sábado, 13 de septiembre de 2014

El forense dijo no

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Resulta curioso ver cómo el salto a las primeras páginas de la prensa egipcia de la noticia de la detención por aparecer en un vídeo en el que se mostraba una "boda" entre personas del mismo sexo no adquiere tanta notoriedad cuando se producen variaciones sustanciales en el "caso". De entre todas las fuentes, solo una de ellas daba una hipótesis ofrecida por los detenidos —que era una "broma" porque uno de ellos había querido que le regalaran un anillo—, que fueron sometidos a las pruebas infamantes de verificación de su homosexualidad, algo que —se mencionaba tan solo en alguna información— era denigrado por los defensores de los derechos humanos. Nosotros los comparamos aquí con los tristemente célebres exámenes forenses para la certificación de la virginidad realizados a las mujeres que protestaban en las manifestaciones en la Plaza de Tahrir. Desde el punto de vista de sus derechos, nos da igual que lo sean o no; es irrelevante. Pero desde el punto de vista egipcio es otra cosa y forma parte de su campaña de vigilante de la moralidad, ahora que los islamistas quedan fuera del poder.


La prensa internacional, en cambio, sí se ha hecho eco del caso y alguna ha mostrado el absurdo vídeo doméstico que ha causado tanto revuelo y por el que les podía caer una seria condena. La acción le ha valido a Egipto, desde los más variados rincones, la condena de los grupos de derechos humanos que como Human Rights Watchers, ha exigido la inmediata liberación de los detenidos. Pero parece que Vladimir Putin, además de querer venderles armas y estilo de gobierno, les ha contagiado a las autoridades su virus homofóbico, que tan buenos resultados le ha dado en Rusia para recibir el respaldo de los partidarios de la Santa Rusia. No es simplemente un comentario; creo que el "modelo Putin" —nacionalismo, autoritarismo, militarismo y santurronería moral— está haciendo estragos en algunas mentes que lo han convertido en icono.

La "boda" en el barco del Nilo nos trae a la memoria el famoso caso de los "52 de El Cairo" (Cairo 52), que fueron los detenidos en una redada antigay realizada en un barco —el Queen Boat— amarrado en el río, que era un club nocturno gay habitual. Los hechos ocurrieron en 2001. En 2010 hubo otro sonado caso con un activista gay, Bahaa Saber, cuya lucha tenía el doble objetivo de defender los derechos de los homosexuales y denunciar la represión del régimen de Mubarak. Saber señaló que uno de sus jueces le había dicho que había que fusilarlos en las calles. Supongo que nadie le agradeció su lucha por los derechos de todos.
Si bien las leyes egipcias no penalizan la homosexualidad, sí entran por vías indirectas como la "moralidad", el "escándalo" o los atentados contra la religión. También son un grupo útil para mostrar a los seguidores y admiradores de su moralidad la firmeza de su mano en evitar la "degradación social", la defensa de la religión, moral y familia. En fin, los ataques a la comunidad gay son forma de mostrarse virtuosos, como lo es hacer lo mismo con los ateos, otro peligro. Pero esta vez ha fallado el argumento y el forense ha dicho "no".


He revisado varias veces la prensa estos días y solo he podido verlo en Daily News Egypt y en la publicación ExpatCairo. Daily News Egypt lo anuncia con este titular: "Same-sex marriage video detainees ‘not homosexuals’: forensic department". Me imagino que el mismo interés que el ministerio tenía por mostrarse como "defensor de las buenas costumbres", lo tiene ahora en permanecer en la sombra en un caso que pasa a ser doble: un atentado contra la libertades y —ahora— una muestra más de ineptitud a cargo de un gobierno que todavía tiene que demostrar eficacia en algo, ya sean los cortes energéticos —por cuya crítica te llegan las denuncias en los tribunales, como comentamos el otro día—, la mejora de la economía o algo muy grave, el aumento de más de un 1% en un año, de 2012 a 2013, de la tasa de analfabetismo.
Allí donde el ministerio esperaba hacer una segunda aparición pública, mostrando cómo vela por la decencia nacional egipcia, reina un bochornoso silencio. La metedura de pata es colosal, proporcional al bombo dado a las detenciones de los ciudadanos:

