lunes, 1 de septiembre de 2014

Enseñanzas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Para terminar, después de hablar de máquinas e inteligencia, de genética y de ordenadores, del cambio climático y de hombres biónicos, el periodista del diario El País, Joseba Elola, le pregunta a Marvin Minsky, uno de los considerados padres de la inteligencia artificial:
P. Profesor, una última pregunta: ¿A usted la vida qué le ha enseñado?
R. Tienes que quedarte en la acera y no echarte a la carretera.
P. ¿De verdad?
R. Es una broma.
P. ¿Y en serio?
R. Que uno solo se puede creer las bromas. Bueno, y he aprendido que la gente tiene buenas ideas y luego se para: si continuaran un poco más, conseguirían mucho más. No sé por qué se paran y pasan a otra cosa. La gente trata de hacer demasiadas cosas.*

Quizá porque no se espera uno que le hagan esa pregunta nunca, la(s) respuesta(s) de Marvin Minsky, de quien se cita al inicio del texto unas palabras de Isaac Asimov considerándolo junto a Carl Sagan como el hombre más inteligente del mundo, sean tan espontáneas. Lo primero que se sale ante la contundente pregunta es algo que oscila entre el sufismo y Woody Allen, después su consideración de que es en broma, otra broma más medio en serio y, finalmente, una pregunta entreverada con sus propias respuestas. Todo esto para eludir la respuesta a la pregunta sobre lo que la vida le ha enseñado. Al menos que la vida le ha enseñado a esquivar preguntas comprometedoras.
Si volvemos a leer sus respuestas veremos que son solo bromas porque él las ha calificado así ante el escepticismo del entrevistador, figura siempre expuesta a la burla de quien responde con la cara suficientemente seria. No tenemos indicadores de los gestos que acompañaron a las palabras, pero es de suponer que la pregunta sobre si era "de verdad" surgió ante la duda que le suscito la discordancia entre lo que decía y lo que su cara mostrara. Si Minsky hubiera contestado con una carcajada, el periodista no hubiera preguntada "¿de verdad?".


Eso nos lleva a considerar por qué una respuesta tan sensata como la que le ofrece —camina por la acera o te atropellarán— es puesta en duda: "¿de verdad?". Es cierto que si hacemos una pregunta trascendente como "¿a usted la vida qué le ha enseñado?" corremos riesgos, pero es entendible que ante una persona con fama de tan inteligente y padre de la "inteligencia artificial" uno lance una pregunta para tratar de ganar posiciones antes de que nos llegue el final.
En realidad no sabemos si nos vamos de la vida más listos o más tontos, porque aunque la vida nos dé lecciones, nadie tiene garantías de que nosotros las aprendamos con provecho o a tiempo. Realmente la vida, como tal, a lo que nos enseña es a lo que dice Minsky, a caminar por la acera porque admite más errores que el descender a la carretera en donde solo tienes una posibilidad de aprender, la del último suspiro antes de que te atropellen.


Ante la desilusión que su gran aprendizaje de la vida causa en su interlocutor, Minsky intenta defenderla con una paradoja, que "solo se puede creer las bromas", tratando de sembrar la confusión por de los recursos del lenguaje. Tú crees que las bromas por ser bromas son falsas, pero yo afirmo lo contrario: solo hay enseñanza en las bromas. Es como volver a afirmar que la cuestión de ir por la acera sigue siendo lo que la vida le ha enseñado y lo que ahora, Marvin Minsky, uno de los hombres más listos del mundo, pretende transmitirle al periodista que le interroga. Pero no estamos en un ágora y aquí el discípulo es más escéptico de lo que el maestro pensaba, cuestionando el fondo y la forma de la verdad que se le ofrece.
Finalmente, Minsky ve la luz. Pero esa luz es la constatación de un fenómeno y la confirmación de que no sabe porqué ocurre, es decir, de la oscuridad. "La gente tiene buenas ideas y luego se para." ¿Es eso una verdad? ¿Toda la vida para esto?


Aunque quien lo lea creerá que Marvin Minsky ha castigado a su entrevistador y le ha privado de las muchas y buenas ideas ocultas que seguro —es uno de los hombres más inteligentes del planeta— que tiene almacenadas por tantos años de genialidad, creo que ha sido sincero en todo momento.
Lo que le ha dicho, al fin y al cabo, es que vaya por senda segura y persevere en lo que hace, que es un consejo que cualquiera puede dar, pero solo valora quien lo sabe percibir. Probablemente es el mismo consejo que su abuela dio a Minsky cuando esté estrenó pantalones largos. Y si no fue su abuela, da igual; sería un tendero del barrio o un sargento de la Armada.
Suponemos que las personas inteligentes tienen mejores ideas que el resto para las cosas de la vida, que es sobre lo que le preguntaron. Sin embargo, esas verdades suelen estar al alcance de todos. El que va buscando grandes respuestas se equivoca; solo el pretencioso cree que la vida se aclara en un tratado o se consigue la felicidad con un libro de autoayuda o similar. El mundo antiguo, sin tantos ordenadores ni experiencias convertidas en bestsellers, daba consejos del tipo "conócete a ti mismo" o "solo sé que no sé nada", "sed como niños", etc. Pero estamos tan acostumbrados ya a lo contrario, que todo nos parece poco y flojo. Necesitamos charlatanes.
Haga caso a Minsky, aunque sea en broma: sea sensato y constante. No ha dicho otra cosa y vale para todo.



* "Marvin Minsky (entrevista) “Nadie está al frente del planeta”" El País 31/08/2014 http://cultura.elpais.com/cultura/2014/08/29/actualidad/1409308709_665686.html






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