jueves, 18 de septiembre de 2014

La desconfianza

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Al político se le pide lo contrario que al filósofo. Mientras que el campo de este último es la especulación y vivir en la duda, eso al político no se le perdona. Por eso deben ser personas de acción y principios. Ambas cosas deberían estar claras allí donde son elegidos por su compromiso de hacer y forma de pensar. La ambigüedad o la indecisión se suelen penalizar en la política, aunque hay ejemplos de supervivencia por no saber si va o viene o si donde dijo "digo" dijo "Diego". Siempre es preferible alguien que diga las cosas claramente y que después las cumpla al que juega con la confusión y hace lo que mejor le conviene.
Pero el gobierno hoy no es hacer lo que pone en los programas electorales, que son papel, es decir, los planos. Eso es solo una parte. Luego está la realidad de lo que puedes hacer con lo ocurre cada día, en unos contextos cambiantes en los que te tienes que enfrentar a situaciones que ni están en los programas ni se te habían pasado por la cabeza. Y es ahí donde se ponen a prueba los dirigentes, los que tienen la cabeza bien amueblada, están bien asesorados y son capaces de reducir el caos a orden. No todos sobreviven a esta prueba cruel. Es entonces cuando hay que transmitir a los demás la confianza de que, aunque aquello no estuviera previsto, está controlado. A eso se le llama "confianza" y "liderazgo" y requiere algo más que palabras. Elegimos personas porque confiamos en ellas.


El presidente Barack Obama suele hacer afirmaciones o negaciones muy contundentes, como corresponde al responsable del país más poderoso del mundo. Pero la determinación de sus palabras esconde un espíritu hamletiano que puede entrar en contradicción con ellas en cuanto que las cosas se tuercen un poco. Esto lo aprovechan sus enemigos para considerarle débil y cuestionar su liderazgo.
La consecuencia de estos desajustes erráticos es la pérdida de confianza en lo que dices que harás, porque es obvio que las cuestiones complejas evolucionan de forma impredecible. Las situaciones se desbordan continuamente y dejan en evidencia al que es aficionado a dibujar rápidamente líneas rojas y hablar de consecuencias. Hablar mucho no es signo de firmeza; solo de ser hablador. El silencio, igualmente, no es necesariamente signo de duda o debilidad. Ni siquiera hace falta decir la verdad, como le ocurre a Putin, el complemento invertido de Obama, al que le importan un bledo los discursos y da primero y habla después sin importarle decir lo que tenga que decir para conseguir lo que quiere.


Mientras Obama afirma que sus soldados jamás pisarán tierra, los de Putin pisan la tierra pero se niega que sean soldados. Los soldados rusos han invadido Crimea y otras partes de Ucrania mientras, con todas las evidencias sobre la mesa, se negaba que esto ocurriera, aunque se preguntara a los soldados de dónde venían. La última versión oficial es que los soldados de permiso van a Ucrania de vacaciones. La desconfianza hacia Putin es recelo; es distinta a la desconfianza que genera Barack Obama.
En el caso de Barack Obama, su actitud de firmeza acaba generando dudas y temores en todo el mundo. The New York Times nos da hoy mismo los resultados de su encuesta:

For the first time in his presidency, more Americans disapprove of President Obama’s handling of terrorism than approve of it, as discontent about his management of foreign affairs and the fight against Sunni militants in Iraq and Syria weighs on an anxious and conflicted public, according to the latest New York Times/CBS News Poll.
As Mr. Obama broadens the military offensive against Islamic extremists, the survey finds broad support for United States airstrikes in Iraq and Syria, but it also demonstrates how torn Americans are about wading back into battle in the Middle East. A majority is opposed to committing ground forces there, amid sweeping concern that increased American participation will lead to a long and costly mission.*


Los datos de la encuesta son bastante desoladores para Obama y confirman aquello que dijimos hace mucho tiempo tras su reelección: Obama es Orfeo buscando la puerta de salida del infierno. La duda que tenemos siempre es si está mal asesorado o es que no se deja asesorar. Puede que una mezcla de ambas cosas. Pero desde el exterior y en su propio terreno el efecto es devastador, una erosión terrible de la confianza.
La explicación más clara de esta percepción nos la da The New York Times por boca de una representante demócrata:

“He is ambivalent, and I think it shows,” Jennifer Shelton-Armstrong, a 45-year-old Democrat in Mission Viejo, California, said in a follow-up interview. “There is no clear plan.”*


Según nos cuentan, unos no creen que Obama vaya lo suficientemente lejos para resolver el problema en Irak y Siria  y otros sencillamente que no tiene ningún plan, aunque lo trate de aparentar. Para lo republicanos es débil, para los demócratas confuso. ¿Por qué todo el mundo tiene este sentimiento de que no se pueden creer lo que dice que va a hacer o decir lo que hace? Hay que reconocer que Obama se lo ha ganado a pulso tratando, precisamente, de demostrar lo contrario, firmeza y contundencia. Cuando más rotundo es Obama, menos le cree la gente. No sé si estaré sobre la faz de la tierra para ver cuando el Spielberg de turno ruede un biopic de Obama, pero me gustaría verlo. Es una pena, pero tampoco estará Denzel Washington para interpretarlo.
Cualquier biografía que se escriba de él —me imagino que ya hay gente en ello— requerirá páginas y páginas de explicaciones, hipótesis, declaraciones contradictorias. El premio Pulitzer está garantizado para quien consiga dar coherencia a sus dos mandatos.


A los buenos y malos presidente, Obama ha añadido la categoría de los poco o nada fiables. Poco fiable pasó a ser Richard Nixon, al que según el viejo chascarrillo, nadie le compraría un coche usado. Pero me temo que a Obama algunos no se lo comprarían nuevo. Eso en un país que ve a su presidente como "comandante en jefe" y que valora sobre todo el liderazgo, cuyo requisito es la confianza, es grave. Eso es lo que muestran las encuestas. Quizá no tanto que no apoyen lo que les dice, sino que no sepan realmente qué están apoyando cuando le conceden su apoyo. Que esto ocurra en una segunda legislatura es más fruto de la experiencia acumulada que del desconocimiento de su presidente. No creo que desconfíen porque no le conocen, sino más bien por lo contrario; le conocen demasiado bien.
Por estas fechas de 2009, Gideon Rachman publicaba en Financial Times un artículo titulado "Obama must start punching harder" cuyo inicio era este:

Just five years ago, Barack Obama was still a local politician in Illinois, preparing for a run for the US Senate. His office wall in Chicago at the time was decorated with the famous picture of Muhammad Ali standing over Sonny Liston, after knocking him out in a heavyweight title fight. Ali famously boasted that he could “float like a butterfly and sting like a bee.” But now that Mr Obama is president, he seems to float like a butterfly – and sting like one as well.**


 Han pasado otros cinco años desde entonces y el reproche, de unos y otros, sigue siendo el mismo. El detalle de tener en el despacho la fotografía de Mohamed Ali y Sonny Liston me parece de cierta riqueza psicológica en el retrato de Obama como personaje. A Balzac le hubiera encantado el detalle y le hubiera dedicado varias páginas. Hoy algunos se preguntarán cuál de los dos "es" Obama. Quizá los dos.



* "Obama Faulted in Terror Fight, New Poll Finds" The New York Times 17/9/2014 http://www.nytimes.com/2014/09/18/us/politics/for-first-time-most-americans-disapprove-of-obamas-handling-of-terrorism.html
** "Obama must start punching harder" Financial Times 12/10/2014http://www.ft.com/cms/s/0/940c78c8-b763-11de-9812-00144feab49a.html#axzz3DdxOuszu







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