Hisham Abdel Hamid, spokesman of the forensic department said Monday that, based on the results of medical tests, nine men suspected of participating in an alleged same-sex wedding party are “not homosexuals”.
Abdel Hamid told Daily News Egypt that a report has been sent to the prosecution as part of the ongoing investigation.
Prosecutor General Hisham Barakat ordered on Saturday the arrested men to be held in preventative detention and examined by the forensic department.
Suspects accused of homosexuality are frequently forced to undergo medical tests to ensure they are “habitual” homosexuals, a practice condemned by rights groups.
The men, who featured in a video showing two males celebrating their marriage on a boat, are being charged with “inciting debauchery”.
The prosecution described the celebration as “a devilish shameless party”.
Egyptian law does not directly forbid homosexuality, but crackdowns have taken place citing charges of “violating the teachings of religion and public morals”.*


Con independencia del daño moral causado a los detenidos, de todas las inconveniencias causadas por su detención y las humillaciones a las que han sido sometidos en el proceso, el caso es una confirmación más de la teoría que llevamos enunciando desde hace tiempo: el gobierno actual de Egipto es una síntesis de las dos caras de Egipto, del autoritarismo militar —con el que se satisfacen los deseos de "paz" de los egipcios— y del ultraconservadurismo moral —que es el que satisfacía el islamismo con su crítica retrógrada a las costumbres—.

La única explicación de por qué las cárceles se estén llenado de nuevo no solo con los islamistas, acusados de pertenecer a bandas terroristas, sino de socialistas, liberales, laicos militantes y ateos proclamados, a los que se acaba acusando de no ser "egipcios", de estar vendidos a otras potencias, de corromper familia y sociedad, y de atacar la religión (casos de todo esto hemos traído con frecuencia) es esta doble vía elegida por el gobierno actual, que está batiendo los records carcelarios.
De esta manera, la gran perjudicada ha sido la revolución del "25 de enero" que trataba de abrir Egipto alejándolo de sus males endémicos y entrando en una modernidad a la que se resiste por el peso de ambas instituciones, autoritarias cada una de ellas en su propia línea. ¿Qué quiere decir que la perjudicada es la "revolución"? Pues sencillamente que lo están pagando hoy las personas que han tratado de aclarar porque salieron a las calles en aquellos días. Se jugaron entonces la vida y vieron morir a muchos de sus compañeros. A la vista de lo que ha sucedido desde entonces —los militares de la SCAF primero, los islamistas después y ahora esto—, muchos se preguntan para que salieron a reclamar libertades y derechos. No salieron a pedir más represión ni salieron a pedir leyes más retrógradas, ni censores más moralistas. Salieron a pedir pan, justicia y libertad, algo en lo que no se ha mejorado precisamente en ninguno de los tres ámbitos.


El caso del vídeo de la boda es una metedura de pata colosal. Como lo es el gabinete ministerial de psicólogos para combatir el ateísmo o la retención de libros sobre semiótica en las aduanas porque su autor fue acusado de apostasía. Los ejemplos del autoritarismo se multiplican. Hay una ley histórica obvia: si se restringen las libertades, las protestas llevan a más represión aumentando el autoritarismo hasta que se produce el colapso. Si los gobiernos buscan el respaldo popular metiendo gente en la cárcel, condenadas masivas a muerte, etc., acaban buscando un "más difícil todavía", teniendo que hacer ejercicios de virtud que acaban en el ridículo de las detenciones de los participantes en el vídeo.
Como la acusación era de "incitación al libertinaje" (inciting debauchery), algo que no exige que sean homosexuales, el gobierno podrá decir que no tenían porqué serlo y que eso no invalida sus detenciones. El ridículo será mayor, pero un gobierno que se basa en la autoridad no puede perderla.
Muchos egipcios repiten que el mundo no les entiende. Y eso está empezando a ser cierto. Pero no es excesivamente grave porque la mayoría de la población mundial ya tiene sus propios problemas de los que ocuparse. El problema son esos egipcios que tienen que vivir en medio de estas cosas sin el velo divino que impide ver el caos. Esa lucidez se paga en términos de cárcel, soledad, depresión o pesimismo político. 
El problema, pese a lo que piensan muchos de ellos, no es que el mundo no les entienda (que lo hace perfectamente), sino que al resto del mundo deje de importarle. Eso, aunque muchos de ellos digan que no les preocupa, sería terrible.


* "Same-sex marriage video detainees ‘not homosexuals’: forensic department" Daily News Egypt 8/09/2014 http://www.dailynewsegypt.com/2014/09/08/sex-marriage-video-detainees-homosexuals-forensic-department/








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