nos haga más humanos" cuando perdemos por otro lado los valores que se nos requisan, como el caso de la "libertad". ¿No es la "compasión" también una ilusión? ¿No se esconden tras ella oscuros cálculos genéticos egoístas?
Quizá lleguemos a la importante conclusión de que son esas ilusiones, efectivamente, las que nos hacen humanos y no los mecanismos por los que llegamos a ellas, que son los de la materia y sus interacciones. No tengo ningún inconveniente en reconocerme como un animal iluso. Esas ilusiones te llevan a la compasión y a la Luna.


Puede que no seamos libres, incluso que sea un concepto falso y estúpido, pero hemos hecho un montón de cosas positivas, para nosotros y los demás, creyendo esa tontería. Hemos avanzado porque dejamos de creer que el sol, la luna, las estrellas y un sinfín de cosas más regían nuestros destinos. Hace ya mucho que sabemos que estamos condicionados en muchos aspectos, antes de saber que los genes existían o cómo funcionaba nuestro cerebro. Pero nuestro concepto de "libertad" no es "falso", al menos no más que otros, pero con mucha más utilidad. Eso creemos, sea cierto o no.
Si son sus genes los que le han hecho leer hasta aquí, lo lamento porque no era esa mi intención. Pero así somos los pobres humanos, solo somos libres cuando decidimos que no lo somos.

* “Nuestro concepto de libertad es una ilusión. Estamos condicionados” El país 23/10/2014 http://elpais.com/elpais/2014/10/21/ciencia/1413885358_297991.html





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