miércoles, 10 de septiembre de 2014

Las sonrisas más hermosas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay grandes batallas que se desarrollan en campos aparentemente pequeños, choques que apenas levantan ruido y que tienen, en cambio, trascendencia. El diario El País, en su blog "Mujeres", nos mostraba una de ellas: la que han ganado las mujeres indias, atacadas con ácido, desfigurados cuerpo y cara, al mostrar sus sonrisas radiantes. Los que pretendían suprimirlas mediante el destrozo de sus rasgos las han fundido a todas en un rostro común triunfador, capaz de mostrar la sonrisa más humana imaginable. Lejos de esconderlas, como era su intención, se nos muestran ahora convertidas en modelos de la ropa que una de ellas ha diseñado para sobrevivir en ese mundo. Con ello han dado un ejemplo humano de valor y dignidad que conmueve.
Han podido demostrar que su espíritu sigue intacto, lleno de determinación en su lucha contra una práctica infame que ha tratado de doblegarlas arrancándoles a golpe de ácido sus derechos personales y sociales. Nos dicen en el blog:

Una sesión de fotos con víctimas de ataques de ácido posando ropa diseñada por una de ellas se ha convertido en un fenómeno viral en India y ha trascendido sus fronteras. “La intención de estas fotografías era enseñar la valentía de estas mujeres y a la vez cambiar la estrecha percepción de belleza de la sociedad”, explica el fotógrafo Rahul Saharan. Dice que todas las personas son bellas y que nadie debe dejar que otros decidan si lo son. Y se muestra muy sorprendido por la gran respuesta que recibieron sus imágenes. Ahora está preparando un documental que estará listo a finales de este año, pues quiere seguir dándole voz a las víctimas de ataques de ácido, los que considera “no son actos hechos por amor, son crímenes”.

La ropa con la que las víctimas posaron para estas fotos, una colorida mezcla de diseños indios y occidentales, fue diseñada por una de ellas, Rupa. “Tengo la cara desfigurada, pero no la voy a esconder. Puedo mirar con dignidad y todavía puedo lograr mi sueño, que es hacer ropa y lograr mi independencia”, explica la diseñadora, ahora de 22 años. Hace seis años, cuando tenía apenas 16, su madrastra le tiró ácido mientras dormía y le causó graves daños que permanecen aún después de once operaciones. Rupa dice que después del ataque perdió todas las esperanzas y que se sintió sola y abandonada. Dejó de usar su apellido como protesta contra su padre, que, tras el ataque, apoyó a su madrastra. Por mucho tiempo se cubría la cara para que nadie viera sus cicatrices.
El cambio vino cuando se reunió con otras chicas afectadas y crearon una organización de apoyo a las víctimas: Stop Acid Attacks,  que es una de las más activas en los movimientos sociales contra la violencia de género en India. La percepción debe ir cambiando poco a poco en el país asiático. Debe de pasar de culpar a las víctimas a responsabilizar a los atacantes, aseguran las activistas. Así, estas fotografías llevan implícita la idea de que son los agresores quienes deben esconder la cara.*


El fotógrafo ha tratado de cambiar nuestro sentido de la belleza haciendo que comprendamos que existe un grado más allá de lo que perciben nuestros ojos, adentrándonos en un escalón más. Es una belleza lejos del alcance de las manos asesinas que derraman el ácido sobre los rostros. Surge precisamente del hecho de la superación de la belleza destruida, la corporal; es la belleza moral que nace del valor de estas mujeres que vencen su propio sufrimiento con la alegría de la constatación de su propia victoria. La fortaleza que demuestran, su superioridad moral sobre sus atacantes y la parte de la sociedad que los justifica, es el foco de donde emana esa belleza concentrada en unas sonrisas en esos rostros deformados.
Lo que esos cuerpos atacados por el ácido muestran no es la "monstruosidad" de las víctimas, sino la de sus atacantes, los desfigurados morales. Nos enseñan su distancia inmensa respecto a esos seres de deformidad profunda disfrazada de orden, honor y demás palabras que sirven para intentar perfumar el insoportable hedor de la basura en que se han convertido.


La sonrisa y actitud de esas mujeres atacadas, deformadas con la pretensión de hundirlas en la vergüenza, es la que nos reconcilia con nuestra propia naturaleza. Si los ataques con ácido nos muestran el lado más perverso de lo humano, la dignidad de está mujeres nos da fuerza y ejemplo. Unidas dan muestra del espíritu irreductible que han forjado entre ellas, convirtiendo su desgracia en destino común. ¡Poco esperaban los criminales que las atacaron con ácido que estaban fortaleciendo su determinación de liberarse de ellos!

Me viene a la memoria la portada de la revista Espéculo de este semestre (número 53 julio-diciembre)** que hemos dedicado a "la voz ascendente" de la mujer tras las revoluciones árabes. La magnífica caricaturista egipcia Doaa el-Adl nos cedió uno de sus más célebres dibujos. Nos muestra una mujer en una pequeña barca desafiando un encrespado mar de manos acosadoras. En la vela de su embarcación hay escrito "mi alma nunca será vencida". Cuenta Doaa el-Adl en la entrevista que le realizamos en El Cairo** que esa viñeta de la mujer desafiante surgió de uno de tanto casos de abusos sexuales en las calles de Egipto en el que la víctima de un ataque tuvo la valentía de salir a denunciarlo públicamente en vez de esconder su "vergüenza", sin importarle lo que pudieran decir los demás. La dibujante lo comparaba con un hombre que fue sometido también a vejaciones pero que, avergonzado, se negó a denunciarlo por temor que pudieran pensar que había perdido su "hombría" y "honor". Las mujeres indias comparten con la mujer egipcia ese sentido de que la vergüenza no recae en ellas sino en sus atacantes y en la sociedad que trata de arrinconarlas. Son ellos, efectivamente, quienes deberían esconder sus rostros indignos, deformados por su extrema maldad.


La iniciativa del fotógrafo que decidió retratarlas en su belleza nos permite comprender su valentía y determinación. Con esas sonrisas derrotan odios, miseria, incultura, dominación; esa sonrisa es su "no dominaréis mi alma", un grito de libertad por encima del dolor, de esperanza por encima de la vergüenza y de dignidad frente a la bajeza.
Termina el texto señalando la ilusión de estas mujeres que no solo han sido capaces de crear negocios que permitan su subsistencia sino que son capaces de mostrarse ante los demás dejando claro que no se esconderán:

[...] ellas muestran sus caras sin vergüenza. Rupa cuenta [que] la idea al principio era que modelos profesionales posaran sus diseños en las fotos. Pero que luego decidieron mostrar sus caras para que la gente sepa que existen y que quieren continuar con su vida. "Y esperamos que estas fotos ayuden a que más víctimas lo hagan", dice.*


Hermoso y difícil gesto, victoria final sobre muchas cosas que ha habido que vencer. Lo han hecho como un canto de llamada a la comunidad con cada ataque bárbaro, para decirles que no están solas ni acabadas, que no se deben esconder.. Y han posado felices, mostrando que no hay sonrisa más hermosa que las que ellas mantienen viva con su ilusión, con su trabajo, con su ejemplo de superación y fortaleza. No son ellas las que deben ocultar sus rostros.


* "La belleza de las víctimas de ataques con ácido" 9/09/2014 Blog Mujeres - El País http://blogs.elpais.com/mujeres/2014/09/las-v%C3%ADctimas-de-ataques-con-%C3%A1cido-tambi%C3%A9n-pueden-modelar.html
** "La voz ascendente. Mujeres y creatividad tras las revoluciones árabes. Espéculo número 53 julio-diciembre 2014 UCM http://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/La_voz_ascendente_Especulo_53_2014.pdf








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